Por Ignacio Sánchez Cámara. Artículo publicado el 9-XI-2002 en www.conoze.com
La libertad no es algo que otorga algún poder; es algo que se toma. Que se toma o a lo que se renuncia. No faltan casos y ejemplos de renuncia a la libertad de expresar los pensamientos propios ante la censura fáctica de la corrección política. Resulta cada vez más inusual que alguien piense por sí mismo y desde sí mismo. Y más aún que se atreva a decir lo que piensa. Hay silencios sabios, pero también los hay cobardes y cómplices. Hay quienes aceptan no molestar a cambio de no ser molestados. No hay peor traición que la que se ejecuta contra uno mismo. La cobardía intelectual y moral entraña una claudicación culpable que contribuye al fracaso de las propias convicciones despreciadas. Cada día resulta más difícil decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Escasean los que desdeñan asumir el privilegio que corresponde a quien no busca votos ni complacencias sino, si acaso, la adhesión de un pequeño número de almas afines. Es la deserción pusilánime de los mejores que, por ello, dejan de serlo. Logran el aplauso efímero de la mayoría de sus contemporáneos y el desprecio de los mejores y de la posteridad. Frágil y pírrico triunfo. Ante estos desdenes a la libertad, la melancolía de Cervantes sería incurable. Extraña esclavitud esa que uno se inflige a sí mismo.
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