Benedicto XVI: un Papa para nuestro siglo

martes, 4 de mayo de 2010 ·

Por Salvador Torres, en IDEAL Granada, 12 de abril de 2010

Se cumple en estos días el quinto aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI. En nuestro recuerdo están las jornadas conmovedoras de la muerte de Juan Pablo II, su impresionante funeral en la plaza de San Pedro, presidido por el entonces Cardenal Ratzinger, y la rápida elección del nuevo Pontífice. El mismo Benedicto XVI ha contado que no esperaba ser elegido: se veía mayor. Durante el cónclave, explicaba en una audiencia poco después de su elección, “recé al Señor para que eligieran a alguien más fuerte que yo. Cuando vi que, en los escrutinios, se me acercaba la guillotina pedí de nuevo a Dios: por favor, no me hagas esto. Pero evidentemente esta vez no me escuchó”.

Con setenta y ocho años el Señor le llamó para ser el Sucesor de San Pedro y llevar el timón de la barca de la Iglesia. Desde los primeros días llamó la atención la dulzura y cercanía de Benedicto XVI: un Papa siempre sonriente, que escuchaba a todos y hablaba con todos. Estábamos acostumbrados a una imagen -engañosa- de persona dura e inflexible, cuando en realidad ha sido un pastor amable y sacrificado por todas las personas: es un Papa cercano.

Han sido cinco años intensos y difíciles. Hacer un balance de este tiempo es muy difícil y sería muy largo, sólo pretendo dar unas pocas pinceladas. Ha escrito tres Encíclicas de gran profundidad, dieciocho Cartas Apostólicas, un libro como “Jesús de Nazaret”, miles de discursos y homilías. A pesar de su edad, y sin ser un Papa viajero, ha procurado visitar distintos países, y ha realizado trece viajes internacionales y dieciocho dentro de Italia.

Me gustaría resaltar el contenido de sus Encíclicas. La primera publicada en enero de 2006 y titulada “Dios es amor” sorprendió a propios y extraños. El muy inglés The Times decía que “la encíclica no es propia de un inquisidor, sino propia de un enamorado de Dios”. En el contenido de esta primera Encíclica quizá se encuentra su principal mensaje: Dios es amor. Las siguientes Encíclicas, “Spe salvi”, en la que habla de la esperanza y “Caritas in veritate”, que trata la cuestión social y la crisis actual, también han causado sensación. De ellas se desprende lo acertado del juicio de The Times: el Papa es un enamorado de Dios.

Y un dato que llama poderosamente la atención: Benedicto XVI no es un Papa mediático. Es un pastor, un profesor de teología, pero cada vez son más las personas que reúne en la plaza de San Pedro en las audiencias de los miércoles y en el Ángelus que reza los domingos. ¿Qué tendrá Benedicto XVI para reunir a miles de personas todas las semanas, y a millones de personas al año? No hay ningún líder en el mundo que consiga tanta audiencia. Pienso que Benedicto XVI tiene tanto éxito de público porque, en una sociedad frecuentemente desorientada y agobiada por el egoísmo, nos transmite el mensaje de que Dios es amor.

Un ejemplo de su coherencia es la actitud que ha adoptado en los casos de pederastia ocurridos en el seno de la Iglesia. Es conocido que, a pesar de la repercusión mediática de tales sucesos, que tiende a presentarlos como un mal generalizado, han sido muy pocos proporcionalmente los casos de abusos a menores cometidos por sacerdotes –por ejemplo, en Alemania, en los últimos quince años, apenas representan el 0,045% del total de casos comprobados de abusos, y la cifra es similar en otros países. Pues bien, la actitud del Papa ha sido siempre de tolerancia cero –incluso cuando estaba al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe, época en la que decidió que tales casos se juzgasen directamente en Roma, para evitar así que las autoridades locales pudieran tapar los hechos- y ha pedido perdón en numerosas ocasiones por estos hechos execrables. No hay autoridad en el mundo que haya hablado con tanta claridad contra estos delitos. La carta que ha escrito a la iglesia de Irlanda es un claro ejemplo de firmeza en este sentido: lejos de disculpar tales conductas, las reprueba directa y abiertamente, y reprocha con dureza las actitudes de ciertos Obispos. Sólo desde el rencor y el sectarismo se puede criticar la actitud del Papa ante los casos de pederastia.

Además, Benedicto XVI tiene gancho con los jóvenes. Sus escritos llegan a millones de personas. Sin duda es el personaje más influyente del planeta y con mayor audiencia. Ha sido llamado por Dios para gobernar la Iglesia y es un ejemplo de fidelidad y coherencia para cristianos y no cristianos.

Enamorado de Dios y de todos los hombres, siente un especial afecto por España, que es el único país –a excepción de Italia- que visitará tres veces en pocos años. Estuvo en Valencia en el 2006 y le esperamos el próximo mes de noviembre en Santiago de Compostela y en Barcelona, y volverá a venir en agosto de 2011 a Madrid para la Jornada mundial de la juventud.

Benedicto XVI sabe muy bien que la Iglesia es de Dios y nadie podrá hundirla. No puede negarse que es un Papa para nuestro siglo –que comprende sus problemas y contradicciones- y para la historia, que habla con fuerza a toda la humanidad, consciente de que su labor es cumplir fielmente la misión de la Iglesia, que no es otra que difundir sin miedo el principal mensaje de Cristo: recordar a todos que Dios es amor.


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