Cada vez que pasábamos por cierto pueblo de la provincia de Huesca cuyo nombre no recuerdo, mi padre contaba la historia del herrero que cometió un crimen, por el que ejecutaron a un panadero. Con sentido práctico, los lugareños explicaban a los escandalizados extraños que en su pueblo solo había un herrero; pero tenían dos panaderos.
Cada vez que en Granada se celebra el salón del cómic y hay gente que se disfraza de cosplay, me viene a la cabeza la expresión popular: "hay gente pa tó" (hay gente para todo), en el sentido de que siempre encuentras alguien aficionado a cualquier cosa, por extraña que sea.
Hace unos días, en una tertulia, una de las asistentes manifestó reiteradamente que daba gracias a Dios porque existían personas como varios de los presentes, médicos, porque ella se consideraba incapaz de tan importante función. Lo suscribo totalmente: gracias a Dios, hay gente "pa tó".
Una de las grandes ventajas de que seamos muchos es que hay personas para pintar, cantar, actuar, curar, dirigir, vigilar, juzgar, cocinar, barrer, cuidar, enseñar, investigar, emprender, cultivar... ¡Qué bien que seamos tantos, tan variados!
El viernes pasado, Rosa Pich-Aguilera, una madre de dieciocho hijos, presentó en Granada su libro de experiencias y desdramatizaciones. Esa misma tarde y noche, el centro de Granada estaba repleta de gente, muchísimas familias, paseando y contemplando los espectáculos de patinaje, acrobacia, baile, música, deporte: gente en los bares, en las heladerías, en las tiendas...; gente hablando con conocidos encontrados al azar, grupos de adolescentes como bandadas de estorninos, turistas fascinados.
El sábado pasado estuve en una boda, se casaban los benjamines de dos familias de diez y y nueve hermanos. Los casaron dos hermanos del novio, sacerdotes. Entre ambas sumaban una buena cantidad de miembros Numerarios del Opus Dei y, a pesar de eso, fue casi imposible sacar la foto de los padres, hijos, nueras, yernos y nietos sin dejar algunos fuera de foco.
Este mismo sábado, en Málaga, la Federación Nacional de Familias Numerosas ha celebrado su noveno congreso nacional, una ocasión para hacer patente, que hace mucha falta, a todas esas familias a las que debemos agradecer que haya gente "pa tó".
Cada vez que en Granada se celebra el salón del cómic y hay gente que se disfraza de cosplay, me viene a la cabeza la expresión popular: "hay gente pa tó" (hay gente para todo), en el sentido de que siempre encuentras alguien aficionado a cualquier cosa, por extraña que sea.
Hace unos días, en una tertulia, una de las asistentes manifestó reiteradamente que daba gracias a Dios porque existían personas como varios de los presentes, médicos, porque ella se consideraba incapaz de tan importante función. Lo suscribo totalmente: gracias a Dios, hay gente "pa tó".
Una de las grandes ventajas de que seamos muchos es que hay personas para pintar, cantar, actuar, curar, dirigir, vigilar, juzgar, cocinar, barrer, cuidar, enseñar, investigar, emprender, cultivar... ¡Qué bien que seamos tantos, tan variados!

El sábado pasado estuve en una boda, se casaban los benjamines de dos familias de diez y y nueve hermanos. Los casaron dos hermanos del novio, sacerdotes. Entre ambas sumaban una buena cantidad de miembros Numerarios del Opus Dei y, a pesar de eso, fue casi imposible sacar la foto de los padres, hijos, nueras, yernos y nietos sin dejar algunos fuera de foco.
Este mismo sábado, en Málaga, la Federación Nacional de Familias Numerosas ha celebrado su noveno congreso nacional, una ocasión para hacer patente, que hace mucha falta, a todas esas familias a las que debemos agradecer que haya gente "pa tó".
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