Carta a Susana Díaz

martes, 14 de marzo de 2017 · 0 comentarios

Sra. Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía:

foto atarifa CC
Ahora que por fin ha dejado de deshojar la margarita y ha decidido presentarse a la secretaría general de su partido, quiero pedirle que se forme bien en los asuntos de más trascendencia, deje a un lado los prejuicios y las bravuconerías de partido y piense en todos los españoles, aunque no piensen como usted, no vaya a ser que acabe siendo presidenta de lo que queda de España.

Hace unos días expresó con rotundidad su pensamiento en una cuestión muy sensible para la construcción de nuestra sociedad, la libertad de enseñanza. Vino a decir, según mi diario de referencia, que no pensaba financiar con fondos públicos escuelas que segregaran por sexo: "el que las quiera, que las pague".

Comprendo que no le gusten las escuelas que, según usted, "segregan por sexo", porque entiende segregar por discriminar. En este sentido, vaya por delante que las escuelas de educación diferenciada no segregan, porque no discriminan ni perjudican a nadie. Usted no tiene que preocuparse por esto, ni en Andalucía ni, eventualmente, en España.

Convendría, además, que dejara de hablar de los fondos públicos como si fueran suyos; los políticos elegidos y los funcionarios cobran de todos los españoles para que administren un dinero que es de todos los españoles. Y su preocupación debe ser administrarlo y que se administre bien, en función de las preferencias de sus verdaderos propietarios; aunque no piensen como usted.

Por último, y para no extenderme, le ruego que recapacite y caiga en la cuenta de algo bastante sencillo: todos los españoles pagamos la educación de los jóvenes con nuestros impuestos; obligar a algunos ciudadanos, porque no piensan como usted, a pagar dos veces la plaza escolar de sus hijos no es precisamente igualitario, eso que a usted tanto le gusta repetir; pero no respetar.

Pensándolo bien, tampoco estaría mal que el que quiera una educación diferenciada la pague directamente de su bolsillo, siempre que pudiera deducir el gasto de sus impuestos, con los que paga, además, la plaza pública correspondiente. ¡Vamos, señora. presidenciable: incluya el cheque escolar en su programa para la secretaría general del PSOE! Eso sí sería actuar de modo disruptivo, creativo e innovador. Y gobernar para todos (y todas); aunque no piensen como usted

La indignación es mala consejera

lunes, 6 de marzo de 2017 · 0 comentarios

Hay veces en que más que acudir a los gurús de la comunicación pública, compensa recurrir al refranero de la sabiduría popular. Que se lo digan al Obispo Cases, de Canarias: Las comparaciones son odiosas. Y eso que, hasta donde yo se, llevó bien la crisis de la mamarrachada del carnaval de Canarias: intervino -había que decir algo-, se mostró como víctima, con pena y sin indignación; pero metió la pata al compararla con el accidente de Spanair, sin ninguna necesidad. Si metes a terceros en una disputa, asegúrate de que los pones de tu lado. Perdonar a los enemigos, mostrarse por encima de las ofensas, hacer un llamamiento a la verdadera devoción, incluso de los tipos que la toman a chacota. La Iglesia nunca debe mostrarse como un poder fáctico, mucho menos cuando no lo es.

foto atarifa CC
Es una norma en comunicación la conveniencia de distinguir públicos objetivos (segmentación, targets)  y adecuar los mensajes a cada uno. Pero la globalización de la comunicación, lo que hoy se llama la conversación, consiste en que cualquier mensaje puede -seguramente lo hará, si perjudica al emisor- convertirse en pasto del público general. Este es un asunto interesante que merecería un post propio.

Indignarse queda feo, produce hilaridad en el rival y desemboca en actitudes poco meditadas, como la de acudir a la Justicia. Acudir a la Justicia es siempre arriesgado; nunca sabes qué puede pasar. Como decía aquel famoso entrenador de las perogrulladas: penalti es cuando pita el árbitro; así delito es cuando condena un juez. Igual que un conocido árbitro turco pitó penalti por manos del portero; Maestre se ha ido de rositas de su despelote. En casos así, es preferible recurrir a la ironía: dar las gracias por revitalizar la capellanía universitaria; invitar a acudir de forma respetuosa a los asaltantes para dialogar... Además, para una vez que esos individuos van a la iglesia... ¡les llevan a la Fiscalía!

También dedicaré otro post a los tres tipos distintos de condenas, -política, opinión pública y jurídica-, que hoy se confunden, algún día.

Voy llegando adonde quería, al éxito de la campaña de HO gracias a la polémica que ha levantado la indignación, que le ha dado más audiencia que si se hubiera dejado circular tranquilamente el bus naranja. Arsuaga estará satisfecho, ha sabido emplear muy bien las mismas armas que sus enemigos.

Un apunte. En mi opinión, la Iglesia no debería haber hablado de la campaña de HO -si es que lo hizo, porque a saber a qué se refieren los medios cuando dicen "la Iglesia" (esto merece otro post)-; hubiera bastado con reafirmar su doctrina sobre la cuestión -que ya es suficientemente "escandalosa"-, y ni mencionar lo del bus: no apagar la mecha que humea ni romper la caña cascada.

Y ya que estamos, el que avisa no es traidor. La ideología de género no se conformará con acallar a los que piensan igual, llegará el día en que nos obligarán a todos a adherirnos públicamente con entusiasmo. No se dan cuenta de que está provocando una reacción cada vez más virulenta con cada vuelta de tuerca. Llegará también el día en que la campaña que les indigna hoy les parecerá una palmadita en la espalda.

Quien mal anda, mal acaba.

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