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Encontrarás dragones: ríos de tinta

La película sigue en los cines, sorprendentemente; pero más sorprendentemente aún palpita en los periódicos y, supongo, en Internet. Por interés profesional he seguido con atención lo que se ha escrito y sigue escribiéndose sobre ella, la carpeta donde archivo artículos y reseñas contiene, hoy, 237 archivos. Ignoro si sucede lo mismo con todas o muchas películas; pero sospecho que no, ni muchísimo menos, y eso que, pienso, ha habido un esfuerzo grande por parte de determinado grupos de comunicación por hacerle el vacío. ¿Qué tiene Encontrarás Dragones para que fluyan ríos de tinta de este caudal? Ya se sabe: la Guerra civil, san Josemaría Escrivá, el Opus Dei. Cuestiones polémicas en España porque siguen viéndose con extraordinaria inmadurez. Y me refiero a personas de uno y otro bando, porque de los dos lados he oído opiniones aceradas por la crispación que nos une y nos separa.

Sin embargo, qué duda cabe, es por la convencionalmente llamada izquierda por donde más llueve. Me ha parecido notar, sobre todo en las páginas de cine de Internet, cierto aire de irritación, como si algunos críticos y aficionados a escribir sobre el séptimo arte se creyeran dueños del espacio y uno de los suyos -Roland Joffé- les hubiera traicionado al introducir un caballo de Troya dentro de los muros de su fortaleza. De su reacción se desprende que ven en Encontrarás dragones una película de cine con todas las letras, no una biografía de santos, o una rareza semi documental: Hollywood en estado puro, cine español de alfombra roja, un producto como los suyos, mucho mejor que la mayoría de los suyos; pero que no pronuncia su mismo discurso, sino todo lo contrario.

Más interés ha tenido para mí la reacción ante la imagen, indudablemente conseguida y positiva, que la película ofrece de san Josemaría Escrivá. Han salido a bailar todos los prejuicios, especialmente el espectro ideológico, que deforma todo lo que toca y no deja ver, comprender y, en su caso, corregir. Me parece revelador entender que san Josemaría y Manolo Torres, su supuesto antagonista, estuvieron técnicamente en el mismo bando durante la guerra: su verdadero antagonismo está en su actitud ante los acontecimientos y ante las personas: la de san Josemaría no fue política, fue humana y religiosa. Y aquí encuentro yo el quid de la cuestión. San Josemaría se enfrentó a su tiempo con una actitud exclusivamente religiosa, ese fue su criterio para juzgar, valorar y actuar. Un articulista, por lo menos, acusaba al santo de no haber denunciado al régimen de Franco; pero tampoco denunció la República: su posicionamiento no fue nunca político, fue, repito, exclusivamente religioso, y en esa clave hay que entenderlo, y en esa clave, en mi opinión, lo muestra magníficamente el tándem Joffé-Cox. Bastantes críticos con la figura de san Josemaría han sacado a pasear un presunto dominio de sus escritos, lo cual, de ser cierto, les honra; en general, se ha tratado de buscar tres pies al gato de los textos para mostrar supuestas actitudes rechazables del santo ante cuestiones totalmente extemporáneas respecto a la película: ninguno, que yo haya leído, sin embargo, se ha referido a un punto de su Via Crucis que me parece clave, hablando de lo que hablamos, en el que dice, respondiendo a una persona concreta inmediatamente después de acabada la guerra: "Hay que unir, hay que comprender, hay que disculpar. No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han matado a otros. Sería el estandarte del diablo. La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen la paz". Esto se esforzó en vivir, y esto enseñó, no fue de un bando ni de otro, ni una tercera vía, estuvo sencillamente por encima, porque así es el cristianismo, que siendo histórico, trasciende la Historia.

Clave es también la mirada que el cristianismo tiene para cada persona, para cada alma. Muchos escritores analizan la película subidos en categorías marxistas de clases, grupos ideológicos, bien y mal maniqueos; pero el cristiano sabe que donde está el verdadero combate es en cada alma, empezando por la propia. San Josemaría advierte de que la auténtica manera de mejorar el mundo comienza con mejorar uno mismo, y claro, esto no lo puede entender esta sociedad en la que se aspira a "ser uno mismo" y no a "ser mejor". Porque ser mejor exige lucha interior. No estoy en absoluto de acuerdo con los que dicen que Encontrarás dragones presenta una imagen de san Josemaría "buenista", sin aristas, sin drama. Es verdad que hay biografía sobrada para haber acentuado el drama hasta cargar la mano; pero me basta y me sobra la soberbia escena -hay más- en la que el santo discute acaloradamente con Isidoro tras el asesinato de un sacerdote; a la discusión sigue la magnífica secuencia de la auto flagelación, con la que san Josemaría busca de forma extrema la fortaleza que necesita para aplacar su propia ira.

Otro día, si se tercia, hablaré del perdón, la guerra, la santidad y demás temas de los que, dicen, trata la película.

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