Que la prohibición de la educación diferenciada es una persecución por motivos ideológicos resulta evidente por muchos motivos, entre otros, por el hecho de que los argumentos más elementales como su validez pedagógica o la libertad de los padres para elegir la escuela que desean para sus hijos no causen mella en los defensores de la ideología de género, que es el dogma que está detrás de este acoso.
Porque no se trata solo de la defensa de "lo público", ya que si la educación pública respondiera a otros criterios, habría que oirles lo que dirían de ella (basta con escuchar lo que opinan de la que había durante el régimen de Franco).
En fin, que se trata de una dictadura del igualitarismo, que considera cualquier diferencia como una discriminación; es la enésima utopía que quiere construir un Mundo Feliz, a base de destruir al hombre y a la mujer reales. Es de sobra conocido que estas utopías acaban en férreas dictaduras y horrendos baños de sangre; pero no aprendemos.
El intento -que espero que fracase- de retirar los conciertos a doce centros educativos en Andalucía es una escaramuza pequeña de esta guerra universal; pero es de vida o muerte para unos cuantos cientos de familias y, sobre todo, es un hito para miles de familias que querrían elegir el modelo diferenciado y no pueden.
Son solo doce centros, todos pequeños menos uno, situados en zonas rurales o en barrios de clase media baja, de Formación Profesional, que llevan décadas de extraordinario funcionamiento, unos de chicos y otros de chicas. Nada de elitismos. Pero para el rodillo ideológico nada significa que sean familias trabajadoras y sencillas: han de claudicar o morir.
Pero estas familias no claudican ni van a morir sin defenderse. Como los heroicos e irreductibles galos de Armórica, piensan defenderse con la pócima mágica de su libertad y orgullosa ciudadanía. Por eso han puesto en marcha la plataforma Mis padres deciden, dispuestos a no dejarse avasallar.
Porque no se trata solo de la defensa de "lo público", ya que si la educación pública respondiera a otros criterios, habría que oirles lo que dirían de ella (basta con escuchar lo que opinan de la que había durante el régimen de Franco).
En fin, que se trata de una dictadura del igualitarismo, que considera cualquier diferencia como una discriminación; es la enésima utopía que quiere construir un Mundo Feliz, a base de destruir al hombre y a la mujer reales. Es de sobra conocido que estas utopías acaban en férreas dictaduras y horrendos baños de sangre; pero no aprendemos.

Son solo doce centros, todos pequeños menos uno, situados en zonas rurales o en barrios de clase media baja, de Formación Profesional, que llevan décadas de extraordinario funcionamiento, unos de chicos y otros de chicas. Nada de elitismos. Pero para el rodillo ideológico nada significa que sean familias trabajadoras y sencillas: han de claudicar o morir.
Pero estas familias no claudican ni van a morir sin defenderse. Como los heroicos e irreductibles galos de Armórica, piensan defenderse con la pócima mágica de su libertad y orgullosa ciudadanía. Por eso han puesto en marcha la plataforma Mis padres deciden, dispuestos a no dejarse avasallar.
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