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Diálogo y convivencia

¡Que sembréis la paz y la alegría. Que no digáis ninguna palabra molesta para nadie. Que sepáis ir del brazo de los que no piensan como vosotros. Que no maltratéis jamás a nadie. Que seáis hermanos de todas las criaturas!

San Josemaría habló y escribió con mucha frecuencia sobre esta actitud del cristiano. Para con todos. La frase anterior está tomada de una de las tertulias entrañables que tuvieron lugar en Argentina, a mediados de los años 70. Entonces existía una gran tensión social en el país, por eso san Josemaría habló mucho de convivir, disculpar, perdonar, ir de la mano de los que no piensan como nosotros.

Foto Fernando Lerma

Hoy, la situación en muchos países, en nuestras sociedades, en las familias, está frecuentemente lejos de la convivencia pacífica, dialogante y constructiva. Por eso, el mensaje de san Josemaría sigue estando de plena actualidad y nos resulta tan necesario.

Así ha querido ponerlo de manifiesto el VIII Simposio san Josemaría (Jaén, 18 y 19 de noviembre de 2016), encuentro bienal que explora la repercusión de distintos aspectos de la vida y enseñanzas de este santo del siglo XX en la vida y la actividad de las personas corrientes del siglo XXI.

Comunicar es convivir

Los modelos de comunicación son modelos de convivencia. El paso de una sociedad tradicional a otra industrial, y de esta a la de la información, ha supuesto cambios de mentalidad muy grandes en muy poco tiempo. Hoy, afirma el sociólogo Antonio Lucas, se ha dado un paso más, casi imperceptible, de la información a la comunicación: vivimos en el mundo de la interacción, de la “conversación”; entenderlo así es básico para alcanzar una verdadera convivencia.

Esta moderna realidad alcanza desde las personas hasta los continentes, pasando por las familias, las sociedades y las relaciones internacionales. ¿Quién dialoga con África?, se pregunta Raquel Rodríguez, jefa de prensa de la ONG Harambee: Nadie…, salvo la Iglesia católica. Formando parte de este diálogo, Harambee impulsa la solidaridad del mundo avanzado con proyectos de africanos, para africanos, porque “los problemas africanos necesitan soluciones africanas”, afirma Rodríguez.

Al descender a lo concreto, a la familia, al matrimonio, encontramos lo mismo: “Para mejorar el diálogo en la familia lo más importante es que haya diálogo”, afirma el coach y conferenciante Carlos Andreu: “Al final del día, después de una jornada maratoniana y agotadora… ¿a quién le apetece hablar? O somos capaces de incluir en nuestras agendas “momentos de diálogo” con nuestra pareja, o con nuestros hijos, aunque sean pocos, pero intensos, sin distracciones, sin móviles… o iremos perdiendo esa costumbre y nos convertiremos en meros “compañeros de piso”. El mejor regalo que se puede hacer a una familia es una mesa camilla alrededor de la cual sentarse a hablar, sin el móvil, por supuesto”.

En medio, las mismas sociedades deben encontrar el equilibrio entre respeto a la pluralidad y la convivencia en igualdad. La misión del Estado laico –entiende el académico Rafael Navarro-Valls-, es custodiar un “libre mercado de ideas y religiones. La vida pública es una plaza abierta donde cualquier ciudadano puede ejercer la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión en un clima de respeto por los demás y de servicio al bien común“.

Actitudes para el diálogo y la convivencia

¡Que tengan paciencia, que se disculpen, que hagan lo posible por comprenderse…Y, sobre todo, que sean leales!

San Josemaría encarnó, en opinión de la profesora Inmaculada Berlanga, las características técnicas de la buena comunicación: tablas escénicas, elocuencia, soltura, amenidad… Sin embargo, destacó una de ellas, la empatía: su capacidad para llegar a los oyentes por dar más importancia a lo que dice y a quién, y no tanto a cómo lo dice. En este sentido, Carlos Andreu puso la clave del diálogo en conocerse uno mismo y conocer al otro: ser de una forma u otra no es bueno ni malo, es el punto de partida para la aventura de la convivencia.

La experiencia personal habla por sí sola. Andrés Barbé, productor audiovisual, tuvo la oportunidad de “ver y oír” a san Josemaría por primera vez en una proyección de una tertulia filmada en Perú, siendo estudiante universitario: “El efecto fue devastador, porque todo lo que yo había leído sobre el personaje se derrumbó; al verlo contestar y moverse por el escenario me causó un fuerte impacto que hizo que me “cautivase” su figura y sus enseñanzas de forma que cambié de vida, y ese cambio continúa hasta el día de hoy”.

Estas actitudes son también muy necesarias cuando se interviene en el debate público de ideas y convicciones. A veces, las reacciones de algunos interlocutores son muy desagradables, manifiesta Sofía Altimari, subdirectora del portal Arguments; es el momento de pensar si realmente se está convencido de lo que se dice, y de revisar los propios planteamientos; pero nunca dejar de dialogar. “La Iglesia no debe, no puede estar ausente de los medios de comunicación de hoy, en el idioma del mundo de hoy”, asegura, Xiskya Valladares; para la cofundadora de iMisión, el mundo necesita una Iglesia en diálogo, que no es ceder en convicciones, es escuchar para dar respuestas.

El mensaje que quiso trasladar Valladares a los asistentes al simposio es que no se debe tener miedo al mundo virtual, a las redes sociales, que hay que dialogar con caridad cristiana y conocimiento del medio; buscando siempre el encuentro con el otro, que no pocas veces desemboca en el mundo real, con resultados sorprendentes.

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