iter estaba a punto de ser capturado, su ser racional sabía que no había escapatoria, pero su espíritu se rebelaba ante cualquier destino inapelable y él seguía corriendo con todas sus fuerzas, luchando contra la maleza que le impedía avanzar, dispuesto a defender su vida con uñas y dientes. -¡Piter! ¡A cenar! ¿Por qué sucedía siempre en el momento más apasionante? Parecía como si su madre hubiera desarrollado un sexto sentido para la inoportunidad y disfrutara ejercitándose. Piter enfiló cabizbajo el camino a casa comentando estas incidencias con sus compañeros de juegos. -Debe de ser que empezamos tarde -aventuró Moli-, por eso no nos da tiempo de acabar. Tardamos demasiado en merendar. -No podemos hacerlo más deprisa -se defendió Yon, que era un gordito feliz-, merendar bien es importante para tener fuerzas. Piter se sentó a la mesa con la peor cara de pocos amigos que creía poder poner. -Oye, señorito -le amonestó su madre con el más logrado de sus tonos irónicos-, convendr...
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