
Excelente artículo de Jose Ramón Ayllón en Fluviun
"Existe un feroz dragón llamado tú debes, pero contra él arroja el superhombre las palabras yo quiero". Durante un siglo, esta pretensión de Nietzsche ha ido calando en los países occidentales hasta provocar una profunda inversión de la moral pensada y vivida. Un ejemplo elocuente lo encontramos en Woody Allen y en cualquiera de sus películas. Como Melinda y Melinda, nombre que se repite en el título quizá para subrayar que su creador también se repite y nos cuenta lo mismo en todos sus guiones: una inteligente y risueña justificación del sinsentido existencial y la infidelidad conyugal. Porque los personajes de casi todas sus películas se casan, se lían, se divorcian, se deprimen..., se casan de nuevo, se lían de nuevo, se divorcian de nuevo, se deprimen de nuevo... Son vidas donde cualquier idea sobre el deber o la responsabilidad es sofocada por una maleza de deseos y sentimientos que crecen sin control. Hace tiempo, en la contraportada del guión de Hannah y sus hermanas, publicado por Tusquets, encontré la expresión exacta de esa completa amoralidad. La perla decía: "Nada de lo que aquí hacen o dejan de hacer los personajes está bien o mal hecho, pues todos se conducen según sus propias debilidades".
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