Insumisos en democracia

lunes, 11 de abril de 2016 ·

foto atarifa CC
Así titula Ignacio Aréchaga un interesantísimo "Análisis" de Aceprensa -solo para suscriptores-, en el que pone el dedo en una de las llagas más lacerantes de nuestras sociedades democráticas: la tiranía indolora que De Prada llama Nueva Tiranía.

Aréchaga alerta contra ese modo simple de de zanjar los debates sociales en temas controvertidos asegurando que uno está en "el lado correcto de la Historia". Ya no hacen falta argumentos ni datos. Basta mantener que se ha detectado la corriente profunda e irrefrenable por donde discurre nuestro tiempo. La mayoría social va por ahí, y si no la sigues, te quedas en la cuneta, en el "vertedero de la Historia". Asegúrate de que estás en el equipo vencedor.

El artículo pasa revista a alguna de las leyes de esta tiranía silenciosa: el síndrome de "el debate terminó" (tan aplicado cada vez que alguien cuestiona con suficiente energía la aceptación social del aborto, por ejemplo); el "lado correcto de la Historia", que suele acabar en un baño de sangre (repasar siglo XX); la fuerza de la "opinión colectiva", con su corolario de la "espiral del silencio" y la "intolerancia de los tolerantes".

También da algunos consejos para ser capaces de ser insumisos frente a la propia época: no renunciar a pensar por cuenta propia; dejarse convencer, o no, solo por razones; someter las nuevas ideas a la prueba de sus frutos; evitar el maniqueísmo.

Para ilustrar su tesis, Aréchaga propone una revolucionaria lectura: Insumisos, de Tzvetan Todorov: "La capacidad de decir 'no' cuando todo el mundo dice 'sí' es el punto de partida de la insumisión".

El análisis me encantó; pero, una vez más, ha sido la coincidencia la que me ha llevado a escribir. Porque mucha coincidencia ha sido que leyera a De Prada, al que hace muchísimo que tengo en el olvido, y más que topara precisamente con su artículo La paradoja de la libertad. Los dos exponen los mecanismos de la tiranía silenciosa, los dos mencionan La democracia en América de Tocqueville, los dos concluyen con la misma lucidez de la advertencia.

Leer a Todorov, leer a Tocqueville, leer a Raymond Aron y a Paul Johnson puede ser un un paso para la insumisión. Pero cuidado, es peligroso, podéis ser condenados a un ostracismo peor que la muerte.


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