Tópicos

lunes, 28 de agosto de 2006 · 4 comentarios

Los anfitriones de la Conferencia Internacional sobre el sida lamentan que sólo se hayan podido escuchar tópicos.

Tony Clement, ministro de Sanidad canadiense, critica que no haya sido posible “mantener un debate racional” durante la Conferencia internacional sobre el sida, celebrada en Toronto. Los tópicos y el lenguaje políticamente correcto han sustituido a los argumentos, y muchos han querido utilizar este foro como plataforma para arremeter contra aquellos políticos que no son de su agrado. Y, una vez más, contra la Iglesia, que administra o sostiene uno de cada cuatro centros para enfermos de sida en el mundo.

Para seguir con más detalle lo acontecido en la Conferencia internacional sobre el sida celebrada en Toronto, propongo los siguientes y breves enlaces a la excelente y veterana web sinsida.com:

*Hay sida para rato.
*El hombre más rico del mundo.
*Crece el negocio de condones.
*Publicidad engañosa y criminal.

Veritalismo

jueves, 24 de agosto de 2006 · 2 comentarios

Rafael Domingo
La Gaceta de los Negocios, 23-08-2006

Nunca me ha gustado la contraposición, tan extendida en nuestros días, entre fundamentalistas y relativistas, ya que fácilmente se torna en arma arrojadiza contra adversarios políticos.

Conforme a esta dualidad, es fundamentalista quien trata de imponer socialmente ciertos principios, vinculados a una verdad o un conjunto de verdades, y a las que considera inmutables e innegociables, en la medida en que subsisten con independencia de la opinión de la mayoría. Es relativista, en cambio, quien apuesta, no por principios, sino por valores, esto es, por determinadas adherencias personales a concretos modos de comportamiento y determinados criterios éticos, susceptibles de cambio en atención a las circunstancias sociales.

Para el fundamentalista, el relativista parte de una gran incoherencia, pues afirmar que no hay una verdad absoluta o que, existiendo, ésta resulta inaccesible, es ya aceptar un primer principio de verdad inmutable. El relativista es tachado de oportunista, de persona amoral y sin escrúpulos, amante de la inmediatez, que juega siempre la carta vencedora.

En cambio, para el relativista, el fundamentalista es ante todo un fanático, una persona intransigente, inflexible y cerrada, que no ha sabido emplear el mejor instrumento del que hace gala el ser humano: la razón. Y es que el fundamentalista se toma demasiado en serio las cosas, muy particularmente la religión, y se convierte así en esclavo, a la postre, de sus propias convicciones. Por eso, un buen demócrata debe ser, por principio —¡valga la incoherencia!—, relativista, ya que lo único impuesto es la ley, y ésta no es el reflejo de la verdad, sino de la revocable voluntad del pueblo soberano.

En esta batalla ideológica, el arma del fundamentalista es la imposición; la del relativista, el permisivismo. Pero, en la realidad, los dos extremos se tocan. Sin temor, puede hablarse de un relativismo fundamentalista, que, por la vía de los hechos, intenta imponer el permisivismo como regla universal de comportamiento; y de un fundamentalismo relativista, que convierte en verdades inmutables las cosas más mudables. Así, por ejemplo, el laicismo, tan alejado de la auténtica libertad religiosa, sería un tipo de relativismo fundamentalista, que niega la dimensión social del fenómeno religioso; el nacionalismo, en cambio, una suerte de fundamentalismo relativista que construye dogmas políticos a partir de la raza, la lengua o la cultura.

Frente a estas dos posiciones, a veces intencionadamente enfrentadas, cabe una tercera vía, con la que me siento plenamente identificado, y que podría denominarse veritalismo. Es veritalista... quien busca la verdad sin fatigas ni cansancios y, si piensa haberla encontrado, no la hace valer coactivamente ni mucho menos la esconde —guiado por la corrección política—, sino que la expone para que brille por sí misma. El veritalista propone, jamás impone.

Tratar de imponer la verdad, como se ha intentado durante siglos, es tan absurdo como “obligar a amar”. Pero que esto no sea posible no significa que no se tenga que amar, o que no exista el amor, pues la persona humana es un ser para el amor y sólo en él alcanza su plenitud. Lo mismo sucede con la verdad. Que no pueda imponerse la verdad no significa que ésta no exista o que nadie esté éticamente obligado a buscarla con todas sus potencias. La libertad es precisamente eso: el impulso interior que invita a la razón a buscar la verdad, el máximo bien. Una vez hallada, el veritalista se adhiere a ella sin reservas, y la muestra al prójimo, por solidaridad humana.

El veritalista compatibiliza perfectamente la aceptación de principios inmutables, por ejemplo, los de la religión católica, con los formalismos de la democracia en cuanto sistema político por excelencia, basado en la protección de los derechos fundamentales y en la dignidad de la persona. La firmeza en la defensa de la dignidad humana lleva al veritalista a la búsqueda de normas éticas y jurídicas de validez universal orientadas al servicio de la genuina libertad. El veritalista está convencido de que sólo mediante ciertas exigencias absolutamente irrenunciables se puede custodiar el tesoro de la dignidad personal, con independencia de la raza, la condición, el sexo o la religión. De ahí que el veritalista no tenga reparos, como el relativista, en considerar determinados actos intrínsecamente malos, como el homicidio (donde se incluye el aborto), el terrorismo, la violación, la pornografía, la prostitución, etc. Pero sí los tiene, en cambio, a diferencia del fundamentalista, en pretender imponer las exigencias morales por la fuerza.

En este siglo de confusión y medias tintas, el veritalismo puede ser, y es de hecho, la opción de muchas mujeres y hombres repartidos por los cinco continentes y, a la larga, la que presta más servicios a la democracia, por cuanto la asienta en un pilar inconmovible: la dignidad humana.

The Pink Panther, Piolín y otros amigos

lunes, 21 de agosto de 2006 · 0 comentarios


El 26 de agosto se cumplen los 100 años del nacimiento de Friz Freleng. Para todos los que hemos disfrutado con la Pantera Rosa -y Peter Sellers-, el gato Silvestre y Piolín, el Diablo de Tasmania, el cerdito Porky (nuestro rey), Speedy Gonzales y el resto de sus personajes, es una buena ocasión de recordarlo y hacerle el e-homenaje que propone Hell on Frisco Bay de ver ese día al menos un capítulo de los muchos que dirigió o animó este inolvidable maestro de la animación.

Que os divirtáis. Posted by Picasa

De sidas, geles y otras hierbas

sábado, 19 de agosto de 2006 · 2 comentarios

Mi admiración por Bill Gates es enorme, por Microsoft, en primer lugar, y por su generosidad filantrópica, por otro. Pero era de temer que se metiera en lo que no sabe, y la cagara.
Los encuentros mundiales esos del SIDA son el caldo de cultivo de mesianismos inmanentes, gentes convencidas de su capacidad para reinstaurar el paraíso terrenal, que tan genialmente describiera Stefan Zweig al hablar de Chalier, "un sacerdote escapado y antiguo comerciante para el que la Revolución [francesa] significó otra vez el cristianismo auténtico y verdadero, entregándose a ella con amor desinteresado y supersticioso. La elevación de la Humanidad a un nivel de razón e igualdad significó, para este lector apasionado de Juan Jacobo Rousseau, la realización en la tierra del reino milenario. Su filantropía ardiente y fanática ve en la conflagración general la aurora de una Humanidad nueva y eterna".
Al matrimonio Gates metido a redentor le parece que la Iglesia debe cambiar y aceptar el preservativo, porque el protocolo ABC (abstinencia-fidelidad-condón) no es solución.
¿No le dice nada a Bill y Melinda que la comunidad científica haya -por fin-, llegado al acuerdo de que ABC es lo mejor?, ¿no significa nada que esto haya sido admitido públicamente por la ONU?, ¿ignoran que donde se ha puesto en práctica -Uganda, por ejemplo- ha surtido los efectos de una vacuna?
No, claro, los filántropos no quieren ni oír hablar de dejar de fornicar, "goza y haz gozar" que diría el tontaina de Onfray. ¿Es tan difícil darse cuenta de que la abstinencia y la fidelidad es, además de lo mejor para no pillar el sida -ni otras enfermedades-, lo más adecuado a la dignidad humana? ¿Es tan difícil entender que la promiscuidad es la auténtica causa de la transmisión y extensión del sida?
Parece que sí, que a los ricos y poderosos, filantrópicos ardientes y fanáticos, les cuesta caer en la cuenta. No entienden al Hombre; por eso no entienden a la Iglesia; por eso son -otra vez Zweig- "seres puros, idealistas y creyentes, que suelen causar con su fe más mal y derramar más sangre con su idealismo, que los más brutales políticos y los más feroces tiranos."
Y esto por no hablar de su visión empresarial de la lucha contra el sida, a base de geles y no sé que más. Sí, claro, ya veo a las empresas que se forran con los preservativos mejorando sus cuentas a base de vender geles vaginales. Claro, a ellos ABC les hace perder cuota de mercado, como a las farmacéuticas que fabrican los tratamientos retrovirales.

Alguna información más:

*“El único método que ofrece la seguridad al 100% de no contraer el VIH durante un contacto sexual es la abstinencia. Para la mayor parte de los jóvenes, esto significa en la práctica retrasar la edad en que se tienen las primeras relaciones sexuales”. Así de terminante es Unicef en las recomendaciones que dirige, a través de su página web a la población joven para evitar el contagio de SIDA.

*La familia, lo mejor contra el sida.

*Otra prevención se abre paso: Propóntelo, propónseloPosted by Picasa

M. Onfray: profeta del individualismo radical

miércoles, 16 de agosto de 2006 · 0 comentarios

No quiero hacerle propaganda, todo lo contrario; pero ya me lo he encontrado revestido de aureola en varias tribunas mediáticas del laicismo radical preponderante, y pienso que conviene dar la voz de alerta: nos quieren colocar a otro enfant terrible, majete, de izquierdas, atrevido, rebelde y tal; pero en realidad es un bufón excesivo e insultante. Vean, por ejemplo, lo que opina de los que votamos NO a la constitución europea:

La gente que piensa votar NO a la Constitución Europea es una cretina, paleta, imbécil, inculta, de poco poder adquisitivo, poco cerebro, poco pensamiento, pocos sentimientos. No posee títulos, ni libros, ni cultura, ni inteligencia. Esa gente vive en el campo, en las provincias. Son pueblerinos, pécoras, catetos, paletos. No tienen sentido de la Historia, no saben lo que es un gran proyecto político. Ignoran las bondades del Progreso. Se mueren de miedo.

Me hubiera gustado encontrar algo más contundente; pero de momento espero que sirva esta breve crítica de Antonio R. Rubio Plo. Posted by Picasa

Alto al baño de sangre

sábado, 12 de agosto de 2006 · 0 comentarios

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Archipiélago Orwell

viernes, 11 de agosto de 2006 · 0 comentarios

Recomiendo vivamente el estupendo artículo de Alicia Delibes en La Gaceta de los Negocios "Políticamente correcta", un espléndido y sobrecogedor aviso para navegantes de lo que nos espera con los planes educativos del gobierno español.

Para que vayamos preparándonos.


...Educación para la ciudadanía es una "fábrica de pequeños 'zapateritos': delgados como juncos, campeones del relativismo moral y sectarios hasta la médula". Posted by Picasa

Dios andaba por medio

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Para los que aún os queda tiempo de vacaciones y andáis detrás de un buen libro con el que aprovecharlo, os sugiero

"Un adolescente en la retaguardia". He aquí las razones de JUAN MANUEL DE PRADA:

SEGURAMENTE las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan hayan tenido ocasión, como yo mismo, de empacharse con la caterva de libracos que, como buitres al hedor de la carroña, han vituperado las imprentas durante los últimos meses, al rebufo de la malversación de la memoria histórica orquestada por el Gobierno. Es cierto que se han publicado algunos volúmenes valiosos, pero la avalancha de cochambre panfletaria ha sido tan copiosa y jaleada que han pasado casi inadvertidos. Ahora quisiera llamarles la atención sobre uno de esos pocos libros valiosos; un libro enjuto y conmovedor que no merecería quedar sepultado entre la morralla mejor promocionada. Se titula «Un adolescente en la retaguardia» (Ediciones Encuentro) y lo firma un octogenario, el Padre Plácido María Gil Imirizaldu, a quien el estallido de la contienda pillaría, con apenas quince años, en el monasterio benedictino de El Pueyo (Barbastro), donde a la sazón cursaba estudios. Se trata de uno de los libros más hermosos que he leído en mucho tiempo, de una belleza frugal y reparadora que ensancha el espíritu.
«Un adolescente en la retaguardia» nos narra las vicisitudes que precedieron al martirio salvaje de los monjes de El Pueyo, acusados absurdamente de custodiar un arsenal entre las paredes del monasterio. No fueron los únicos religiosos asesinados en Barbastro: numerosos sacerdotes diocesanos -con su obispo al frente-, escolapios y claretianos padecieron un idéntico destino. Pero no se crea el lector que el propósito de Plácido Mª Gil sea ofrecernos una narración truculenta de aquellas jornadas, mojando su pluma en los chafarrinones del sensacionalismo; por el contrario, nos muestra aquellos desmanes con una mirada pudorosa, llena de una serena piedad, la misma que descubrió en los monjes de su comunidad, con quienes compartió cárcel en las vísperas de su martirio. Las páginas que el autor dedica a las postrimerías de aquellos monjes fortalecidos por la oración y los sacramentos, que caminan hacia la muerte como quien se dirige a una fiesta, son de una emoción tan vívida y apretada que el lector debe detenerse para tomar aliento.
Pero lo más hermoso y aleccionador de este libro no es tanto la narración de vicisitudes históricas como la crónica de la supervivencia de una vocación. Aquel muchacho que había visto morir en circunstancias tan atroces a sus amados monjes aún tendría que apurar hasta las heces el cáliz del dolor: primero en Barbastro, donde lo obligarían -en un ambiente sofocante de brutalidad- a servir de camarero a los milicianos que se dirigían al frente; después en Caspe, donde presenciaría los bombardeos de la aviación franquista, que no duda en execrar; ya por último, acogido por una familia de generosos payeses de la comarca de Urgel. Durante todo este período entreverado de desgracias, el autor despliega una galería de personajes de gran vibración humana: entre la escombrera del odio también brotaron, como flores silvestres que asoman entre los cardos, las pasiones más nobles, los sentimientos más acendrados, las virtudes más abnegadas. Y es que, como afirma el autor, «Dios andaba por medio». Cuando, a comienzos del 39, el joven protagonista llegue al fin a su pueblo natal, Lumbier, en Navarra, para reunirse con sus padres que lo daban por muerto -la escena del reencuentro es, en su escueta simplicidad, una bofetada de belleza-, su vocación se halla milagrosamente incólume. El libro se clausura cuando, pocos meses después, el autor se dispone a ingresar en el monasterio de Valvanera: «Dentro del corazón -escribe, con una frase trémula de belleza- encierro a todos los hombres».
No dejen de leer este libro excepcional; nunca me lo agradecerán suficientemente. Posted by Picasa

LA TRIBU DANONE

miércoles, 9 de agosto de 2006 · 0 comentarios

Por Enrique Monasterio



Son altos, generalmente rubios, de piel tersa y dentadura blindada por la ortodoncia. Lucen pelusilla de albaricoque en la epidermis, y huelen a Nenuco. No han oído hablar de las paperas, de la tosferina ni de los sabañones. Conocen el sarampión por la literatura y la seborrea por los anuncios de la tele.
No han sufrido mucho, la verdad: apenas un leve acné en la edad del pavo, y algunas espinillas, curadas con clerasil. Son guapos de puro sanos, metabólicamente hermosos, con esa belleza insolente que tienen los animalitos de exposición. No vivieron ninguna guerra –ni falta que les hace– ni más revoluciones que las musicales. Dios los libró del hambre de la posguerra, del estraperlo y del aceite de hígado de bacalao. No necesitaron abrasarse la epidermis con cataplasmas de linaza; todo lo más, unos untes de Vicks Vaporub. Mastican chicle sin azúcar y desayunan toneladas de cereales flotantes sobre hectolitros de leche pasteurizada, envasada en tetrabrick.
Pertenecen –según el antropólogo Kloster– a la dan up generation o generación danone; pero no es justo llamarlos generación, ya que la mayoría de los de su edad viven en órbitas más modestas y corrientes. Mejor sería calificarlos de tribu. Sí, eso es, se trata de la más acomodada, lustrosa y civilizada de las tribus urbanas.
Ellas son fuertes y grandes, a veces un poco chicotes; ellos también. Son moderadamente ricos, limpios de cuerpo y, según como se mire, también de alma; macizos, compactos y saludables; sensibles ante las desgracias ajenas y compasivos con los animales domésticos. A veces son piadosos con sus padres, y casi siempre, encantadores con el prójimo.
En su habitación, empapelada de pósters, hay un ordenador conectado a internet, una tele, un equipo de música con cuatro bafles, un móvil que le trajeron los reyes, las llaves de la moto y metros cúbicos de ropa en los armarios: pantalones vaqueros (Levis, Liberto, Dockers, Pepe jeans…), zapatillas (Reebok, Nike, Adidas), catorce cinturones y un mando a distancia para controlarlo todo desde la cama.

Su centro de gravedad es la nevera. Tan práctico electrodoméstico les permite desayunar, comer y cenar a la carta, sin oír aquella vieja y odiosa amenaza materna:
—¡Si no te lo comes ahora, te lo encontrarás para la cena!
Eran otros tiempos, probablemente fascistas, en los que se atentaba contra los derechos humanos más elementales.
Los chicos de la generación danone suponen que entre esos derechos humanos, el más irrenunciable es el derecho al placer, al confort civilizado, que aún no está reconocido oficialmente por las Naciones Unidas, pero pronto aparecerá en alguna relación o manifiesto. Sentirse a gusto con el propio cuerpo, es el ideal supremo y el punto de referencia más elevado de todo su sistema moral.
—Hija mía –exhortan las madres bimbollo a sus hijas danone– haz lo que sientas que debes hacer. Lo importante es que seas tú misma.
Con tan saludables y sencillas admoniciones, el riesgo de agobiarse o de sentirse culpable es mínimo.

Son los primogénitos del estado del bienestar, los herederos de la revolución más egoísta de la historia: la revuelta primaveral del 68, en la que sus padres lucharon por una sociedad sin tabúes.
Aquella aventura estudiantil tuvo como protagonistas a los chicos mejor alimentados y más conformistas del Planeta. Con sus pantalones campana, sus guitarras eléctricas, sus melenas al viento y sus canciones/protesta de luxe, no luchaban por la liberación de una clase o de un pueblo; envueltos en hermosas palabras –paz, ecología, amor, liberación…–, sólo buscaban librarse del aburrimiento a base de sexo, confort, marihuana fácil y un socialismo light, protector de todos los placeres y perseguidor de intolerantes y puritanos.
Allí comenzó la agonía del marxismo, que fue una plaga triste y devastadora, pero que al menos luchaba y pedía sacrificios a sus adeptos. Lo nuevo que venía era tan malo o peor.

De aquella tribu –amortiguada en sus excesos por los años y la obesidad– nacieron los chicos danone. Como digo, son ricos y civilizados, y han aprendido de sus padres que lo importante es cuidar el cuerpo para gozar de él mientras dure. Del alma han oído poco. Vienen –sin demasiada culpa– blanditos como el yogur, sensibles como oropéndolas, cándidamente egoístas como gatos siameses.
Algunos de mis amigos son así, y espero que no se enfaden por esta caricatura. Yo sé que un día se levantarán en armas y harán una revolución de verdad, como las antiguas. Lucharán contra sí mismos, contra los valores mezquinos que recibieron de mi generación.
Y nos mandarán a hacer gárgaras, que ya va siendo hora.

Objeción de Conciencia

lunes, 7 de agosto de 2006 · 0 comentarios

Tal como están las cosas en este occidente decadente nuestro, cobra cada día más importancia el necesario recurso a la OBJECIÓN DE CONCIENCIA, que la dictadura del relativismo trata por todos los medios de impedir.
Me parece de mucho interés el artículo
Objeción de conciencia de Ignacio Sánchez Cámara en La Gaceta de los Negocios, del 24 de julio del corriente, porque plantea la objeción de conciencia no como un derecho sino como un deber: digno de meditar.


Para quienes quieran saber más sobre la objeción de conciencia, recomiendo la estupenda web de ANDOC

Coma-Andante

viernes, 4 de agosto de 2006 · 0 comentarios

Alejandro González Acosta, (El Vedado, La Habana, Cuba, 1953,) naturalizado mexicano por "haber prestado señalados servicios a la cultura y la educación en México", es el actual Secretario de la Academia Cubana de la Lengua en el Exilio. Quisimos saber su opinión ante la enfermedad de Castro y sus posibles consecuencias y esto es lo que escribió para nuestros lectores.

Acosta, que en algún momento llama a Castro el Coma-Andante, recuerda en su artículo que "ha roto todos los records de permanencia en el poder, excepto (todavía) el del faraón Ramsés II (50 años)", pero destaca como lo realmente importante el que "el destino de todo un país, con 10 millones de habitantes y con otros 2 millones en el exilio (considérese que se trata de un 20% de la población, cifra nunca igualada en la historia), dependa casi exclusivamente del funcionamiento de las venas y arterias de este personaje que viene a ser, aunque nos pese, el último vivo del siglo XX".

La firma

Alejandro González Acosta (El Vedado, La Habana, Cuba, 1953); naturalizado mexicano por "haber prestado señalados servicios a la cultura y la educación en México", es investigador titular del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y profesor en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Sus campos de interés abarcan la literatura y cultura novohispana, así como la literatura mexicana de la primera mitad del siglo XIX.
Ingresó a la Academia Cubana de la Lengua en 1983 como miembro de número y a la Real Academia Española como miembro correspondiente hispanoamericano; actualmente es Secretario de la Academia Cubana de la Lengua en el Exilio.

El artículo completo puede leerse en la sección PUNTOS DE VISTA de GD, en la columna habitual del autor DEL OTRO LADO DEL CHARCOPosted by Picasa

(des) Educación para la Ciudadanía

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La Dictadura del Relativismo (DR) avanza a pasos agigantados, y no descansa ni en agosto; ahora su objetivo son las tiernas mentes de los escolares españoles, a los que va a someter a adoctrinamiento obligatorio mediante una asignatura ideada para mayor gloria del Régimen y mejor asimilación de su ideología radical-liberal (con tintes de marxismo de salón).
Tampoco descansan los Defensores de la Libertad (DL); el
Foro Español de la Familia, por ejemplo, anima a la objecion de conciencia y ofrece asesoría jurídica gratuita a los padres que no deseen que sus hijos sean adoctrinados en contra de sus convicciones.

Estupendamente lo explica mi admirado Juan Manuel de Prada en su artículo
Educando a la ciudadanía
(ABC, 31 de julio de 2006)

PUBLICABA ayer mi amigo Tulio Demicheli un muy interesante y bien argumentado artículo sobre la asignatura denominada Educación para la Ciudadanía, en el que censuraba el alineamiento de la facción opositora con posturas defendidas por organizaciones de militancia católica. Sostenía Demicheli que los valores y principios democráticos «no son innatos ni se aprenden por ciencia infusa»; y que, siendo el nuestro un país de muy exigua tradición democrática, receptor además de contingentes de emigrantes oriundos de países con tradición aún más exigua o inexistente, conviene que nuestros hijos «conozcan los ideales en que se sustenta nuestra organización social y política». ¿Quién podría oponerse a que nuestros hijos sean instruidos en la existencia de unos derechos humanos, de unas libertades individuales, de un deber de respeto a las minorías, etcétera? Algunos defendemos que la transmisión de tales principios rectores de nuestra convivencia debería permear la tarea educativa, antes que organizarse en torno a una disciplina teórica; pero en modo alguno nos opondríamos a su establecimiento.
Pero el rechazo de ciertos sectores sociales a esta asignatura llamada Educación para la Ciudadanía no creo que nazca de la aversión a tales principios, sino a su utilización ideológica y a la invasión de cierto ámbito de libertad personal e inviolable en el que el Estado no puede inmiscuirse, entre otras razones, porque la propia Constitución así lo establece, al reconocer la libertad de conciencia y el derecho de los padres a elegir la formación moral que desean para sus hijos. El ser humano, cada ser humano, alberga unas convicciones morales que no pueden ser intervenidas a gusto del Estado, salvo en lo que afecten a la convivencia social. En algún pasaje de su artículo, Demicheli nos recuerda que existen, por ejemplo, países donde el adulterio constituye delito; pero que el adulterio haya dejado de ser contemplado como tal por la legislación española no implica que muchas personas sigan considerándolo un acto inmoral o reprobable. Si mañana, en las escuelas -estoy planteando un caso imaginario- se enseñase a nuestros hijos que el adulterio es una práctica lícita y que, por tanto, puede practicarse sin reparo, ¿no habría razones para considerar que el Estado se esta propasando en sus atribuciones?
Demicheli, en una enumeración de los principios fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico, menciona la igualdad efectiva de hombres y mujeres. Principio que sólo los indeseables se atreverán a cuestionar; pero que, interpretado torticeramente, puede amparar operaciones de ingeniería social. La llamada «ideología de género» -que notoriamente infecta el contenido de esta asignatura llamada Educación para la Ciudadanía- pretende que entre hombres y mujeres sólo existe una banal diferencia fisiológica (subsanable, por lo demás, en el quirófano); y que, por lo tanto, cualquier peculiaridad afectiva masculina o femenina es un producto cultural que conviene erradicar. Yo aplaudiría que a mis hijos les instruyesen en la efectiva igualdad entre hombres y mujeres; no admitiría, en cambio, que los adoctrinaran en la «ideología de género». También aplaudiría que los formaran en el respeto a cada persona, con independencia de sus inclinaciones sexuales; en cambio, me sublevaría que les dijeran que tales inclinaciones constituyen una mera «opción» que cada persona puede inventar, modelar, rectificar o intercambiar a su antojo. En primer lugar, porque tal afirmación es falsa; en segundo lugar, porque atenta contra mis convicciones morales, en las que exijo que mis hijos sean formados. Convicciones que, por lo demás, no entran en conflicto con esos principios que sostienen el «noble edificio de nuestra convivencia».
Y así llegamos a la pregunta que mi amigo Tulio Demicheli no formulaba en su artículo. La asignatura llamada Educación para la Ciudadanía, ¿se propone instruir en tales principios, o más bien utilizarlos ideológicamente con propósitos de ingeniería social?

El olvido político de la familia corriente

miércoles, 2 de agosto de 2006 · 2 comentarios

Algunos piensan que concluido el Encuentro Mundial de la Familia de Valencia y sometidos a la apisonadora de los tiempos que corren y la legislación que se hace en España, vamos a rendirnos.
Pues no.
Estas crisis son estupendas para ejercitarse, pensar, argumentar y proponer soluciones adecuadas a los problemas actuales. Un ejemplo de enfoque y "explicaderas" es el artículo
El olvido político de la familia corriente, de Agustín Domingo Moratalla, Profesor de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad de Valencia, verdaderamente interesante y sugerente, además de cargado de razones.
Lo he sacado de la web de FANOC, Asociación de Familias Numerosas de Cataluña, una página merecedora de detenido recorrido para todos los interesados en el bien práctico de la familia "corriente".

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