Lo contaba el gran Cárdenas este jueves en IDEAL: un matrimonio de La Zubia (al lado de Granada), con dos hijas pequeñas, duerme desde hace un mes en un coche, porque están en paro, sin subsidios ya, desahuciados, etc. Vale la pena leer la noticia.
El caso es que, al día siguiente, ayer, todo ha cambiado. Lo que me llama la atención, por encima de la generosidad de la gente, es el tipo de gente que ha acudido en su ayuda. Veamos. Un empresario, que ofrece trabajo y contrata a la mujer, sí uno de esos tan denostados y caricaturizados empresarios. Un matrimonio que ofrece su segunda vivienda, que apenas usa, uno de esos potentados que especulan con el ladrillo. Una escuela de formación profesional que ofrece un contrato temporal para unas instalaciones, una de esas privadas, elitistas, que discriminan por género. Una organización católica de voluntariado, de esas inspiradas en la doctrina de la Iglesia oscurantista y tal. Por no hablar del matrimonio marroquí que acoge a las hijas y les invita a comer de vez en cuando, sí de esos inmigrantes que no se integran y son unos delincuentes.
Vale, de acuerdo, me ha saltado la vena indignada; pero es que mientras leía ayer y anteayer y mientras escribía hoy, no he parado de preguntarme: ¿dónde están los sindicatos? Escondidos detrás de la pancarta.
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El caso es que, al día siguiente, ayer, todo ha cambiado. Lo que me llama la atención, por encima de la generosidad de la gente, es el tipo de gente que ha acudido en su ayuda. Veamos. Un empresario, que ofrece trabajo y contrata a la mujer, sí uno de esos tan denostados y caricaturizados empresarios. Un matrimonio que ofrece su segunda vivienda, que apenas usa, uno de esos potentados que especulan con el ladrillo. Una escuela de formación profesional que ofrece un contrato temporal para unas instalaciones, una de esas privadas, elitistas, que discriminan por género. Una organización católica de voluntariado, de esas inspiradas en la doctrina de la Iglesia oscurantista y tal. Por no hablar del matrimonio marroquí que acoge a las hijas y les invita a comer de vez en cuando, sí de esos inmigrantes que no se integran y son unos delincuentes.
Vale, de acuerdo, me ha saltado la vena indignada; pero es que mientras leía ayer y anteayer y mientras escribía hoy, no he parado de preguntarme: ¿dónde están los sindicatos? Escondidos detrás de la pancarta.
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