Me han interesado mucho los comentarios de José Manuel de Prada a la frase de un famoso escritor, que contiene una de esas tendencias sociales sostenidas como progresistas por los que más tienen: «Si hay una salvación posible para este mundo es recuperar la idea de escasez». La frase, dice de Prada, estaba descontextualizada; pero molestó.
De Prada opina que no hay escasez de recursos (aunque sí son finitos) sino acaparamiento. Y más que la «idea de la escasez» habría que recuperar la idea de una 'economía' que no maximice el beneficio sino que permita que la abundancia existente se reparta equitativamente, atendiendo a las necesidades y a los méritos de cada uno, sin permitir desigualdades abusivas y sin imponer un igualitarismo igualmente abusivo.
Y aquí es donde llega al concepto de la virtud de la pobreza que más me interesa, totalmente distinto de la escasez. Dice el autor que "la salvación del mundo no se cifra en recuperar la «idea de escasez», sino la de justicia, que consiste en dar a cada uno lo suyo. Otra cosa es que, una vez satisfechas sus necesidades, una persona virtuosa deba amar la pobreza, entendida no como lacra (que siempre debemos combatir), sino como virtud que nos ayuda a desprendernos de los bienes materiales.
La virtud de la pobreza no se cultiva desde la 'escasez', sino desde el desapego o desprendimiento
Pues, en efecto, la posesión de bienes materiales influye en la persona de modo nefasto: el hombre no sólo 'posee' las cosas, sino que estas, al estar unidas a su propia existencia, acaban 'penetrando' en su interior, acaban adueñándose de su alma, como la célula cancerosa se adueña de nuestro organismo. Pero la virtud de la pobreza no se cultiva desde la 'escasez', sino desde el desapego o desprendimiento".
En efecto, el mandato divino de poseer y cuidar la tierra nos orienta al cultivo y la posesión de bienes materiales e intelectuales, necesarios para vivir y edificar una sociedad humana. El desprendimiento de estos bienes nos permite poseerlos sin que nos posean, y permanecer libres para valorar el "ser", y no el "tener", y para destinar esos bienes al bien común.
San Josemaría Escriva profundizó en esta idea y la expuso de muchas maneras, con ejemplos gráficos, como el de "la cuchara de peltre", y con desarrollos antropológicos y teológicos verdaderamente disruptivos, frente a una mentalidad materialista -pobreza como miseria- y a otra cristiana -pobretería-, que consideraba insuficientes.
En su famoso libro Camino, san Josemaría expuso de forma breve e incisiva su pensamiento acerca de en qué consiste una pobreza virtuosa, entendida como desprendimiento personal de unos bienes que no dejamos de usar; lo que él llamaba "pobreza de espíritu". En el número 636 aprovecha el Salmo 62, 11 para explicarlos:
«Divitiae, si affluant, nolite cor apponere» —Si vienen a tus manos las riquezas, no pongas en ellas tu corazón. —Anímate a emplearlas generosamente. Y, si fuera preciso, heroicamente.
—Sé pobre de espíritu.
------------------------------------------
Fuente: Escasez. José Manuel de Prada en XL Semanal, 14 de septiembre de 2025

Comentarios