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LOS ICONOS DEL CULTO LAICO


AB Posted by Hello
ABC, 13 de febrero de 2005
Si usted cree que un icono es una tabla bizantina con una Virgen así como del Perpetuo Socorro pintada, con filigranas de plata silueteándola a modo de marco y, sobre todo, sacada de contrabando por una aduana de la antigua Unión Soviética, quíteselo de la cabeza. No es esto, no es esto. Un icono ahora es lo que antes un mito, un ídolo, un símbolo viviente. Beckham es el icono de los galácticos. Javier Bardem, icono de los artistas de PP (Pegatina y Pancarta). Javier Sardá, icono de la telebasura. Ibarreche, icono de la ruptura que se nos viene encima. Carod, icono de la dictadura de los partidos bisagra que nos parten por el eje. Y así pueden ir poniendo iconos de cantantes, empresarios, pintores, escritores, toreros. Hay iconos de todo. Cualquier periódico o revista es una tesis doctoral sobre iconografía de nuestro tiempo. De la iconografía de la casulla a San Ildefonso hemos pasado a la iconografía de la gabardina de Humphrey Bogart en «Casablanca».
A la moda de venerar iconos se añade otra: la expresión «de culto». Ya nada es de antología, de época, de referencia: es de culto. No contentos con los iconos, la religión del laicismo se nos llena de objetos de culto. ¿Santos, Vírgenes, imágenes de Cristo? En absoluto. Los objetos de culto no se encuentran ya en las tiendas de artículos religiosos, establecimientos «kitsch» donde lo mismo te venden una casulla de guitarra que un San Pancracio. Los objetos de culto se encuentran ahora en los suplementos. Por ejemplo, «Casablanca» es una película de culto.

- ¿Pero «Casablanca» no era un icono?

- No, el icono es Humphrey Bogart.

- O sea, que Bogart recibe culto como icono en la iglesia de «Casablanca».

Más o menos. Todo ciclo cultural tiene algo de triduo. Cuando en una televisión dedican un ciclo a un director de cine es como si le hicieran una novena. Esa película que ponen urgentemente como homenaje cuando se ha muerto un icono (una cinta de culto, naturalmente) viene a ser como su funeral de corpore insepulto por lo civil.

Tengo mi teoría sobre esta moda del icono y de las creaciones de culto. Todo es resultado del nacional-laicismo que nos rodea. El de los años 40 y 50 del siglo XX fue el nacional-catolicismo, como lo sacó de pila el difunto teólogo José María González Ruiz. El de estos inicios del siglo XXI es el nacional-laicismo. El Gobierno era la pareja de hecho de la Iglesia. Se han separado, por lo civil. O los han anulado, por lo canónico. Y el Gobierno larga ahora pestes de la Iglesia, como de su ex hacen todos los separados. Oyendo las formulaciones laicas de los gobernantes, es como si dijeran de la Iglesia igual que los divorciados de sus ex:

-¿Pero cómo he podido yo estar tanto tiempo viviendo con esa señora?

El nacional-laicismo se impone con la misma presión inquisitorial que antaño el nacional-catolicismo. Anatema sit toda idea de fe y de religión. El nacional-laicismo ha inventado la excomunión por lo civil. Y como hay una cierta orfandad de religión, se inventan iconos para considerarlos de culto. Se nos aparecen los iconos en un Fátima por lo civil. Javier Bardem se nos ha aparecido en carne mortal en los Goya. Y ahora vamos a Hollywood, a la romería de Javier Bardem, como antes a la ermita de San Antonio. Lo que más gracia me hace es que los nacional-laicistas a los que les deberían traer sin cuidado la religión y la fe, son los que más se mosquean con cuanto dicen el Papa y los obispos. A los dictadores del nacional-catolicismo les importaba una higa lo que dijera el Gran Maestre de la Masonería. Pero estos tíos... ¡cogen unos cabreos con lo que dice el Papa! Si son agnósticos, ¿qué demonios les tiene que importar lo que diga el Papa, que no es icono de la modernidad ni nada?

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