Ante la tiranía ideológica de EpC

lunes 31 de diciembre de 2007

Las 100 mejores fotos del año 2007 de la agencia Reuters.

Confiemos en que 2008 sea un año más pacífico...

domingo 30 de diciembre de 2007

Feliz año 2008

viernes 28 de diciembre de 2007

Tres años en la brecha

Tres años después de uno de esos "voy a probar", empecé a navegar en la blogosfera, y aquí sigo, con alguna experiencia, un montón de amigos, 640 entradas -con esta-, 36.000 visitas -casi-, una larga lista de comentarios, unos cuantos widgets -¿se dice así?-, muchas satisfacciones, infinidad de proyectos y enormes ganas de continuar trabajando para ayudar, en esta medida, a cambiar el mundo para mejor.

Para celebrarlo, he colocado una pequeña joya en la barra lateral, la canción María, de un grupo muy desconocido en el que toca el piano un amigo mío, que hoy vive en Montevideo, porque seguramente no tendréis fácil acceso a su único disco y porque, sobre todo, está dedicada a la Mujer protagonista de las festividades de estos días.

Muchas gracias a todos cuántos con vuestras visitas, comentarios y estímulos me habéis acompañado durante este tiempo: sigo contando con vosotros.

sábado 22 de diciembre de 2007

Feliz Navidad

Meditación ante un nacimiento de cartón y barro

Alma: no te confunda con la alada
gracia de barro del pastor sencillo,
que va al portal tocando el caramillo
y cubierta de rosas la cayada.

Si al venir Cristo a la desventurada
tierra del padre Adán, un amarillo
cojín de pajas fue y un portalillo
su primer trono y su primer morada,
fue por celar su gloria, como el cedro
que se oculta al nacer entre jarales.
Luego fue la alta plenitud y el medro.
Luego las anchas horas imperiales.
¡La cúpula redonda de San Pedro
no es, por Dios, villancico de zagales!

José Mª PEMÁN

Calculando la Navidad: la auténtica historia del 25 de diciembre

Por William J. Tighe, corresponsal de TOUCHSTONE y profesor adjunto de la Universidad de Muhlenberg. Para los interesados, recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley.

No fueron los cristianos quienes asumieron una fiesta pagana, sino al revés.

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico.

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martes 18 de diciembre de 2007

Bernat y los inquisidores

Por Juan Manuel de Prada en ABC, el 17 de diciembre de 2007

El ministro de sanidad español (el de la foto) ha querido descalificar a los que han logrado, tras muchos esfuerzos y sacrificios, destapar la carnicería criminal de las clínicas abortistas españolas, llamándolos inquisidores. Me uno a esta respuesta.

EL progre se pasea por el mundo, sobradísimo y encantado de haberse conocido, como aquel fulano del chiste de Gila que un día se tropezó en la calle con tres tipos fortachones que estaban apaleando a un hombrín enclenque y desvalido. El fulano del chiste contempla la escena, al principio con perplejidad, enseguida con franca indignación, y decide sumarse a la trifulca, guiado por su sentido natural de la justicia. «¡Cómo lo pusieron entre los cuatro!», remataba Gila su chiste, agitando ponderativamente la mano. Este mecanismo mental de inversión de la realidad que permite al progre apalear al débil y posar de valentón ante la galería, convencido de que acaba de consumar una hazaña y presentando, además, al débil como un peligroso enemigo al que conviene seguir apaleando, no sea que reviva, constituye uno de los más burdos embelecos que jamás se hayan fabricado. Pero en el Matrix progre todo está permitido. ¡Y ay de quien se atreva a rechistar! De inmediato, ingresará en la categoría de chusma apaleable.

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Las declaraciones de Bernat Soria a una radio alcoyana son pa mear y no echar gota. Preguntado sobre el escándalo de los mataderos donde se perpetran abortos a mansalva, como en una planta procesadora de derivados cárnicos en la que se hubiesen implantado métodos estajanovistas, el bueno de Bernat, como el fulano del chiste de Gila, arremetió contra quienes los denuncian: «El país que inventó la Inquisición parece que no quiere olvidarse de ella. No puede ser que haya un cinco o un seis por ciento de personas que quieran ser los inquisidores del resto». Como todo progre que se precie, el bueno de Bernat es un analfabeto con chorreras que, a falta de lecturas, se abastece con el pienso de la leyenda negra, que es de fácil digestión y muy sonoro regüeldo. Pero, más allá de la atribución errónea sobre los orígenes de la Inquisición, lo que en verdad causa pasmo es el desparpajo con que el bueno de Bernat identifica a quienes osan denunciar esas carnicerías con torvos inquisidores que pretenden devolvernos al oscurantismo. El bueno de Bernat es un hombre pragmático que mira ante todo por la salvación de su propio culo (no ponemos alma porque el bueno de Bernat, como buen racionalista, no cree en su existencia); y sabe bien que si hoy se empieza a investigar a los matarifes de esas plantas procesadoras de derivados cárnicos tal vez mañana se sigan investigando los experimentos que hacía en aquel chiringuito o sucursal del doctor Moreau que dirigía en Valencia. Y con el pan de uno no se juega.

Después de apalizar, en una muestra característica del mecanismo mental de inversión de la realidad propio del progre, a «ese cinco o seis por ciento» de españoles que aún conservan un vestigio de humanidad y condenan el aborto, el bueno de Bernat pasó a entonar la loa de su plan bucodental infantil. Este brusco cambio de suerte ha sido interpretado como una maniobra de despiste típica de quien se siente incómodo tratando asuntos escabrosos. Pero a mí, antes que una maniobra de despiste, se me antoja un corolario natural o consecuencia lógica de lo anterior. Y es que, a fin de cuentas, el bueno de Bernat tiene que estar muy agradecido a los matarifes de fetos, sin cuya labor estajanovista su plan bucodental no sería viable. ¡Imaginen por un momento que esos cien mil niños nonatos que cada año son hechos picadillo en la trituradora y arrojados al desagüe llegasen a nacer! ¡No habría plan bucodental que diese abasto con tanta caries sobrevenida, con tanto sarro inesperado, con tanta endodoncia supernumeraria! En los mataderos de niños nonatos le hacen al bueno de Bernat el trabajo sucio para que le cuadren las cuentas de su plan bucodental. Y, así, el bueno de Bernat puede sonreír con esa sonrisa helada y profidén que tiene, sonrisa de Papa Noel fallero que sólo lleva regalos a los niños supérstites. Los demás que se jodan en el limbo, esa geografía de ultratumba en la que ya sólo creen quienes no creen en Dios.

Contra el aborto están los inquisidores y los detractores del plan bucodental del bueno de Bernat. Los buenos progres pueden, en cambio, lloriquear por las esquinas denunciando las corridas de toros o los desmanes de Bush.

domingo 16 de diciembre de 2007

La verdad se escondía en la basura

Son largos, pero vale la pena leerlos, es como una novela de horror, pero es real, está excelentemente escrito por DOMINGO PÉREZ en el ABC de hoy, y merecería una buena película, que ayudara a seguir despertando las conciencias. Mientras, al ministro sólo se le ocurre descalificar a los que denuncian este holocausto sangriento.

MADRID. Un reducido grupo de héroes anónimos, después de tres años siguiendo el rastro sanguinolento, despiadado y descarado que algunos centros especializados en interrupciones del embarazo arrojaban cada día a la basura, han conseguido desvelar una realidad atroz. Han sido los «pepitos grillo» de una sociedad que en la mayoría de los casos ha preferido girar la cabeza. Su empeño ha puesto a las autoridades sobre la pista de un negocio que incumplía sistemáticamente todas las normas higiénicas establecidas en el apartado de desechos sanitarios y biológicos.

Además, alertaron sobre que en España el aborto en la práctica no sólo es libre, sino que no tiene en cuenta los meses de gestación. Por dinero, y sólo con un informe psiquiátrico, a menudo firmado en barbecho, que alegue peligro para la salud psíquica de la madre, muchas clínicas acaban con la vida de fetos de siete, ocho y hasta nueve meses de vida.

Su paciente y nausebunda recolecta, plasmada en numerosas denuncias presentadas en juzgados tanto de Madrid como de Barcelona, ha llevado por el momento a la cárcel a uno de los magnates del aborto en España, al doctor Carlos Morín. Ha provocado el cierre de sus cuatro instalaciones en la Ciudad Condal y de su sucursal en la capital, además de la suspensión cautelar de un sexto local en la madrileña calle de Toledo que no tenía nada que ver con él.

Cabezas de niños

«Nadie puede explicar lo que se siente cuanto te encuentras una cabeza de niño, o una manita, o una pierna. La rabia es incontenible», explica J., uno de los buscadores de fetos.
Pues imagínense cuando ese horror te obligas tu mismo a presenciarlo dos o tres veces por semana de una forma voluntaria y con un único objetivo: denunciar el incumplimiento sistemático de la ley y los criminales tejemanejes de las clínicas abortivas que en España, al amparo de un coladero legal, no tienen ni reparos ni escrúpulos para acabar con la vida de niños que se encuentra más allá de la vigésimo cuarta semana de gestación, bebés que de nacer serían en casi todos los casos viables.

No son muchos. Un par de tipos valientes en Madrid, otro par de osados en Barcelona. Al principio ni se conocían, pero acabaron creando la «Plataforma la vida importa». Son gente normal. Un empresario, un médico, un abogado pluriempleado al frente del Centro Jurídico Tomás Moro, que lleva tres años sin vacaciones porque tiene que gastarlas en sus idas y venidas a los juzgados para defender la causa que enarbolan.

Padres de familia casados, muy ocupados y que, sin embargo, sintieron en algún momento un latigazo en la conciencia que les obligó a lanzarse a un loca carrera en pos de una verdad incómoda.

Emprendieron un camino que les llevó a pasar muchas noches al raso, dejando a sus seres queridos solos en casa. Y todos lo iniciaron por una mezcla de curiosidad y responsabilidad moral.

«En Barcelona -recuerda uno de los buscadores- se hablaba mucho de que aparecían fetos en la basura, de que si las clínicas los tiraban... Todo el mundo suponía que era una leyenda urbana más, pero a mí me dio por querer confirmarlo. Empecé a salir y ya ve lo que me encontré».

Animarse a realizar semejante labor no es fácil. Aprendieron a pertrecharse. La primera vez salieron con unos guantes de cocina «robados» del fregadero de casa. Pronto se dieron cuenta que había que comprar además batas médicas, incluso mascarillas de laboratorio y, sobre todo, localizar un lugar donde vaciar el contenido de las bolsas. Más aún cuando empezó a comprobarse la naturaleza de su contenido.

Leyendas hechas realidad

En Madrid fue otra teórica leyenda urbana la que guió la busca a J. «Eran noticias que venía de Estados Unidos y Rusia. Hablaban de que los centros abortivos vendían los fetos a laboratorios para fabricar cosméticos. Te parece imposible, pero a un amigo y mí nos picó la curiosidad.

Hicimos noches y noches guardias en el coche, como los policías yanquis, con café en un termo y donuts. Hasta que un día lo vimos. Y no fue de noche. Era a plena luz del día. A las once de la mañana, en una zona céntrica y recorriendo Madrid de punta a punta. Localizamos la ruta. Dos días a la semana un camión de una empresa especializada en transportes de residuos biológicos descargaba 20 ó 30 botes de 25 kilos y cargaba otros tantos ya precintados y llenos. Los conducían a un laboratorio que fabrica cosméticos. Alucinamos».

«El problema es que es muy difícil de demostrar -prosigue- que lo que iba dentro de esos botes eran restos humanos y que esos fetos se utilizan para hacer cremas. Pusimos una denuncia y en estos momentos se está investigando de una forma más científica, con análisis clínicos de todo tipo y esperamos que en breve se pueda seguir avanzando».

Dos grupos con inquietudes similares. La suerte, «Dios», asegura J., los unió. En algún momento del periplo, los buscadores de fetos de Barcelona, también tuvieron un encuentro feliz al localizar a los de Madrid. Dos equipos actuando a menudo juntos, con los mismos objetivos, multiplicaron los resultados.

«El caso -recuerda J.- es que nos quedamos parados con lo de las cremas cuando en una visita a Barcelona por motivos de trabajo contacté con la persona que allí llevaba ya unos meses recopilando datos de entre las basuras. Su experiencia me animó a hacer lo mismo en Madrid».

Lo que J. localizó casi en cada una de sus pesquisas es lo que en 2006, tras ponerles él mismo en alerta, encontró el Seprona en las basuras de algunas clínicas madrileñas, como Isadora, multitud de restos de placenta, de todo tipo de pequeños miembros de niños e, incluso, como certificó un forense de La Paz, algunos fetos de más de siete meses de gestación.

Lo que encontraron en Barcelona es lo que más tarde ha servido para cerrar las clínicas de Morín. Todo apuntalado en madrugadas macabras recontando restos humanos. Semanas de vigilancia nocturna, a las puertas de las clínicas, para averiguar qué días y a qué horas se deshacían del producto de sus carnicerías. Poniendo dinero de sus bolsillos. Cuando empezaron nunca imaginaron que iban a toparse con un submundo tan espeluznante.

A lo más esperaban localizar algún medicamento prohibido, algún resto biosanitario. Soñaban con encontrar alguna prueba que inculpase a los abortista. Pero noche a noche sus descubrimientos resultaban más macabros, más increíbles, más comprometedores. Restos humanos a millares, placentas, sábanas quirúrgicas, guantes, gasas, todo manchando de sangre e inmundicia. También pudieron recomponer historias de cientos de mujeres que abortaron, con nombres, apellidos y precios. Porque las clínicas también tiraban al cubo de los desperdicios los datos más confidenciales de sus pacientes.

Tuvieron que aprender a interpretar lo que encontraban. Hablaron con ginecólogos, se informaron, se convirtieron en expertos del análisis de la basura abortiva. «Podemos decirte, según lo que encontramos, de qué semana de gestación se trata». Distinguen lo que son unos pulmones de un simple resto de placenta. Narran anécdotas que espeluznan con la tranquilidad del que ha convivido con el horror: «Lo que muchas veces se les escapa y acaba en la basura son las cabezas de los niños. A pesar de que son grandes, con el pelo y la sangre las confunden con las pelotas que hacen con las sábanas y los pañales».

Cabezas cortadas que les permitieron confirmar que en los abortos de más de 20 semanas, se decapitaba a los niños. «Aunque en eso -aclaran- cada médico tiene sus gustos. Unos las cortan, otros pinchan con una lanceta el corazón, otros los asfixian...».

¿Recién nacidos? Sí porque también descubrieron en las bolsas miles de cajas y restos de medicamentos para ayudar a provocar partos. ¿Qué hacían en esas basuras medicinas propias de una maternidad? «Eso nos lo descubrió el doctor Simón, de la asociación Médicos Cristianos.

A partir del sexto mes de gestación no se puede matar al niño con los métodos convencionales, hay que provocar un parto y una vez fuera acabar con él». Auténticos infanticidios.
Dato que les sirvió para aclarar otra de las incógnitas de sus descubrimientos: «Entendimos por fin por qué había en los cubos tantos pañales con excrementos. Cuando se provoca un parto a la mujer se le pone una lavativa previa. Así que por cada pañal con excrementos, un aborto de al menos seis meses».

Doble contabilidad

Igualmente por cada sábana quirúrgica manchada de sangre, otro aborto, por cada dos pares de guantes, otro... Eso les dio una idea: llevar una contabilidad de los abortos que se practicaban. Limitaron su seguimiento a un par de clínicas en Madrid. Durante varios meses se centraron en esa actividad: recogida rutinaria un par de días a la semana de las basuras de las mismas clínicas, recuento -«siempre tirando a la baja», recalcan- del número de abortos practicados y extrapolación de esos datos al conjunto del año.

«Con los primeros números especulamos con que podría llegar a haber un desfase de hasta un 30% entre los abortos declarados oficialmente por las clínicas y los que realmente se practicaban. Pero cuando llegaron las cifras oficiales comprobamos que en una la desviación era del 70% y en la otra del 80%. Si eso se repetía en toda España y, nos tememos que es así, estaríamos hablando de que en lugar de los casi 100.000 abortos declarados en 2005 se estarían realizando de 170 a 180.000 reales. Vamos, hablamos de un asombroso mercado negro de abortos».

Lee el artículo siguiente: la trituradora de fetos


Morín hizo desaparecer toneladas de restos de fetos con su trituradora
D. P.
MADRID. Los buscadores de fetos andaban locos con una de las clínicas de Morín que tenían bajo vigilancia. «En las basuras del centro TBC -recuerdan crudamente- no aparecían nunca restos humanos. Hasta a las más cuidadosas se les escapaba algo en la basura, una manita, un costillar, algo, pero en esa nunca».

Sin embargo, había todas las demás pruebas de que allí se realizaban interrupciones de más de 20 semanas: pañales con excrementos, medicamentos para provocar partos, etc.
La clave del misterio la aportó la propia basura. En los cientos de papeles que se recuperaban localizaron un albarán por el que se confirmaba un pedido de dos juntas de triturador «que serán pagadas a su entrega». Venía el nombre de la máquina, una STR2000.

Tan macabra herramienta es una de las piezas claves en la investigación judicial. La Guardia Civil ha recogido muestras de ADN, que ha analizado para cotejar con las pacientes de la clínica.
ABC se puso en contacto con un técnico especializado en el mantenimiento de este tipo de maquinarias: «La STR2000 es una aparato industrial, se utiliza en grandes supermercados, en cocinas de hoteles incluso en mataderos. Es capaz de triturar hasta 400 kilos de carne en una hora. Todo lo que machaca lo expulsa por el desagüe». Adiós fetos, adiós niños, adiós pruebas.

La incógnita era saber cuánto tiempo aguanta normalmente una junta como las que Morín tuvo que cambiar: «No menos de un año y dándole bastante caña al aparato». Sólo pensar en las consecuencias de esa respuesta del técnico asusta y marea: ¿Cuántas toneladas de restos humanos trituró Morín?

Si las basuras de TBC eran pobres en restos humanos se convirtieron en un botín en los papeles. Documentos, borradores, anotaciones que iban aclarando poco a poco el funcionamiento de los centros.

Así se comprobó cómo cada noche se tiraban a la basura los informes psicológicos firmados por el psiquiatra de turno