Ante la tiranía ideológica de EpC

domingo 30 de marzo de 2008

Jornada de Educación Diferenciada

EASSE-AO ha organizado una Jornada de Estudio sobre Educación Diferenciada (la que se adapta a los distintos ritmos de maduración entre niños y niñas) en Granada, el próximo sábado 19 de abril. Lo reseño porque me parece una opción que aumenta las opciones de los padres y extiende las fronteras de la libertad de enseñanza.

El texto que sigue es el que figura en la página de entrada de su web.

La Educación Diferenciada es una opción educativa consistente en prestar una atención diferenciada a los alumnos de distinto sexo. La Educación Diferenciada es una opción alternativa a la Coeducación.

En EASSE-AO no pretendemos defender que la Educación Diferenciada sea siempre, para todos, a cualquier edad, y bajo cualquier circunstancia, superior a la Coeducación, ni lo contrario tampoco. No aceptamos tampoco el dogma coeducativo: que el único camino hacia la igualdad de derechos real y efectiva entre hombres y mujeres sea la implantación universal de la coeducación.

Los últimos años han visto resurgir el interés por la Educación Diferenciada, como una vía para alcanzar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres apoyándose en una educación personalizada, que contemple las necesidades y capacidades específicas de las chicas y de los chicos en cada etapa de su desarrollo.

Cada vez son más los que piensan que la Coeducación no ha sido la única opción pedagógica eficaz, sino que tanto la prestación de una atención diferenciada a chicos y chicas --en el seno de la escuela mixta--, como la configuración de grupos específicos para algunas edades y materias, como las escuelas separadas por sexos, pueden ser opciones razonables.

En EASSE-AO pensamos que la Educación Diferenciada es una opción razonable.

miércoles 26 de marzo de 2008

Por qué me convierto del islam al catolicismo

Por Magdi Cristiano Allan

El Mundo 23 de marzo de 2008

Este artículo es la reproducción íntegra del texto publicado ayer en 'Corriere della Sera' enviado por el autor al director del periódico italiano con ocasión de su bautismo por el Papa.

Querido director: Lo que te voy a contar se refiere a una decisión de fe y de vida personal, que, de ninguna manera, quiere implicar al Corriere della Sera, del que me honro en formar parte desde 2003, con el cargo de vicedirector ad personam. Te escribo, por lo tanto, como protagonista de la vivencia y como ciudadano privado. Ayer por la noche me convertí a la religión católica, renunciando a mi anterior fe islámica. De esta forma y por la gracia divina, vio la luz el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en medio del sufrimiento y de la alegría, entre la profunda e íntima reflexión y la consciente y manifiesta exteriorización. Estoy especialmente agradecido a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, que me administró los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro, durante la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y adopté el nombre cristiano más sencillo y explícito: «Cristiano».

Desde ayer, pues, me llamo Magdi Cristiano Allam. El de ayer fue, para mí, el día más bello de mi vida. Adquirir el don de la fe cristiana en la celebración de la Resurrección de Cristo de manos del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable. A mis casi 56 años, es en mi historia personal un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que marca un punto de inflexión radical y definitivo respecto al pasado.

El milagro de la Resurrección de Cristo se ha reflejado en mi alma, liberándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia hacia el «diferente», condenado acríticamente como «enemigo», priman sobre el amor y el respeto al «prójimo», que es siempre y en cualquier circunstancia «persona». Al mismo tiempo, mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la sumisión y la tiranía, permitiéndome adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano, no sólo he descubierto a Jesús, sino que he descubierto, por vez primera, al auténtico y único Dios, que es el Dios de la Fe y de la Razón.

Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda reflexión interior, a la que no pude sustraerme, dado que, desde hace cinco años, me veo obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija en mi casa y con la escolta de los carabineros en todos mis desplazamientos, por culpa de las amenazas y de las condenas a muerte dictadas contra mí por los extremistas y los terroristas islámicos, tanto por los residentes en Italia como por los que viven en el extranjero.

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He tenido que interrogarme, pues, sobre la actitud de los que han dictado públicamente fatuas (condenas jurídicas islámicas), denunciándome a mí, que era musulmán, como «enemigo del islam», como «hipócrita cristiano copto que finge ser musulmán para perjudicar al islam» y como «traidor y difamador del islam», legitimando de esta forma mi condena a muerte. Me he preguntado a menudo cómo es posible que a alguien como yo que luchó de una forma convencida y ardiente por un «islam moderado», asumiendo la responsabilidad de exponerme en primera persona en la denuncia del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del islam y tras una supuesta legitimación coránica. De esta forma me fui dando cuenta de que, más allá de la coyuntura que registra la implantación del fenómeno de los extremistas y del terrorismo islámico en todo el mundo, la raíz del mal está inscrita en un islam que es fisiológicamente violento e históricamente, conflictivo.

Paralelamente, la Providencia me ha ido poniendo en el camino a personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se convirtieron, poco a poco para mí, en punto de referencia en el plano de las certezas de la verdad y de la solidez de los valores. Comenzando por tantos amigos de Comunión y Liberación, con Don Julián Carrón a la cabeza; por sencillos religiosos como Gabriele Mangiarotti, sor Maria Gloria Riva, Don Carlo Maurizi y el padre Yohannis Lahzi Gaid; o por el redescubrimiento de los salesianos gracias a Don Angelo Tengattini y Don Maurizio Verlezza, culminado en una renovada amistad con el Rector Mayor, Don Pascual Chávez Villanueva; hasta el abrazo de altos prelados de gran humanidad como el cardenal Tarcisio Bertone, monseñor Luigi Negri, Giancarlo Vecerrica, Gino Romanazzi y, sobre todo, monseñor Rino Fisichella, que me ha acompañado personalmente en mi recorrido espiritual de aceptación de la fe cristiana.

Pero indudablemente el encuentro más extraordinario y significativo en la decisión de convertirme fue el que mantuve con el Papa Benedicto XVI, al que siempre he admirado y defendido siendo musulmán, por su maestría a la hora de establecer el vínculo indisoluble entre la fe y la razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, y al que me adhiero plenamente como cristiano por inspirarme una nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado.

Querido director, me has preguntado si no temo por mi vida, consciente de que la conversión al cristianismo implicará ciertamente una enésima, y mucho más grave, condena a muerte por apostasía. Tienes razón. Sé a lo que me expongo, pero afrontaré mi destino con la cabeza alta y erguida y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe.

Y todavía más, después del gesto histórico y valiente del Papa que, desde el primer momento en que tuvo noticias de mi deseo, aceptó de inmediato administrarme en persona los sacramentos de la iniciación al cristianismo.

Su Santidad lanzó un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que, hasta ahora, quizás haya sido demasiado prudente en la conversión de musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y silenciando la realidad de los conversos en los países cristianos. Por miedo. Por miedo a no poder ayudar a los conversos frente a la condena a muerte por apostasía y por miedo a las represalias sobre los cristianos residentes en los países musulmanes. Pues bien, hoy, Benedicto XVI, con su testimonio, nos dice que hay que vencer el miedo y no temer a la hora de proclamar la verdad de Jesús incluso a los musulmanes.

Por mi parte, quiero afirmar que es hora de poner fin al puro arbitrio y a la violencia de los musulmanes, que no respetan la libertad religiosa. En Italia, hay miles de conversos al islam que viven serenamente su nueva fe. Pero también hay miles de musulmanes convertidos al cristianismo, que se ven obligados a ocultar su nueva fe por miedo a ser asesinados por los extremistas islámicos, que se ocultan entre nosotros.

Por una de esas casualidades que evocan la mano del Señor, mi primer artículo escrito en el Corriere el 3 de septiembre de 2003 se titulaba Las nuevas catacumbas de los islámicos conversos. Era una investigación sobre algunos neocristianos que, en Italia, denunciaban su profunda soledad espiritual y humana frente a la contumacia de las instituciones del Estado, que no tutelaban su seguridad, y frente al silencio de la propia Iglesia.

Pues bien, quiero que del gesto histórico del Papa y de mi testimonio extraigan el convencimiento de que llegó el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y proclamar públicamente su voluntad de ser plenamente ellos mismos.

Si aquí, en Italia, la cuna del catolicismo, si aquí, en nuestra casa, no somos capaces de garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de dicha libertad en otras partes del mundo? Pido a Dios que esta Pascua especial otorgue la resurrección del espíritu a todos los fieles en Cristo, que, hasta ahora, han estado sojuzgados por el miedo.

Magdi Cristiano Allam, escritor de origen egipcio, es vicedirector de Corriere della Sera y especialista en temas de Oriente Próximo. Su último libro es Viva Israel (2007).

Mi 25 de marzo

Ayer participé en la Velada por la Vida que se hizo en Granada, delante de una "clínica" abortista. Estuvimos pocos, muy pocos; incluso hemos sido menos en otros "25"; pero siempre ha habido alguien, una vela, una breve oración... y un manifiesto, como el de ayer:

Hoy es 25 de marzo. Día internacional de la vida. En todo el mundo, en cientos de ciudades, se realizan concentraciones y manifiestos; y se recuerda a las víctimas del aborto. Holocausto moderno, silenciado por poderosos lobbys y grupos de presión. Pero la verdad sale siempre adelante. Con empeño y con entusiasmo hemos de concienciar a nuestros conciudadanos de que abortar no es solución. Nunca es lícito matar a un inocente. Sentencia justa y llena de sabiduría. Nadie sobra. Recuerdo ahora la famosa película de Frank Capra ¡Qué bello es vivir! Relata las peripecias de un hombre honrado que se ve envuelto en un buen lío. En medio de su desesperación, piensa en el suicidio, porque no ha estado a la altura de las circunstancias y considera que ya no hay remedio. Entonces, el ángel bueno le muestra cómo sería el mundo si él no hubiera nacido. Esa revelación supone un shock tan intenso que vuelve sobre sus pasos y el relato termina felizmente.

Hoy estamos sobrecogidos por las narraciones infaustas que se han producido en nuestro país: fetos de 33 semanas triturados inmisericordemente. Es un relato fantasmagórico, apenas creíble, y que nos pincha en lo más hondo, incluso en su verosimilitud -¿es verdad esto que oímos?-; y nos preguntamos cómo es posible que esta sociedad, que se dice civilizada, pueda permanecer impasible ante tanto horror. Nunca más. Es preciso volver sobre nuestros pasos, defender con pasión la causa de la vida que es nuestra propia causa de humanización. Nos va todo en ello, si no queremos regresar a la barbarie del más fuerte, a la ley de la selva.

Me viene a la memoria la letra de la famosa canción "No dudaría" de Antonio Flores: "Si pudiera olvidar todo aquello que fui, si pudiera borrar todo lo que yo vi, no dudaría, no dudaría en volver a reír. Si pudiera explicar las vidas que quité, si pudiera quemar las armas que usé. Si pudiera sembrar los campos que arrasé, si pudiera devolver la paz que quité. Si pudiera olvidar aquel llanto que oí, si pudiera lograr apartarlo de mí, no dudaría, no dudaría en volver a reír. Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más, usar la violencia".

Hace unas semanas se podía leer en un reportaje de El Mundo (21 de febrero de 2008) un titular que decía "Aborté por miedo a dejar de tener mi propia vida". Es un sinsentido. ¿Qué sería de mi vida sin los otros? ¿Acaso no es el infierno mi soledad, mi yo para mí? Jack Nicholson en "Mejor imposible" le dice a Helen Hunt, protagonista femenina del film, cuando ésta le inquiere el por qué se ha enamorado de ella: tú haces que yo quiera ser mejor. Ser mejor. ¿Acaso podríamos ser mejores si no fuera por los demás? La mentira de vivir para mi, el engaño del individualismo más atroz no sólo no soluciona los problemas, sino que los agrava.

Esa persona -Lucía; que en latín significa lúcido, claro, que ve- entrevistada en El Mundo, no obstante reconocía, en un análisis de clarividencia y sinceridad, que el "aborto fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Cuando lo hice, supe que el resto de mi vida iba a vivir con ello, que en el fondo era un daño para mí..." Y cuando va al parque, echa cuentas del niño que no tuvo: "Ahora sería como aquél, tendría cinco meses..." No es tarde, si Lucía, la que ve, corrige el yerro, pide perdón a su hijo que nunca vio la luz porque su madre, Lucía, la que ve, en ese momento no vio; y decide nunca más usar la violencia. Porque Lucía, la que ve, puede volver a reír con todos los niños del mundo que ríen. Sí, se puede borrar todo lo que ella vio o no vio; y no ha de dudar de que puede volver a reír.

Eric Clapton a la muerte de su hijo, compuso la canción "Tears in heaven" (lágrimas en el cielo). Su dolor se transformó en arte, en belleza, en consuelo, en amor. "¿Me cogerías de la mano si te viera en el cielo? ¿Me ayudarías a levantarme si te viera en el cielo? ¿Sería lo mismo si te viera en el cielo? Detrás de la puerta hay paz, estoy seguro. Y sé que no habrá más lágrimas en el cielo".

Pedro López García

martes 25 de marzo de 2008

25 de Marzo día de la Vida

En el primer Congreso Internacional Provida, celebrado en Madrid en el 2003 se acordó por abrumadora mayoría tras una encuesta mundial contestada por más de 5000 grupos y asociaciones de más de 20 países de Europa y América que en todo el mundo se celebrase el día de la vida, día del niño por nacer o día de la vida naciente, el día 25 de Marzo de cada año.

Historia del Día de la Vida
El primer país que celebró el día de la Vida de manera institucionalizada fue El Salvador en 1993. Le siguió Aregentina, donde la primera celebración oficial del Día del Niño por Nacer, se produjo el 25 de marzo de 1999 por iniciativa del presidente de la nación respaldado por la Conferencia Episcopal. Ese mismo año el Congreso de Guatemala declaró a instancias de la Iglesia y de varias ONGs el día 25 de marzo como Día nacional del Niño no nacido.

En Chile, a partir de una campaña que contaba con el apoyo de miles de firmas y varios alcaldes, el 18 de mayo de 1999 la Cámara de Senadores aprobó por unanimidad un proyecto de acuerdo por el que se solicita al Presidente de la República se sirva declarar el día 25 de marzo de cada año, como el día del niño concebido.

En el marco del III Encuentro de Políticos y Legisladores de América, que se realizó del 3 al 5 de agosto de 1999 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, la primera dama de Costa Rica, Lorena Clara de Rodríguez, anunció la celebración de un día por la vida del no nacido en Costa Rica.

En Nicaragua, el presidente de la República con el apoyo de la Iglesia y de los grupos provida, dictó el día 25 de enero de 2000 un decreto por el que declara el día 25 de marzo de cada año como el "Día del Niño por Nacer".

En República Dominicana fue aprobada a instancias del señor cardenal, a comienzos del año 2001, la ley civil que instituye la celebración, considerando omo "apropiado y necesario consignar un día al Niño por Nacer, con la finalidad de propiciar la reflexión sobre el importante papel que representa la mujer embarazada en el destino de la humanidad, y el valor de la vida humana que porta en su seno".

Actualmente, en Venezuela, Uruguay y Panamá, grupos de defensa de la vida promueven campañas de recolección de firmas para lograr el reconocimiento de la fiesta por la autoridades civiles. En Uruguay, cada 25 de marzo, ciudadanos -principalmente católicos- realizan marchas pacíficas de protesta contra las clínicas de aborto clandestinas, reparten volantes defendiendo los derechos de los no nacidos y alertan a las mujeres sobre los graves daños psicológicos y físicos que el aborto les puede causar.

El Perú es, en este momento, el último país en haber instituido por ley, la fiesta de la vida. En enero del 2002, el Congreso de la República Peruana declaró el 25 de marzo como "Día del Niño por Nacer", luego del arduo esfuerzo de la asociación de defensa de la vida CEPROFARENA por recolectar las firmas necesarias para su legalización con el apoyo del cardenal y de toda la jerarquía de la Iglesia.

La Iglesia católica en México celebrará por séptimo año consecutivo este 25M el "Día de la Vida concebida en el seno materno", instituido por los prelados también en el marco de la solemnidad del misterio de la Encarnación.

"Día del Niño no Nacido" es el nombre que la fecha recibe en Austria, según acordaron los grupos pro-vida del país y se celebra también el 25M.

En Eslovaquia, por quinto año consecutivo, los grupos pro-vida han enviado una carta al Consejo Nacional de la República Eslovaca solicitando que el 25 de marzo se declare como "Día del Niño Concebido".En Cuba, la arquidiócesis de La Habana celebrará el "Día por la Vida" el 25M con un Rosario viviente, la entrega de premios del concurso de dibujo infantil por la Vida y la celebración eucarística presidida por el señor cardenal en la parroquia habanera de Nuestra Señora del Carmen.

Finalmente, en Filipinas. Durante la Misa por la fiesta de la Anunciación en Malacañang, la Presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, declaró oficialmente el 25 de marzo como el Día del No Nacido. En su declaración, Arroyo afirmó que la conmemoración de la visita del ángel Gabriel a María requiere dar una importancia especial a los bebés que mueren por causa de complicaciones durante el embarazo.

En España y siguiendo la iniciativa del CIP1 la Conferencia Episcopal declaró en 1993 que el día de la vida se celebrase el 25M. Este año, muchas diócesis, casi todas, han proyectado actos para conmemorar el día de la Vida el Martes 25 M (segundo día de Pascua).

domingo 23 de marzo de 2008

El divorcio es contagioso

Por Ángel López-Sidro López, 31 de octubre de 2005

El divorcio, como el suicidio, es contagioso y crea su propia cultura

Es sabido que la institución matrimonial –que es lo mismo que decir el amor de pareja y familia, que es lo mismo también que decir el ser humano– no atraviesa por uno de sus mejores momentos.

He sostenido en múltiples ocasiones que el problema no es del matrimonio en sí, sino de esta sociedad para con él, de la percepción que tenemos del mismo y de la actitud con que lo afrontamos. Curiosamente, parece que todavía andamos lejos de buscar soluciones de verdad a este problema, y una gran parte del mundo continúa achacándole al matrimonio la naturaleza de sus conflictos conyugales, y otra buena parte sigue haciendo chistes de esta realidad tan seria y trascendente.

Pocos parecen advertir –y si lo hacen y lo manifiestan públicamente son tachados de reaccionarios– que los divorcios son una tragedia que conlleva daños no sólo para los hijos –esto es tan evidente que ni los más progres se atreven a negarlo, aunque en una pirueta fantástica he oído a alguno afirmar que un divorcio que da paso a nuevas uniones favorece a los niños al multiplicar los progenitores oficiantes–.

Los miembros de la pareja también padecen de muchas formas, desde la sentimental a la económica, las consecuencias de la ruptura, que, para quien haya contraído su matrimonio convencido de que inauguraba una nueva vida constituida por dos personas, no podrá parecerle menos que la consumación de un suicido de esa existencia compartida, con el resultado de sentirse un fantasma que pese haber traspasado el umbral del más allá arrastra cadenas por lo que dejó.

Esto se podría calificar como ceguera, pues la crisis familiar comienza a convertirse en pandemia. Pero no todos los problemas se fraguan en la inconsciencia. Hay muchos a los que al menos se les podría acusar de imprudencia temeraria, o incluso de inducción al suicido conyugal. Cada vez con menor escándalo se informa de fracasos matrimoniales, pasados o futuros, como si no se tratase de una enfermedad que se contagia de oído.

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A la vuelta del verano hemos asistido con pasmo a la noticia de que la mayor parte de las rupturas en las parejas acontecen al regresar de las vacaciones, debido, por lo visto, a que la convivencia de días completos se hace insufrible para muchos acostumbrados a quererse sólo fuera de la jornada laboral. Siendo esto lamentable, de ser cierto, no es peor que la forma en que el presunto periodista informaba del fenómeno: «miles de parejas se romperán después de las vacaciones». Esto fue dicho, puedo asegurarlo, sin el menor dramatismo, como quien afirma que «miles de personas acudirán a las rebajas» o que «miles de personas van a asistir a tal concierto».

Para el que haya tenido que soportar algún enfado o desengaño de más, este anuncio de normalidad rupturista puede suponer una llamada de mal pastor a despeñarse.

Inducción al suicidio, y no exagero. ¿O no saben bien los psiquiatras que cuando alguien se tira por un puente, enseguida otros se sienten impulsados a emularlo, sabiendo cualquiera que nunca hay razones suficientemente graves como para quitarse la vida?

Por tal motivo existe una cierta prudencia periodística que silencia los acontecimientos de esa índole, porque, al fin y al cabo, si un suicida con éxito puede hacer que otros se animen, y si la vida humana todavía es algo protegible, lo más sabio parece que es correr un tupido sudario sobre el desgraciado fallecido, no demos malas ideas a quienes no tienen ánimo para pensar.

¿Y es que el matrimonio o la familia no son bienes valiosos y protegibles? Al menos, dado el nivel de escepticismo de hoy ante los valores, no se podrán negar los males que arrastran los divorcios. Si esto se sabe, no cabe admitir comportamientos tan censurables –sí, censurables– como el de ese periodista que, hablando de la cantidad de divorcios por los que han pasado los hijos de una famosa aristócrata, se atrevía a añadir «porque no son diferentes a la mayoría de las personas».

Gracias a Dios, todavía no es la mayoría de las personas la que se divorcia. Pero las cifras continúan creciendo, y con la ayuda de irresponsables o enemigos de la normalidad familiar, pronto se desbordará el embalse de las desgracias que la sociedad es capaz de soportar sin resquebrajarse. Un poco de cabeza, por favor, o al final a todos se nos van a atragantar los chistecitos sobre el matrimonio.

viernes 21 de marzo de 2008