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Coraje y objeción de conciencia

Intervención de Fernando López Luengos en el XI Congreso de Católicos y Vida Pública.
Análisis Digital, 21-11-2009

En cierta ocasión fui citado a declarar como perito en un contencioso-administrativo de unos padres contra EpC. Antes de entrar en la sala para ratificarme en mi informe pericial coincidí con otros profesores y con una directora de un colegio religioso citados como testigos (yo en cambio iba como perito como he dicho). Me llamó la atención la preocupación común en la que coincidíamos: El currículo publicado en los Reales Decretos nos obliga jurídicamente a dar EpC con una orientación ideológica que ninguno aceptábamos y se entromete abiertamente en la formación de la conciencia moral de los menores a nuestro cargo, ignorando la orientación moral que los padres desean para sus hijos. Esta situación nos violentaba a todos por igual.

Pero lo curioso fue que, cuando entraron a declarar, algunos de ellos se pusieron a hacer complejas contorsiones para evitar pronunciar la frase fatídica “mi conciencia me impide cumplir la ley explicando la asignatura tal y como viene desarrollada en los Reales Decretos”. A casi todos les temblaba la voz pues parecía que en vez de testigos eran posibles inculpados si se atrevían a confesar lo que antes de entrar en la sala habían reconocido en privado. Parecían temer posibles consecuencias a pesar de que ellos no eran más que simples testigos. En el caso de la directora del centro religioso, las contorsiones llegaron a ser realmente grotescas: "yo soy la que va a dar EpC –decía- pero todavía no sé lo que voy a dar (ni siquiera se había leído los Reales Decretos). Esos sí -decía- cumplo la ley pero (y también le temblaba la voz) tienen que dejarme ser fiel al ideario de mi centro".

En definitiva se trataba de disimular para lograr sostener lo imposible: cumplir los decretos y ser fiel a la conciencia.

Comentarios

elblogdelosmudos ha dicho que…
Que no se nos olvide que... vivimos en una absoluta dictadura!!
Saludos cordiales.
Pues sí, y conviene recordarlo, porque es tan "indolora" que se nos olvida.

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