Siempre es estimulante oír a la gente que piensa y ve por encima de lo inmediato y partidario. Santiago Mata, en La Gaceta de hoy, entrevista a un maître à penser, con motivo de su último libro, unas confesiones contracorriente de un filósofo esperanzado: Alejandro Llano Cifuentes, catedrático de Metafísica.
Catedrático en la Autónoma de Madrid y después en la Universidad de Navarra, de la que fue rector entre 1991 y 1996, Alejandro Llano acaba de publicar unas Memorias en las que “lo cuenta todo”. Su conversación gira en torno al entreguismo intelectual de los conservadores españoles, que raya en la idiotez. Cree que las ideas pueden cambiar un país, pero constata que aquí ha sido en la dirección equivocada.
La derecha no lee y la izquierda es intelectualmente masoquista. ¿Tiene esto que ver con la recepción de la modernidad? Por ejemplo, ¿hay un recelo hacia Kant? La gente conservadora, católica o de derechas, ¿sigue pensando que con Santo Tomas de Aquino vamos sobrados y que se puede ignorar a los pensadores modernos?
Efectivamente se ha dado, y se sigue dando, un absentismo intelectual de los conservadores. Viene de atrás, pero en el postfranquismo se ha manifestado más claramente. En España la recepción de la modernidad ha sido muy débil y se ha tornado problemática. Y esto ha llevado consigo, paradójicamente, una radicalización de las actitudes presuntamente progresistas. Los españoles tendemos a polarizarnos, y hemos de aprender que, en cualquier fenómeno cultural, hay elementos positivos y negativos.
Es preciso seleccionar lo interesante, y dejar al lado lo perjudicial.
No es que la postura tradicionalista se atenga al tomismo y rechace a autores modernos, como Kant. Es que, en general, no aprecia la vida intelectual. Aquí no hay tomistas ni kantianos.
Esta debilidad cultural ha permitido cierta pervivencia de la izquierda, que está ya fuera de juego en otros países de nuestro entorno. Mientras que, en la derecha, se registra un neoliberalismo excesivo.
En mi libro de memorias, Olor a yerba seca (Encuentro), relato cómo había universitarios que, ya en los años sesenta, advertimos que era preciso una vitalización cultural de quienes pensábamos en clave cristiana.
Personalmente, nunca encontré apoyo. Estaba de acuerdo con otros jóvenes, igualmente inquietos por el futuro. Pero no encontré ninguna acogida en las fuerzas vivas de este país. Parecían ignorar lo que era obvio que sucedería: que después de Franco la izquierda se iba a hacer con el control de la cultura y, como consecuencia, de la vida política. Y así sucede, hasta el día de hoy.
Lee la entrevista completa en su fuente

La derecha no lee y la izquierda es intelectualmente masoquista. ¿Tiene esto que ver con la recepción de la modernidad? Por ejemplo, ¿hay un recelo hacia Kant? La gente conservadora, católica o de derechas, ¿sigue pensando que con Santo Tomas de Aquino vamos sobrados y que se puede ignorar a los pensadores modernos?
Efectivamente se ha dado, y se sigue dando, un absentismo intelectual de los conservadores. Viene de atrás, pero en el postfranquismo se ha manifestado más claramente. En España la recepción de la modernidad ha sido muy débil y se ha tornado problemática. Y esto ha llevado consigo, paradójicamente, una radicalización de las actitudes presuntamente progresistas. Los españoles tendemos a polarizarnos, y hemos de aprender que, en cualquier fenómeno cultural, hay elementos positivos y negativos.
Es preciso seleccionar lo interesante, y dejar al lado lo perjudicial.
No es que la postura tradicionalista se atenga al tomismo y rechace a autores modernos, como Kant. Es que, en general, no aprecia la vida intelectual. Aquí no hay tomistas ni kantianos.
Esta debilidad cultural ha permitido cierta pervivencia de la izquierda, que está ya fuera de juego en otros países de nuestro entorno. Mientras que, en la derecha, se registra un neoliberalismo excesivo.
En mi libro de memorias, Olor a yerba seca (Encuentro), relato cómo había universitarios que, ya en los años sesenta, advertimos que era preciso una vitalización cultural de quienes pensábamos en clave cristiana.
Personalmente, nunca encontré apoyo. Estaba de acuerdo con otros jóvenes, igualmente inquietos por el futuro. Pero no encontré ninguna acogida en las fuerzas vivas de este país. Parecían ignorar lo que era obvio que sucedería: que después de Franco la izquierda se iba a hacer con el control de la cultura y, como consecuencia, de la vida política. Y así sucede, hasta el día de hoy.
Lee la entrevista completa en su fuente
Comentarios