
Siguiendo por el baloncesto, por el Mundial cuya gran final se celebra hoy. Como es mi deporte preferido, me he sumergido en el ambiente que ha cubierto Granada de colorido y canastas. Personas de todo el mundo han tomado estos días la calle, "chocando esos cinco" con la afición local, que es mucha y entusiasta. Lo único que me da grima son los disfraces de muchos, que me parecen bastos y groseros -también las mascotas eran feísimas-; pero no todo puede ser perfecto, al mismo tiempo y en el mismo lugar. Un domingo cogí la pelota y me planté en una de las canastas, enseguida se me unieron unos brasileños, un saudí, unos chavales, niños, muchos niños: mucho "jugón", una fiesta pese al calorazo.
La alegría de esa primera fase de España en Granada y la cruda eliminación en cuartos funciona estupendamente como metáfora de la vida: como se ha puesto de moda decir en mi casa, "esto no es Disneylandia". Veo hoy las portadas de revistas y semanarios, con nuestro magníficos jugadores posando sonrientes y decididos a ganar el campeonato, y no puedo dejar de pensar en la fugacidad de la vida y los contrastes de la puñetera realidad: "sic transit gloria mundi".
En fin, el verano es, también, la reanudación del todopoderoso fútbol, con su Supercopa de España, su primer derbi madrileño, etc. Pero no quiero hacer sangre hoy...
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