
No puedo dejar pasar esto sin un comentario: gobierno y oposición acaban de consensuar que el juez Carlos Dívar sea el nuevo presidente del Tribunal Supremo y, por tanto, presidente del Consejo General del Poder Judicial. Después de cuatro años de duro enfrentamiento político y de dos años de atasco en la renovación de los órganos judiciales, la noticia no es el acuerdo entre los dos partidos mayoritarios, sino el hecho de que el juez Dívar es “religioso” -en el sentido de creyente-, para el progresismo nacional “muy religioso”, es decir, “demasiado religioso”.
Fariseos y Saduceos de lo políticamente correcto se han lanzado obscenamente a la denuncia, a gritar delante de las puertas del Pilato de turno, blandiendo gruesos titulares, programas vocingleros, zafios ejercicios circenses, la gran blasfemia del juez Dívar: ¡es religioso! Por tanto, ¡se ha hecho enemigo del César!
Se da la circunstancia de que el juez Dívar tiene a sus espaldas muchísimos años de una carrera judicial irreprochable; resulta que lleva años como presidente de la Audiencia Nacional -el tribunal que juzga, además de otros de grueso calibre, los delitos de terrorismo- con la aquiescencia de todo el mundo; no había nada que decir del juez Dívar, hasta que el juez Dívar ha llegado a donde quizá tenga que decir -y quizá decidir- sobre cosas como el aborto o la eutanasia.
Una vez más, los guardianes de la ortodoxia relativista han puesto de manifiesto que no se trata tanto de encontrar el correcto ensamblaje de las creencias y las sociedades abiertas como de salirse con la suya y anatematizar a todo el que se sospeche que pueda llegar a pensar de otra manera.
A falta de saber qué ha llevado al juez Dívar a la cúspide del poder judicial, y al margen de las reacciones debidas a la sorpresa, malicio que la campaña intimidatoria se ha puesto en marcha con inusitada prontitud: tanto las advertencias sobre su "excesiva religiosidad" como las alabanzas por su contrastada capacidad para el consenso, son misiles encaminados a desactivar las presuntas convicciones del juez.
Casualmente, ayer oí decir a un joven y prometedor teólogo italiano que no era buena táctica contra el relativismo querer resucitar el positivismo; sin embargo, pienso que hay que exigir, al menos, un poco de seguridad jurídica y dejar de pedir a los jueces que sancionen la tiranía del poder a fuerza de convertirse en seres impíos, sin creencias ni convicciones, y de renunciar a velar por la aplicación de las leyes. Porque tanta politización de los órganos judiciales parece diseñada para que ayuden al poder ejecutivo a torcer el sentido de las leyes sin necesidad de cambiarlas.
Comentarios
Si una persona está incapacitada por ser 'religiosa' (y encima cristiano) no me imagino un ateo llegado el momento; Como he leído en algún comentario en hazteoir: Dívar no va a motivar sus sentencias con versículos del Evangelio... ¿?
Y si un tipo religioso y ateo están incapacitados para la presidencia del TS, todos los que están en la asociación esa de jueces progresistas no sé ni qué hacen en la carrera judicial.
¿Ya no se le puede quitar la presidencia o sí?
Un saludo
En cuanto a los ateos, a esos nos le ve ninguna pega el poder, porque al no tener principios de referencia por encima de la política son maleables.
http://porlafamiliaporlavida.wordpress.com/2008/09/27/urgente-pido-vuestra-ayuda/