JMJ Madrid 11

miércoles, 24 de agosto de 2011 · 0 comentarios

No es fácil decir nada significativo que no se ha dicho sobre la JMJ de la semana pasada, y no lo haré. Pero sí quiero hacer unas pocas breves reflexiones.

Soy un viejo peregrino de las JMJ de Monte do Gozo y Chestokova; no he estado ya las en las de París, Tor Vergata, Colonia, Sidney, etc., pero las he seguido como propias. Es la primera vez, ahora, en que realmente he sentido que esta juventud de Madrid es otra, que podría ser el padre de cualquiera de ellos. Y la sensación me ha satisfecho enormemente: detrás de los cincuentones de hoy, de los hijos del baby boom, crece la vida con una fuerza, alegría y descaro maravillosos.

Estos jóvenes viven un cristianismo personal, de trato directo y enamorado con Cristo, sin los complejos de los que les precedemos; y libre, acrisolado en el caminar contra corriente. Esa vitalidad les sale por los poros y sonríe en sus caras: han llegado al meollo de la cuestión y han llegado por su propio pie.

Siguiendo los actos, especialmente los de Cuatro Vientos, me ha dado en pensar que en los acontecimientos deportivos nos vemos obligados a agrupar las hinchadas y separarlas unas de otras, por seguridad. Aquí ha habido una mezcla de banderas, colores, filiaciones maravillosa.

Por último, quiero felicitar a la mayoría de los medios de prensa, radio y televisión y a sus profesionales por la cobertura de la Jornada. Pero quiero descubrirme especialmente ante 13tv, que me ha capturado desde el primer momento: chapeau!

Ahora, pienso, hay que leer, estudiar y concretar las palabras del Papa, para, entre tantos, cambiar el mundo, empezando por cada uno.

Las palabras del Papa en la JMJ (PDF, 240 kB)
Las palabras del Papa en la JMJ (ePub, 160 kB)

● Todos los artículos de Aceprensa sobre la JMJ 2011 aquí

Papa se reúne con profesores universitarios en El Escorial (vídeo)

● Y resumen general:



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El Papa a los profesores universitarios

viernes, 19 de agosto de 2011 · 0 comentarios

Discurso de esta misma mañana de Benedicto XVI a profesores jóvenes de universidades españolas y de otros países. Obtenido en Ecclesia digital.

SAN LORENZO DE EL ESCORIAL - 19.08.2011 - 12:00
Basílica de San Lorenzo
Encuentro con profesores universitarios jóvenes

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Queridos Padres Agustinos,
Queridos Profesores y Profesoras,
Distinguidas Autoridades,
Amigos todos

Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles.

Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.

Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”.

Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.

En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos “arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).

Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.

En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.

He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.

Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.

Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30).

Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.

En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance.
Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).

Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos.


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Reflexiones de un ateo sobre la visita de Benedicto XVI a España

lunes, 15 de agosto de 2011 · 0 comentarios

No puedo resistirme a reproducirlo; pienso que muy pocos creyentes serían capaces de dar mejores razones o dar estas mejor.

Por Felipe Muñoz. Publicado el martes 9 de agosto de 2011, en SIGLO XXI (Diario digital, independiente, plural y abierto).

Quizá sorprenda a alguno de mis escasos lectores habituales, saber que, personalmente, no creo en Dios. Es más: estoy convencido de que Dios, el Dios cristiano, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios del que Jesucristo se decía hijo, no existe.

Personalmente

Personalmente, fui católico sincero hasta mi mayoría de de edad. Después, ateo y furibundo anticlerical durante la Universidad y algunos años después. Progresivamente, con el tiempo, a base de muchas lecturas, he ido madurando mis opiniones al respecto. A día de hoy, sigo sin creer en Dios y siendo ateo convencido; pero el anticlericalismo se me curó estudiando Historia.

Hago esta reflexión personal, no por la importancia que pueda tener (que no la tiene, salvo para mí mismo), sino para aclarar mi posición de partida para lo que sigue. No creo que a nadie le interese, en realidad, la opinión de tal o cual columnista, si el tal o cual columnista no “desaparece” lo suficiente de su escrito. Es decir, si la columna en cuestión puede funcionar como un peldaño que nos acerque un poquito más a la verdad, y no simplemente como exposición de ideas y pensamientos personales.

El debate en España

Pero, por lo que parece, los españoles sufrimos alguna especie de defecto nacional, que, quién sabe por qué, nos impide tratar hasta de las cuestiones más abstractas sin llevarlas al terreno del ataque personal. Si uno defiende la Idea de España, se le tilda inmediatamente de franquista; si otro defiende a la Iglesia Católica, se busca de inmediato su conexión con el Opus Dei; si un tercero defiende la idea de mercado libre, se le tacha de fascista (Curiosidad: ¿por qué no de anarquista? El fascismo es, al fin y al cabo, una escisión del socialismo y, por tanto, contrario al mercado libre).

En fin, simplemente indicar que no tengo ninguna creencia religiosa y ningún tipo de relación laboral con la Iglesia Católica.

Visita de Benedicto XVI a España

En las circunstancias históricas, políticas y económicas de la España actual, aunque se podía contar con la indiferencia general, no puede dejar de sorprender el rechazo de cierto sector de la población a la visita del Papa Benedicto XVI, a partir del 18 de Agosto de 2011.

Rechazo del catolicismo en España

Vale que la mayor parte de los españoles aún crea a pies juntillas en la leyenda negra sobre la Iglesia Medieval (leyenda que inventaron conscientemente ingleses, franceses y holandeses, contra la España del siglo XVI). Vale que España exista cierta tradición política anticlerical, de la que los sectores de la Memoria Histórica se sienten todavía orgullosos (ignorando que, en su tiempo, la tradición se convirtió en matanza).

Pasemos, también, de la constatación de que muchos medios de comunicación, hablados o escritos, manipulan por sistema todos los escritos y todas las tomas públicas de posición eclesiásticas (manipulación que se puede evitar fácilmente, acudiendo a los textos íntegros), hasta el punto de que, por ejemplo, la moral sexual católica es reducida a la prohibición del preservativo.

El deber de la hospitalidad hacia el Papa

Pasando por encima de todas estas consideraciones, que consisten, en resumen, en desconocimiento, prejuicio e ignorancia, en primer lugar, España, como país, debe hospitalidad a Benedicto XVI, como la debe a cualquier mandatario, y a cualquier persona en general, que visite nuestro país.

El Papa es gobernante de un país con el que España mantiene relaciones diplomáticas amistosas. Y, a su vez, además de ser uno de los filósofos más importantes de la actualidad, es el líder de una religión que profesa la mayoría del pueblo español y que ha organizado una Jornada Mundial de la Juventud, que reunirá, según las previsiones, a un millón de personas, en pleno acuerdo con el gobierno español.

La Iglesia Católica

Ciertamente, esto resulta obvio. Tanto en la cuestión de las relaciones diplomáticas como por la cuestión de la hospitalidad debida, esa virtud que estamos olvidando. Pero, ciertamente también, Benedicto XVI no viene a España sólo en calidad de gobernante de otro país, sino como líder de una institución internacional de amplia, aunque decadente, influencia. El rechazo a la visita, por parte de ciertos sectores, se centra en esa cualidad de cabeza visible de una institución a la que se moteja de machista y antidemocrática.

Lo cierto es que los argumentos que se utilizan resultan a cada cual más endeble. Si hubiéramos de tener en cuenta la historia de cada país o de cada institución a la hora de recibir a sus mandatarios, no existirían las relaciones diplomáticas en absoluto. La inmensa mayoría de los Estados actuales, si no todos, tiene una historia mucho más sanguinaria que la de la Iglesia Católica (más allá de las leyendas sobre la Inquisición).

Jornada Mundial de la Juventud

Por otra parte, desde el momento en que la Jornada Mundial de la Juventud se planificó de común acuerdo con el gobierno español y respetando todos los trámites legales, sobraban todos los análisis coste/beneficio, que tanto y tan superficialmente han proliferado. El gobierno español, y mucho más el actual, disponía de una excusa fácil para rechazar la organización del evento, alegando los costes de seguridad. Y, si no lo hizo, es lícito sospechar que no fue movido por un irrefrenable ansia, de los gobernantes socialistas, por recibir a Benedicto XVI.

Lo mismo es válido para el “problema” de la ocupación del espacio público, por parte de lo fieles de una religión que, en un estado laico, se supone como cuestión privada. No deja de resultar gracioso que los indignados se hayan quejado de esto. La JMJ ocupará los espacios madrileños ateniéndose a la ley y en virtud de la libertad de expresión.

Sería un punto interesante a estudiar, el proceso histórico por el que se ha ido negando, sobre todo socialmente, pero también legalmente, el derecho de libertad de expresión de las creencias religiosas. Ya dijo Lessing, en su día: “No os atreváis a hablarme de vuestra libertad berlinesa de pensamiento e imprenta. Se limita a la mera libertad d endilgar a la religión cuantos sofismas se desee. Y un hombre honrado tendría que avergonzarse bien pronto de emplear esa libertad”.

La verdad se vota, otra vez

El hecho de que se intente relegar a la religión al ámbito privado y el hecho de que se tacha a la Iglesia Católica de machista y antidemocrática, obedecen al mismo síntoma de decadencia de la cultura occidental, especialmente en España: a la idea de que no existe la verdad, sino que “cada uno tiene su verdad” o lo que es verdad para uno puede no serlo para otro”.

A partir de ahí, la verdad se vota. Ya hablamos una vez de aquella ocasión en la que la existencia de Dios perdió por un solo voto en el Ateneo de Madrid. Se trata de la consecuencia lógica del relativismo: hay que llegar a un acuerdo político sobre las “verdades” en torno a las que nos movemos. De ahí que se pida, de modo absurdo, que la Iglesia se democratice. Como si la democracia fuera un valor en sí mismo: la democracia tiene valor en la medida en que protege la libertad. Y el valor es la libertad, no la democracia.

La Iglesia Católica custodia una verdad

En cualquiera de los casos, la Iglesia Católica, con todos los fieles que la forman, cree firmemente que posee una o varias verdades. Y lo cree del mismo modo que la comunidad científica cree poseer, también, algunas verdades. Sólo que lo que los científicos han extraído de la experiencia, los cristianos creen haberlo obtenido a partir de una Revelación de Dios.

La Iglesia Católica, formada por todos los católicos (no sólo la jerarquía), es, pues, una institución conformada en torno a una verdad absoluta, cuya misión es custodiar. Aquí no cabe una democracia mal entendida: la verdad no se vota, se descubre. No es lo mismo, nada tiene que ver, pensar que ninguna persona tiene la verdad, que pensar que la verdad no existe.

La democracia en la Iglesia

Tampoco hay democracia en la familia, en el ejército o en las comunidades científicas. No la hay cuando se trata, simplemente, de respetar una tradición. Hoy día, la mayor muestra de humildad de la Iglesia está en su negativa a admitir a la mujer en el misterio sacerdotal. Negativa basada, exclusivamente, en una confesada incapacidad para interpretar la Escritura en lo que respecta esta cuestión.

Soy consciente de que todo esto suena muye extraño y anticuado en unos oídos modernos, educados, acostumbrados y machacados con el relativismo de “la verdad de cada uno”. Pero, si son tan amables, le pido que hagan un esfuerzo conmigo.

La salvación y el ámbito privado

Imagínense, por un momento, que ustedes están convencidos, fuera de toda duda, de que el mundo (todas las personas que lo componen), está en peligro. E imagínense que ustedes, a su vez, conocen, fuera de toda duda, la manera de salvar la vida a todos. Y, por último, imagínense que se encuentran con otras personas que creen lo mismo que ustedes y organizan una institución para comunicar más eficazmente, a todo el mundo, la forma de salvarse.

En ese caso, ¿aceptarían tranquilamente que se les pidiera que mantuvieran sus creencias en privado, por “respeto” a los demás? ¿Qué clase de respeto es ésa? ¿No es más respetuoso, a la par que más noble, comunicar a todo el mundo que está en peligro y lo que tiene que hacer para salvarse? Aunque uno contemplase la posibilidad de estar equivocado, ¿no seguiría adelante, de todos modos? ¿No contaría lo que sabe a todo el que quisiera escucharle y aún al que no quisiera?

El cristianismo es público

Pues, exactamente, éste es el caso del cristiano en el mundo de hoy. Cree conocer la verdad más importante de la existencia y, por eso, nos la quiere comunicar. Está en la naturaleza del cristianismo comunicar, dar testimonio de su fe. Y, por eso, el cristiano que vive sus fe sólo en el ámbito privado siempre me ha parecido innoble y, quizá, algo cobarde. Son las personas las que merecen respeto, no las ideas. Y el respeto a las personas, para un cristiano, exige el testimonio de su fe.

La voz de la Iglesia

No estoy de acuerdo con muchas de las posiciones doctrinales de la Iglesia Católica (aunque suelen tener, por lo general, mucho más fundamento de lo que sus críticos reconocen), ni en política, ni en filosofía, ni en moral. Pero, en un mundo que ya no cree en nada (y, por ello, está dispuesto a creer en todo lo que le cuenten), en un mundo que, cuando dejó de creer en Dios, empezó a creer en cosas mucho peores, en un mundo en el que ya no hay sentido, en el que ya no se acepta la ley, la autoridad o la tradición, en un mundo de manipulación de las mentes por los gobiernos, en el que nada tiene valor y todo vale lo mismo, en un mundo lleno de impotencia y sin miedo ni esperanza; en este mundo, la voz de la Iglesia, su mensaje de que existe la verdad, el bien y el mal y de que quizá hay esperanza, se ha tornado especialmente importante.

Jan Ross, periodista del periódico alemán Die Zeit, comentó (en relación a Juan Pablo II, pero válido en todo caso): “La voz del Papa ha dado ánimo a muchos hombres y a pueblos enteros; en los oídos de muchos ha sonado también dura y cortante, e incluso ha suscitado odio; pero, si enmudece, será un momento de silencio espanto".


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Encontrarás Dragones (There Be Dragons) en DVD

viernes, 12 de agosto de 2011 · 0 comentarios

Desde el pasado 3 de agosto, está a la venta el DVD de Encontrarás Dragones (desde el 27 de julio en alquiler en videoclubs). El DVD (también en Blu Ray) incluye making off de la película y de los efectos especiales, bocetos de diseño artístico, escenas eliminadas, entrevista con el director y galería fotográfica.

Pero, lo principal, en mi opinión, es la posibilidad de volver a ver la película tantas veces como se quiera y con la calma que se quiera, pues como he venido diciendo, es una película que aborda muchos temas y compuesta por muchos detalles y referencias, que enriquecen las sucesivas visiones.

Ideal para este agosto, y para siempre.

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El plumero del 15M

martes, 9 de agosto de 2011 · 2 comentarios

¿Qué pinta el 15M en las protestas por la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud? El tiempo desnuda las vergüenzas y arranca las caretas; así está pasando con este movimiento de indignados, que arrancó como plural, abierto, ajeno a grupos, siglas y banderas.

Seguí con atención las acampadas y asambleas en sus comienzos; aunque uno ya ha visto muchas cosas y anda con la mosca tras la oreja, algunos parlamentos oídos en la Plaza del Carmen (Granada), algunas actitudes hicieron que se tambalearan mis reticencias, porque deseo como el que más una regeneración del sistema político, financiero y comunicativo de España y del mundo.

Cuando con el paso de los días el ambiente de las acampadas tomaba el aspecto de okupación anti sistema, procuré pensar que era lógico, pues no se puede vivir al raso sobre duro suelo oliendo a colonia y con el polo rosa y las bermudas a cuadros impolutos. El reiterado rechazo del movimiento a ser instrumentalizado por los desesperados políticos de la izquierda cavernaria ha supuesto, hasta ahora, un soplo de aire fresco: ¿será verdad que los jóvenes comprometidos de hoy están libres de los esquemas ideológicos que han atenazado a los que ahora cumplimos cincuenta años?

Demasiado bonito para ser cierto. La JMJ y la visita del Papa Benedicto XVI está provocando que al 15M se le vea el plumero, su verdadero rostro. Uno de los rasgos de ese rostro es el estatalismo, lo que hoy llaman lo público, esa concepción de que solo el Estado es neutral y desinteresado, un reflejo del socialismo que anida en la mayoría, de izquierda a derecha, según el cual los ciudadanos somos unos inmaduros a los que hay que tutelar, o aún peor, unos malvados egoistas a los que hay que domar.

Me parece que este estatismo merece el nombre de fe, pues ni siquiera la indignación ante la evidente corrupción de tanos agentes públicos (políticos, funcionarios, etc.) lo debilita. Sigue adorándose un dios Estado, público, presuntamente virgen e inmaculado, y, por tanto, laico.

¿A qué viene, sino, que el 15M vaya de la mano estos días de grupos perfectamente constituidos y excluyentes como Europa Laica, Redes Cristianas y AMAL (Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores)? ¿Por qué esa coincidencia con los llamamientos de los sindicatos de clase -es decir, de izquierdas- a la huelga de personal de aeropuertos y metro, en Madrid, precisamente el fin de semana de la JMJ?

Demasiadas coincidencias, demasiado plumero a la vista como para seguir desechando las suspicacias que levanta el 15M, o al menos en lo que el 15M, ahora, se ha convertido.

Foto Alberto Tarifa. Grafito en la calle Elvira, Granada, España.

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