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El arte de la reformulación

foto atarifa CC
Hace unas semanas comenzamos unas reuniones con profesores universitarios y algunos amigos del Colegio Mayor Albayzín, para debatir sobre las cuestiones más controvertidas hoy día del mensaje cristiano. Como coordinador e introductor de las sesiones, pensé que sería buena idea recurrir al libro de Austen Ivereigh y Yago de la Cierva Cómo defender la fe sin alzar la voz, que recoge y aplica el método Catholic Voices. La primera sesión la dedicamos a explicar el método.

Casualmente, tropecé entonces con un tuit de José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián: "La Iglesia no es la que mejor comunica en nuestra sociedad; pero, sin duda, es la que comunica lo mejor…".

Si es “lo mejor”, ¿por qué es tan difícil comunicarlo?:
- Porque no interesa
- Porque es indefendible

Trabajemos estas razones: convertir la amenaza de comunicar lo indefendible o que no interesa en una oportunidad de comunicar lo mejor.

En el entorno cultural contemporáneo, no basta con hablar para que te escuchen, lo impiden demasiados filtros, que en la jerga de la comunicación se llaman “marcos”. Esto no le pasa solo a la Iglesia.

Primero hay que aprender a salir del marco en que la cultura occidental pretende encerrar el mensaje de la Iglesia, y que impide que se escuche: es lo que se llama “reformular”.

El Papa Francisco pasa por ser un gran reformulador desde aquella famosa frase: “¿Quién soy yo para juzgar?” Pasó de hablar de juicio a hablar de misericordia, de doctrina a acogida. Empieza por la intención moral que está detrás del filtro; cambia el marco y se centra en lo que realmente quiere decir.

Es interesante comenzar por hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué piensan realmente nuestros “antagonistas”? Descubrir el valor que está detrás de la crítica permite responder afirmando ese valor (punto de encuentro), en lugar de defendernos del ataque. Se logra que nos escuchen, que se pueda dialogar y se evita caer en la trampa de atacar valores que son nuestros.

Antagonista no es “enemigo”. Suelen ser cristianos secularizados: han abandonado la Iglesia pero conservan sus valores, solo que bajo una perspectiva liberal-individualista (valores cristianos que se han vuelto locos, dirá un historiador del famoso lema de la Revolución francesa).

Para el comunicador es siempre tiempo de formarse para:
- Aprender a reformular
- Conocer lo que la Iglesia dice y hace
- Aprender a expresarse de modo conciso y directo (tomar como ejemplo los hilos de Twitter)

Se puede resumir el arte de reformular en las siguientes siete propuestas:
1. En lugar de enfadarte, reformula.
2. Echa luz, no leña al fuego. Explicar, no vencer, ni siquiera convencer. Ampliar la perspectiva.
3. Piensa en triángulos. Reducir los argumentos a tres puntos: uno a la intención positiva de la crítica y dos a ampliar la perspectiva.
4. La gente no recuerda qué dijiste sino qué sintió al escucharte. Valorar al otro, acercarse para comprender y compartir.
5. No lo digas, muéstralo. Historias, no clases.
6. Acuérdate de decir sí. La Iglesia está en contra de algunas cosas porque está a favor de muchísimas más.
7. No se trata de ti. No es el que comunica el que da valor a lo que comunica, sino la verdad que se comunica.


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