Cincuenta mil visitas

sábado, 30 de agosto de 2008 · 7 comentarios


Ya, ya sé que es ridículo, y más si se tiene en cuenta el tiempo transcurrido (tres años y medio); pero bueno, me ha hecho ilusión, al menos es un signo de constancia. Gracias a los responsables de estos primeros 50.000 impactos.

¿Calentamiento global?

miércoles, 27 de agosto de 2008 · 7 comentarios

Esta tarde hace bastante calor por estos pagos; pero es lo suyo, son las cinco de la tarde y estoy en Andalucía... Al abrigo de lo más duro del sol, descubro gracias a Aragón Liberal que un miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU ha tenido la osadía de denunciar a la propia organización para la cual ha trabajado. Denuncia en un informe que los datos científicos son manipulados. De hecho, los informes son modificados para eliminar cualquier evidencia de que el calentamiento se debe a procesos naturales. También dice que los informes del Panel sobre el calentamiento global son, en realidad, una "gran mentira". Una "estafa". Es "falso" que el CO2 aumente las temperaturas del planeta. Los miembros del IPCC actúan bajo premisas "corruptas".

La pista la da Luis I. Gómez en su magnífico blog Desde el Exilio, en el que presta una particular atención al debate sobre el cambio climático.

¿Vida humana amenazada?

· 0 comentarios

Por César Nombela, catedrático de la Complutense, en ABC, el 23/08/08

LA vida humana se materializa en la de cada ser humano que viene a este mundo. Naturalmente, la referencia a la vida humana puede desbordar lo estrictamente biológico. Pero, el conocimiento de la Biología de nuestra especie, extraordinariamente enriquecido por el avance de la Ciencia actual, resulta esencial igualmente para su valoración. Digo valoración, porque el verdadero progreso no supone otra cosa que asentar el valor de la persona, la dignidad de todos y cada uno de los individuos que integramos la familia humana. La especie humana es la única especie biológica dotada de inteligencia, capaz de reflexión y, por tanto, susceptible de un comportamiento ético.

La profundización en el ser biológico del hombre es esencial para nuestro conocimiento de la naturaleza, así como fundamento de la Medicina avanzada de la que hoy podemos disfrutar. Pero, los hechos demostrados y las teorías que los pretenden explicar e interpretar, son fácilmente distorsionados, por parte de algunos. No faltan quienes, con una visión reduccionista, pretenden que la nueva información biológica rompe o modifica los criterios de valor, establecidos a lo largo de tantos siglos. He aquí la primera amenaza, desproveer al hombre de lo esencial de su naturaleza. Cuando se asume que, a determinadas especies de simios se les deben reconocer derechos humanos, ya que su genoma puede tener más de un 98 por ciento de homología con el genoma humano, se incurre en una notable simplificación argumental. En muchos casos, cabe dudar de que quienes lo proponen sepan tan si quiera lo que significa la homología genética. ¿Acaso tendría sentido señalar que el ratón es un ser humano al 90 por ciento, porque su genoma muestra ese porcentaje de homología con el nuestro? Y, ¿qué hacer con muchos microbios que pueden llegar al 30 por ciento de homología con el genoma humano, tal vez reclamar para ellos el 30 por ciento de los derechos humanos?

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Aunque la evolución biológica, en sus grandes patrones de emergencia de las especies, no sea demostrable experimentalmente, no cabe duda de que toda la información científica sí demuestra que la especie humana comparte los esquemas generales de la organización de los seres vivos y su evolución. Pero, igualmente prueba que constituye una especie diferenciada de las demás, la única dotada de inteligencia, de capacidad de prever las consecuencias de sus actos, y de elegir entre alternativas en función de su valor moral. La pregunta básica del ser humano, sobre el sentido de su existencia, ha tenido y seguirá teniendo respuestas variadas, porque la libertad para pensar, otra característica única, llevará a ello. Pero, los nuevos hallazgos de la Biología no se pueden invocar como axiomáticos para desproveer a la vida humana de su dignidad intrínseca. Frente a los planteamientos bioéticos que pretenden acabar con la especial valoración de la vida humana -para Singer es hora de suprimir la idea de que la vida humana es sagrada- o frente a quienes, desde un pensamiento débil, buscan reducir toda realidad a la interpretación que de ella se quiera hacer, es preciso seguir llamando la atención sobre cómo el conocimiento científico puede reforzar la apuesta por el hombre, por la dignidad de todos los individuos que integran la especie.

La vida de cada uno tiene un comienzo y un final. A lo largo de la Historia, la interpretación de lo que ocurre en estas dos situaciones ha carecido con frecuencia de una base biológica sólida, que pudiera servir como punto de referencia para su valoración ética. Una valoración que exige dar el salto a ese contexto de valores, pero que no puede prescindir de la observación objetiva de la realidad. El comienzo de la vida de cada individuo de la especie humana -hoy bien lo sabemos- se produce con la fecundación de los gametos, óvulo y espermatozoide para dar el cigoto; es algo que no podía estar claro cuando ni siquiera se conocía la realidad de la célula, ni mucho menos de los componentes que la integran y del programa que dirige su desarrollo.

Pero, los avances científicos, desde el siglo XIX, especialmente en las últimas décadas, van perfilando un conjunto de datos que no se puede ignorar. Desde la concepción se va configurando el destino biológico del nuevo individuo. Su desarrollo embrionario supone, desde los primeros instantes, la activación de un programa -específico y único- con la expresión de genes, con la asociación funcional de sus productos (proteínas), con la especificación de compartimentos que determinan un patrón de desarrollo, y con la activación del programa de diálogo biológico con la madre que lo habrá de gestar. En medio de este conjunto de datos, tan sugerente y demostrativo de que el desarrollo comienza con la concepción y sólo terminará con la muerte, resulta difícil encontrar justificación a los esfuerzos de algunos por identificar estadios intermedios. Entre ellos están los de definir la sustantividad o suficiencia constitucional, como acontecimientos dentro del desarrollo embrionario humano, que deben modificar la valoración ética de la vida de quien va a nacer.

El problema es que la cuestión desborda lo que puede ser una mera discusión filosófica, para condicionar leyes y normas de convivencia. Sabido es que muchas sociedades occidentales han aceptado el aborto provocado como una opción de la propia mujer, como si la vida del nasciturus que se desarrolla en su seno fuera totalmente disponible a su decisión, al menos en algunas etapas de la gestación. La aplicación -sin duda, delictiva pero relativamente fácil- en nuestro país de leyes despenalizadoras, que ha llevado a las trituradoras a fetos de siete meses de gestación, despierta una profunda sensación de horror. Importa mucho, por tanto, señalar que la defensa de la vida del ser humano representa un auténtico imperativo de la especie. Las leyes abortistas, por muy establecidas que puedan estar en algunos estados, siguen sin contar con el consenso general, somos muchos los que nos oponemos.

La evolución cultural, y el desarrollo de la técnica, nos muestran que el hombre tiene una especial responsabilidad con la naturaleza. Esa responsabilidad comienza con su propia vida, como especie. No se trata de insistir en persecuciones penales, sino de encontrar un nuevo espacio de diálogo, para una mayoría social. Los que compartimos la idea de que la mujer que decide destruir al nuevo ser que lleva en su seno vive una auténtica tragedia. O la de quienes creemos que acabar deliberadamente con la vida humana, aceptando la eutanasia, supone un auténtico fracaso del progreso que hemos podido alcanzar. Los datos científicos cada vez nos ayudan mejor a definir la vida humana, su desarrollo, su comienzo y su (inevitable) final natural. Reforzar su valoración y conjurar sus amenazas es nuestra responsabilidad, como seres dotados de libertad.

La Iglesia

lunes, 25 de agosto de 2008 · 3 comentarios

Sigo con Joseph Pierce .-Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad (pág 128); ahora le toca a Maurice Baring, en una carta en la que habla a GK Chesterton sobre su conversión:

Bien, Gilbert, todo lo que tengo que decirte es lo que ya te he dicho y lo que dije hace poco en mi libro. Que fui recibido en la Iglesia católica en 1909 la víspera de la Candelaria, y que quizá sea lo único que hecho en la vida de lo que estoy seguro que nunca me he arrepentido. Cada día que pasa, más maravillosa me parece la Iglesia; más solemnes y eficaces los Sacramentos; más excelentes me parecen la voz de la Iglesia, la liturgia, sus leyes, su disciplina, sus ritos, sus decisiones en materia de fe y moral..., más profundamente sabios y verdaderos y justos; y todos sus hijos están marcados con un sello del que carecen quienes no pertenecen a ella.


El turno de Hilaire Belloc, de nuevo:

La Iglesia católica es el exponente de la Realidad. Es la verdad. Su doctrina en cuestiones grandes y pequeñas constituye una afirmación de lo que es. Esto es lo que acepta el acto último de la inteligencia. Esto es lo que la voluntad confirma deliberadamente. Y por eso la fe a través de un acto de la voluntad se convierte en moral.


Y por último, un fragmento de una carta de Sigfried Sassoon a un amigo sobre el citado Belloc (pág. 403-404):

“Los marginados y desprotegidos contornos del alma”: esto no es mío, sino de mi querido Belloc. Hace unos tres años, en plena vorágine de mis forcejeos con la sumisión, me encontré en la biografía de Speaight con el siguiente pasaje tomado de una carta a K. Asquito: “La fe, la Iglesia católica se descubre triunfante, se reconoce, se presenta como tierra firme en medio del mar, en aquello que al principio sólo parecía una nube. Cuanto más cerca se ve, más real es, menos imaginaria: cuanto más externa y directa es su voz, más indudable es su carácter representativo, su ‘persona’, su voz. La metáfora no es que los hombres se enamoran de ella: la metáfora es que descubren su hogar. ‘Esto es lo que buscaba. Esto era lo que necesitaba’. Es el auténtico molde del alma, la matriz a la que pertenece cada línea del marginado y desprotegido contorno del alma. Es el ‘Oh! Rome, Oh! Mère’ de Verlaine. Y no sólo para quienes la conocieron desde niños y regresaron luego, sino para mucho más –y existe buena prueba de ello- para quienes la encontraron en medio de las colinas de la vida y se dijeron: ‘Ahí está la ciudad’.

Europa

jueves, 21 de agosto de 2008 · 2 comentarios

Hace cosa de un año y pico leí Joseph Pierce .-Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad; tomé algunos extractos que me gustaron particularmente, que voy a poner aquí, finalmente.

El primero está en la pág. 78, Hilaire Belloc habla sobre Europa en una Carta abierta sobre el declive de la fe:

Debo recordarles que somos Europa; que somos una gran nación. Para nosotros la fe no es un accidente, ni una imposición, ni un adorno; es hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne; es una filosofía creada por nosotros y que nos crea a nosotros. La hemos adornado, explicado, desarrollado; le hemos dado forma visible. Este es el servicio que nosotros los europeos le hemos prestado a Dios. Y Él nos lo ha devuelto haciéndonos cristianos.

La libertad desdeñada

martes, 12 de agosto de 2008 · 6 comentarios

Por Ignacio Sánchez Cámara. Artículo publicado el 9-XI-2002 en www.conoze.com

La libertad no es algo que otorga algún poder; es algo que se toma. Que se toma o a lo que se renuncia. No faltan casos y ejemplos de renuncia a la libertad de expresar los pensamientos propios ante la censura fáctica de la corrección política. Resulta cada vez más inusual que alguien piense por sí mismo y desde sí mismo. Y más aún que se atreva a decir lo que piensa. Hay silencios sabios, pero también los hay cobardes y cómplices. Hay quienes aceptan no molestar a cambio de no ser molestados. No hay peor traición que la que se ejecuta contra uno mismo. La cobardía intelectual y moral entraña una claudicación culpable que contribuye al fracaso de las propias convicciones despreciadas. Cada día resulta más difícil decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Escasean los que desdeñan asumir el privilegio que corresponde a quien no busca votos ni complacencias sino, si acaso, la adhesión de un pequeño número de almas afines. Es la deserción pusilánime de los mejores que, por ello, dejan de serlo. Logran el aplauso efímero de la mayoría de sus contemporáneos y el desprecio de los mejores y de la posteridad. Frágil y pírrico triunfo. Ante estos desdenes a la libertad, la melancolía de Cervantes sería incurable. Extraña esclavitud esa que uno se inflige a sí mismo.

Leer el artículo completo en Aragón Liberal

La Crisis Ninja

sábado, 9 de agosto de 2008 · 4 comentarios

El artículo de Leopoldo Abadía está causando furor, a mí me llegó por correo electrónico antes del verano y tuve la paciencia de leerlo -es largo-: me quedé patidifuso, y creí entender algo de lo que está pasando en la economía mundial.

Ahora leo en un periódico que el artículo "Crisis financiera Ninja" está en la blogosfera, en el blog de su autor, un apasionante diccionario dinámico de vocablos económicos y financieros.

Agosto

viernes, 8 de agosto de 2008 · 2 comentarios

Para qué pasaría yo por El Club de la Bulla, me he visto metido en una juerga desenfrenada y, encima, con un... ... pa la caló. ¿Cuándo aprenderé...?

Sydney JMJ

miércoles, 6 de agosto de 2008 · 0 comentarios

La Jornada Mundial de la Juventud de Sydney me ha cogido de vacaciones (y mayor); por eso no puse nada en su momento. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, y para los que AHORA estáis de vacaciones, cuelgo el artículo de Michael Cook (21/07/08) aparecido en Aceprensa.

La Jornada Mundial de la Juventud 2008 fue un éxito para la Iglesia católica y su pontífice de 81 años, el Papa Benedicto XVI. El 20 de julio asistieron a la misa conclusiva unas 400.000 personas, que por unas horas hicieron del hipódromo de Randwick un lugar más poblado que la capital de la nación, Canberra. Algunos periodistas perplejos describieron el acto como un Woodstock católico, en alusión a la orgía de drogas, sexo y rock de 1969 que fue un símbolo para la generación del baby boom. Pero 40 años después, el mundo se ha movido en una dirección inesperada.

Después de años de recibir abucheos entre bastidores, se ha vuelto a alzar el telón y Dios ha sido recibido con fuertes aplausos. Como con toda naturalidad dijo una joven que comentaba el acto para la televisión australiana, antes no estaba de moda ser católico en Sydney, pero ahora “vuelve a estar en la onda”. No es extraño que el anuncio de que Madrid acogerá la JMJ en 2011 fuera recibido con tanto júbilo.
sydney

La respuesta de los jóvenes fue impresionante. Unos 125.000 peregrinos cruzaron el mundo para venir a Australia, pese a la subida de las tarifas aéreas y la enorme distancia desde Europa y América. Muchos procedentes del extranjero tuvieron que ahorrar durante meses y sufrir veinte o treinta horas de vuelo hasta Sydney. Y a pesar de informaciones negativas en los medios de comunicación y el tibio apoyo de muchas escuelas católicas, se les unieron otros 100.000 peregrinos australianos. El último día, en la misa de Benedicto XVI en el hipódromo de Randwick, se sumaron varios miles más. Y todo sin ningún incidente de relieve, hecho realmente sorprendente para tal concentración de jóvenes.

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El Vaticano y el cardenal George Pell de Sydney habían concebido la JMJ como una catequesis, un festival de cultura católica, de enseñanza y oración. Para los peregrinos que llegaron más pronto, las diócesis organizaron charlas en torno a asuntos controvertidos como la doctrina católica sobre sexualidad, o bioética, o fe y razón. Durante la semana inmediatamente anterior predicaron obispos de todo el mundo.

De hecho, uno de los aspectos sorprendentes de la JMJ en Sydney fue la naturalidad con que la nueva generación sintonizó con formas tradicionales de la devoción y la doctrina católica que para la generación Woodstock eran reliquias fosilizadas de la época preconciliar. Pero no.

Una nueva era

Durante los días que culminaron en la misa conclusiva, se veían jóvenes guardando cola para confesar y para pasar ratos de oración ante la Eucaristía en las iglesias. Varios miles recorrieron a pie los 9 kilómetros hasta Randwick pasando por el emblemático Puente del Puerto –cerrado al tráfico, cosa que solo había ocurrido otras dos veces en la historia–, muchos entonando cánticos o rezando el rosario, otros jugando con un balón o gastando bromas. Algunos exhibían grandes pancartas con la leyenda “Queremos a nuestro Pastor Alemán”. Tras la vigilia del sábado por la noche, los jóvenes se quedaron a dormir en el hipódromo en espera de la misa del día siguiente. Las confesiones prosiguieron durante toda la noche y aun la madrugada; la tienda donde estaba expuesto el Santísimo Sacramento estaba llena de jóvenes rezando.

Y hasta los periodistas más groseros hubieron de reconocer que los peregrinos eran gente alegre, llena de vitalidad y normal, no los sombríos fanáticos aguafiestas que algunos esperaban. Un grupo llamado la “Coalición No al Papa” –un conjunto de drag queens, homosexuales, ateos y (no es broma) raelianas lesbianas– arrojó una lluvia de condones sobre los peregrinos que cruzaban el puente. Pero el numerito no provocó más que risa y dolida perplejidad. “Ellos tienen sus opiniones –decía una chica neozelandesa de 18 años–. Nosotros tenemos nuestras creencias, y no vamos a cambiarlas por ellos”.

Está claro que Benedicto XVI gozó con la celebración. Ahora responde con más espontaneidad al entusiasmo y al afecto de la multitud. Pero aunque tuvo una bienvenida de estrella del rock, había venido como Papa “al fin del mundo” decidido a dar un nuevo impulso a la Iglesia en Australia y a urgir a los jóvenes a comprometerse con Dios.

Para llenar el vacío espiritual

Lo asombroso de Benedicto XVI es que un hombre de su edad, tímido, modesto y sin especial carisma, convenza por su perspicacia, rigor y claridad. Sus discursos en la Jornada Mundial de la Juventud se movían a un nivel alto. Transmitían ideas, sin florituras retóricas, e iban directos al corazón del conflicto entre religión y cultura secularista.

Dirigiéndose a todos los australianos, el Papa lamentó en la homilía de la misa de clausura, que “en muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se está extendiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperación”. Y en diversas ocasiones atribuyó este vacío a la plaga del relativismo, a la creencia de que no hay verdad.

En la ceremonia de acogida a los jóvenes en Barangaroo, el Papa comenzó denunciando las “heridas que marcan la superficie de la tierra: la erosión, la deforestación, el derroche de los recursos minerales y marinos para alimentar un consumismo insaciable”.

Pero de ahí pasó al deterioro del entorno “social”, “el hábitat que nos creamos nosotros mismos”. Éste también “tiene sus cicatrices; heridas que indican que algo no está en su sitio”. Entre los ejemplos citó “el abuso de alcohol y de drogas, la exaltación de la violencia y la degradación sexual, presentados a menudo en la televisión e Internet como una diversión”. “¿Cómo es posible que la violencia doméstica atormente a tantas madres y niños? ¿Cómo es posible que el seno materno, el ámbito humano más admirable y sagrado, se haya convertido en lugar de indecible violencia?”, siguió interrogándose.

Unir libertad y verdad

Esta crisis de la ecología social la atribuyó el Papa a que “la libertad y la tolerancia están frecuentemente separadas de la verdad. Esto está fomentado por la idea, hoy muy difundida, de que no hay una verdad absoluta que guíe nuestras vidas. El relativismo, dando en la práctica valor a todo, indiscriminadamente, ha hecho que la ‘experiencia’ sea lo más importante de todo. En realidad, las experiencias, separadas de cualquier consideración sobre lo que es bueno o verdadero, pueden llevar, no a una auténtica libertad, sino a una confusión moral o intelectual, a un debilitamiento de los principios, a la pérdida de la autoestima, e incluso a la desesperación”.

Hablando a todos los creyentes, el Papa les animó a seguir luchando para que la religión siga presente en la vida pública. En uno de sus discursos más interesantes, dirigido a los representantes de otras religiones, el Papa desmintió la idea de que religión y violencia van de la mano.

El sentido religioso arraigado en el corazón del ser humano le lleva a descubrir que la realización personal no consiste en la satisfacción egoísta de deseos efímeros. “Nos guía más bien salir al encuentro de las necesidades de los otros y a buscar caminos concretos para contribuir al bien común. Las religiones desempeñan un papel particular a este respecto, en cuanto enseñan a la gente que el auténtico servicio exige sacrificio y autodisciplina, que se han de cultivar a su vez mediante la abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales. Así, se orienta a hombres y mujeres a considerar el entorno como algo maravilloso, digno de ser admirado y respetado más que algo útil y simplemente para consumir. Un deber que se impone a quien tiene espíritu religioso es demostrar que es posible encontrar alegría en una vida sencilla y modesta, compartiendo con generosidad lo que se tiene de más con quien está necesitado.”

¿Qué dejaréis a la próxima generación?

Al dirigirse a los católicos, el Papa hizo hincapié en la unidad. Sus palabras en la vigilia con los jóvenes ofrecieron todo un panorama de la teología de la unidad. Aunque pueden haber superado la capacidad de atención de peregrinos cansados que llevaban velas en la oscuridad, dio un magistral esbozo del esfuerzo de san Agustín por aferrar el significado de la Trinidad, la doctrina central del cristianismo. Y lo utilizó para hacer una llamada a la unidad dentro de la Iglesia.

“Lamentablemente, la tentación de ‘ir por libre’ continúa. Algunos hablan de su comunidad local como si se tratara de algo separado de la así llamada Iglesia institucional, describiendo a la primera como flexible y abierta al Espíritu, y a la segunda como rígida y carente de Espíritu.”

“La unidad pertenece a la esencia de la Iglesia; es un don que debemos reconocer y apreciar. Pidamos esta tarde por nuestro propósito de cultivar la unidad, de contribuir a ella, de resistir a cualquier tentación de dar media vuelta y marcharnos. Ya que lo que podemos ofrecer a nuestro mundo es precisamente la magnitud, la amplia visión de nuestra fe, sólida y abierta a la vez, consistente y dinámica, verdadera y sin embargo orientada a un conocimiento más profundo”.

Y a los jóvenes les recordó, una y otra vez, la responsabilidad de transmitir su fe a los otros.

“¿Qué dejaréis a la próxima generación?”, preguntó en la homilía de la misa final. “¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará? ¿Estáis viviendo vuestras vidas de modo que dejéis espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la ‘fuerza’ que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia dejaréis a los jóvenes que os sucederán?”.

Y les invitó a ser los profetas de una nueva sociedad: “Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apatía y el egoísmo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas”.

Antes les había recordado a “aquellos pioneros –sacerdotes, religiosas y religiosos– que llegaron a estas costas y a otras zonas del Océano Pacífico, desde Irlanda, Francia, Gran Bretaña y otras partes de Europa. La mayor parte de ellos eran jóvenes –algunos incluso con apenas veinte años– y, cuando se despidieron para siempre de sus padres, hermanos, hermanas y amigos, sabían que sería difícil para ellos volver a casa. Sus vidas fueron un testimonio cristiano, sin intereses egoístas”.

Esa fuerza solo puede venir de Dios, si le dejamos actuar en nosotros. “El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración”.

Una inmensa tarea por delante

Reconstruir la Iglesia católica, en Australia como en otras partes, es una empresa ingente. En los medios de comunicación del país, las protestas de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes casi eclipsaron el exuberante recibimiento dispensado al Papa. Hubo insistentes demandas de una petición de perdón, y el Papa la hizo (en Sydney, durante la misa con obispos, seminaristas y novicios): “Estos delitos, que constituyen una grave traición a la confianza, deben ser condenados de modo inequívoco. Han provocado gran dolor y han dañado el testimonio de la Iglesia. (…) Las víctimas deben recibir compasión y asistencia, y los responsables de estos males deben ser llevados ante la justicia”.

Pese a las sombras, la calurosa acogida a Benedicto XVI en Sydney muestra que el cristianismo no está muerto, ni siquiera en letargo. Banderas de docenas de países ondeaban al recio viento que soplaba en los momentos finales de la JMJ. Entre ellas estaba la roja de la República Popular China. Incluso allí, bajo un régimen oficialmente comunista, hay entusiastas del Papa. En los cinco últimos años un laicismo resentido ha intentado encerrar la religión en un armario. Libros de ateos proselitistas han cautivado la atención de los medios. Ahora, tras una semana de expresión de religiosidad alegre y sin complejos en las antípodas, todo el mundo sabe que hay una alternativa viable. Dios ha vuelto al terreno de juego.

Festival Internacional de Música Sacra Rey Balduino

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Con el Alto Patrocinio de SM La Reina Fabiola de Bélgica y SM La Reina Doña Sofía de España, así como el Patrocinio del Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma.

Del 2 al 7 de Septiembre en Motril, el Festival Internacional de Música Sacra Rey Balduino nace como uno de los Actos Conmemorativos en memoria del XV Aniversario del fallecimiento de SM El Rey Balduino de Bélgica en Motril, en su residencia de "Villa Astrida". Una magnífica oportunidad para clausurar el estío asistiendo al que sin duda va a ser el gran acontecimiento cultural del verano en Granada.

Desde luego, to procuraré no perdérmelo.

Alexander Solzhenitsin

lunes, 4 de agosto de 2008 · 7 comentarios

Acaba de fallecer Alexander Solzhenitsin, quizá la más importante de las pocas voces que osaron levantarse, en la Unión Soviética y en Occidente, contra el Comunismo. El autor de "Archipiélago Gulag" merece por completo el pequeño homenaje de este blog.

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