AB ABC, 13 de febrero de 2005 Si usted cree que un icono es una tabla bizantina con una Virgen así como del Perpetuo Socorro pintada, con filigranas de plata silueteándola a modo de marco y, sobre todo, sacada de contrabando por una aduana de la antigua Unión Soviética, quíteselo de la cabeza. No es esto, no es esto. Un icono ahora es lo que antes un mito, un ídolo, un símbolo viviente. Beckham es el icono de los galácticos. Javier Bardem, icono de los artistas de PP (Pegatina y Pancarta). Javier Sardá, icono de la telebasura. Ibarreche, icono de la ruptura que se nos viene encima. Carod, icono de la dictadura de los partidos bisagra que nos parten por el eje. Y así pueden ir poniendo iconos de cantantes, empresarios, pintores, escritores, toreros. Hay iconos de todo. Cualquier periódico o revista es una tesis doctoral sobre iconografía de nuestro tiempo. De la iconografía de la casulla a San Ildefonso hemos pasado a la iconografía de la gabardina de Humphrey Bogart en «Casablanca...