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A propósito de Tabarnia

La broma no lo es tanto. Para empezar es el espejo en el que los argumentos independentistas se ven reflejados con toda su grotesca facha. Ni siquiera hace falta que el espejo sea cóncavo o convexo, como los que había en el parque de atracciones del Tibidabo. Es la administración del ponzoñoso brebaje nacionalista a sus mismos elaboradores.

Con humor.

Por esto tiene tanto éxito.

Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

Pero ahora veo que, como dijo un amigo, Tabarnia no es nada inocente. Está bien para defender la unidad de España; pero ¡ojo!

Me han abierto los ojos dos artículos de los muchos que se están escribiendo con ocasión del fenómeno tabarnés. En resumen, los Estados-Nación pueden saltar por los aires si olvidamos un concepto: SOLIDARIDAD.

Me explico.

En todas las naciones hay zonas ricas y pobres, relativamente hablando; esta diferencia es una riqueza para todos, y conservarla exige recursos. Es inevitable que estos recursos provengan en mayor medida de los que más tienen. Esta es la función de los tramos en los impuestos y de algunas exenciones. Es también una de las finalidades del diferente "costo" en votos de un diputado en distintas demarcaciones. Son factores correctivos que concretan la solidaridad debida por el destino social de los bienes. Por esto, de todos los argumentos independentistas catalanes, el más falaz y destructivo es el de la insolidaridad económica. Personalmente es el que más me diferencia de ellos: deseo una Cataluña solidaria, dentro de una España solidaria y una Europa solidaria.

Tabarnia ha puesto el dedo en la llaga, sobre todo, en la insolidaridad del independentismo, con sus mismas armas, dentro de su mismo terreno.

Imaginemos que las áreas metropolitanas, mejor comunicadas, con más servicios, más ricas, deciden desvincularse de las áreas rurales. Que Barcelona, Nueva York, Nairobi, Río de Janeiro, México D.F., París, Manila, etc. se convierten en Ciudades-Estado como Hong Kong o Singapur; que las ciudades persigan privilegios como las del final de la Edad Media y comienzo de la Edad Moderna. ¿habéis leído "Los juegos del hambre, por ejemplo? Pues eso.

Sin ir tan lejos, en mi propia tierra de acogida, Andalucía, hay una notable diferencia de voto entre las capitales y el resto; y si queremos ir más allá, hay en las provincias del antiguo Reino de Granada un sentimiento de abandono por parte de la "lejana" Sevilla, hasta el punto de que existe un cierto movimiento que asegura que Granada no es Andalucía.

SOLIDARIDAD es la palabra, el concepto, la actitud que hay que recuperar. Como dice De Prada en su artículo de hoy, existe el peligro de considerar que "Cataluña (o España) son tan solo marcos institucionales contingentes, que pueden desmembrarse si una generación cualquiera, en una coyuntura cualquiera, así lo decide de una forma adanista".

SOLIDARIDAD entre territorios, solidaridad entre generaciones, solidaridad entre personas.

Que Tabarnia no viaje a través del espejo; que siga siendo en las pesadillas independentistas, con palabras de Monolocus, "Camuflado de desprecio e indiferencia, un escalofrío recorría sus espinazos a la sola mención de aquella simple palabra: TABARNIA".




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