Deporte y competición

miércoles, 18 de enero de 2017 · 0 comentarios

Llevo demasiado tiempo haciendo deporte como aficionado, alejado de la verdadera competición. Quizá por esto no he disfrutado los dos 3x3 de baloncesto en los que he participado últimamente, organizados por el CB Santa Fe y el colegio Mulhacén, respectivamente. Hay demasiada tensión, porque si no ganas te quedas fuera, juegas menos.


Si a eso añadimos que en ambas ocasiones debí doblar la media de edad de los participantes, y que nunca he sido un all star en baloncesto -ni en ningún otro de los muchos deportes que he practicado-, creo que queda todo dicho.

Prefiero mil veces un deporte competitivo en el que no pase nada si pierdes. Me gusta competir, me gusta ganar; pero me gusta sobre todo jugar: es así como más disfruto. Solo una vez en mi vida he ganado una carrera, que recuerde; solo una vez he logrado una copa -de baloncesto en la Copa Universitaria de la Universidad de Barcelona-; siempre sin ninguna presión, solo por disfrutar.


Cuando compites por un premio tienes que hacerlo bien, y eso es una carga demasiado pesada para mis débiles espaldas. Intento hacerlo bien, claro, más en deportes de equipo, por mis compañeros; pero sobre todo procuro divertirme y que los demás se diviertan también. El baloncesto me gusta porque, entre otras cosas, valora las asistencias; me gusta mucho tirar, pero casi más dar pases de canasta. Por eso soy fan de Ricky Rubio, entre otros motivos.

He jugado a fútbol en descampados, con las carteras y los abrigos haciendo de de porterías; he jugado al baloncesto hasta que no se veía la pelota en la oscuridad, he jugado al tenis hasta que el brazo se me caía a trozos, he esquiado hasta cerrar las pistas de casi todo el Pirineo meridional y Sierra Nevada, he jugado a futbito hasta pinchar el balón, he jugado al ping pong hasta desesperar a las chicas de la pandilla veraniega. Una vez tomada la molestia de organizar el partido, cambiarse y desplazarse, no he querido ni quiero parar.

El deporte amateur ha cambiado bastante: mejores equipaciones, mejor preparación, mucho mejores instalaciones (si no contamos la pérdida de pistas de tenis de tierra batida); sin embargo, el espíritu con el que muchos lo practicamos sigue siendo el mismo.


Quizá por todo esto; lo mejor de los dos últimos 3x3 en los que he participado ha sido el rato súper agradable que he pasado con mis compañeros de equipo, fuera de la cancha.


Black Friday ¿versus? Chesterton

lunes, 16 de enero de 2017 · 2 comentarios

De 2016 tengo pendientes varias entradas que me resisto a dejar de escribir. Esta es una y, si no hiciera caso de los consejos sobre cómo titular un post de blog, la habría titulado "Contraste". ¿Por qué? Porque el pasado 25 de noviembre, "Black Friday" -ese invento importado para reanimar el comercio, esa fiesta del consumismo-, lo dediqué a acudir a la presentación de un libro.

Tanto compradores atraídos por las rebajas como raros asiduos a las presentaciones de libros tuvimos que vencer una tarde-noche lluviosa y fría: todos lo hicimos. Digo todos porque las calles del centro comercial de Granada estaban llenas de gente y porque, ante mi sorpresa, el amplio local que acogía el acto literario, en el Palacio de la Curia, se llenó hasta dejar parte del público de pie.

Y eso que el libro en cuestión se las trae. Primero porque se trata de una traducción y comentario de una biografía de Santo Tomás de Aquino escrita originalmente por G.K. Chesterton. Nada de literatura ligera. Después porque el autor Juan Carlos de Pablos, no solo no iba a estar presente sino que falleció hace cosa de un año, en plena actividad profesional y cultural.

De Pablos era profesor de sociología en la Universidad de Granada y, entre otras cosas, fundador y animador del Club Chesterton de Granada. Naturalmente, gran parte de los presentes éramos sus amigos -que somos muchos- y los fans del escritor inglés. Los dos, Chesterton y De Pablos, están más vivos que nunca en este ágora cultural apasionante que es Granada.

El alma de este acto, como de los ciclos de conferencias y otras actividades del Club Chesterton es el abogado Miguel Ángel Caro; aunque él no quiere que se diga. Miguel Ángel es un tipo entrañable y sorprendente, como demuestra que contratara un trompetista para amenizar las transiciones entre intervenciones. La contratación del trompetista inglés tiene gracia, pues comenzó con el intento de contratar a un artista callejero.

En la presentación descubrí la calidad literaria y cultural de los integrantes del Club Chesterton que tomaron la palabra, Reyes Ruiz y la viuda de De Pablos, Ana Florido, el corazón del grupo. Al ponente principal, el filósofo Armando Segura, lo conozco de antiguo y es sugerente siempre. Del trompetista no se qué decir.

Fue un rato medido y delicioso. De nuevo en la calle, frío y lluvia seguían acompañando a compradores y "chestertorianos", esta vez camino de casa.

Todo es posible en Granada. Y aún más.

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