El fin del mundo

lunes, 24 de febrero de 2014 · 0 comentarios

foto atarifa
Otra vez las coincidencias. Durante mi participación en la refriega tuitera del pasado día 20 a cuenta de la etiqueta #QuieroNacer rescaté la anécdota que ya he contado en otras ocasiones. Mi tuit fue el siguiente:

Oído en la calle:
- ¿Para qué traer niños al mundo estando como está?
- Para que lo cambien.

A partir de aquí se inició una breve conversación con Poison Ivy (@ClaudiaInsanity). Me llamó la atención el pesimismo existencial del que hace gala, es como si hubiese encontrado en la micro red a la protagonista desencantada de aquella charla que cogí al vuelo hace ya unos cuantos inviernos.

Poison Ivy: Primero que lo cambien y después ya hablaremos.
Yo: ¿Lo? ¿Quién? Las cosas ha de cambiarlas alguien, nosotros ahora, y los que vengan detrás a continuación.
Poison Ivy: Pero la solución no es traer niños al mundo con la situación que hay.
Yo: A ver, no los traemos hasta ¿qué? ¿Que este mundo sea maravilloso? ¿Cómo de maravilloso? ¿Y si no llega ese día?
Poison Ivy: No es un día maravilloso, es una situación sostenible, simplemente.
Yo: Vale. No soy tan pesimista, pienso que ya es más que aceptable, y que siempre habrá zozobras.

Hasta aquí la cosa. Mi interlocutora piensa, supongo que porque lo cree sinceramente, que el aborto es aceptable porque el Mundo está tan mal que traer niños al mundo es una crueldad. Pero ¿estamos de verdad tan mal? ¿Tanto, al menos, como para que sea preferible no nacer?. Aparte de que supone tomar una decisión radical por otros que, a lo mejor, no pensarían de la misma manera de tener oportunidad de hacerlo, opino que las cosas no están tan mal como para eso, incluso donde están peor. De hecho, donde la vida es más dura según los cánones de nuestra civilización occidental el suicidio es prácticamente inexistente, donde la vida es más precaria, es más apreciada.

Curiosamente, hace unos pocos días el profesor Alfonso Méndiz me pidió que leyera un artículo que iba a publicar sobre la ya clásica película de culto Blade Runner. Destaca Méndiz, entre otras cosas, el hecho de que los replicantes se muestran mucho más humanos que los propios humanos, porque valoran mucho más la vida.

Otra coincidencia. El viernes acudí por invitación de Jesús Lens a conocer a Emilio Bueso, escritor, por lo visto, difícil de encasillar. Me picó la curiosidad, así que llevo unos días adentrándome en la que se considera, por ahora, su obra cumbre: Cenital. Y aquí está: el pesimismo antropológico en género "de anticipación". No llevo ni la mitad de la novela, así que mis juicios pueden ser aventurados; pero no he podido evitar pensar enseguida en La Carretera de McCarthy, en Los Juegos del Hambre y en toda esa colección de películas de fantasía post apocalíptica como Hijos de los Hombres, Elysium, After Earth, etc. Significativamente, uno de los grandes problemas en la ecoaldea de Cenital, en la que los recursos son muy escasos, es la abundancia de niños por falta de métodos anticonceptivos. Aún no se por qué no los abortan.

El fin del Mundo, o al menos del mundo que conocemos, es un recurso literario y cinematográfico de moda; llegue por explosión nuclear, invasión extraterrestre, catástrofe natural, rebelión de las máquinas o lo que sea. Me ha sorprendido que una novela de 2012 recupere el agotamiento del petróleo como motivo para explorar el colapso. Es como ver al fantasma del Club de Roma cabalgando a lomos del caballo malthusiano del hambre apocalíptico. ¿Quién se acuerda hoy del Club de Roma, ese profeta de desgracias de los años 70 del siglo pasado? Ahora bien, ¿no serán los diversos G (G8, G20) de hogaño y su "el Mundo va bien" y "este es el mejor de los Mundos posible", tan falsos como aquél? Aquí ha tema.

Lo llamativo es que hay personas a mi alrededor (¿mucha? ¿poca?) en la que este pesimismo ha calado hondo, y es gente cultivada. Y lo preocupante es que este pesimismo entiende que, ya, este Mundo no es habitable, y que no debemos traer más niños por ahora, al menos mientras no lo arreglemos, y que, por tanto, si se conciben "irresponsablemente", como en la ecoaldea, hay que matarlos. Es tremendo porque, además de muchos otros motivos de peso, los niños no son el problema, son la solución.

La última coincidencia se dio ayer. Soy aficionado a fotografiar grafitti, y Granada es una mina. El objetivo de la mañana de ayer era el mural del botellódromo; pero de camino he topado con el Callejón del Jaque y nuevos ejemplares de una iconografía muy frecuente: el malestar, la ira, la marginación. La foto que acompaña este artículo es del tal callejón.

He pensado: ¿Qué le pasa a este gente? Y concluyo: Que no cree en Dios, que no sabe que somos hijos de Dios. Si fuera como ellos, probablemente pensaría como ellos, o trataría de no pensar en absoluto. Es ilustrativo leer a Emilio Bueso; pero más ilustrativo y más constructivo y mucho más esperanzador es leer y escuchar al Papa Francisco. Y así amar la vida.

Sobre "sostenible" y sobre que "siempre habrá zozobras" hablaré otro día.


#QuieroNacer

jueves, 20 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Experimento interesante. Joan Gubert ha lanzado en Facebook un evento para que hoy, a las 12:00, pusiésemos la etiqueta #QuieroNacer como primera tendencia en Twitter (trending topic -TT-, ya saben). Y lo hemos logrado. El tablón se ha convertido en una explosión de mensajes provida.

Pero, curiosamente, o quizás no, #QuieroNacer ha recogido también la rabia abortista; que ha acudido a babear veneno de manera violenta, mostrando en muchos casos su peor rostro. De modo soez y pornográfico, ha salido también a relucir el talante de mucha de esta gente: obscenidad cuartelera, sarcasmo de sal gorda, lenguaje barriobajero, argumentación fronteriza, racismo y eugenesia, sensibilidad de puticlub, machismo casposo. Aconsejo evitar el vergonzoso espectáculo a menores; pero va bien a mayores enterarse de cómo las gastan las cloacas abortisatas y los siervos del negocio del aborto.



Hoy toca barricada. Otro día procuraremos hablar de esperanza.


¿Es machista el Periodismo?

martes, 18 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Mañanita de domingo, gris y lluviosa, propensa para la reflexión de lo cotidiano, buena música y leer o escribir. Más si tienes, como yo, las costillas magulladas. A los sones de la banda sonora de  El Señor de los Anillos, ahora me pongo a escribir.

foto atarifa
He desayunado un titular de ABC según el cual una encuesta muestra que la mayoría de los españoles prefiere una ley de supuestos a una ley de plazos para el aborto. Hace un par de días El País mostraba otra encuesta según la cual la mayoría de los católicos españoles está a favor de dejar la ley del aborto actual. ¿Con qué te quedas? ¿Con lo que está más acorde con tus opiniones? No se si los periódicos se dan cuenta de que se desprestigian a sí mismos con semejantes posicionamientos: el periodismo imparcial, objetivo, que distingue información de opinión está muerto hace tiempo, ya hiede, ¡a la hora del desayuno!. En cualquier caso, la defensa de la vida no debe depender de encuestas.

Hablando de prensa, el sábado soplaba sobre nuestras cabezas un suave céfiro que aventó todas y cada una de las hojas del Granada Hoy, esparciéndolas por el patio. Mientras recogía una a una las desbandadas alas de la libertad  de expresión e información, regresó una vecina de pasear a Lucas -así se llama su perrillo, no se trata de su marido- que me ayudó en la recolección. En un arranque espontáneo e irreflexivo de agradecimiento vecinal, le regalé el suplemento Qué me dices, que suelo tirar directamente a la papelera: ella lo recibió con muestras de inequívoca satisfacción: -Así me entero del cotilleo -me dijo. Cuando conté este pequeño detalle en casa, alguien me acusó, en broma, de machista.

Machista. La reflexión me vino como un fogonazo. ¡Cuánto daño está haciendo el feminismo radical!, que no deja que a cada uno le guste lo que le gusta, que obliga, sobre todo a las mujeres, a comportarse como no son y a que les guste lo que no les gusta. Machista por pensar que a las mujeres les gusta el cotilleo y que eso las degrada; machista por no regalarle a mi vecina el suplemento de economía.

Machistas las editoras de prensa, que añaden a los periódicos esos suplementos como Qué me dices, Diez Minutos, Hola, Mujer hoy, etc. A ver si lo hacen porque piensan que mientras ellas siguen la negociación entre Sacyr y Panamá, ellos revisan el último poltergeist de la duquesa de Alba.

Desde luego, si mi vecina se sintió ofendida lo disimuló perfectamente. Por otra parte, ¿qué es peor: el cotilleo rosa o ese otro cotilleo "varonil" del deporte y la política? Porque está por ver que sea más elevado seguir el estado de la lesión de Nadal y la renovación de Benzemá, las nuevas vacuidades de Susana Díaz o la última imputación de la juez Alaya; cotilleos al fin. Porque deportistas y políticos tampoco mueven al mundo, que el mundo lo mueven los poetas.

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Cultura de la Vida

lunes, 17 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Arguments ha dado un impulso a Cultura de la vida con la promoción del vídeo Amantes; lanzamiento de una aplicación Provida para Android y, en breve, para iPhone; un libro con los artículos más destacados de la Agencia Aceprensa sobre Cultura de la Vida; nuevos artículos; y una mesa redonda sobre ayuda a la mujer embarazada que tuvo lugar el sábado 15 de febrero. Nos invitan a conocer estas y otras muchas novedades en su web.



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#Antifa8F

martes, 11 de febrero de 2014 · 0 comentarios

En los 70-80 del siglo pasado, era un apasionado de la política internacional y seguía con atención la Guerra Fría a través de la excelente sección de Internacional de La Vanguardia. Había, en particular, un corresponsal en El Salvador, cuyo nombre no recuerdo, que hacía unas crónicas memorables. Eso sí, había que leerlas como al Pravda: los buenos eran malos, los malos eran buenos. En Europa el Telón de Acero parecía eterno y estaba poblada por "revolucionarios de salón", según expresión que debí tomar de alguna de mis lecturas de entonces -de Jesuitas, Iglesia y Marxismo, por ejemplo-, que jugaban a las revoluciones desde casa: los muertos los ponían Centro y Sudamérica.

El recuerdo me vino la noche del sábado 9, viendo aparecer en mi tablón de Twitter mensajes con la etiqueta #Antifa8F, que cubrían una manifestación "antifascista frente a la represión". El domingo por la mañana encontré una breve referencia en ABC, entre otras seis manifestaciones que hubo ese día en Madrid; pero no encontré nada en El País ni en El Mundo (igual era noticia de pago...). El caso es que en Twitter parecía la Segunda Guerra Mundial: cargas policiales, detenciones, cabezas rapadas, represión, fascismo, antifascismo y toda la parafernalia al estilo Gamonal. Por la foto, algo hubo.



¿Revolucionarios de pantalla? ¿Periodismo ciudadano? ¿Periodismo? ¿Hay una revolución en marcha o es un juego de rol en el que las cartas se sustituyen por tuits? ¿Son los medios mayoritarios Matrix y Twitter el último Zion?

Me resisto a pensar que no pasada nada, que las manifestaciones de insatisfacción o indignación son episódicas y residuales; me gusta lo suficiente la Historia como para saber que nunca llega a su fin en ninguna parte, sin necesidad de remontarme al Imperio Romano... Acordémonos del Titanic. O, más cerca en el tiempo y el espacio, de 1931.

Me resisto a pensar que las corrientes subterráneas que fluyen en Internet desaguan en el mar de la "la nube". He visto rebosar el agua incontenible levantando las tapas de alcantarilla y anegarlo todo. Pronto, movimientos como los de HazteOír o Podemos marcarán la pauta. Mientras, el periodismo instalado y comercial seguirá tocando Más cerca, oh Dios, de Ti; y nosotros con ella.


La polémica del protocolo

lunes, 10 de febrero de 2014 · 0 comentarios

La entrega del Premio de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca es un acto que convierte a la ciudad de la Alhambra en el foco de la cultura y de las letras (...) Sin embargo, ha quedado envuelta en la polémica por los problemas protocolarios generados por el Ayuntamiento de Granada y la presidenta de la Junta de Andalucía, que se negó a asistir al acto porque no le permitían hablar, o al menos no hacerlo cuando ella pensaba que le correspondía, según a quién se escuche (lea aquí la noticia).

Sin entrar en la polémica concreta (escuelas tiene el protocolo), voy al fondo de la cuestión: la omnipresencia de los políticos, que están en todas partes, a todas horas, hablando continuamente y saliendo en todas las fotos. La culpa es de los políticos, en primer lugar, metidos en una guerra de imagen que ha cambiado lo de "por sus frutos" en "por sus gritos los conoceréis". Me asombra que con el descrédito homérico que tiene la clase política, no solo no se escondan sino que se empujen a la vista de todos para ocupar el cajón más alto de la palestra. Culpa también de los medios de comunicación, que por el dinero y la pereza se abonan a este periodismo declarativo con el que los políticos copan el espacio informativo y la política penetra hasta la cocina de los hogares de los ciudadanos. Y culpa nuestra, que lo toleramos, y aún más, que nos morimos de gusto si logramos poner un político en el folleto de cualquier actividad que organizamos.

¿A qué venía la presidenta de la Junta? ¿A colocar su rollo? Pero si está tooooodo el día hasta en la sopa. ¿No nos puede dejar descansar unas horas? ¿No puede estar presente para dar realce y dejar que la poesía sea la protagonista por una tarde?

¿Qué necesidad hay de que los políticos encadenen largos parlamentos en toda ocasión? No tienen ninguna obligación de ser lectores asiduos y entendidos en la obra poética del mexicano Eduardo Lizalde, es más, presumimos que no lo son, y para el paripé institucional ya estaba el Príncipe de Asturias ese día. Me gustaría que llegara el día en que el alcalde y la presidenta llegaran en taxi, se sentaran en la primera fila y dejaran hablar a los que saben de poesía, al poeta y a la poesía misma, disfrutaran, aplaudieran y se fueran a trabajar o a descansar, según el caso, y nos dejaran trabajar y descansar a los demás.

Todo esto mientras escucho a Nino Bravo cantar Libre, como el viento que recoge mi lamento y mi pesar / camino sin cesar detrás de la verdad / y sabré lo que es al fin la libertad.


El drama del paro

sábado, 8 de febrero de 2014 · 0 comentarios

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Esta mañana he estado tomando un humilde café, sin berberechos ni nada, con un amigo, yo humeante, él con hielo. Si me lee -porque es de los que puede que me lea-, espero que no le importe que le mencione. Está en paro, lleva tiempo así, desde que tuvo que cerrar su negocio; un autónomo que vive al filo de la navaja. Pero no es de él de quien quiero hablar. es del paro, de la cruda, real y dolorosa lacra del paro, que ha vuelto más amargo, si cabe, mi café.

Mi amigo y yo quedamos de vez en cuando para charlar de lo divino y lo humano, en el sentido literal de la expresión, abiertamente, porque nos conocemos, y para aliviar un poco las cargas el uno en el hombro del otro. En estas, entra en la cafetería un joven para ofrecer unos pocos décimos de lotería. Nos excusamos amablemente, el joven recorre el exiguo local sin éxito y, cuando va a salir, mi amigo le detiene, le da la mano y lo saluda. Se conocen. El muchacho es cocinero, trabajaba en un restaurante cercano al extinto negocio de mi amigo; está en el paro; él también.

-Mi padre tiene una administración de lotería -cuenta-; me da unos décimos para que venda cada día por ahí. Es duro trabajar en la calle. Esa mujer -se refiere a una cliente de la cafetería- ni me ha mirado. Pero yo soy amable siempre con todos.

Tengo la inmensa fortuna de hablar del paro en segunda persona; pero experiencias como la de hoy son una suerte, porque el drama del paro debemos sentirlo todos como propio, y ayudarnos, acompañarnos y, si no se puede hacer más, por lo menos mirarlo a los ojos y ser amable siempre con los que lo padecen.


Todo moderación y tolerancia

jueves, 6 de febrero de 2014 · 2 comentarios

Así titula Hermann Tertsch su columna Montecassino en ABC el pasado martes 4 de febrero de 2014. Me ha gustado tanto que aunque no está en la web, lo he escaneado del periódico, que para eso lo pago. La idea central del artículo está en la cita con la que comienza. Me parece que no hace falta más comentario. Los destacados son míos.

«La moderación en el comportamiento es siempre una virtud. No lo es la moderación en los principios»: Esta sentencia del gran Thomas Paine me la traía ayer al recuerdo el entrañable colega italiano Josto Maffeo. En su glorioso panfleto de «Common Sense» («Sentido común») durante la Revolución Americana, como en «Los derechos del hombre» en plena Revolución Francesa, Paine cuaja los mejores aforismos sobre sociedad y libertad, sobre deber y responsabilidad. Se dirigía a hombres que dejaban de ser súbditos y habían de asumir en libertad la defensa del bien. Habían de defender la nueva sociedad virtuosa. Sin corromper sus virtudes. Había que ser tolerante. Pero inflexible en defender la libertad que hacía posible la tolerancia. Había que ser moderado en formas. Pero no se podía moderar la defensa de la verdad. Como no se podía modular la verdad misma. Aquello fue hace tiempo. Hoy nadie sabe quién es Paine. Y un moderado es el que busca máximo provecho de mínimo compromiso. En equidistancia exquisita. Cuando alguien defiende aquí, por ejemplo, la unidad de España que está en la ley; y otro aboga por la destrucción de España y por tanto de las leyes, nuestro moderado se sitúa en medio, en el centro lo llaman, y tacha a los dos de inmoderados y radicales. Y frente a los dos «extremistas», se eleva con la superioridad moral que da el saberse moderado, quita la razón por igual a uno que al otro y se la da a él mismo. Pero lo cierto es que, al quitarle la razón a quien defiende las leyes, en realidad pasa a engrosar las fuerzas de quienes las están combatiendo. Por ello, gracias a la proliferación de moderados en la defensa de las leyes, de los principios y la cultura básica de convivencia en España, los enemigos de todo ello llevan décadas en campaña victoriosa en la sociedad española en permanente conquista de terreno y creación de hechos consumados que después presentan como derechos irreversibles por inalienables.
(…)
La fascinación por esa moderación, ese relativismo indolente, es explicable. Cuando no se cree más que en la conveniencia propia con el mínimo esfuerzo y sacrificio, esta equidistancia ofrece mucha ventaja. Se puede cambiar siempre de aliado. Aunque sea fugazmente. Se evita el conflicto en minoría. Siempre con esa mayoría que huye todo conflicto, pero ansiosa del beneficio propio gratuito. Aplicado a la educación el resultado es una gran masa manipulable. Y un sector muy radical en las posturas primarias, en la exigencia sin responsabilidad, en la demagogia, en el victimismo social e histórico, en las ideologías redentoras, es decir en la izquierda y el nacionalismo. Su fundamental arma es la tolerancia. Si todo es tolerable, propiedad, libertad y dignidad quedan a merced de los tolerados, los peores. Es tan tolerable una asamblea de asesinos múltiples como destruir y amenazar en Gamomil, la sedición, el golpismo o agredir al anciano cardenal Rouco ante la catedral. Quemarla, también. Todo moderación, todo tolerancia, todo impunidad.



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