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No sabe, no contesta

Confieso que siempre he sentido hasta desprecio por todos esos ciudadanos que engrosan en cada encuesta el capítulo N/C ("no sabe, no contesta"). Desde que hago memoria, he tenido gran facilidad para hacerme una idea de cualquier cosa, incluso con muy escasa información. Para colmo, luego padezco una gran dificultad para cambiar esa primera impresión, a pesar de ser consciente de que "las apariencias engañan". Como mucho, logro relativizar mis opiniones, considerarlas subjetivas de modificación. Con gran esfuerzo, y a base de batacazos que dan los años, me mantengo abierto a otras formas de mirar lo mismo.

Pero meditando sobre la Modestia, uno de los Frutos del Espíritu Santo en las almas dóciles a su acción (Alexis Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas; ed. Palabra), he tenido una revelación que me ha congraciado con ese sector del público que no sabe o no quiere contestar en las encuestas.

Precisamente yo, que fustigo tanto que cualquier cantamañanas opine de cualquier cosa sin el más mínimo rubor y lo recoja -incluso lo fomente- la "prensa seria"; debería admirar a estas personas que, sencillamente, no se sienten autorizados a emitir un juicio sobre según qué temas.

Recientemente, en mi ciudad de acogida una asociación de consumidores ha hecho una encuesta según la cual el 70% de los vecinos está enfadado con el nuevo sistema de transporte urbano llamado LAC. Después de leer a Riaud, si me preguntaran, debería reconocer que no tengo juicio formado sobre el asunto, por falta de datos para hacer una valoración, ante las ventajas y los inconvenientes que sí percibo; pero después de una observación y uso muy superficial y escasa. Me gustaría saber cuántos conciudadanos respondieron N/C, antes que lanzarse a algo tan nuestro como echar pestes de cualquier cambio sin reflexionar ni dar tiempo.

El domingo pasado cené con un amigo, Magistrado, que me contó de un compañero que decidió en cierto sentido su voto en una sentencia, porque lo contrario supondría una nimia incomodidad para él. Con tan rastreras mimbres forjó su participación en la impartición de Justicia de un alto tribunal.

Como contraste, recuerdo la anécdota del Cardenal Ratzinger durante su visita, hace años ya, a la Universidad de Navarra. Alguien, en un trayecto, le preguntó sobre alguna sesuda cuestión que no retuve, a lo que el futuro Papa respondió que no podía decirle, porque no había reflexionado suficientemente sobre eso, que tendría que pensarlo más.

La Modestia, "disposición sobrenatural del alma que la inclina a tener en todo la justa medida"; he aquí una verdadera actitud rompedora, transformadora, revolucionaria.


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