Andrés Ibáñez ABC Las Artes y las Letras, 22 de octubre de 2005 Cuando pienso en el mundo educativo, especialmente en la enseñanza media (que es el mundo que conozco mejor), siempre me vienen a la mente imágenes de S and M. Sado Maso, ya saben. Látigos, caperuzas de cuero, correas de perro. ¡Arrodíllate, esclavo, lámeme los pies! Los exámenes ya no son exámenes: son «pruebas de formato escrito», divididas en «tareas». Y ya no se hacen, o se ponen, sino que se «administran» (¿por vía oral? ¿rectal, quizá?). Los que se examinan no son alumnos, son «candidatos». Este lenguaje «nuevo» no es sólo profundamente estúpido, además de cursi y pretencioso, sino dolorosamente incorrecto, pero ya sabemos que todo burócrata que se precie ha de inventar palabras nuevas y rimbombantes para sustituir las humildes y útiles palabras ya existentes. Es como la fusta de la dominatrix, el símbolo de su poder cutre. ¡Arrodíllate, esclavo, y lámele los pies al candidato mientras le administras la prueba de...