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El aborto NO es un derecho

Foto atarifa CC
Habría que volver a enseñar Lógica en los colegios, o quizá se trate de enseñar Oratoria y Redacción. O las tres cosas. Porque veo a personas con dificultad para expresar las ideas, o para formar esas ideas.

El título está para atraer la atención, según los cánones del periodismo; pero en realidad el aborto y el falso "derecho" no son los aspectos centrales del artículo. El corazón de esta entrada son las opiniones y su valor en el debate.

Ya traté de esta cuestión en mi blog El Lobo Feroz, en el artículo El valor de lo opinable y su relación con lo verdadero, cuya lectura recomiendo (algo tengo que hablar de "mi libro"...).

Ahora voy a exponer un caso sacado de Twitter (me encanta Twitter). Por uno de esos avatares de los algoritmos, me encuentro con el siguiente tuit de Raquel Marcos (a la que no sigo) con motivo de las bien intencionadas pero mal expresadas opiniones contra el aborto de Adolfo Suárez Illana:



Como he decidido meterme en algunos charcos, para ver si mi cuenta sale de la irrelevancia, (y, sobre todo, porque el tema de la vida es uno de los que me apasionan), comento: "A mí no me parece coherente. No hay política de maternidad efectiva sin tocar el “derecho” al aborto. Desde luego, hay que empezar por aclarar que el aborto no es un derecho. Luego ya, si eso, vemos cómo se se facilita la maternidad."

Raquel tiene la paciencia de continuar la conversación y me responde: "No estamos de acuerdo pero respeto tu opinión, aunque no que se legisle de acuerdo a ella. Para mí sí es un derecho."

Este es el tema. Naturalmente le digo:



Porque, vamos a ver, ¿qué significa que respeta mi opinión, si no respeta que se legisle de acuerdo con ella? ¿De que me sirve que respete mi opinión? ¿En qué consiste ese "respeto"?

Me parece claro que Raquel quiere decir que me respeta y que respeta que exprese mis opiniones; pero que no está de acuerdo con mi opinión sobre el aborto, hasta el punto de no considerarla válida para inspirar una forma de organizar la sociedad. Es decir, aunque dice respetar mi opinión, en realidad no le parece respetable.

Es una confusión frecuente, y desastrosa, decir que se respetan todas las opiniones y menospreciar a las personas. En mi opinión, son las personas las que son siempre dignas de respeto, no las opiniones, que lo serán más o menos en función de los argumentos en que se apoyen y el bien que aporten a las personas. De hecho, hay opiniones perfectamente rechazables, como la de que el aborto es un derecho, lo que no implica que se deje de respetar a las personas que las sostienen y su derecho a sostenerlas. Es lo que hace Raquel, con la opinión mía contraria; aunque lo exprese tan mal.

Ya puestos, habrá que avisar también de que el juego de libertades democráticas exige que todas las opiniones puedan expresarse, defenderse, argumentarse y, si alcanzan el consenso exigido por los cauces establecidos, implantarse. ¿Todas? De acuerdo, quizá no todas deben aceptarse, como las que atentan a los derechos humanos; pero ojo con las prohibiciones, que las carga el diablo. Si hay una opinión que, en la mía, merecería ser prohibida, es la de la licitud del aborto, que es un homicidio. Parece que para Raquel, respetuosamente, no solo es lícito el aborto, sino un derecho. Como no hay consenso, y las diferencias entre matar y no matar son muy grandes, ¿qué tal si, de momento, dejamos las dos posturas en el debate en igualdad de condiciones y que gane la que más se acepte o mejor se proponga?




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