Jornada de Comunicación: La mirada de los otros

domingo, 20 de abril de 2008 · 8 comentarios

La mirada de los otros.

Criterios prácticos para romper estereotipos informativos sobre la inmigración

Un homenaje a Ryszard Kapuscinski

En Granada, el próximo sábado 26 de abril de 2008, a partir de las 10:00 de la mañana, celebraremos la XII JORNADA DE COMUNICACIÓN SIGLO XXI, en el COLEGIO MAYOR UNIVERSITARIO ALBAYZÍN, Universidad de Granada.

Ya está completo el programa: contamos con Agustín Remesal, corresponsal en el extranjero para Televisión Española, director de programas, escritor, periodista, articulista, académico y conferenciante; Francisco García Caridad, Director de Radio Marca; Nuria Gispert, ex concejala de Barcelona por el PSC; Austen Ivereigh, coordinador de la campaña Strangers into Citizens; Helena Resano, presentadora de La Sexta Noticias; Abdul-Qader Qamhiyen, Imam de la mezquita de la Paz y presidente de la Comunidad Islámica en Granada, Martín Mucha, redactor y coordinador del Magazine del diario El Mundo y Rene Maisner, hija de Ryszard Kapuscinski, que recogerá el Premio Especial Harambee en homenaje al famoso periodista.

Como siempre, la jornada incluirá desayuno y almuerzo con los ponentes.

En fin, espero que os guste el programa y podais asistir. Para cualquier duda o sugerencia podéis escribir a jorcoms21@gmail.com.

¡OS ESPERAMOS!

Benedicto XVI en las Naciones Unidas

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Derechos Humanos y relativismo

Por Antonio R. Rubio Plo, Historiador y Analista de Relaciones Internacionales

Del discurso del tercer Papa que habla en la Asamblea General de las Naciones Unidas, unos destacarán su defensa del multilaterismo, y otros se referirán a su alusión a que la comunidad internacional debe intervenir con los medios jurídicos provistos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales si los Estados no cumplen el deber primario de proteger a su propia población. Pero si tuviéramos que elegir un aspecto del discurso, que va más allá del orden internacional y afecta también a la situación interna de los Estados, habría que centrarse en los derechos humanos, reflexión obligada en un año en que se celebra el sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Las consideraciones de Benedicto XVI son tan precisas como críticas en esta “era de los derechos”, por emplear una expresión del filósofo Norberto Bobbio. En este tiempo encontramos la paradoja de que los derechos de la persona pueden ser arrinconados o pisoteados aunque se proclame a voz en grito la primacía de tales derechos. El problema radica, como en tantas ocasiones, en la fundamentación de los derechos humanos, que lógicamente se relaciona con su contenido.

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Los fundamentos se tambalean en cuanto se pierde “el sentido de la trascendencia y de la razón natural”, en expresión del Papa. No obstante, en los primeros años de la posguerra los horrores experimentados por tantos millones de personas contribuyeron a que los redactores de la Declaración se pusieran en poco tiempo de acuerdo para dar un papel central a la persona humana en las relaciones internacionales y en el ámbito interno. Pese a sus limitaciones, la Declaración de 1948 tenía un inequívoco carácter universal. Tal y como señala Benedicto XVI, “fue el resultado de una convergencia de tradiciones religiosas y culturales”. Podríamos añadir que no se hizo una mezcla insípida de valores, basada en una ética de compromiso, y esto se aprecia en esta afirmación del Pontífice: “Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones”. El fundamento objetivo de los derechos humanos se ve, sin embargo, atacado hoy por la marea relativista, y por muchas justificaciones que se ofrezcan, incluso en nombre de una supuesta justicia, llegaremos a la conclusión de que detrás de ese relativismo, se esconde una voluntad de poder. De ahí que Benedicto XVI afirme: “Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podría variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos”. Esto supone, en definitiva, empequeñecer la imagen del ser humano: se admitiría que las diferencias entre los hombres son tan grandes que podría llegarse a la conclusión de que no hay universalidad en el ser humano. ¡Cuántos estudiosos de las ciencias sociales, presos de un ciego determinismo, han descartado que los hombres sean en el fondo los mismos en cada época! Si así lo hubieran hecho, sus alambicadas teorías no habrían salido a la luz. No habrían podido crear el mito del “hombre nuevo”, tan recurrente en los dos últimos siglos. No es extraño que los nacionalismos, fundamentalismos y otros “ismos” estén encantados con el relativismo moral, pues consagra el derecho a diferenciarse del otro, y así se llegará a la paradoja de negar la dignidad humana, negando su igualdad y su libertad, aunque no necesariamente por este orden. El último elemento de la triada de la Revolución Francesa, la fraternidad, que ahora suelen llamar su solidaridad, brillará por su ausencia o se presentará bajo la forma de una retórica vacía de contenido.

Benedicto XVI tampoco ha obviado un delicado asunto que hoy afecta especialmente a la Europa posmoderna, aunque no sea privativa de ella, y que es otro de los frutos del relativismo: la confusión entre legalidad y justicia. El sentido de la justicia está inscrito en la conciencia del ser humano, pero lo legal no es necesariamente justo aunque los preámbulos y exposiciones de motivos suelan hacer una apología de las benéficas intenciones del legislador, unos buenos propósitos paralelos al deseo de hacer ingeniería social. Otra vez el “hombre nuevo”. Como se llevan menos las estatuas, no habrá que esculpir en esta ocasión colosos similares a los de la Alemania nazi o la Rusia soviética, pues la estatua ya está erigida en la mentalidad del ciudadano que da la bienvenida a esa legalidad y cree que es la expresión del más justo y moderno de los ordenamientos. Pero volvamos a las palabras del Papa Ratzinger: “La experiencia nos enseña que a menudo la legalidad prevalece sobre la justicia cuando la insistencia sobre los derechos humanos los hace aparecer como resultado exclusivo de medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por las diversas agencias de los que están en el poder. Cuando se presentan simplemente en términos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin”. Cabe añadir que si se prescinde de la ética y de la razón, la justicia también brillará por su ausencia. Podemos admitir que la justicia sea ciega, según la representaban los griegos, pero a nadie se le ocurrió representarla con una multitud de rostros cambiantes. Un hombre de la Antigüedad no habría visto así a la justicia sino a la arbitrariedad, base de múltiples injusticias.

Sin agotar la reflexión en torno al discurso papal, señalemos finalmente que Benedicto XVI ha abogado una vez más por la libertad religiosa. En este ámbito estamos asistiendo a situaciones en las que podría hablarse de ciudadanos activos y pasivos. Los pasivos serían, sin duda, personas religiosas. Por esto, señala el Papa: “Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos”. Sólo se entiende desde la tentativa de encerrar a la religión en el ámbito privado o de reducirla a la pura libertad de culto. Sentimiento y rito: esto es lo que se le deja a la religión en espera de su ocaso, por ser una rareza que no encaja con el progreso de la humanidad. Este intento reduccionista tiene, sin embargo, las consecuencias presentadas por Benedicto XVI: “El rechazo a reconocer la contribución a la sociedad que está enraizada en la dimensión religiosa y en la búsqueda del Absoluto (...) privilegiaría efectivamente un planteamieno individualista y fragmentaría la unidad de la persona”. Tiene el Papa toda la razón, pues la era de los derechos no nos está llevando necesariamente hacia un mundo más solidario y justo sino al imperio del individualismo, tal y como supo ver hace casi dos siglos Alexis de Tocqueville en La democracia en América.

Rey de Copas

lunes, 14 de abril de 2008 · 8 comentarios


Menos mal que me queda el Joventut de Badalona, que no para de darme alegrías. Ayer domingo, en Turín, se alzó como CAMPEÓN de la COPA ULEB, y ya puede presumir de haber ganado todas las competiciones posibles: Euroliga, ULEB, FEB, Liga ACB, Copa del Rey, Lliga Catalana, Copa Korac...

Gracias, gracias, Penya verd i negre: AQUÍ podéis ver el único vídeo que he encontrado.

P.S.: bé, Toni, ja hi som, CAMPIONS!

Boicot a Pekín

lunes, 7 de abril de 2008 · 4 comentarios


Aumenta la presión para el Boicot a Pekín, al menos a la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos.

Yo apoyo el boicot, ya lo puse de manifiesto en noviembre del año pasado, en mi entrada Olimpiadas en China, y aplaudo el espectáculo que se está dando a cuenta de la antorcha olímpica.

Pienso que se matan dos pájaros de un tiro: por un lado se presiona al régimen comunista Chino para que se de cuenta de que no nos gusta y de que no vamos a cerrar los ojos ante su inhumana dictadura. Por otro, se desacraliza toda esa engreída parafernalia olímpica, y se coloca un poco más en su sitio este circo deportivo.

¿Cree que el empresario que la explota irá a verla al asilo?

· 8 comentarios

Eva Herman, antifeminista, portavoz del movimiento europeo para refeminizar la mujer

"Para ser periodista renuncié a dedicarme a mi familia y me arrepiento. Soy frisia: una alemana lenta. Amor, confianza, cohesión, seguridad: ¡familia! Creo más en Dios que en el hombre. Sacrifique ser madre por su empresa y verá qué sola se queda cuando no puedan explotarla ¿Cree que el empresario que la explota irá a verla al asilo?


VÍCTOR-M. AMELA. IMA SANCHÍS. LLUÍS AMIGUET

Eva Herman es una famosa periodista de la tele a la que el influyente feminismo alemán puso en la picota porque cuestionó el mantra progre de que la mujer debe sacrificar –o hacer compatible– su maternidad por su carrera. Su defensa del ama de casa profesional le costó el cargo. Hoy es portavoz de un vigoroso movimiento europeo que reivindica el orgullo de la profesión de madre. En su manifiesto, El principio de Eva, Herman esgrime el mandato biológico para que la mujer dedique sus años fértiles a sus hijos y no a aumentar las plusvalías de su empresa.

LLUÍS AMIGUET La Vanguardia, Contraportada, 2 de abril de 2008

Aquella feminista cincuentona fue la progre perfecta: renunció a tener una familia y se entregó a su profesión para competir hasta triunfar. Pero después llegaron otras periodistas más jóvenes y también dispuestas a todo para ser mejores que ella. Y, al final, la relegaron.

¡Qué vamos a hacer! El ciclo de la vida

Mucho peor. Ella no había seguido a la naturaleza: renunció a una parte de sí misma, ser madre. Y la naturaleza le pasó factura. Llegó la menopausia y dejaron de perseguirla sus amantes. Un día invitó a una de sus amigas de toda la vida y se metió en la cocina a prepararle un gran pastel de frutas.

Cocinar relaja si no eres cocinero

Un delicioso aroma a frutas invadió su pisito y ella se puso a llorar: “Al ponerle la guinda a aquel pastel –me escribió– sentí que volvía a evocar una parte de mí misma que yo había reprimido muchos años”.

Fue al fin la gran madre nutricia

¡Ser mujer! ¡Alimentar a los demás! ¡Hacerlos felices! ¡Entregarnos sin condiciones!

A mí a veces me sale una paellita...

¿Por qué el capital aliado con la progresía papanatas se empeña en que renunciemos a ser madres por un salario de miseria?

¿...?

¡Porque a nosotras nos pagan menos! ¡Por eso nos quieren trabajando sin hijos! Yo lo que les estoy pidiendo a las alemanas y las europeas más jóvenes es que se planteen si vale la pena renunciar a tener una familia, un hogar, a disfrutar plenamente de ser mujer... a cambio de un triunfo que es una quimera y de unos sueldos ridículos.

Usted, periodista famosa, sí quiso triunfar: no se quedó en casa con los niños

Me di cuenta demasiado tarde de la estafa capitalista y progre del sistema. Durante 25 años quise ser la mejor: fui presentadora de televisión y a los 38 años, casi fuera de tiempo, por fin me decidí a tener un hijo. ¡Cuánto me arrepiento de no haberme dedicado más al hogar y a los hijos que pude tener!

¿No se puede ser madre y profesional?

El gran engaño es hacernos creer que se puede. Es un timo en el que colabora el gran capital de las empresas y los empleadores y las feministas y el integrismo izquierdista que les dan cobertura al intentar convencernos de que nos hacen un favor al librarnos de las servidumbres del hogar.

La tecnología reproductiva ha prolongado la fertilidad de la mujer hasta los 50

¡Falso! Eso es antinatural, patológico. Es forzar la evolución natural de los vínculos afectivos: violar la naturaleza con métodos artificiales y castigar a los niños a tener padres con edades inadecuadas. Pero es que, además, es una tontería...

Yo creo que las mamás –tengan la edad que tengan– merecen amor y respeto

... Pero ¿por qué forzar la naturaleza? ¿Por qué no tener los hijos cuando el cuerpo está preparado? ¿Sólo a cambio de quemarnos en un trabajo que sólo hará ricos a los empresarios? ¿Qué agradecerá más nuestro hijo, la carrera de mamá o tener más salud por haber sido parido a la edad adecuada?

Si quiere, yo también le cuento historias tristes de amas de casa frustradas por no tener carrera y cargadas de niños

La frustración de esas mujeres no es biológica: son víctimas de la desestructuración de la sociedad, pero han acertado al aceptar que son mujeres y obrar en consecuencia.

¿No se puede ser mujer realizada y feliz sin ser madre? Si quiere, doy ejemplos

No todas las mujeres tienen la vocación de ser madres. Lo que sí digo es que la maternidad forma parte de la feminidad. ¡Y no vuelvan a llamar maruja a ninguna mujer!

Apodo canalla, en efecto

¿Lo ve? La mujer que ha decidido realizar su papel de madre es condenada por los progres como una boba maruja neurótica y ridícula que se queda en casa cuidando niños, plantas y perros y consumiendo telebasura.

También las hay que gozan al contemplar los infinitos rostros de su bebé

Y otras leen. Yo no digo a nadie qué debe hacer con su vida, pero pido respeto para quienes quieren dedicarse a ser madres.

La reacción la debe de aplaudir a usted

¡La reacción feminista e izquierdista es la que me odia! ¡Cuánto integrismo se camufla con etiquetas progres! Cuando hice públicas mis opiniones sobre la familia, las feministas enviaron cientos de cartas a mi director para queme relevaran como presentadora de los informativos de la tele alemana...

¿Y lo lograron?

Más o menos.

No es justo perseguir a alguien por sus opiniones... Ya hay demasiado inquisidor

“Eva Herman está –escribieron las feministas que pidieron mi despido– entre la maza paleolítica y la política familiar hitleriana”.

¿Algún otro guiño de simpatía?

Confundidos por el ruido mediático sobre mí, unos islamistas me pidieron en la Feria de Frankfurt que me convirtiera al islam.

¿Qué les respondió?

Que mis opiniones, antes que en el islam, estaban en la Biblia, porque antes de estar escritas en los libros sagrados también lo estaban en la biología y, por lo tanto, en la naturaleza de todas las mujeres.

¿Consejo para nuestras lectoras?

Mi madre sólo se dedicó a sus hijos y nosotros la cuidamos hasta el final. ¿Quién dará cariño en su vejez a la mujer que lo da todo por la empresa? ¿Cree que su empresario irá a verla al asilo?

Putas por palabras (con perdón)

sábado, 5 de abril de 2008 · 6 comentarios

Por Juan Manuel de Prada, en XLSemanal, del 30 de marzo al 5 de abril de 2008

Los periódicos se han cebado sin recato en las flaquezas de ese gobernador neoyorquino, Eliot Spitzer, que esquilmó los ahorros familiares (mientras escribo estas líneas, todavía no se ha demostrado que desviara fondos públicos) para alquilar los servicios de putas carísimas. La prensa coincide en denunciar la hipocresía del gobernador putero, quien al parecer se habría distinguido en su faceta pública por perseguir muy denodadamente la prostitución. A esto se lo llama ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio: pues los mismos periódicos que condenan las andanzas del gobernador putero incluyen diariamente anuncios por palabras en los que incitan a sus lectores a contratar idénticos servicios.

La inclusión de estos anuncios constituye una piedra de escándalo para la prensa española. No quisiera que las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan entendieran esta afirmación como una expresión de puritanismo o mojigatería: nunca me he destacado por tratar con demasiado melindre las cuestiones sexuales; y mucho menos por creer que la solución de las lacras sociales consista en taparlas, luciendo una fachada de farisaica respetabilidad. La prostitución existe desde que el mundo es mundo; y, desde luego, seguirá existiendo aunque los periódicos se decidan a remover de sus páginas estos anuncios sórdidos. Pero entiendo el periodismo como una vocación humanista y ennoblecedora; y enriquecerse con la degradación de lo humano no me parece que sea demasiado congruente con dicha vocación. Nadie podrá discutir que la razón por la que los periódicos incluyen tales anuncios es estrictamente pecuniaria; sospecho, en cambio, que no faltarán quienes sostengan que la prostitución no tiene por qué ser una `degeneración de lo humano´, si en la transacción media la libertad de las partes.

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Muchos de los anuncios de putas que incluyen los periódicos encubren feroces tramas de proxenetismo; esto es algo que salta a la vista, aunque los periódicos jueguen a desviar la mirada hacia otra parte. Pero supongamos que, en efecto, las mujeres que en ellos ofrecen sus favores carnales a cambio de dinero no lo hacen obligadas por una organización que les arrebata una parte nada exigua de sus ganancias; supongamos, incluso (y esto ya exige unas tragaderas lindantes con el cinismo), que esas mujeres no se dedican a la prostitución por necesidad, obligadas por circunstancias vitales lastimosas. Supongamos que, en efecto, existen mujeres que deciden, por conveniencia o capricho o mero cálculo crematístico, sacar provecho de los dones que la naturaleza les ha adjudicado, entregándose mercenariamente a quienes deseen gozarlas. Aceptemos que existen, aunque sólo sea una de cada cien que se anuncian en los periódicos, mujeres que se envilecen libremente. Y aquí se hace necesaria una reflexión sobre el concepto de `libertad´, tan manoseado y tergiversado en nuestra época.

Escribía John Stuart Mill que el hombre dispone de libertad para ejercerla, no para destruirla. Y una mujer que usa de su libertad para prostituirse está, a fin de cuentas, destruyendo su libertad y convirtiéndose en esclava. Quizá no se esclavice en el sentido más mostrenco de la palabra, puesto que recibe un estipendio a cambio de la prestación de su cuerpo; pero está esclavizándose de un modo más hondo y destructivo, puesto que renuncia a su propia dignidad, que es inalienable. Aquí podría oponérseme que existen muchas otras relaciones humanas indignas en las que la parte más débil también renuncia a su propia dignidad; pero convendremos que combatir estas renuncias es misión humana impostergable. La dignidad es una de las posesiones más preciosas de la persona, después de la propia vida: podemos entender que existan personas que renuncien a ella, en circunstancias especialmente difíciles, como hay personas que se suicidan, arrastradas por la desesperación; menos comprensible se me antoja que haya personas que faciliten esa renuncia, como tampoco se me antoja de recibo que haya personas que inciten a quienes desean suicidarse. Los periódicos, al publicar esos anuncios por palabras, se comportan como quienes auxilian al suicida: es la suya una actitud antihumana y carroñera que refuta la vocación humanista y ennoblecedora del periodismo. Y un periodismo que descree de su vocación humanista se convierte en heraldo de muerte; con la economía muy saneada, pero heraldo de muerte al fin y a la postre.

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