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Mis libros de 2017

Vamos con el primer artículo del año nuevo.

Al repasar los libros que leí en 2016 para preparar este artículo, he caído en la cuenta de que casi todos eran de escritores españoles (11/14); en cambio, este año pasado me he dedicado a los autores del Reino Unido (6/9), muy especialmente a G.K. Chesterton. De los nueve libros que recuerdo haber leído en 2017, solo uno fue digital. Ya saben, me encanta tener el libro entre las manos.

Empezando por Chesterton, he abordado un "pendiente" de esa literatura que todo europeo medianamente culto debe leer, las entregas del Padre Brown (El candor, etc.), en la clásica edición de las Obras completas de Plaza y Janés; 1001 páginas con las que considero leída toda la obra policíaca del escritor londinense. El otro de G.K. ha venido por la presentación que organizó el Club Chesterton de Granada, en memoria de su traductor y anotador, Juan Carlos de Pablos: Santo Tomás de Aquino (ed. Rialp, 270 pp.): una lectura muy recomendable para una muy original y reveladora visión del gran santo filósofo y teólogo.

Por seguir con los británicos y con esos libros que debería haber leído de joven y no lo hice: Beau Geste, de P.C. Wren (ed. Valdemar 405 pp.). Romanticismo tardío; pero romanticismo al fin y al cabo. Para jóvenes románticos, si quedan.

Más ingleses: no podía faltar mi cita con Joseph Pierce, esta vez a cuenta de El viejo trueno. Biografía de Hilaire Belloc (ed. Palabra, 381 pp.). Sencillamente extraordinario y delicioso, por muchos motivos, especialmente por la exaltación de la amistad.

El cuarto británico es Robert Harris: Imperium, (ed. Debolsillo, 432 pp.), primero de la trilogía sobre Cicerón -ahora estoy con el segundo: Conspiración-. Una visión tan cercana y precisa de la Roma antigua que casi no la reconoces.

En la línea histórica, y aterrizando por fin en España, ¡Santiago y cierra España! El nacimiento de una nación (ed. La Esfera de los libros, 477 pp.), de José Javier Esparza, muestra que a pesar del follón de Cataluña y otros problemas territoriales más o menos larvados, cualquier tiempo pasado fue peor. Juego de tronos es una balsa de aceite comparada con los reinos hispánicos de los siglos IX-XV.

En el capítulo profesional, dos obras muy convenientes para comunicadores institucionales en general, y de instituciones católicas en particular. Va bien combinar tanta agitación con un libro amable y refrescante como Un pueblo de esperanza. Entrevista con Timothy Dolan, del periodista vaticanólogo norteamericano, John L. Allen, (ed. Palabra, 318 pp.). El cardenal Dolan es de esos tipos forjados en las barbacoas que organizaba su padre.

El segundo libro entra en la categoría de "imprescindible", lo digo sin temor a equivocarme: Cómo defender la fe sin levantar la voz. Respuestas civilizadas a preguntas desafiantes, de Austen Ivereigh -otro inglés-,  traducido y actualizado a la realidad española por Yago de la Cierva, (ed. Palabra, 335 pp.). Presentación y explicación detenida del método Catholic Voices, que ya resumí en El arte de la reformulación, y casos prácticos de los temas más controvertidos y difíciles.

Para acabar, me di el capricho de leer La venganza de Don Mendo, (Pedro Muñoz Seca, ed. Castalia, 159 pp.). El teatro es mucho mejor representado, por muy buena y divertida que sea la obra, como en este caso.

Para 2018 tengo una larga lista, recrecida con los tres libros que me han traído los Reyes Magos de Oriente. Ya habrá tiempo de ir comentando.

Que lean ustedes bien.




Comentarios

johermol ha dicho que…
Una buena coleción, tomop nota de algunos, otros hemos coincidido. Gracias Alberto
Me alegro de haberte dado alguna idea. Un cordial saludo, Jorge.

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