Las redes... Me llegó el corte de las palabras de Silvia Abril sobre la juventud y la fe cristiana. No había oído ni hablar de esta señora, probablemente por mi culpa, que soy un ignorante; pero ahora ya sí, y me da pena que esté tan triste, me ha recordado a la tía Maite de «Los domingos».
En estos momentos hay un debate sobre un posible -o no, que yo opino que sí-, rebrote de la fe entre los jóvenes que, en mi opinión, empezó con el inesperado éxito de «Si no estás» de Íñigo Quintero -mucho antes, por tanto, del «Lux» de Rosalía-, y que de alguna manera lo explica.
Centrándome en las reacciones a las palabras de Abril, me ha gustado mucho la respuesta de la presentadora de televisión Patricia Pardo a través de su cuenta de Instagram. Para Pardo, la fe no es una debilidad, sino una «pieza fundamental para conformar su personalidad». En un entorno social donde los creyentes a menudo enfrentan «miradas condescendientes» de quienes ven el escepticismo como un «síntoma de gran altura intelectual», ella reivindica la espiritualidad como un ejercicio de humildad. Para la presentadora, la verdadera lucidez consiste en «asumir lo pequeños que somos» y entender que creer no es una carencia, sino una «solidez y refugio para el alma».
Además, me ha parecido interesante rescatar este artículo de Juan Pablo Luque Martín, publicado en Granada Hoy el pasado 6 de marzo de 2026, para que no pase demasiado inadvertido. Es más contundente; pero me ha gustado su defensa de la libertad y la autenticidad de los jóvenes, que parece que han cambiado de bando, lo mismo que la intransigencia, que ahora está (siempre lo ha estado, en realidad) a la izquierda de sus pantallas.
Silvia o la tiranía del teleñeco
"La gala de los Goya volvió a ser el búnker de la soberbia. Silvia Abril, profesional de mueca fácil y grito de guion, decidió darnos una lección que nadie le había pedido. Su blanco fueron los jóvenes que van a la iglesia. Patético. Un púlpito televisivo, que se cree, sólo por ello, con derecho a juzgar almas y tutelar conciencias. El triunfo del decorado sobre la verdad interior. La nada mediática asfixiando una libre elección juvenil. El envase vacío acosando la profundidad del espíritu.
Silvia encarna esa aristocracia del “prime time” que se cree intelectual por tener un micrófono subvencionado. Nos venden libertad, pero solo si pasas por su aro. Nos venden independencia, si tu camino no pisa un templo. La ironía es sangrienta. Estos personajes, que sólo son imagen de televisión, se erigen en jueces de una juventud que les da mil vueltas en coherencia. Hablan de respeto mientras escupen sobre las convicciones de miles de chavales. Su tolerancia es un decorado que se cae al primer soplo de diversidad real. Silvia Abril no transgrede nada; solo balbucea el discurso de una izquierda de salón que huele a rancio desde los años ochenta. En los próximos Goya le tocará pedir, en nombre de la libertad, eso sí, que quemen las Iglesias. Me suena.
A vosotros, jóvenes: no os dejéis amedrentar por bufonadas. Vuestra libertad es real; la suya depende de una nómina con varios ceros a fin de mes. Vuestras convicciones tienen raíz; las suyas dependen del aplauso enlatado y subvenciones en cuenta corriente. Actuad según vuestro instinto y vuestra fe, sin pedir permiso a quienes solo viven de la apariencia. No hay mayor acto de rebeldía hoy que ser fiel a uno mismo frente a quien solo ofrece vacíos.
Gracias, Silvia, por el espectáculo de tu insignificancia. No hay mejor campaña para que un joven entre en una iglesia que ver la catadura moral de quien intenta lincharlo desde una alfombra roja.
Seguid creyendo. Seguid volando. Su ruido es solo el vacío de su propia dictadura. Vuestra libertad es sagrada. No pidáis permiso para ser fieles a vuestra alma. El espíritu es más fuerte que el guion. Sed rebeldes. Sed consecuentes con lo que a diario podáis pensar y sentir. El ruido de Silvia y otros muchos y muchas solo es eso: ruido de fondo en una vida, la suya, que sólo sabe de dictaduras morales".
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Foto atarifa CC modificada con Gemini.

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