Comienzo a comprender a los que un buen día anuncian que abandonan el blog, no me refiero a los miles de blogs abandonados sin más, hablo de esos blogueros que sufren una crisis de diversos orígenes y escriben con un acento de derrota que lo dejan, que ese es su último post. He leído varios de estos obituarios, algunos han resucitado al cabo del tiempo, unos pocos lo han hecho por el calor y el ánimo de otros colegas, incluso alguno debe su perseverancia a mi aliento. Y sin embargo hoy les entiendo mejor. Entre esta entrada y la anterior y la anterior han pasado 8 días, muchos para lo que venía siendo habitual en los seis años y pico que llevo en el teclado. Sucede que tengo más trabajo que nunca, que muchos temas me parecen ya tan trillados, tan tratados, que he perdido un poco la ilusión por ellos, que no encuentro perspectivas que me provoquen... He llegado a abrir dos bitácoras más porque me sobraba el material y ahora... Para colmo, llevo metido ya tiempo en las redes sociales ¡me...
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