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Neolengua ecofeminista

Creo que es George Orwell quien crea la Neolengua en su novela 1984; un intento de reducir el idioma a lo más simple para así limitar la capacidad de pensar de las personas y, de este modo, evitar que piensen mal. Acontece el proceso que describe José Miguel Ibáñez Langlois (Introducción a la Literatura) respecto a la lectura: el descenso de los hábitos de lectura de un pueblo implica un auténtico retroceso mental de la sociedad. Disminuye su imaginación creadora, su inteligencia, su sensibilidad; el individuo es menos hombre; es menos. La sociedad declina en todas sus actividades y relaciones. Y en otro momento: hay un círculo indestructible constituido por el leer, el escribir y el pensar. El que no lee ni escribe bien no puede tener sino los rudimentos más elementales del pensar.

La Neolengua de hoy se llama lenguaje políticamente correcto; la Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía, ha dado otra vuelta de tuerca a las guías para desterrar el lenguaje sexista uniendo a la llamada perspectiva de género, el ecologismo, con lo que ha dado a luz al ecofeminismo:

La lectura feminista del paradigma de desarrollo humano sustentable permite considerar un acuerdo básico con sus planteamientos, principios y objetivos y la necesidad de incorporar a su epistemología, la perspectiva sintetizadora, integral y compleja: género-clase-edad-raza-etnia, capacidad, así como de condición legal, situación pacífica o de conflicto, zona devastada o próspera, cultura y mundo.
Ni más ni menos. Lo han comentado muchas de nuestras más afamadas firmas, como Carlos Herrera (no con mi dinero) o Arturo Pérez-Reverte (adobo de choteo): vale la pena echar un vistazo. Pero el asunto no es ni cuestión de dinero -que también-, ni una estupidez; es un peldaño más en la construcción de una Neolengua que castre nuestra mente hasta hacer imposible no ya pensar mal, sino si quiera pensar.

Yo, al menos, tomo estas aparentes tonterías en serio.

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