No sabe, no contesta

martes, 29 de julio de 2014 · 0 comentarios

Confieso que siempre he sentido hasta desprecio por todos esos ciudadanos que engrosan en cada encuesta el capítulo N/C ("no sabe, no contesta"). Desde que hago memoria, he tenido gran facilidad para hacerme una idea de cualquier cosa, incluso con muy escasa información. Para colmo, luego padezco una gran dificultad para cambiar esa primera impresión, a pesar de ser consciente de que "las apariencias engañan". Como mucho, logro relativizar mis opiniones, considerarlas subjetivas de modificación. Con gran esfuerzo, y a base de batacazos que dan los años, me mantengo abierto a otras formas de mirar lo mismo.

Pero meditando sobre la Modestia, uno de los Frutos del Espíritu Santo en las almas dóciles a su acción (Alexis Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas; ed. Palabra), he tenido una revelación que me ha congraciado con ese sector del público que no sabe o no quiere contestar en las encuestas.

Precisamente yo, que fustigo tanto que cualquier cantamañanas opine de cualquier cosa sin el más mínimo rubor y lo recoja -incluso lo fomente- la "prensa seria"; debería admirar a estas personas que, sencillamente, no se sienten autorizados a emitir un juicio sobre según qué temas.

Recientemente, en mi ciudad de acogida una asociación de consumidores ha hecho una encuesta según la cual el 70% de los vecinos está enfadado con el nuevo sistema de transporte urbano llamado LAC. Después de leer a Riaud, si me preguntaran, debería reconocer que no tengo juicio formado sobre el asunto, por falta de datos para hacer una valoración, ante las ventajas y los inconvenientes que sí percibo; pero después de una observación y uso muy superficial y escasa. Me gustaría saber cuántos conciudadanos respondieron N/C, antes que lanzarse a algo tan nuestro como echar pestes de cualquier cambio sin reflexionar ni dar tiempo.

El domingo pasado cené con un amigo, Magistrado, que me contó de un compañero que decidió en cierto sentido su voto en una sentencia, porque lo contrario supondría una nimia incomodidad para él. Con tan rastreras mimbres forjó su participación en la impartición de Justicia de un alto tribunal.

Como contraste, recuerdo la anécdota del Cardenal Ratzinger durante su visita, hace años ya, a la Universidad de Navarra. Alguien, en un trayecto, le preguntó sobre alguna sesuda cuestión que no retuve, a lo que el futuro Papa respondió que no podía decirle, porque no había reflexionado suficientemente sobre eso, que tendría que pensarlo más.

La Modestia, "disposición sobrenatural del alma que la inclina a tener en todo la justa medida"; he aquí una verdadera actitud rompedora, transformadora, revolucionaria.


El Bigote

lunes, 14 de julio de 2014 · 2 comentarios

Ayer celebramos el cumpleaños de un amigo, accitano. Con este motivo, agarrándome a los pelos de su frondoso bigote, decidí dedicarle el siguiente estudio:

El Bigote es un ente imponente. Basta pensar que, según autores, al parecer, proviene del alemán bei Got -¡por Dios!-, o del inglés Big God -¡gran Dios! Además, la terminación en “ote” remite inmediatamente al aumentativo: grandote, animalote, cachalote, hotentote…

También su otra acepción, “mostacho”, resulta apabullante, y no digamos la elegancia del “moustache” francés, o la contundencia del ruso “mostachof”.
Además, el bigote da lugar a frases recias y definitivas, redondas:

  • Hace mucho frío: Hace un frío de bigotes
  • Estoy harto: Estoy hasta el bigote
  • Es un hombre hecho y derecho: Es un tío con todo el bigote
  • Es un hombre valiente: Es un tipo con dos bigotes
  • ¡Esto es un escándalo!: ¡Tiene bigotes!

Bigotes hay para todas las fortunas y gustos, desde la pelusilla de melocotón de los adolescentes hasta los severos bigotazos de los archiduques austriacos, pasando por el intimidatorio bigote del sargento de la Guardia Civil.

Los hay muy representativos en política: la fina línea recta del bigote facha tipo Vizcaíno Casas; la mosca nazi de Hitler; la morsa liberal-conservadora de Aznar o el tiránico bigote de Stalin.

Pero también hay gran variedad de bigotes muy significativos en el mundo del arte, desde Dalí a Chaplin. Entre estos, hemos buscado el más apropiado para el homenajeado, y pensamos que el ganador es el “Bigote Dupont”.


Los agentes secretos Dupont y Dupond son los famosos inspectores clónicosde Tintín (Thomson and Thompson, Hernández y Fernández). Gracias a esta investigación hemos averiguado que, siendo idénticos, se distinguen… por el bigote.



En España hay muchos famosos que, mejorando lo presente, hacen honor al “Bigote Dupont” o “Bigote de brocha gorda”. Por ejemplo, el gran humorista Santi Rodríguez.


Pero en cuestión de bigotes, quien destaca es Francisco de Quevedo, y no solo por el suyo, tan bien situado entre sus “quevedos” y su perilla, sino por el archifamoso soneto dedicado a tan alabado apéndice facial:

Érase un hombre a un bigote pegado,
érase un bigote supertlativo,
érase un bigote bozo y cepillo,
érase un rostro embigotado.

Era un bigote encarado;
érase un escobón de barrendero altivo;
érase una cueva de Guadix con tejadillo;
era Bigote Arrocet más poblado.

Érase un velamen de galera;
éranse las arenas de Egipto;
las selvas amazónicas era.

Era un toldo infinito;
muchísimo bigote, pelambrera tan fiera;
que si no estuviera fuera delito.



Leyes autonómicas promueven la ideología LGTB

jueves, 3 de julio de 2014 · 2 comentarios

Una vez más, se reproduce la cadena de los cambios sociales: discriminación, tolerancia, igualdad, discriminación positiva, imposición, represión. Diversas leyes autonómicas están alcanzando, de un solo golpe, los tres últimos eslabones de la tiranía, los que llevan a premiar a los LGTB, imponer su ideología de género a los demás y reprimir a los que no les parezca genial. El siguiente artículo de ACEPRENSA hace un rápido resumen del fondo -grave- de la cuestión.

El intenso debate que provocó la asignatura de Educación para la Ciudadanía, considerada como una intromisión en el derecho de los padres a elegir la formación que desean para sus hijos, contrasta con la silenciosa tramitación de varias leyes autonómicas que pretenden impulsar la agenda LGTB y adoctrinar en asuntos referentes a la afectividad y la sexualidad.

Galicia ha sido la primera comunidad autónoma que ha aprobado una iniciativa de este tipo, titulada “Ley por la igualdad de trato y no discriminación de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales”. Cataluña podría sumarse en breve. Extremadura y Valencia también están considerando proyectos similares. Y Andalucía está a punto de aprobar otra iniciativa antidiscriminación, centrada en los transexuales.

Benigno Blanco, abogado y presidente del Foro de la Familia, ha estudiado en profundidad estas leyes y cree que en poco tiempo se plantearán otras parecidas en las demás comunidades autónomas.

Una cosa es luchar contra la discriminación, y otra pretender adoctrinar en asuntos referentes a la afectividad y la sexualidad

El modelo es siempre el mismo: los partidos de la izquierda radical (BNG, IU, ERC y PSOE) presentan una proposición de ley según un modelo predeterminado elaborado en algún laboratorio de pensamiento LGTB y la ley se aprueba sin mayor debate y al margen de la opinión pública”, explica Blanco en Páginas Digital.

Todos iguales ante la ley
El abogado asturiano cree que las leyes antidiscriminación que se han planteado en España tienen un error conceptual de partida: considerar que hay personas LGTB, como si fueran una categoría aparte “con derechos distintos y más potentes que los demás”. En efecto, el ordenamiento jurídico español ya prevé medidas para garantizar que todos los ciudadanos tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley.

Unido a lo anterior hay otro error de fondo: “Se pretende dar el mismo tratamiento a la persona, a su comportamiento sexual y a ciertas opiniones (las del movimiento LGTB) sobre la sexualidad, cuando de hecho son cosas distintas”.

A la persona hay que respetarla siempre; y respecto a ella no caben discriminaciones de ningún tipo. Las conductas sexuales, por el contrario, son respetables si no incurren en materia delictiva pero no es discriminatorio un juicio crítico sobre ellas. Respecto a las opiniones en materia de sexualidad, se aplica la libertad de pensamiento e ideológica sin más límites que los generales de estas libertades”.

La experiencia de otros países muestra que las medidas antidiscriminación se pueden usar para negar al discrepante derechos y libertades básicos

Prohibido discrepar
La confusión que traen estas leyes es peligrosa porque puede llevar a censurar e incluso a perseguir las opiniones contrarias a la visión de la sexualidad defendida por el colectivo LGTB.

Lo que pretenden estas leyes –dice Benigno Blanco– “es privilegiar una ideología y una forma de entender la sexualidad, imponiéndola coactivamente al resto de la sociedad, como si discrepar de esa ideología fuese discriminar a las personas que viven conforme a ella”.

Según esta visión cada cual puede elegir su propia identidad y orientación sexual con independencia de su sexo biológico; en consecuencia, la distinción entre hombre y mujer es arbitraria, y todas las prácticas sexuales son igualmente válidas.

Al suprimir la libertad para cuestionar esa concepción de la sexualidad, Blanco ve en esas leyes “una amenaza fundada al ejercicio de los derechos constitucionales básicos” de quienes no están de acuerdo con la ideología de género.

La experiencia de países como EE.UU., Canadá o Reino Unido muestra que las medidas antidiscriminación se pueden usar para restringir derechos fundamentales como la libertad religiosa, la libertad de expresión, la libertad de asociación, el derecho a la objeción de conciencia o el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones (cfr.Aceprensa, 5-03-2014 y 1-04-2013).

Las leyes obligan a las administraciones públicas a hacer visible la ideología LGTB en todos los ámbitos sociales

Trato de favor y adoctrinamiento
Pero las leyes españoles dan un paso más. No solo impiden las críticas contra una determinada visión de la sexualidad: también pretenden “obligar por ley [a las administraciones autonómicas] a hacer visible en todos los ámbitos sociales” esa manera de entender la sexualidad.

Si en el texto de esas leyes, comenta Blanco, sustituyéramos la referencia a “las personas LGTB” o a las “asociaciones LGTB” por la de “católicos” o “instituciones católicas”, “seguro que escandalizaría a todo buen demócrata amante de la libertad, pues vería en ese texto una búsqueda de privilegios por parte de los católicos incompatible con una sociedad libre y pluralista, y con razón”.

Tomemos como ejemplo la ley gallega. Además de las medidas de discriminación positiva previstas en el artículo 5, lo que permite justificar el trato de favor al colectivo LGTBI, la ley ordena adoptar políticas públicas para “el fomento y la promoción de la igualdad, visibilidad y no discriminación” de ese colectivo en los siguientes ámbitos: policial, judicial, laboral, familiar, sanitario, educativo, cultural y de ocio, deportivo, juvenil y en el de la comunicación (cfr. artículo 2.2). Como se ve, ningún rincón de la sociedad se va a quedar sin el oportuno adoctrinamiento.

Especialmente polémicas son las medidas previstas para adoctrinar a los menores en la escuela (artículos 22 a 26), lo que incluye desde la obligación de incorporar “la realidad LGTBI a los planes de estudio” mediante “contenidos transversales de formación” (artículo 22) hasta la celebración con fondos públicos de eventos como el día del orgullo gay (cfr. artículo 26.2).

Otros ámbitos sensibles son los de la cultura y los medios de comunicación. En las bibliotecas gallegas habrá una sección de literatura LGTBI (artículo 27); el gobierno gallego impulsará y financiará “la producciones culturales que contemplen la realidad LGTBI” y sus “referentes positivos” (artículo 28.1), así como “las actividades culturales destinadas a la concienciación y normalización del hecho LGTBI” (artículo 28.2); las subvenciones a los medios de comunicación de titularidad autonómica también se harán depender de su grado de adhesión a los postulados de la ley (cfr. artículos31 a33).

El Foro de la Familia ha anunciado que va a pedir al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y a la defensora del pueblo, Soledad Becerril, que son los que están legitimados, a recurrir estas leyes ante el Tribunal Constitucional.



¡Cuidado: contraportadas!

martes, 1 de julio de 2014 · 2 comentarios

Los periódicos en papel gozan aún, creo, de presunción de seriedad, al menos en España. Sin embargo, dan gato por liebre cada vez en mayor proporción. Cada sección debería llevar una nota de advertencia, como los medicamentos, que informara de sus virtudes y, sobre todo, contra indicaciones.

foto atarifa
Una sección particularmente tóxica es la contraportada. Desde que se ha puesto de moda entrevistar ahí a toda clase de personajes, poco documentados por lo general, uno cierra el periódico con mal sabor de neuronas, las más de las veces. ¡Y ciudado!; porque en verano estas entrevistas se multiplican como las medusas en las playas.

Por ejemplo, el pasado domingo en mi diario de cabecera Arantza Furundarena entrevista a Antonia San Juan, al parecer famosa actriz local, que desgrana con gran rotundidad una sarta de memeces de grueso calibre. Y aquí está la cuestión: que el lector desapercibido puede tomar estas "declaraciones" como fundadas en razón.

Para no alargar, me quedo con la que da lugar al titular: "El aforamiento es dar por hecho que vas a delinquir".

Como estas entrevistas andan cojas de currículos -por razones obvias-, ignoro si la señora San Juan tiene estudios de Derecho; pero permítaseme ponerlo en duda. El aforamiento lo que da por hecho es que alguien, por la excesiva visibilidad y la trascendencia de su función pública, va a ser fácilmente denunciado. Precisamente por ese elevado riesgo de fiscalización y por la relevancia de su trabajo, se le protege un poco más que a los demás de la voracidad justiciera del resto, en especial de sus contrincantes políticos. No hay más que ver cómo en España el recurso a la razón es relevado por el recurso a los tribunales para comprenderlo.

Otra cosa es que los aforados, además, delincan; pero eso es una perversión del sistema, igual que preguntarle según qué cosas a la señora San Juan e imprimirlas en un diario como si fueran algo serio.


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