Por Jorge Trias Sagnier, en ABC, 24 de octubre de 2010
Se ha puesto de moda el «coaching», o adiestramiento, para que un «entrenador» o «gurú» nos ayude a sacar lo mejor de nosotros
Si unos años antes se puso de moda en las sociedades desarrolladas la historia del psicoanálisis, ahora se ha sustituido por esta otra modalidad que oímos por todos lados: el «coaching», o adiestramiento, para que una especie de «entrenador» o «gurú» nos ayude a sacar lo mejor de nosotros mismos. Así, aquel que llevaba casi veinte años ejerciendo como abogado descubre que lo suyo es ser escritor; o el que se dedicó a desplumar incautos a través de la ingeniería financiera de repente ve que su vocación es educar niños en Etiopía. Una vez conocí a un ministro conservador —cuyo país no cito porque sería fácilmente identificable— que en verano se iba a levitar a la India. Mal andamos, pensé. También es cierto que, a través de una buena terapia, se puede mejorar y enriquecer humanamente lo que cada uno venimos haciendo desde siempre.
El cristianismo, que simplificó para todos los seres humanos la riquísima tradición bíblica y rabínica, viene haciendo «coaching», con mejor o peor fortuna, desde hace dos mil años. San Silvano, obispo de Emesa —hoy Homs, en Siria— escribía en el siglo III: «Si tienes la costumbre de orar sin cesar, de amar a tu prójimo y de llorar por el mundo entero durante la oración, tu alma será atraída hacia la oración, las lágrimas y el amor: Y si tienes por costumbre dar limosna, ser abierto a tu padre espiritual cuando te confiesas, siempre actuarás de esta manera y encontrarás la paz de Dios» (Magnificat). No sólo el cristianismo o la religión judía pretenden extraer lo mejor de nosotros mismos. De otro modo también lo hacen los musulmanes o los budistas, aunque a veces consigan, los primeros especialmente, el efecto contrario. Le estoy dando vueltas a esto del «coaching» y, quizás sí, a lo mejor me dé hoy una vuelta por la iglesia a ver qué escucho en mi interior…
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Se ha puesto de moda el «coaching», o adiestramiento, para que un «entrenador» o «gurú» nos ayude a sacar lo mejor de nosotros

El cristianismo, que simplificó para todos los seres humanos la riquísima tradición bíblica y rabínica, viene haciendo «coaching», con mejor o peor fortuna, desde hace dos mil años. San Silvano, obispo de Emesa —hoy Homs, en Siria— escribía en el siglo III: «Si tienes la costumbre de orar sin cesar, de amar a tu prójimo y de llorar por el mundo entero durante la oración, tu alma será atraída hacia la oración, las lágrimas y el amor: Y si tienes por costumbre dar limosna, ser abierto a tu padre espiritual cuando te confiesas, siempre actuarás de esta manera y encontrarás la paz de Dios» (Magnificat). No sólo el cristianismo o la religión judía pretenden extraer lo mejor de nosotros mismos. De otro modo también lo hacen los musulmanes o los budistas, aunque a veces consigan, los primeros especialmente, el efecto contrario. Le estoy dando vueltas a esto del «coaching» y, quizás sí, a lo mejor me dé hoy una vuelta por la iglesia a ver qué escucho en mi interior…
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