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Semana cultural granatensis

Supongo que si vuelvo a hablar de las coincidencias como motor de la escritura, ya canso; pero es llamativo que entre dos semanas relativamente anodinas, la pasada estuviera preñada de actividades de mis distintos círculos culturales, estratégicamente ubicados para que pudiera acudir a todos.

El lunes por la tarde me reuní en el Colegio Mayor Albayzín con parte del equipo -la parte más joven, Chema Garrido, nuevo director técnico, Xexu Olivares, comman, y Pablo Municio, echador de afotos- organizador de la 19jorcom (XIX Jornada de Comunicación Siglo XXI), que preparamos para el sábado 25 de abril, sobre periodismo de investigación, bajo el claim "¿Responsabilidad Aumentada? Periodismo, fuentes, investigación y gestión de datos". Tomad nota de la fecha: os esperamos.

El martes, el Club de la Constitución convocó nada menos que a cinco señoras que pinchan y cortan en Granada y desde Granada: la gran Mercedes Moll, empresaria, que fue diputada por Granada durante la legislatura constituyente, (1977-1979); Mar Villafranca, doctora en Historia del Arte, Directora del Patronato de la Alhambra y ex parlamentaria de Andalucía; Marifrán Carazo, parlamentaria en el Parlamento andaluz; María José Castellano, Juez en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Almuñécar (Granada), con competencia en materia de violencia sobre la mujer, y Magdalena Trillo, periodista y Directora de Granada Hoy. La Mesa estuvo moderada por Esteban de las Heras, periodista, escritor y miembro de número de la Academia de las Buenas Letras de Granada, quien manejó con soltura -aunque ha tenido días más brillantes- el debate, haciendo gala con acierto de su vasta cultura literaria. La "Mesa redonda" -que Esteban llamó rueda de prensa varias veces, deformación profesional-, era en realidad la alargada de la sala de conferencias de la Facultad de Derecho, porque el Paraninfo estaba sin calefacción. Si la señera Facultad parecía estar manga por hombro por reformas varias, las intervenciones fueron interesantes por separado; pero poco ajustadas al título de “Mujer y Vida Pública. Perspectiva femenina de los problemas y posibles soluciones de la sociedad actual" -al menos hasta que me fui, presa de la hora y de cierto aburrimiento-; quizá porque sobre esto ya se han dicho mil veces todos los tópicos al uso.

El miércoles correspondió a ese curioso apéndice deportivo que suele acompañar a las competencias de los ministerios de cultura. Ya saben, mi partido de baloncesto -regresé al habitual campo de la derrota después de una racha inaudita de cinco victorias-; y la segunda parte -esta por televisión- del correspondiente de la Champions, que nos permitió ver el fenómeno paranormal de un gol -un golazo- de Marcelo.

Llegó el jueves. La tertulia Secondo Venerdi tuvo sabor a conciliábulo, por el lugar, La Cueva de el Bar Restaurante Ocaña "Casa el Sota", el tema, "Nueva Crónica Negra de Granada", el ponente, César Girón, y la hora, porque el inquieto Alejandro Aguilar tiende a la nocturnidad y me tuve que ir antes de que se descubriera si el asesino fue el mayordomo. De todas formas, mi regreso a casa Realejo abajo hasta el Genil fue acompañado de aviesas sombras: reconozco que anduve con paso acelerado, no solo por la hora.

El viernes biné por culpa del Club de la Constitución, que logró sentar al ex Fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, en la mesa del ya familiar salón de actos del Colegio Oficial de Arquitectos. Me atraía mucho reverdecer mi núcleo jurídico y la cuestión tenía su miga: "La Justicia en el futuro constitucional". La intervención de Torres Dulce suscitó infinidad de cuestiones; pero, como suele suceder, las respuestas dejan claro que no hay soluciones fáciles. De las muchas que tenía, hice una sola pregunta, por no acaparar, a cuenta de la tutela judicial efectiva, sobre las implicaciones de que el Constitucional retrase tanto la resolución de algunos asuntos (sin decirlo, apunté a los recursos de inconstitucionalidad con carga política, como el de la "ley del aborto"): la respuesta fue, en resumen, que no está bien precipitarse ni demorarse. Pues vale.

Por la tarde la cita era más festiva; Antonio Lozano, con la cálida compañía del profesor Wenceslao Carlos Lozano y del sobresaliente Jesús Lens, presentaba en la Acera del Casino su libro "Me llamo Suleimán", literatura juvenil para conocer y así comprender el drama de la inmigración. Desde que mis amigos Antonio Barnés y Juan Ángel Brage pusieran en marcha en Granada el interrumpido "Premio Paso del Estrecho", y desde la lectura de "En el mar hay cocodrilos. La historia de Enaiatollah Akbari", de Fabio Geda, me he interesado mucho por esta nueva "novela de frontera" y por la realidad que subyace, a la vista de todos, tan cercana y cotidiana. Un acto con trascendencia artística y social -Lozano es un personaje polifacético y apasionante-. El que el lugar fuera de paso (el vestíbulo de las salas del Centro de Exposiciones CajaGranada en Puerta Real) y la "batucada" de la Fuente de las Batallas no impidieron que pudiéramos entendernos. Lástima que no pude quedarme a remate de las cervezas porque a esa hora ya empezaba a sentirme enfermo.

Ese malestar del viernes tarde me impidió el sábado acudir al apoteósis final de la semana, el estreno mundial de "Siete fantasmas y medio", obra original del inclasificable Víctor Bolívar, autor, director y todo lo demás, en el teatro José Tamayo del barrio de La Chana, representada a beneficio de la Asociación Granadina de la Ataxia de Friedreich. Seguro que fue un éxito y seguro que hago bien en lamentarme por habérmela perdido. Por la noche, para aliviar mi convalecencia, vimos en casa la comedia "Un viaje de diez metros" -y yo con el estómago en rompan filas...-.

El domingo tocó descansar y terminar de leer alguno de esos libros que mantengo abierto simultáneamente, en este caso, "Los escenarios de la nueva Evangelización", VV.AA., edición a cargo de Álvaro Granados.



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