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Cómo seremos en 2040

O cómo dicen que seremos unos cuantos sedicentes pensadores. Para ir preparándose...

Pedro Rodríguez. Corresponsal en Washington.
ABC, 23 de octubre de 2005

Aunque Albert Einstein aconsejaba no perder el tiempo pensando en el futuro «porque llega demasiado pronto», la revista «Foreign Policy» de EE UU ha decidido celebrar su 35 aniversario reflexionando en negativo con ayuda de 16 destacados pensadores, centrándose en lo que no va a pasar. Una provocadora especulación sobre ciertas «especies en peligro» en el escenario global, desde ahora hasta 2040. Aunque los responsables de esta publicación, auspiciada por el filantrópico Carnegie Endowment, reconocen que no todas estas predicciones tienen que cumplirse, la polémica está asegurada ante un mundo donde lo único que realmente se puede anticipar sin temor a equivocarse es su carácter cambiante.

1.- La santidad de la vida. Peter Singer, profesor de bioética en la Universidad de Princeton, considera que la visión tradicional sobre la santidad de la vida se derrumbará bajo la presión combinada de avances científicos, tecnológicos y demográficos. Para el 2040, ante un mayor porcentaje de la población de países desarrollados con más de 75 años y a la vista de las experiencias con la eutanasia acumulada por países como Holanda y Bélgica, la presión política será irresistible para permitir que pacientes terminales o crónicos puedan elegir su muerte.

2.- Los partidos políticos. Fernando Henrique Cardoso, ex presidente socialdemócrata de Brasil, alerta sobre la creciente irrelevancia de partidos políticos con plataformas basadas exclusivamente en cuestiones ideológicas y divisiones sociales. Factores no tan importantes como identidades étnicas, religiosas o incluso la orientación sexual. La desconfianza hacia el «establishment» político se está traduciendo ya en un mayor protagonismo de grupos de interés y organizaciones no gubernamentales. Sin un monopolio de legitimidad política a través de partidos, la democracia plebiscitaria será más habitual

3.- Adiós al euro. Christopher Hitchens -periodista británico, autor, crítico y «adulto terrible» de la izquierda a ambos lados del Atlántico- pronostica a su pesar el final del «dinero Esperant». Los pronunciamientos de Francia y Holanda parecen cerrar la puerta a que países adicionales adopten el euro. Alemania añora sus originales monedas mientras que Gran Bretaña permanece más «euroescéptica» que nunca. Según Hitchens, «un euro que sea moneda legal sólo en algunas partes de Europa no sólo enfatizará el fallo del continente a la hora de eliminar diferencias: se convertirá en sí mismo en una de esas diferencias».

4.- La pasividad de Japón. Shintaro Ishihara, nacionalista gobernador de Tokio, argumenta que su país está anclado en una constitución «completamente idealista e históricamente ilegítima», impuesta por EE UU hace sesenta años para evitar la reemergencia de Japón como potencia militar. Todo esto puede cambiar con la evolución de Asia durante la próxima década, especialmente en el terreno militar. Con China y Corea del Norte a la cabeza de los retos que pueden forzar a que Japón se convierta de nuevo en una nación fuerte dispuesta a asumir sacrificios. Según Ishihara, Japón -y no China- es el gigante dormido de Asia.

5.- La monogamia. Jacques Attali, economista e intelectual francés, augura el final de la monogamia -«nada más que una útil convención social»- por la misma pauta que hace dos siglos nadie podía anticipar el divorcio legal y la homosexualidad abierta. Según el socialista galo, la hipocresía de la monogamia en la vida pública está quedando en evidencia por una insaciable demanda de transparencia. Con mayor libertad individual, avances en longevidad y tecnología, se terminará por aceptar y legalizar los amores simultáneos pese a objeciones moralistas.

6.- La jerarquía religiosa. Harvey Cox, profesor de Teología de Harvard, argumenta que cada vez más gente contempla las diferentes religiones del mundo -no sólo el catolicismo- como un flexible buffet donde es posible seleccionar y mezclar. La noción de que el consumidor tiene derecho a elegir y la idea de control local se han adentrado en el mundo religioso hasta el punto de que las jerarquías que en el pasado podían ordenar, exigir y expulsar, ahora ya se ven forzadas a engatusar, persuadir y competir. Pero el problema es que tanto «marketing» puede malograr la integridad del «producto» religioso.

7.- Los comunistas chinos. Minxin Pei, «chinólogo», insiste en que pese a las apariencias de control, autoridad y prosperidad, el Partido Comunista que monopoliza el poder político en China desde hace más de medio siglo se enfrenta a fuerzas inexorables que eventualmente lo arrinconarán. Si China sigue creciendo económicamente incluso a un «moderado» 5 por ciento anual hasta 2040, será imposible que un régimen autoritario se perpetúe en una sociedad moderna. Y si el éxito económico no provoca el final del comunismo en China, Pei argumenta que la corrupción servirá de puntilla a un partido cada vez más artrítico y sin incentivos para competir y reinventarse.

8.- Coches y humos. John Browne, principal ejecutivo del grupo British Petroleum, asegura que para 2040 los automóviles dejarán de contaminar, siguiendo una tendencia de control de emisiones ya iniciada con las emisiones de plomo, sulfuro y benceno. A su juicio, este beneficio ecológico se va a lograr a través de nueva tecnología de refinado para producir combustibles más limpios, mayor calidad de lubricantes y continuos avances en motores, tanto híbridos como de perfeccionada combustión interna.

9.- El dominio público. Lawrence Lessig, profesor de Derecho de la Universidad de Stanford, advierte que el dominio público -ese fértil espacio de la cultura libre de «copyrights»- está amenazado por cambios en las legislaciones de propiedad intelectual impuestos por la tecnología digital tan proclive a la piratería. Leyes que se verán respaldadas pronto por extraordinarias técnicas que asegurarán a los dueños de cultura «casi un perfecto control» sobre el uso de sus propiedades. Entonces, según Lessig, el dominio privado devorará al publico y «el cultivo de la cultura y la creatividad será dictado por aquellos que ostentan su propiedad».

10.- Las visitas al médico. Craig Mundie, vicepresidente de Microsoft, parte del envejecimiento de la población en países con sistemas sanitarios públicos. Según Mundie, gobiernos y contribuyentes se verán obligados a confrontar un sistema enrevesado e ineficiente que se concentra demasiado en lidiar con enfermedades cuando se presentan pero no en prevenirlas. Las visitas al médico se convertirán en un último recurso en lugar de un primer paso con ayuda de innovaciones en computación, comunicaciones, biología, nanotecnología y robótica.

11.- Monarquía británica. Felipe Fernández-Armesto, prestigioso historiador en universidades estadounidenses y británicas, anticipa el final la institución monárquica en el Reino Unido pero no por sus propios fallos ni por una victoria del republicanismo. El profesor cree que los propios miembros de la familia real no van a estar dispuestos a mantener la tradición. A su juicio, la institución «es demasiado representativa de sus tiempos», la pompa y oropel resultan horteras y excesivos, y el Príncipe de Gales ha malgastado la oportunidad de capitalizar la buena voluntad de su pueblo, convirtiendo «su tragedia en una farsa». Y la próxima generación, no muy inteligente, carece del apetito para ese trabajo

12.- Contra el narcotráfico. Peter Schwartz, renombrado futurista y estratega empresarial, augura el final a la guerra contra el narcotráfico porque las drogas como las conocemos hoy en día van a desaparecer. El futuro se puede intuir en la epidemia que sufre EEUU de metaanfatemina, fabricable en casa con un poco de medicina contra el catarro y fertilizante. En 35 años, Schwartz cree que los narcotraficantes del futuro serán diseñadores de drogas a la medida para clientes ricos. Y los campos de opio de Afganistán y las plantaciones de coca en Colombia no tendrán sentido económico. El consumo de estas drogas «domésticas» se multiplicará con innovaciones en la química del placer.

13.- Demografía. Lee Kuan Yew, ex primer ministro de Singapur, argumenta que la demografía -y no la democracia- será el factor más crítico para la seguridad y el crecimiento durante el siglo XXI. Tanto por la baja tasa de nacimientos en países ricos como la extrema fertilidad de países pobres. Ante esta situación, anticipa que el sexo, el matrimonio y la procreación no van a seguir al margen de los dictados gubernamentales. Incluso sociedades desarrolladas se darán cuenta de que sólo con inmigrantes no van a solventar sus graves problemas demográficos.

14.- La Polio. Julie L. Gerberding, directora de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, cree que junto a la erradicación de la viruela, el mundo también verá el final de la poliomielitis. En 1988 se registraron 350.000 casos frente a los 760 contabilizados en lo que va de este año.

15.- La soberanía. Richard N. Haass, presidente del Council on Foreign Relations, cree que la noción de soberanía -básica en las relaciones internacionales en los últimos 350 años- desaparecerá víctima del flujo de personas, ideas, gases «invernadero», mercancías, dólares, drogas, virus, correos electrónicos y armas. Aunque las naciones-estado no van a desaparecer, tendrán que compartir poder con grandes corporaciones, ONG, grupos terroristas, traficantes, instituciones regionales y globales, bancos y hasta fondos de inversión

16.- El anonimato. Esther Dyson, «gurú» tecnológico, argumenta que los ciudadanos del mundo desarrollado están ya facilitando información personal a un ritmo sin precedentes, con rastros cibernéticos fácilmente trazables pese a todas las promesas de intimidad digital. Según Dyson, la gente está dispuesta a sacrificar anonimato a cambio de reconocimiento como se puede comprobar en la explosión de «blogs», «chats» y fotos personales «colgadas» en Internet.

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