¿Quién mató a marta del Castillo?

sábado, 28 de febrero de 2009 · 7 comentarios

Por JUAN MANUEL DE PRADA , en ABC, 23 de febrero de 2009

¿QUIÉN mató a Marta del Castillo? Las víctimas de los monstruos lo son primero del clima social corrompido donde los monstruos se forman. En un clima moral donde se banalizan los afectos, donde se invita a los adolescentes a que traduzcan sus vivencias emotivas en «conducta sexual», donde se promueve la ruptura de los vínculos humanos, donde se combate la noción de autoridad familiar, donde los medios de comunicación exhortan a la promiscuidad festiva y los poderes públicos se erigen en dispensadores de una educación moral laxa, ¿cómo extrañarnos de que quienes padecen alguna tendencia fácilmente reprimible hacia lo anormal o aberrante se sientan inducidos a consumar tal tendencia? Si a un individuo con tendencias levemente torcidas lo educamos sin ninguna base espiritual y lo invitamos a pisotear todos los frenos sociales, ¿cómo extrañarnos de que, alcanzado por el hastío o por la ira, se incline cada vez más hacia el crimen? Más culpables que estos monstruos que asesinan niñas son quienes exacerban sus pasiones.

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En estos días, vemos cómo se reclama la introducción de la cadena perpetua en nuestro sistema punitivo. Ante lo cual convendría realizar una reflexión sobre la naturaleza del castigo. Desde el momento en que se niega la autoridad de una ley suprema de justicia que no es dictada ni puede ser modificada por los hombres -lex divina-, el castigo sólo considera el perjuicio inferido a terceros. Pero existe, además de ese perjuicio, la ofensa a la ley suprema de justicia, y la retribución que se le debe. Mientras no admitamos como fundamento de todo derecho penal la existencia de una ley suprema de justicia a la que deben acomodarse todas las leyes que los hombres dictan, mientras se niegue la posibilidad de combatir el mal en sus fundamentos, los monstruos seguirán causando estragos. Y, cuando los monstruos causan estragos, el pueblo reacciona instintivamente demandando mayor severidad en el castigo. Si el pueblo estuviera persuadido de que la justicia humana sería el implacable brazo ejecutor de una ley suprema, no se entregaría a manifestaciones como las mencionadas.

Pero el pueblo va perdiendo la confianza en una justicia que niega la autoridad de una ley suprema; y esa desconfianza se transforma en odio hacia los monstruos. Para acabar con esto, el clima moral que corrompe la sociedad debe ser atacado en sus raíces. Mientras la noción de ley suprema no lave el barrizal positivista que ha propiciado este clima moral corrompido, todo será arar sobre el mar.

No combatimos contra monstruos, sino contra un virus espiritual. Si a un hombre se le incita a pensar inmoralmente, terminará actuando inmoralmente. El escándalo montado en estos días por los medios de comunicación, cómplices activos en el sostenimiento de un clima social corrompido, es, por lo demás, de una hipocresía sórdida que no hace sino acrecentarlo. Allá en la Edad Media -la bárbara Edad Media, que diría un analfabeto-, se ocultaba el crimen y se hacía público el castigo, para corrección del culpable y enseñanza del pueblo. En nuestra época -tan civilizada, que diría un analfabeto- se oculta el castigo y se hace ostentación del crimen a través de los medios de comunicación; y el crimen, en alas de una publicidad macabra, se convierte en una imagen obsesivamente atractiva para el pueblo, o bien provoca en él un revoltijo de indignación y curiosidad morbosa, pasiones ciegas que no hacen sino convertir la sociedad en un manicomio donde florece el afán de venganza, en lugar de brindarle una gran lección de humanidad y justicia, como ocurría en aquella bárbara Edad Media. Que, a diferencia de esta edad tan civilizada, creía en la existencia de una ley suprema, y en la retribución que exige su ofensa.

La muerte de Marta: una explicación

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Por FRANCISCO JAVIER GARCÍA RULL, FISCAL DE LA FISCALÍA PROVINCIAL DE GRANADA, en IDEAL, 20 de febrero de 2009

La institución del divorcio, y no digamos el llamado 'divorcio-express' que nos retrotrae a la sociedad que había 2.000 años antes de Cristo, es un grave disparate jurídico, que perjudica sobre todo al menor y a la mujer.

Por lo que sabemos hasta la fecha, el único responsable de la muerte de la adolescente Marta del Castillo ha sido Miguel Carcaño, solo o ayudado por otros amigos o familiares. Pero sin conocer la razones últimas, y como ha dicho Fernando Seco, «en el trasfondo parece que late un desamor juvenil e inmaduro: una afectividad superficial, mal asentada o poco racionalizada que lleva a cometer todo tipo de tropelías. No se trata de justificar las razones del asesino sino intentar explicar los porqués para poner los remedios oportunos».

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Conocemos el ambiente familiar en que se crió Miguel. Su madre, Felisa, cambió varias veces de pareja a lo largo de su vida; tuvo un hijo, Javier, con otro hombre y eso sin contar el trasiego de hombres que visitaban el piso en que vivía sola con su hijo. Esta desestructurada situación familiar impidió a Miguel formarse como hombre y como persona según han manifestado estos días psiquiatras especializados y han condicionado fuertemente su personalidad. En mi trabajo hasta el año 2006 como Fiscal de Protección de Menores en Málaga comprobé, estadística en mano, que 3 de cada 4 menores que presentaba problemas de conducta eran hijos de familias desestructuradas (divorciados, separados, familias monoparentales...) Pienso que este es el triste resultado de casi 30 años de legislación que no ha ayudado ni ha apoyado a que las familias permanezcan más unidas. Razonamientos tan universalmente extendidos del tipo «si desaparece el amor desaparece el matrimonio, o tengo que ser fiel a mis sentimientos y ya no siento nada por esta persona, o para hacer feliz a otro u otra antes debo ser feliz yo...» son un gran engaño y desde el punto de vista jurídico una gran barbaridad. El Derecho debe proteger y alentar aquellos modos de vivir que hacen que la sociedad pueda crecer y desarrollarse más humanamente. No cabe duda que la familia y el matrimonio deben ser protegidos porque hacen posible el relevo generacional, que los hijos sean alimentados, educados y formados en un ambiente adecuado, que los ancianos sean cuidados con cariño hasta el final, etc... De ahí que la institución del divorcio, y no digamos el llamado 'divorcio-express' que nos retrotrae a la sociedad que había 2.000 años antes de Cristo, sea un grave disparate jurídico, que perjudica sobre todo al menor y a la mujer. Fomentar que una persona cambie continuamente de pareja durante su vida, facilita sin duda que muchísimos menores en nuestro país estén creciendo actualmente en auténticos infiernos.

Igualmente desde mi experiencia profesional y trato con menores, considero que otra consecuencia que debemos sacar de este horrendo crimen es si el modo en que la 'educación sexual' se está impartiendo en nuestros colegios e institutos es el adecuado. Digo 'educación sexual' por decir algo, porque lo que aprenden los menores en clases, impartidas por personal supuestamente experto, es sobre todo cómo deben ponerse un preservativo. Seamos sensatos: si a un chico o chica de 14, 15, 16 años se le explica esto, lo único que haces es incitarlo a la promiscuidad sexual y sugerirle el placer como principio rector de su actividad. Basta con examinar el creciente aumento de abortos en adolescentes en nuestro país durante los últimos años. Y este es el mensaje que desde hace 25 años se da desde las instancias públicas, (desde el famoso 'póntelo, pónselo' al actual 'Eh, tronco, yo no corono rollos con bombo') que animan a los adolescentes a considerar el sexo como una mera diversión y al placer como única meta. También es muy divertido conducir coches o motos a 200 km/hora por la autovía y a nadie se le ocurre recomendarlo porque las consecuencias pueden ser desastrosas. Y es que al hombre o mujer obsesionado por el placer se le obscurecen los principios del recto obrar: eso es lo que le ha pasado a Miguel.

Si a todo esto añadimos que las productoras de series televisivas y las cadenas de televisión presentan continuamente, en horario de máxima audiencia, series televisivas donde chicos y chicas mantienen relaciones sexuales indiscriminadamente con otros chicas y chicos y eso lo ven adolescentes cuya afectividad se encuentra formándose, lo que conseguimos es personas incapaces de amar y por tanto de ser feliz. No olvidemos que una relación sexual no es como tomarse un café o jugar al paddle; al ponerse en juego lo más intimo de una persona deja una huella muy difícil de borrar.

A Marta la ha matado, parece ser, Miguel, pero si no existe un cambio radical en la legislación sobre el matrimonio y la familia, si no reorientamos totalmente la educación de la afectividad en nuestros colegios e institutos, temo decirlo, pero habrá muchas más Martas en nuestra sociedad en los próximos años.

Plan Bolonia

viernes, 27 de febrero de 2009 · 0 comentarios

El Plan Bolonia es el caballo de batalla del momento en las universidades europeas, un plan repudiado por multitud de colectivos, particularmente por los grupos anti globalización, anti sistema, etc; pero también por muchos universitarios de a pie.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los universitarios no tiene ni idea de qué va la cosa.

El Secretario de Estado de Universidades, Marius Rubiralta, ofrece en Youtube una serie de vídeos sobre el Plan Bolonia: queesbolonia

Darwin y su bicentenario

jueves, 26 de febrero de 2009 · 0 comentarios

Por Mario García Bartual, paleontólogo y divulgador científico, en IDEAL Granada, el 18 de febrero de 2009

HACE 200 años que Charles Robert Darwin nació y su efeméride es conmemorada en el mundo occidental. Y digo en el mundo occidental porque es la cruda verdad. La obra de Darwin está alejada de muchas culturas importantes de nuestro planeta y sería totalmente deseable acercar el darwinismo a éstas. Dada nuestra tradición escolástica al purismo en las ideas, solemos sostener que hay un único darwinismo correcto y 'auténtico'. Sin embargo, este enfoque no se abrirá paso entre otros pueblos estructurados en otras religiones. Si se quiere una aproximación más compatible con las creencias íntimas de los distintos ámbitos culturales de la humanidad, habrá que aligerar el darwinismo de su corsé materialista y permitir propuestas y enfoques trascendentes. Lograr esto supondría un gran paso para un entendimiento más fluido, aunque esto es más bien un deseo quimérico que una posibilidad real dada la extendida intolerancia.

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Respecto a nuestro entorno cercano y directo cabe reseñar que, como en todo acontecimiento importante, han surgido en estos meses numerosas publicaciones periódicas y libros que hablan de la 'la revolución de Darwin'. Curiosamente, casi todo el mundo habla de él como si hubiera sido un revolucionario que subvirtió el orden de las cosas, cuando en realidad, el tímido y hogareño Darwin no tenía nada de alborotador y abominaba de los cataclismos y transformaciones sociales. Darwin, su persona, su mundo, sus temores e inquietudes, siguen siendo desconocidos para la mayoría. Y sin embargo no habrá mejor oportunidad que este año para profundizar en su figura, ya que todo el mundo habla de darwinismo creyendo que lo sabe todo. Me pregunto cuántas personas en España habrán leído en su totalidad El origen de las especies, y cuántas de éstas habrán entendido el complejo mensaje de cada capítulo.

Porque la prosa de Darwin no es fácil de descifrar y requiere años de preparación comprender las circunstancias y el entorno científico y social que impregna su memorable libro. Aún así, invito a cualquiera a que tenga el valor de abrir El origen de las especies y sumergirse en la gran idea de Darwin, a dejarse llevar por el torrente de propuestas, hipótesis, experimentos, observaciones y centenares de registros y compilaciones recogidas en el libro. Si este bisoño lector decide leerlo, y a lo largo de las páginas intuye que alguno de los párrafos es un tanto críptico, no se preocupe, va por buen camino, fue escrito así intencionadamente. Quién sabe si para que los lectores reflexionaran personalmente sobre cada cuestión y pudieran sacar conclusiones propias.

Sin embargo, se habla más de política que de Darwin, pues parece inevitable que evolución y política estén encadenadas. Durante el 2009 se debatirá ampliamente sobre la evolución, los continuos ataques que sufre por parte de fundamentalistas religiosos (no sólo cristianos, pues el Islam actual no consiente el hecho evolutivo de ninguna manera) y quedará relegado el autor a un segundo plano. No obstante Darwin será objeto de fetiche político por parte del sector 'progre' y acomodaticio de la ciencia. Parte de la izquierda empleará el darwinismo como una plataforma de propaganda del ateísmo, olvidando que tal postura es cuestión de una decisión filosófica personal y que no proviene del darwinismo en sí mismo. Me gustaría recordar a esta izquierda que no debería sacar tanto pecho al defender hoy en día a Darwin, cuando en tiempos del más puro izquierdismo estalinista los genetistas soviéticos fueron perseguidos, encarcelados y alguno muerto por culpa del lysenkismo.

Respecto al sector conservador de nuestra esfera social, poco se me ocurre comentar, pues parece que la actual derecha española no tiene ninguna opinión propia y fundamentada, y menos sobre darwinismo. No obstante, no deja de resultarme agradable y me imagino que incómodo para el "establishment" científico español, que uno de los grandes pilares vivos del darwinismo más ortodoxo sea un biólogo de origen madrileño llamado Francisco Ayala que defiende con elegancia la compatibilidad entre fe cristiana y neodarwinismo.

Aun así, si el bicentenario del nacimiento de Darwin va a servir para debatir la evolución y defender su enseñanza en las aulas, bienvenido sea. No sólo por la importancia que tiene en términos curriculares, sino porque es la idea más brillante que el pensamiento occidental ha podido concebir. Todos los estudiantes tienen derecho a conocer la grandeza de esta percepción de la vida. Con una naturaleza cambiante, en constante modificación, mediante la selección natural. En este sentido el legado de Darwin es superior al de Newton, pues éste dio una interpretación de la materia inerte, mientras que Darwin amplía el horizonte, y ofrece una explicación coherente a todo el universo orgánico de células, huesos e impulso vital.

Es la esencia de la vida de lo que hablamos y si va arropada con un oscuro manto de política e intereses religiosos, seguiremos hablando de ella a pesar de los obstáculos. El paleontólogo Stephen Jay Gould, a modo de navaja de Ockham, propuso separar ciencia y religión como dominios con entidad propia que debían coexistir pero no mezclarse. Sugiero extender esta separación a la política general, confiando en el día en que la evolución sea solo ciencia y nada más que ciencia al alcance de todos los ciudadanos. No eludiremos las cuestiones filosóficas o morales, pero las debatiremos desde la libre perspectiva que da el verdadero conocimiento.

Llegaremos hasta el final

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“EPC. Muchos se han echado atrás porque sus convicciones son débiles”.

Noticia/El País/lunes 23 de febrero de 2009

Un padre de cinco hijos de Oviedo defiende la insumisión pese al varapalo judicial. Ventas recurrirá y llegará "hasta el final, donde haga falta: el Tribunal Constitucional, el Tribunal Europeo o la ONU". En todo caso, matiza: "La sentencia sólo se pronuncia sobre cuatro objeciones". Su recurso está aún en el Alto Tribunal pendiente de sentencia, pero la doctrina del Supremo sobre este tema ha quedado bien clara.

Su primogénita, de 15 años, la única de sus hijos a la que de momento le afecta el caso, seguirá faltando a Ciudadanía. "En una sociedad como la nuestra, en la que conviven distintas visiones del mundo y de la vida, caben dos opciones: que convivamos sin que unos pretendan imponer sus ideas a los demás o que vayamos al enfrentamiento", afirma Ventas. "La respuesta la tienen ellos y dependerá de hasta dónde estén dispuestos a atacarnos", asegura, en referencia al Estado, este ovetense que se declara católico.

Ventas, ex profesional de la banca, y docente de formación, juzga que Ciudadanía es una injerencia ilegítima. "Ciudadanía es una invasión por el Estado de un ámbito, la educación de los hijos, que corresponde a los padres", y ello, según Ventas, y con independencia de los contenidos concretos que se impartan, no es asumible: "La asignatura abre una puerta para que el Estado -éstos o futuros gobernantes- pueda imponer a los ciudadanos una visión del mundo y de la vida que no tenemos por qué compartir".

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Aunque discrepa también de los contenidos tras haber analizado cinco manuales: "La asignatura, tal y como está concebida, no se limita a abordar cuestiones legales, la Constitución, la democracia..., -todo lo cual sería perfectamente asumible, como ocurre en otros países-. Plantea una visión del mundo y de la vida que el Estado no tiene derecho a imponer. Sería lo mismo que si la Iglesia, como ocurrió en otras épocas, impusiese su visión del mundo a toda la sociedad", precisa.

Este padre de familia, involucrado en la plataforma Asturias educa en libertad, asegura que la sentencia del Supremo no le ha sorprendido ni frustrado. "No hay verdadera división de poderes y por eso poco podíamos esperar".

¿Qué harán las familias insumisas ahora? "Puede haber gente que se asuste y otros que estén dispuestos a llegar a la desobediencia civil y que no entreguen sus hijos al Estado, hagan lo que hagan las autoridades", afirma. "Si yo creo que esto es malísimo para mis hijos, no puedo transigir. Nos vamos a plantar. Estamos hablando de la defensa de derechos básicos recogidos en la Constitución y, aún de forma más clara, en la Declaración Universal de Derechos Humanos".

Para Ventas, la sentencia sólo se pronuncia básicamente sobre la legalidad. "Es un error plantear este debate como un problema legal. La legalidad la define siempre quien tiene el poder y por eso lo legal cambia según los sitios, las épocas y los Gobiernos. Aquí de lo que hablamos es de legitimidad, no de legalidad. Estamos debatiendo de algo más profundo: de la imposición por el Estado de una visión del mundo al individuo".

Las familias que rechazan la asignatura son muchas más, según Ventas, que las que han objetado. "Hay mucha gente que sabe que está siendo atacada en sus derechos fundamentales pero, por lo general, no nos gusta complicarnos la vida, salvo que nos afecte mucho. Pero aquí está en juego la dignidad de la persona. Nos la jugamos todos, no sólo los que tenemos fe. Si aceptamos que decida el grupo (la manada), y no el individuo, esto nos puede llevar al totalitarismo".

Los hijos de Ventas están matriculados en distintos colegios católicos concertados de Asturias. Para los padres insumisos, dice, la situación es más delicada en los centros privados concertados (incluso, los de confesionalidad religiosa) que en los públicos. "Los funcionarios de un colegio público no se deben a nadie. Pero los concertados dependen de la subvención. Las familias objetoras se están encontrando con más dificultades con algunos directores de colegios concertados que con los de los centros públicos".

No percibe, sin embargo, que su hija reciba el "rechazo expreso" de sus compañeros y asegura que "los profesores son respetuosos con la niña", pero admite que para ella "significarse en el grupo siempre es traumático". Y además pesan los perjuicios académicos: "Mi hija obtiene una media de notable y sobresaliente en sus calificaciones y ahora arrastra un suspenso en esta asignatura, lo que le baja la nota media, con el grave inconveniente que ello supone para cuando pretende acceder a la Universidad.

Por eso muchos padres contrarios a Ciudadanía se han echado para atrás. Pero esto es porque sus convicciones son débiles. Los perjuicios académicos futuros para nuestros hijos por objetar dependerán de hasta dónde quieran apretarnos. Pero yo confío en que antes de que mi hija se encuentre en esa situación hayamos logrado una sentencia de otro tribunal que nos dé la razón".

¿La culpa es de la codicia?

martes, 24 de febrero de 2009 · 2 comentarios

Por Antonio Argandoña.
Tomado de Aragón Liberal, 20 de febrero de 2009

La causa de la crisis, dicen muchos observadores, es la codicia de los banqueros. Parece claro, ¿no? Basta con ver sus prisas por aumentar la rentabilidad, los sueldos que cobraban y los resultados de su gestión… Bueno, decir que alguien es codicioso es siempre cierto, al menos aplicado a mucha gente, también banqueros, al menos, en algún momento de su vida. Aunque, en el caso de la crisis, hay que añadir algunos elementos más a esa explicación.

¿Qué ha pasado en la crisis financiera? Partamos del principio de que todos somos codiciosos, egoístas, individualistas… (y altruistas y generosos,…), y que, ante oportunidades de beneficio, nos comportamos a veces (algunos, con mucha frecuencia) de manera inmoral (fraude, robo, pirámides financieras…). Para evitar esto está la ética. Pero, lamentablemente, no siempre hacemos caso a la ética. En esos casos se necesita la ley, los jueces y las cárceles.

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Hasta aquí, esto es una descripción de nuestra conducta diaria como conductores, usuarios de servicios públicos, gerentes de fondos o estudiantes de secundaria. A veces aparecen oportunidades extraordinarias de beneficio. Hemos conocido algunas en los últimos años: la burbuja inmobiliaria, las innovaciones financieras, una política monetaria laxa,… Entonces se crean incentivos perversos para burlar los mecanismos de control: fallan esos mecanismos. La crisis ha sido fruto de la coincidencia de algunas de esas oportunidades junto con muchos fallos en los mecanismos de control (agencias de rating, supervisores, reguladores…).

Lo demás viene después: cuando estalla la tormenta todo el mundo corre a salvarse, se pisotean unos a otros, todos piden ayuda para ellos y no para los demás… Los gobiernos están desorientados, dicen que no es culpa suya, buscan cabezas de turco a las que echar la culpa, se lanzan a operaciones de salvamento de dudosa eficacia… En fin, algo bien conocido.

Mi conclusión, pues, es que esta es una crisis ética: todas lo son o, al menos, casi todas. Acuérdense del chiste: cuando llegues a casa, riñe a tu hijo; tú no sabes por qué, pero él sí. Bueno, ahora nadie riñe ya a sus hijos y así nos va. Pero seguro que han hecho algo malo. Del mismo modo, esta crisis tiene unos problemas éticos de fondo, pero ha sido también, sobre todo, un formidable fallo de regulación, supervisión y control.

Y, en el plano ético, ha habido mucho más que codicia. Hemos creado incentivos perversos, que han empujado a personas honradas a comportarse de manera inapropiada. Hemos sido imprudentes. Hemos gestionado mal el riesgo, desde los bancos que prestaron demasiado a los inmobiliarios hasta los compradores de casas que no se pararon a pensar si podrían hacerse cargo de todos y cada uno de los pagos de su hipoteca. Hemos tenido conductas de rebaño, y cortoplacismo, y mal gobierno por parte de consejos de administración, directivos y reguladores.

Y falta de competencia profesional: esos analistas jóvenes que aplicaban modelos matemáticos sin saber qué hacían, y sus jefes, que tampoco sabían lo que estaban haciendo. Y orgullo, prepotencia, arrogancia, que es conciencia de la propia superioridad (¿de qué?), y de un cierto sentido de inmunidad. ¡Ah!, y nadie ha estado al cargo de eso que llamamos el bien común, aunque sea en su versión elemental: la de pararse a pensar, ante una decisión, qué efectos tendrá sobre los demás. Ha sido un formidable fallo ético colectivo.

Slumdog Millionaire

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Ocho "Oscar", nada menos, para una historia portadora de esperanza en que la superación de la tragedia se realiza por el poder de la bondad que trastoca el mal. Nuevamente el cine nos presenta un rostro de la bondad que brota donde parece imposible en una historia de desamparo, explotación y miseria.

Averigua los motivos del éxito de Slumdog Millionaire

A vueltas con la eutanasia

lunes, 23 de febrero de 2009 · 0 comentarios

Dicen que el Gobierno español deja la legalización de la eutanasia para la próxima legislatura; pero está claro que en esta están haciendo la campaña de mentalización de la opinión pública para crear un clima favorable y una eventual "demanda social" que la haga asumible.

Sea como sea, me parece oportuno mostrar dos libros de reciente aparición sobre la cuestión: "El buen adiós" y "Seducidos por la muerte". 

"El buen adiós" (Espasa), cuenta con la prosa agilísima de Silvia Laforet y la experiencia médica (y humana, muy humana) del doctor Jesús Poveda, se atreve a adentrarse en el territorio prohibido de la muerte, del buen morir. Se trata de un ensayo repleto de anécdotas cargadas de humanidad y sentido común, algunas muy emotivas, que ayudan a pensar no solo en la mejor manera de afrontar la propia muerte, sino la de nuestros seres queridos. Cómo superar el dolor emocional y físico. De qué forma prepararse. Cómo valorar y ayudar a aquellas personas de nuestro entorno que se caracterizan por estar siempre al pie del cañón cuando llega la enfermedad grave. Cómo, a quién y en qué momento comunicar una "mala noticia" ... Quien lea "El buen adiós" reafirmará que la muerte es el proceso natural y final de la vida, que puede transformar su natural tragedia en algo incluso bello, que se puede paliar el dolor físico sin que el enfermo pierda su dignidad y sin caer en eufemismos tan tristes como la eutanasia o el suicidio asistido. Sin duda, este libro eleva al enfermo, a sus familiares, a sus cuidadores y a todo el equipo médico.

Editorial Planeta acaba de publicar la traducción al castellano de un clásico sobre el suicidio asistido y la eutanasia: “Seducidos por la Muerte” de Herbert Hendin. Es la obra en que se basó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para establecer que no existe derecho constitucional al suicidio asistido.

No es una obra cualquiera sobre la eutanasia. Es el informe serio y científico del Director Médico de la Suicide Prevention Internacional, y Catedrático de Psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales. El autor fue llamado a declarar, resumiendo las conclusiones de su obra, ante el Congreso de los Estados Unidos. Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la posibilidad de legalizar la eutanasia; el resultado fue este clarificador informe, recogido en un libro que se lee como novela, y que tuvo un enorme impacto en la opinión pública norteamericana.

Una cosa es el debate social sobre este tema en los medios de comunicación, que se produce casi siempre en torno a un caso límite. Y otra cosa es el estudio serio de los resultados reales de la eutanasia en un país, con vistas a implantarla en el propio. Ahí es donde los gobiernos se vuelven atrás, como acaba de ocurrir en Francia. Ese estudio es lo que recoge el libro de Hendin, y es de agradecer que se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la cercanía de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.

Público y su encuesta sobre la religión

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Por Antonio Martínez. Profesor de Filosofía

El pasado 26 de diciembre, el periódico de ultraizquierda Público mostraba en su portada, como titular principal, y bajo una reproducción de La Anunciación de Fra Angélico, la siguiente frase: “Sólo el 6% de los españoles es fiel a la tradición católica”. Tal conclusión era resultado de una encuesta telefónica realizada por el diario en cuestión con motivo de las fiestas navideñas.

Por supuesto, no hay por qué creerse las afirmaciones de Público en materia de religión. Es más: lo más razonable es no creérselas, dado su sesgo descaradamente anticatólico, que lo lleva a tergiversar y a deformar a su gusto las informaciones relativas a la Iglesia Católica. ¿Es esto lo que ha sucedido también en el caso de este “ínfimo 6% fiel a la tradición católica” del que se congratula el diario en cuestión? Veamos. Lo primero es leerse la encuesta y entender que esa “fidelidad” significa una completa adhesión, sin fisuras, al conjunto de los dogmas del catolicismo. Según la encuesta (que me parece suficientemente bien hecha), de los españoles mayores de 18 años -pongamos que 35 millones de personas: no tengo ahora mismo el dato exacto-, algo más de dos millones serían católicos ortodoxos, bien formados, posibles lectores habituales -añado yo- del Alfa y Omega o de Alba. En principio, un dato que parece malo para la Iglesia y que satisface las expectativas de los compradores de Público: “Si es que ya sólo una minoría de recalcitrantes se traga las mentiras y fábulas del catolicismo…”.

Y, sin embargo, si nos leemos toda la información que acompaña a la encuesta, encontramos unas cifras que matizan de modo evidente el triunfal titular que comentábamos al principio. Así, casi el 30% de la población se define como “católicos practicantes”. El 51%, como “católicos no practicantes”; el 9%, como “no creyentes”, y el 8% como “ateos”. Por su parte, el 47% dice creer que Jesús era Dios o Hijo de Dios, frente a un 25% que no lo cree y otro 25% que duda o no lo sabe. El 43% cree que, después de morir, Jesús resucitó, mientras que lo niega un 38% y lo duda un 17%. Si avanzamos un poco más, leemos que un 41% está convencido de que el alma vive después de la muerte, extremo del que discrepa un 36 % y sobre el que no tiene una opinión definida un 22 %. Y, en cuanto a la existencia de Dios, cree en ella el 53% de los españoles, la niega un 23% y no se decanta otro 23%.

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La encuesta contiene otros muchos datos que podrían ser objeto de un análisis más detallado. Sin embargo, simplemente con los que aquí consigno, se puede formular una serie de afirmaciones con las que es muy difícil estar en desacuerdo: primero, que, efectivamente, puede ser que, en la España actual, haya en torno a un 6 % de adultos que podríamos calificar como “católicos al 100 %”. Pero, luego, existe una amplia mayoría de españoles que, en diferentes grados y con distintos matices, se sitúan más o menos dentro de la órbita de creencias fundamentales del cristianismo. Y, finalmente, es sólo una minoría la que se declara o bien agnóstica, o bien resueltamente atea y frontalmente hostil al catolicismo.

Se trata, por otra parte, de datos bien conocidos desde hace años gracias a encuestas más rigurosas que las del diario Público. Y, ¿qué interpretación se debe hacer de ellos? A mi modo de ver, la siguiente: que no puede hacerse una lectura triunfalista ni por parte de la Iglesia ni por parte de los enemigos de la Iglesia. La gran mayoría de los españoles se sitúa en una tierra de nadie que es parcialmente cristiana, pero que también presenta claros rasgos de secularización y alejamiento respecto a importantes aspectos de la fe católica. Desde el punto de vista de la Iglesia, el desafío está claro desde hace décadas: cómo llevar la luz del Evangelio y la maravillosa luminosidad del universo católico (según mi experiencia, el mejor lugar donde un hombre puede vivir) a una sociedad que, en gran parte, se muestra hoy refractaria al lenguaje religioso más habitual y a los medios tradicionales de evangelización.

Para que nuestros contemporáneos puedan acercarse hoy a Cristo, hace falta imaginación, audacia y saber desenvolverse con soltura en el imaginario colectivo del Occidente actual. Y, por otro lado, hace falta también -seguramente como requisito fundamental- lo que Benedicto XVI, antes como cardenal Ratzinger, viene repitiendo desde hace décadas: aceptar que, en los años venideros, los católicos nos convertiremos, numéricamente hablando, en una pequeña minoría (ese 6 % de la encuesta); pero que, si esa pequeñas minoría consigue retornar a las fuentes originarias de la fe y adentrarse, por así decir, en el “corazón del mundo” -donde Cristo aguarda a todos los hombres-, los cristianos encontraremos la manera de enamorar de nuevo a una sociedad que, en gran parte, hoy exhibe respecto a nosotros una actitud entre indiferente y hostil.

Los cristianos -o, más específicamente, los católicos- sabemos que la guerra no está perdida. Es más: sabemos que está ganada, aunque debamos atravesar, como sucede en nuestros días, etapas de dificultad y desconcierto. La recristianización de Occidente es posible y, en un futuro que ojalá no sea muy lejano, se convertirá en una realidad. Es más: desde ya mismo, debemos aspirar a recristianizar a los muy anticristianos redactores de Público; y, si no somos lo suficientemente valientes como para proponernos tan ambicioso objetivo, entonces es que no somos dignos de llevar a Jesucristo en nuestro corazón. Como decía el cardenal Lustiger, siempre hay que empezar por los casos más difíciles.

El Tribunal Supremo prohíbe que EpC adoctrine

miércoles, 18 de febrero de 2009 · 2 comentarios

Después de días de debate y de muchos días de espera para conocer el tenor literal, ayer se hizo pública por fin la sentencia sobre la objeción de conciencia ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Las entidades que apoyan y asesoran al movimiento objetor animan a los padres a que, siguiendo las recomendaciones del Alto Tribunal, exijan responsabilidades ante la Justicia cuando en la práctica docente se incurra en adoctrinamiento y emitieron ayer un comunicado en el que destacan siete (7) aspectos, obviados en muchos medios:

1. Las sentencias confirman el deber de neutralidad del Estado en lo que se refiere a la formación moral. El Estado y las administraciones educativas que lo forman deben limitarse en su cometido a instruir a los alumnos sin pretender que compartan puntos de vista que en la sociedad civil están en litigio, y sin que deban revelar su propio punto de vista o las propias convicciones.
Enlace al comunicado completo

Enmienda a la totalidad

jueves, 12 de febrero de 2009 · 4 comentarios

Por ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ, en MÁLAGA HOY, el 11 de febrero de 2009

HOY quería haber escrito en defensa de la vida de Eluana Englaro y tengo que hacerlo sobre su muerte. Así están los tiempos. Pero igual que su vida estuvo llena de sentido, también su muerte -a pesar de que la han precipitado los negadores de todo- lo tiene.

Aclara las intenciones y los modos del movimiento a favor de la eutanasia. Nos la venden como una muerte digna, serena y aceptada. Con Eluana hemos visto lo que es: una pulsión de muerte que lleva hasta dejar morir de hambre a una persona. Arrancar la máscara humanitaria (o el pasamontañas) a la eutanasia es un gran servicio a la sociedad.

Y tan terrible como la muerte, lo que ejecutan antes. Porque previamente necesitan despojar a la vida de dignidad. En el caso de Ramón Sampedro, hubo tetrapléjicos que se sintieron agredidos por el enorme esfuerzo mediático realizado para convencer a la sociedad de que una existencia así carecía de razón de ser. Y si uno lo piensa bien, la maniobra nos interpela a todos: nos arrebata el valor intrínseco y nos constriñe a nuestras capacidades mentales o físicas actuales. Pero la vida de Eluana Englaro tenía sentido, y uno de los mayores que caben. Significaba que, independientemente de su circunstancia, la existencia merece el respeto supremo. En la defensa de los derechos fundamentales y de la dignidad humana, ella era más importante -porque su testimonio era más radical- que el señor Ban Ki-moon o que don Federico Mayor Zaragoza.

Esta muerte, como sacude las raíces del Derecho, desgaja muchas ramas de la legalidad. Por ejemplo, el deber de alimentos. Si a Eluana su padre la ha podido dejar de alimentar precisamente porque era dependiente, ¿a cuenta de qué pueden los tribunales exigir ahora el cumplimiento de ese deber a nadie con nadie? ¿Y en qué posición queda el deber general de auxilio? Estoy llevando el razonamiento a su extremo, cierto, mas no conviene olvidar que quien puede lo más, puede lo menos. La situación extrema de Eluana era un puesto fronterizo que marcaba los límites inviolables de la dignidad humana. Y hemos retrocedido.

Hoy, para muchos, la muerte es una solución, cuando la muerte fue siempre lo único insoluble. "Todo tiene solución menos la muerte", se dice, o se decía. Y muchos más no le dan ninguna importancia y piensan que se trata sólo de un suceso aislado. Sin embargo, en el fondo, es una enmienda a la totalidad. Una sociedad donde la muerte se presenta como una conquista humanitaria y una muestra de cariño está enferma terminal. Por eso, luego, la corrupción política, la falta de energía y la descomposición general del sistema no me extrañan en absoluto.

El debate de Educación para la Ciudadanía

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Por RAFAEL CAAMAÑO ARAMBURU, en los diarios del Grupo Joly, el 11 de febrero de 2009

LA educación hace tiempo que se ha convertido en un campo de batalla, en lugar de un espacio sereno de estudio y trabajo. Parece como si asistiésemos a una lucha por el control del más importante recurso que tiene nuestra sociedad: su juventud.

Estamos viviendo estos días un capítulo más con el debate en torno a la sentencia del Tribunal Supremo sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía y la objeción de conciencia a la misma.

¿Era necesaria esta asignatura? Nunca he sido partidario de su existencia, fundamentalmente por innecesaria e inoportuna.

La educación de nuestros jóvenes, dentro del currículum, en valores cívicos y democráticos, se puede hacer -y de hecho se hace- de muchas maneras. Sin olvidar que esa educación no es responsabilidad exclusiva de la escuela. En primer lugar, los principales responsables son los padres, el entorno familiar. Y la misma sociedad, que desgraciadamente en muchas ocasiones no transmite esos valores que queremos introducir en una asignatura. Es este un debate también interesante, de cómo la sociedad y en muchos casos las familias eluden sus responsabilidades y las descargan en una escuela y un profesorado que ven cómo su principal misión de enseñar y transmitir conocimientos parece que pasa a un segundo plano.

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Nadie pensará que por impartir una asignatura en algunos cursos de toda la enseñanza obligatoria se educa a una persona. Esta educación se transmite de modo transversal a través de todas las materias, a través del comportamiento y actitud de cada profesor, de las normas de convivencia del centro. En definitiva, es la suma de actuaciones de toda la comunidad educativa.

Las directivas europeas no exigen la existencia de una asignatura específica, sino que han querido promover que -de la manera que parezca más oportuna- se inculquen esos valores dentro del currículum. Nuestro sistema educativo tiene en estos momentos otros problemas acuciantes -entre otros, un altísimo índice de fracaso escolar-, que exigen por ejemplo el refuerzo de materias básicas e instrumentales.

En cualquier caso, una vez se decide que exista esta asignatura, habría que pedir a todos los actores de este agrio debate un esfuerzo por la moderación y el diálogo.

Algo que, desgraciadamente, no estamos viendo en algunos de nuestros gobernantes. No se puede calificar de radicales e integristas a los padres que han decidido acogerse a una posible objeción de conciencia. La discrepancia en las ideas y el recurso a instancias judiciales, previstas precisamente en el sistema democrático que pretendemos enseñar a nuestros alumnos, es un hecho positivo que hay que aceptar con normalidad.

También se acusa de que se ha traspasado la esfera educativa para entrar en un debate movido por intereses políticos. No es cierto y, en cualquier caso, no es algo que se pueda achacar a las familias o a los centros de enseñanza, sino a la intervención de los partidos políticos de una manera interesada, algo a lo que ya nos tienen acostumbrados, aprovechándolo para sus intereses particulares, tanto desde la izquierda como desde la derecha. A ellos y a todos tenemos que pedirles más altura de miras y moderación.

Personalmente pienso que la politización del problema empezó al definir los contenidos de la asignatura. Parece que la sentencia del Tribunal Supremo dice que deben evitarse contenidos que estén en el debate de la sociedad.

No están en ese debate, y son incuestionables, los conocimientos sobre nuestras instituciones democráticas, los valores constitucionales, la participación democrática, el conocimiento de los organismos internacionales, etc.

Pero sí están en ese debate, y también es incuestionable, la ideología de género, los que afectan a la moral, el modelo de familia, el aborto ( el mismo presidente del Gobierno en un reciente programa televisivo prefería no entrar en ese debate, reconociendo lo problemático del mismo)…

Son muy claras en este sentido las directivas europeas, las sentencias de nuestros tribunales y, sobre todo, el sentido común.

La reciente sentencia del Tribunal Supremo abre un nuevo capítulo en este enconado conflicto. No me parecen positivas las primeras declaraciones que hemos escuchado: descalificaciones, llamadas a la confrontación, radicalización de las posturas.

Cuántas veces hemos reclamado la necesidad, tantas al menos como en los problemas económicos, de que se llegue a un gran acuerdo que deje la educación fuera de la discordia y de la batalla política, judicial o ideológica. Sería un buen momento para hacerlo ahora, interpretando las recomendaciones del Tribunal en este sentido.

Dar de comer al hambriento y de beber al sediento

miércoles, 11 de febrero de 2009 · 7 comentarios

No he podido seguir con atención el "caso Eluana", solo ahora que la hemos dejado morir me vienen a la cabeza imágenes desasosegadoras e inquietantes reflexiones. La imagen del niño detenido por la policía al intentar llevar un vaso de agua a Terri Schiavo, la imagen de la niña tragada por el barro ante las cámaras de televisión, la imagen del niño desnutrido vigilado de cerca por el ave carroñera.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué estamos dejando de luchar por la vida y, en cambio, nos adormecemos alucinados por el hedor de muerte, acurrucados a la sombra de la guadaña? Parece que hemos vuelto a la noche de los tiempos, cuando algunos pueblos abandonaban a sus enfermos a la vera de los caminos, por si pasaba alguien capaz de curarlos, o cuando Esparta arrojaba al vacío a los recién nacidos débiles o con taras. Estamos recuperando los moritorios, los cementerios de elefantes.

¿Vamos a abandonar a nuestros prójimos a su suerte? ¿Vamos a ser abandonados? Eluana es un ejemplo diáfano de la pendiente resbaladiza de la cultura de la muerte: no había manifestado voluntad de morir, no se hallaba en estado terminal, no requería sobreesfuerzo terapéutico alguno..., y la hemos dejado morir.

Me pregunto si a partir de ahora vamos a dejar morir a la gente; me pregunto si desde hoy nadie acudirá a tratar de convencer al que amenaza con suicidarse desde una azotea para que no se tire; me pregunto si aguardaremos a que mueran los accidentados en carretera entre un amasijo de metal, para retirar luego chatarra y huesos como la misma basura, que sirva mientras tanto como advertencia para otros conductores; me pregunto si deberíamos haber dejado morir entre el cemento a los inquilinos de la Torres Gemelas sin intervenir, hubiéramos salvado la vida de muchos bomberos y policías. De hecho, nuestros esfuerzos por combatir el hambre y sus causas están penetrados de palabrería y desgana, mientras despilfarramos en pirámides faraónicas y circos máximos para memoria de nuestras excrecencias culturales y solazamientos, respectivamente.

Y puestos a abdicar de un derogado deber de socorro, ¿dónde ponemos el límite? Quizá no debamos ya enseñar a las nuevas generaciones, ni reinsertar a los presos, ni perseguir el delito, ni, ya puestos, pagar a Hacienda: total, si llegado el momento nos van a dejar morir, ¿qué importa todo lo demás?

La ruina de los edificios no llama la atención hasta que arroja a la calle los primeros pedazos de cornisa; pero para entonces puede tener corroídos todos los cimientos. Nuestra oronda civilización presenta una bella fachada, aun cuando las aguas fecales llevan tiempo royendo los pilares y han empezado a desprenderse no ya las cornisas sino los balcones.

La hemos dejado morir y ella sola se murió

martes, 10 de febrero de 2009 · 0 comentarios

Antes de que Eluana Englaro se convirtiera en un caso de encarnizamiento mediático y de choque político, antes de que fuera una bandera de unos o de otros sobre el fin de la vida, hubo personas que sin hacer declaraciones la cuidaron durante 14 años. Y ahora que se acusa a la Iglesia católica en Italia de querer “imponer” sus convicciones sobre el derecho a morir, no está de más recordar que durante todos estos años ha estado al cuidado de unas religiosas, las Hermanas de la Misericordia, en la clínica Beato Luigi Talamoni, en Lecco.
Ignacio Aréchaga, reflexiona en Aceprensa -sitio en el que hay una buena selección de textos sobre el caso-, sobre Las personas que cuidaron de Eluana.

Para los que gusten de una reacción más contundente, enlazo el original y arrebatado post de Leopoldo Silva Eutanasia o crimen consumado.

Con el ateobús a vueltas

domingo, 8 de febrero de 2009 · 0 comentarios

Ya me perdonaréis; pero llevo una racha de trabajo que no me deja tiempo para el blog. Sin embargo, entre cosa y cosa, me ha venido a la cabeza la idea de que el problema con la campaña del ateobús en España es de desconocimiento de la cultura inglesa, y se centra en la palabra "probablemente".


Para los ingleses, las cosas nunca son absolutas, la típica flema británica impide todo maximalismo, mucho más cuando se trata de asuntos verdaderamente importantes. Para un británico de té a las cinco, las cosas trascendentales son "quite" (un poco) o como mucho "rather" (bastante), y sólo cuando quieren hacer una afirmación categórica y rotunda dicen "probably".

En cambio, cuando se trata de una cuestión perfectamente trivial y anecdótica, se descuelgan con los más escandalosos adjetivos: "colgó del perchero un abrigo terriblemente anticuado", por ejemplo, o "llegó espantosamente tarde y tuvo que tomar el té congelado", para ilustrar un retraso de medio minuto.

En España somos más directos, y así nos hemos entendido siempre, para bien o para mal. Ahora que estamos hechos un lío con el invento de lo políticamente correcto, sólo nos faltaba que vinieran los ateos con lo de "probablemente"

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