Con motivo de la fiesta de san Josemaría (26-VI-2012), L'Osservatore Romano (28 de junio de 2012) ha publicado un artículo de Mons. Javier Echevarría sobre el trabajo como ocasión para la santidad, titulado DESCUBRIR A DIOS EN EL TRABAJO
Por su interés y actualidad, destaco dos de los párrafos:
La invitación a trabajar, en cuanto complemento de la obra de la creación, es la vocación originaria de cada mujer y de cada hombre. Con razón, pues, san Josemaría podía afirmar que cualquier trabajo honrado es «un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eterna (Jn 4, 36)» (Amigos de Dios 57). De este modo nos invitaba a descubrir de nuevo a Dios, tanto en los trabajos importantes como en las ocupaciones cotidianas, que pueden convertirse en sólido fundamento para la santidad personal.
Esta dimensión originaria del trabajo es la razón más profunda del derecho de todos a tener una ocupación profesional que les consienta vivir y atender las necesidades de su familia. Desgraciadamente, en las circunstancias actuales, muchos países sufren la plaga del desempleo, que causa tantas preocupaciones e incomodidades a innumerables familias. Recemos por las autoridades civiles y por los responsables de la vida pública, en todos los niveles, para que, iluminados por la Sabiduría divina, sepan hallar y poner en práctica las medidas idóneas para hacer salir de la actual crisis a sus respectivas naciones, respetando plenamente la dignidad de la persona y el bien común. Confiemos esta intención a Dios por intercesión de san Josemaría, apóstol de la santificación del trabajo.
Tweet
Por su interés y actualidad, destaco dos de los párrafos:
La invitación a trabajar, en cuanto complemento de la obra de la creación, es la vocación originaria de cada mujer y de cada hombre. Con razón, pues, san Josemaría podía afirmar que cualquier trabajo honrado es «un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eterna (Jn 4, 36)» (Amigos de Dios 57). De este modo nos invitaba a descubrir de nuevo a Dios, tanto en los trabajos importantes como en las ocupaciones cotidianas, que pueden convertirse en sólido fundamento para la santidad personal.
Esta dimensión originaria del trabajo es la razón más profunda del derecho de todos a tener una ocupación profesional que les consienta vivir y atender las necesidades de su familia. Desgraciadamente, en las circunstancias actuales, muchos países sufren la plaga del desempleo, que causa tantas preocupaciones e incomodidades a innumerables familias. Recemos por las autoridades civiles y por los responsables de la vida pública, en todos los niveles, para que, iluminados por la Sabiduría divina, sepan hallar y poner en práctica las medidas idóneas para hacer salir de la actual crisis a sus respectivas naciones, respetando plenamente la dignidad de la persona y el bien común. Confiemos esta intención a Dios por intercesión de san Josemaría, apóstol de la santificación del trabajo.
Comentarios