lunes, 31 de diciembre de 2007 · 0 comentarios

Las 100 mejores fotos del año 2007 de la agencia Reuters.

Confiemos en que 2008 sea un año más pacífico...

Feliz año 2008

domingo, 30 de diciembre de 2007 · 2 comentarios

Tres años en la brecha

viernes, 28 de diciembre de 2007 · 5 comentarios

Tres años después de uno de esos "voy a probar", empecé a navegar en la blogosfera, y aquí sigo, con alguna experiencia, un montón de amigos, 640 entradas -con esta-, 36.000 visitas -casi-, una larga lista de comentarios, unos cuantos widgets -¿se dice así?-, muchas satisfacciones, infinidad de proyectos y enormes ganas de continuar trabajando para ayudar, en esta medida, a cambiar el mundo para mejor.

Para celebrarlo, he colocado una pequeña joya en la barra lateral, la canción María, de un grupo muy desconocido en el que toca el piano un amigo mío, que hoy vive en Montevideo, porque seguramente no tendréis fácil acceso a su único disco y porque, sobre todo, está dedicada a la Mujer protagonista de las festividades de estos días.

Muchas gracias a todos cuántos con vuestras visitas, comentarios y estímulos me habéis acompañado durante este tiempo: sigo contando con vosotros.

Feliz Navidad

sábado, 22 de diciembre de 2007 · 6 comentarios

Meditación ante un nacimiento de cartón y barro

Alma: no te confunda con la alada
gracia de barro del pastor sencillo,
que va al portal tocando el caramillo
y cubierta de rosas la cayada.

Si al venir Cristo a la desventurada
tierra del padre Adán, un amarillo
cojín de pajas fue y un portalillo
su primer trono y su primer morada,
fue por celar su gloria, como el cedro
que se oculta al nacer entre jarales.
Luego fue la alta plenitud y el medro.
Luego las anchas horas imperiales.
¡La cúpula redonda de San Pedro
no es, por Dios, villancico de zagales!

José Mª PEMÁN

Calculando la Navidad: la auténtica historia del 25 de diciembre

· 0 comentarios

Por William J. Tighe, corresponsal de TOUCHSTONE y profesor adjunto de la Universidad de Muhlenberg. Para los interesados, recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley.

No fueron los cristianos quienes asumieron una fiesta pagana, sino al revés.

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico.

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Bernat y los inquisidores

martes, 18 de diciembre de 2007 · 2 comentarios

Por Juan Manuel de Prada en ABC, el 17 de diciembre de 2007

El ministro de sanidad español (el de la foto) ha querido descalificar a los que han logrado, tras muchos esfuerzos y sacrificios, destapar la carnicería criminal de las clínicas abortistas españolas, llamándolos inquisidores. Me uno a esta respuesta.

EL progre se pasea por el mundo, sobradísimo y encantado de haberse conocido, como aquel fulano del chiste de Gila que un día se tropezó en la calle con tres tipos fortachones que estaban apaleando a un hombrín enclenque y desvalido. El fulano del chiste contempla la escena, al principio con perplejidad, enseguida con franca indignación, y decide sumarse a la trifulca, guiado por su sentido natural de la justicia. «¡Cómo lo pusieron entre los cuatro!», remataba Gila su chiste, agitando ponderativamente la mano. Este mecanismo mental de inversión de la realidad que permite al progre apalear al débil y posar de valentón ante la galería, convencido de que acaba de consumar una hazaña y presentando, además, al débil como un peligroso enemigo al que conviene seguir apaleando, no sea que reviva, constituye uno de los más burdos embelecos que jamás se hayan fabricado. Pero en el Matrix progre todo está permitido. ¡Y ay de quien se atreva a rechistar! De inmediato, ingresará en la categoría de chusma apaleable.

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Las declaraciones de Bernat Soria a una radio alcoyana son pa mear y no echar gota. Preguntado sobre el escándalo de los mataderos donde se perpetran abortos a mansalva, como en una planta procesadora de derivados cárnicos en la que se hubiesen implantado métodos estajanovistas, el bueno de Bernat, como el fulano del chiste de Gila, arremetió contra quienes los denuncian: «El país que inventó la Inquisición parece que no quiere olvidarse de ella. No puede ser que haya un cinco o un seis por ciento de personas que quieran ser los inquisidores del resto». Como todo progre que se precie, el bueno de Bernat es un analfabeto con chorreras que, a falta de lecturas, se abastece con el pienso de la leyenda negra, que es de fácil digestión y muy sonoro regüeldo. Pero, más allá de la atribución errónea sobre los orígenes de la Inquisición, lo que en verdad causa pasmo es el desparpajo con que el bueno de Bernat identifica a quienes osan denunciar esas carnicerías con torvos inquisidores que pretenden devolvernos al oscurantismo. El bueno de Bernat es un hombre pragmático que mira ante todo por la salvación de su propio culo (no ponemos alma porque el bueno de Bernat, como buen racionalista, no cree en su existencia); y sabe bien que si hoy se empieza a investigar a los matarifes de esas plantas procesadoras de derivados cárnicos tal vez mañana se sigan investigando los experimentos que hacía en aquel chiringuito o sucursal del doctor Moreau que dirigía en Valencia. Y con el pan de uno no se juega.

Después de apalizar, en una muestra característica del mecanismo mental de inversión de la realidad propio del progre, a «ese cinco o seis por ciento» de españoles que aún conservan un vestigio de humanidad y condenan el aborto, el bueno de Bernat pasó a entonar la loa de su plan bucodental infantil. Este brusco cambio de suerte ha sido interpretado como una maniobra de despiste típica de quien se siente incómodo tratando asuntos escabrosos. Pero a mí, antes que una maniobra de despiste, se me antoja un corolario natural o consecuencia lógica de lo anterior. Y es que, a fin de cuentas, el bueno de Bernat tiene que estar muy agradecido a los matarifes de fetos, sin cuya labor estajanovista su plan bucodental no sería viable. ¡Imaginen por un momento que esos cien mil niños nonatos que cada año son hechos picadillo en la trituradora y arrojados al desagüe llegasen a nacer! ¡No habría plan bucodental que diese abasto con tanta caries sobrevenida, con tanto sarro inesperado, con tanta endodoncia supernumeraria! En los mataderos de niños nonatos le hacen al bueno de Bernat el trabajo sucio para que le cuadren las cuentas de su plan bucodental. Y, así, el bueno de Bernat puede sonreír con esa sonrisa helada y profidén que tiene, sonrisa de Papa Noel fallero que sólo lleva regalos a los niños supérstites. Los demás que se jodan en el limbo, esa geografía de ultratumba en la que ya sólo creen quienes no creen en Dios.

Contra el aborto están los inquisidores y los detractores del plan bucodental del bueno de Bernat. Los buenos progres pueden, en cambio, lloriquear por las esquinas denunciando las corridas de toros o los desmanes de Bush.

La verdad se escondía en la basura

domingo, 16 de diciembre de 2007 · 0 comentarios

Son largos, pero vale la pena leerlos, es como una novela de horror, pero es real, está excelentemente escrito por DOMINGO PÉREZ en el ABC de hoy, y merecería una buena película, que ayudara a seguir despertando las conciencias. Mientras, al ministro sólo se le ocurre descalificar a los que denuncian este holocausto sangriento.

MADRID. Un reducido grupo de héroes anónimos, después de tres años siguiendo el rastro sanguinolento, despiadado y descarado que algunos centros especializados en interrupciones del embarazo arrojaban cada día a la basura, han conseguido desvelar una realidad atroz. Han sido los «pepitos grillo» de una sociedad que en la mayoría de los casos ha preferido girar la cabeza. Su empeño ha puesto a las autoridades sobre la pista de un negocio que incumplía sistemáticamente todas las normas higiénicas establecidas en el apartado de desechos sanitarios y biológicos.

Además, alertaron sobre que en España el aborto en la práctica no sólo es libre, sino que no tiene en cuenta los meses de gestación. Por dinero, y sólo con un informe psiquiátrico, a menudo firmado en barbecho, que alegue peligro para la salud psíquica de la madre, muchas clínicas acaban con la vida de fetos de siete, ocho y hasta nueve meses de vida.

Su paciente y nausebunda recolecta, plasmada en numerosas denuncias presentadas en juzgados tanto de Madrid como de Barcelona, ha llevado por el momento a la cárcel a uno de los magnates del aborto en España, al doctor Carlos Morín. Ha provocado el cierre de sus cuatro instalaciones en la Ciudad Condal y de su sucursal en la capital, además de la suspensión cautelar de un sexto local en la madrileña calle de Toledo que no tenía nada que ver con él.

Cabezas de niños

«Nadie puede explicar lo que se siente cuanto te encuentras una cabeza de niño, o una manita, o una pierna. La rabia es incontenible», explica J., uno de los buscadores de fetos.
Pues imagínense cuando ese horror te obligas tu mismo a presenciarlo dos o tres veces por semana de una forma voluntaria y con un único objetivo: denunciar el incumplimiento sistemático de la ley y los criminales tejemanejes de las clínicas abortivas que en España, al amparo de un coladero legal, no tienen ni reparos ni escrúpulos para acabar con la vida de niños que se encuentra más allá de la vigésimo cuarta semana de gestación, bebés que de nacer serían en casi todos los casos viables.

No son muchos. Un par de tipos valientes en Madrid, otro par de osados en Barcelona. Al principio ni se conocían, pero acabaron creando la «Plataforma la vida importa». Son gente normal. Un empresario, un médico, un abogado pluriempleado al frente del Centro Jurídico Tomás Moro, que lleva tres años sin vacaciones porque tiene que gastarlas en sus idas y venidas a los juzgados para defender la causa que enarbolan.

Padres de familia casados, muy ocupados y que, sin embargo, sintieron en algún momento un latigazo en la conciencia que les obligó a lanzarse a un loca carrera en pos de una verdad incómoda.

Emprendieron un camino que les llevó a pasar muchas noches al raso, dejando a sus seres queridos solos en casa. Y todos lo iniciaron por una mezcla de curiosidad y responsabilidad moral.

«En Barcelona -recuerda uno de los buscadores- se hablaba mucho de que aparecían fetos en la basura, de que si las clínicas los tiraban... Todo el mundo suponía que era una leyenda urbana más, pero a mí me dio por querer confirmarlo. Empecé a salir y ya ve lo que me encontré».

Animarse a realizar semejante labor no es fácil. Aprendieron a pertrecharse. La primera vez salieron con unos guantes de cocina «robados» del fregadero de casa. Pronto se dieron cuenta que había que comprar además batas médicas, incluso mascarillas de laboratorio y, sobre todo, localizar un lugar donde vaciar el contenido de las bolsas. Más aún cuando empezó a comprobarse la naturaleza de su contenido.

Leyendas hechas realidad

En Madrid fue otra teórica leyenda urbana la que guió la busca a J. «Eran noticias que venía de Estados Unidos y Rusia. Hablaban de que los centros abortivos vendían los fetos a laboratorios para fabricar cosméticos. Te parece imposible, pero a un amigo y mí nos picó la curiosidad.

Hicimos noches y noches guardias en el coche, como los policías yanquis, con café en un termo y donuts. Hasta que un día lo vimos. Y no fue de noche. Era a plena luz del día. A las once de la mañana, en una zona céntrica y recorriendo Madrid de punta a punta. Localizamos la ruta. Dos días a la semana un camión de una empresa especializada en transportes de residuos biológicos descargaba 20 ó 30 botes de 25 kilos y cargaba otros tantos ya precintados y llenos. Los conducían a un laboratorio que fabrica cosméticos. Alucinamos».

«El problema es que es muy difícil de demostrar -prosigue- que lo que iba dentro de esos botes eran restos humanos y que esos fetos se utilizan para hacer cremas. Pusimos una denuncia y en estos momentos se está investigando de una forma más científica, con análisis clínicos de todo tipo y esperamos que en breve se pueda seguir avanzando».

Dos grupos con inquietudes similares. La suerte, «Dios», asegura J., los unió. En algún momento del periplo, los buscadores de fetos de Barcelona, también tuvieron un encuentro feliz al localizar a los de Madrid. Dos equipos actuando a menudo juntos, con los mismos objetivos, multiplicaron los resultados.

«El caso -recuerda J.- es que nos quedamos parados con lo de las cremas cuando en una visita a Barcelona por motivos de trabajo contacté con la persona que allí llevaba ya unos meses recopilando datos de entre las basuras. Su experiencia me animó a hacer lo mismo en Madrid».

Lo que J. localizó casi en cada una de sus pesquisas es lo que en 2006, tras ponerles él mismo en alerta, encontró el Seprona en las basuras de algunas clínicas madrileñas, como Isadora, multitud de restos de placenta, de todo tipo de pequeños miembros de niños e, incluso, como certificó un forense de La Paz, algunos fetos de más de siete meses de gestación.

Lo que encontraron en Barcelona es lo que más tarde ha servido para cerrar las clínicas de Morín. Todo apuntalado en madrugadas macabras recontando restos humanos. Semanas de vigilancia nocturna, a las puertas de las clínicas, para averiguar qué días y a qué horas se deshacían del producto de sus carnicerías. Poniendo dinero de sus bolsillos. Cuando empezaron nunca imaginaron que iban a toparse con un submundo tan espeluznante.

A lo más esperaban localizar algún medicamento prohibido, algún resto biosanitario. Soñaban con encontrar alguna prueba que inculpase a los abortista. Pero noche a noche sus descubrimientos resultaban más macabros, más increíbles, más comprometedores. Restos humanos a millares, placentas, sábanas quirúrgicas, guantes, gasas, todo manchando de sangre e inmundicia. También pudieron recomponer historias de cientos de mujeres que abortaron, con nombres, apellidos y precios. Porque las clínicas también tiraban al cubo de los desperdicios los datos más confidenciales de sus pacientes.

Tuvieron que aprender a interpretar lo que encontraban. Hablaron con ginecólogos, se informaron, se convirtieron en expertos del análisis de la basura abortiva. «Podemos decirte, según lo que encontramos, de qué semana de gestación se trata». Distinguen lo que son unos pulmones de un simple resto de placenta. Narran anécdotas que espeluznan con la tranquilidad del que ha convivido con el horror: «Lo que muchas veces se les escapa y acaba en la basura son las cabezas de los niños. A pesar de que son grandes, con el pelo y la sangre las confunden con las pelotas que hacen con las sábanas y los pañales».

Cabezas cortadas que les permitieron confirmar que en los abortos de más de 20 semanas, se decapitaba a los niños. «Aunque en eso -aclaran- cada médico tiene sus gustos. Unos las cortan, otros pinchan con una lanceta el corazón, otros los asfixian...».

¿Recién nacidos? Sí porque también descubrieron en las bolsas miles de cajas y restos de medicamentos para ayudar a provocar partos. ¿Qué hacían en esas basuras medicinas propias de una maternidad? «Eso nos lo descubrió el doctor Simón, de la asociación Médicos Cristianos.

A partir del sexto mes de gestación no se puede matar al niño con los métodos convencionales, hay que provocar un parto y una vez fuera acabar con él». Auténticos infanticidios.
Dato que les sirvió para aclarar otra de las incógnitas de sus descubrimientos: «Entendimos por fin por qué había en los cubos tantos pañales con excrementos. Cuando se provoca un parto a la mujer se le pone una lavativa previa. Así que por cada pañal con excrementos, un aborto de al menos seis meses».

Doble contabilidad

Igualmente por cada sábana quirúrgica manchada de sangre, otro aborto, por cada dos pares de guantes, otro... Eso les dio una idea: llevar una contabilidad de los abortos que se practicaban. Limitaron su seguimiento a un par de clínicas en Madrid. Durante varios meses se centraron en esa actividad: recogida rutinaria un par de días a la semana de las basuras de las mismas clínicas, recuento -«siempre tirando a la baja», recalcan- del número de abortos practicados y extrapolación de esos datos al conjunto del año.

«Con los primeros números especulamos con que podría llegar a haber un desfase de hasta un 30% entre los abortos declarados oficialmente por las clínicas y los que realmente se practicaban. Pero cuando llegaron las cifras oficiales comprobamos que en una la desviación era del 70% y en la otra del 80%. Si eso se repetía en toda España y, nos tememos que es así, estaríamos hablando de que en lugar de los casi 100.000 abortos declarados en 2005 se estarían realizando de 170 a 180.000 reales. Vamos, hablamos de un asombroso mercado negro de abortos».

Lee el artículo siguiente: la trituradora de fetos


Morín hizo desaparecer toneladas de restos de fetos con su trituradora
D. P.
MADRID. Los buscadores de fetos andaban locos con una de las clínicas de Morín que tenían bajo vigilancia. «En las basuras del centro TBC -recuerdan crudamente- no aparecían nunca restos humanos. Hasta a las más cuidadosas se les escapaba algo en la basura, una manita, un costillar, algo, pero en esa nunca».

Sin embargo, había todas las demás pruebas de que allí se realizaban interrupciones de más de 20 semanas: pañales con excrementos, medicamentos para provocar partos, etc.
La clave del misterio la aportó la propia basura. En los cientos de papeles que se recuperaban localizaron un albarán por el que se confirmaba un pedido de dos juntas de triturador «que serán pagadas a su entrega». Venía el nombre de la máquina, una STR2000.

Tan macabra herramienta es una de las piezas claves en la investigación judicial. La Guardia Civil ha recogido muestras de ADN, que ha analizado para cotejar con las pacientes de la clínica.
ABC se puso en contacto con un técnico especializado en el mantenimiento de este tipo de maquinarias: «La STR2000 es una aparato industrial, se utiliza en grandes supermercados, en cocinas de hoteles incluso en mataderos. Es capaz de triturar hasta 400 kilos de carne en una hora. Todo lo que machaca lo expulsa por el desagüe». Adiós fetos, adiós niños, adiós pruebas.

La incógnita era saber cuánto tiempo aguanta normalmente una junta como las que Morín tuvo que cambiar: «No menos de un año y dándole bastante caña al aparato». Sólo pensar en las consecuencias de esa respuesta del técnico asusta y marea: ¿Cuántas toneladas de restos humanos trituró Morín?

Si las basuras de TBC eran pobres en restos humanos se convirtieron en un botín en los papeles. Documentos, borradores, anotaciones que iban aclarando poco a poco el funcionamiento de los centros.

Así se comprobó cómo cada noche se tiraban a la basura los informes psicológicos firmados por el psiquiatra de turno y con la fecha del día, pero con el nombre de la madre en blanco. Eso hizo sospechar que los psiquiatras firmaban sus informes para justificar todo tipo de abortos y en cualquier momento sin realizar la revisión oportuna. ABC ha tenido acceso a varios de esos informes firmados en blanco en la clínica Aragó de Gerona por dos médicos psiquiatras diferentes. El doctor L.P.A., rubricaba el 28 de octubre de 2005, y el doctor J.C.G., el 29 de junio del mismo año, dos informes idénticos, escritos con las mismas palabras y en los que al lado de «La senyora» no había ningún nombre. Se supo que los médicos iban a comisión, unos 30 euros por cada mujer, y que la empresa les forzaba para que «ninguna paciente que llegara se les escapara. Si vienen que aborten», le dijeron a un psicólogo posteriormente arrepentido y que fue despedido por su «poco celo».

También se descubrió lo que las clientas pagaban por sus abortos y lo que los médicos recibían por practicarlos. Los papeles nos cuentan que un aborto de entre 13 y 15 semanas venía a salir por 378 euros (258 por la intervención y 120 por la anestesia). Sin embargo, según pasaban las semanas todo se encarecía. A Emma, de 20 años, la pidieron 3.200 euros cuando se informó la primera vez y llevaba 26 semanas embarazada. Cuando se decidió a abortar, tres semanas después, tuvo que abonar 4.000 euros. Angia, una suiza que llevaba 23 semanas de gestación, pagó 3.500 euros, aparte de los gastos de hotel y avión, porque la clínica Ginemedex, como otras, también actuaba de agencia de viajes. Sin embargo, al doctor C., Morín sólo le pagaba 60 euros por cada «IVE en los inicios», 70 por cada «IVE pequeña» y 90 cada «IVE grande». IVE son las iniciales de Interrupción Voluntaria del Embarazo. El doctor C., en la semana del 23 al 28 de abril de 2007 se embolsó 1.440 euros después de trabajar tres días (martes, jueves y viernes) y completar dos abortos de inicios, 13 pequeños y seis grandes.

«Los grandes -explican los buscadores- en la clínica de la trituradora se practicaban del siguiente modo: se provocaba el parto, cuando el niño salía se le apretaba el cuello para evitar que gritara y que la madre lo oyera y medio asfixiado se le arrojaba a la trituradora».

Me estás matando

sábado, 15 de diciembre de 2007 · 5 comentarios

Lo he encontrado en Aborto y verdad (el hijo canta a su madre, mientras va a abortarlo...); me ha emocionado, es bueno, bueno, bueno; escúchalo hasta el final:

Cae el tabú del aborto

viernes, 14 de diciembre de 2007 · 3 comentarios

Si estás en Madrid, o cerca, el próximo 22 de diciembre, sal a pasear con tu familia.

Editorial de ABC, 13 de diciembre de 2007

LA comunidad de Madrid ha ordenado el cierre cautelar de un centro médico de la capital en el que supuestamente se estarían practicando abortos ilegales con características similares a los de la red de clínicas abortistas desmantelada en Barcelona. Estaríamos así ante un nuevo caso de falsificación de informes médicos, de intrusismo profesional y, en general, de incumplimiento de las condiciones legales para practicar abortos. Poco a poco se está descorriendo el velo sobre la trágica realidad de la práctica abortista en España, que ha aprovechado la inconsistencia de la ley de despenalización del aborto para implantar un auténtico aborto libre, protegido por la pasividad de las administraciones públicas y el silencio cómplice de los partidos políticos, atrapados por esa ideología abortista trufada de tópicos y de estigmas contra todo aquel que ose levantar la voz en defensa de la vida del no nacido. En estos casos, lo que se está planteando, para tranquilidad de quienes siempre ven oscuras tramas confesionales en la oposición al aborto, es una mera cuestión de legalidad penal, porque, hay que insistir en lo obvio, el aborto en España es un delito contra la vida que está disculpado en tres supuestos o indicaciones: embarazo por violación, taras físicas o psíquicas del feto o riesgos de este tipo para la madre.

Es un acierto que la Fiscalía de Barcelona y un juzgado de Instrucción de esta capital y que el Gobierno de la Comunidad de Madrid hayan roto el tabú del aborto ilegal en España, y lo que debería suceder es, por un lado, que el ejemplo cundiera en todas las comunidades autónomas para que pusieran en marcha sus servicios de inspección médica, y, por otro, que la Fiscalía General del Estado respaldara explícitamente la actuación de la Fiscalía catalana y ordenara a todas las fiscalías abrir investigaciones propias para llevar la práctica ilegal del aborto ante los tribunales. Por desgracia, el desmesurado número anual de abortos en España permite presumir fundadamente que hay un muy alto porcentaje de interrupciones ilegales del embarazo. Hasta en el extranjero lo saben y, por eso, España se ha ganado fama de que «aquí no hay problema para abortar en cualquier momento», incluso, en el colmo de la bestialidad, a fetos de más de ocho meses. La causa de esta vulneración masiva de la ley es doble: el abuso fraudulento de la excusa del riesgo para la «salud psíquica» de la madre, supuesto legal tan ambiguo que sirve de tapadera para un verdadero aborto incondicional, y la doble moral de amplios sectores sociales, opuestos mayoritariamente a una ley que reconozca el aborto libre, pero al mismo tiempo conscientemente tolerante con un aborto industrializado -y muy lucrativo- que cada año se cobra en España 100.000 vidas.

Fight for kisses

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No he podido resistirme a poner el enlace a este anuncio de Wilkinson, porque es realmente bueno.

Venezuela dijo ¡NO!

miércoles, 12 de diciembre de 2007 · 0 comentarios

Me ha pillado off-line el referéndum con el que el Gorila Rojo pretendía cambiar la Constitución Venezolana para perpetuarse en el poder total de una dictadura socialista.

Pero ¡VENEZUELA DIJO NO!

Me llevé una gran alegría, lo único que lamento es que no tenía a mano más que una limonada para celebrarlo.

Al cantamañanas de Eduardo Aute (cantante del régimen de la Nueva Tiranía que nos aflige) le seduce el plan opresor de Chávez -o eso ha dicho, lo que no hace más que confirmar que es deleznable -el plan-; pero a los venezolanos no, que son los que lo sufren.

Esta foto parece ser que fue tomada en París, durante una visita del gorila: ¿cuando descargará el pueblo su golpe liberador?

HOLODOMOR

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Hace mucho tiempo que quería enlazar a Marta Salazar sobre el HOLODOMOR, nombre que recibe una gran hambruna que ocurrió entre 1929 y 1932 en Ucrania, causando la muerte de millones de personas. Entonces este país ya pertenecía a la URSS de Salin.

Las razones de esta gran tragedia son varias, pero se podrían resumir en que en la década de los 30, Stalin decidió implantar una nueva política para la URSS, a través de una radical trasformación de sus estructuras económicas y sociales, buscando los siguientes objetivos:
1) La colectivización estatal de la agricultura
2) Establecer un efectivo control político administrativo
3) Generar una industrialización acelerada de la Unión Soviética teniendo como base las exportaciones de productos agrícolas.

Además, el HOLODOMOR sirvió para quebrantar toda oposición al poder comunista en Ucrania. Es muy aleccionador seguir los enlaces y comentarios de esta cuestión, tan espantosa como desconocida y olvidada.

La batalla de nuestro tiempo

lunes, 10 de diciembre de 2007 · 2 comentarios

Por JUAN MANUEL DE PRADA, en ABC, 10 de diciembre de 2007

NOS enseña Chesterton que sólo quienes nadan a contracorriente saben que están vivos; tal vez dejarse llevar por la corriente sea más plácido y descansado, pero uno corre el riesgo de convertirse en sustancia inerte sin siquiera advertirlo. Las grandes batallas del pensamiento, los avances que han ensanchado el horizonte humano, siempre se han librado a contracorriente; y, por ello mismo, han causado multitud de bajas y defecciones entre sus defensores. Pero hay causas a las que merece la pena entregarse contrariando el espíritu de los tiempos, sabiendo que en nuestro afán cosecharemos indiferencia, desdén o franca animadversión; pues, si renunciáramos a hacerlo, simplemente dejaríamos de ser humanos. La gran batalla de nuestro tiempo, el frente donde se dirime la supervivencia de nuestra humanidad, se llama aborto; y es ahí donde debemos exponernos quienes deseamos nadar a contracorriente...

Además:
TERCERA de ABC de su director, José Antonio Zarzalejos, La barbarie silenciosa (el aborto libre en España) y Editorial del mismo periódico de ayer, domingo 9 de diciembre de 2007, El aborto, un fracaso colectivo

Lee el artículo completo


Declararse sin ambages contrario al aborto constituye en nuestra época una suerte de oprobio social: al antiabortista se le moteja de ultraconservador, de integrista religioso y no sé cuántas sandeces más. Se trata de una caracterización rocambolesca que, sin embargo, ha adquirido carta de naturaleza en el Matrix progre. Nunca he entendido cómo alguien que se proclama «progresista» pueda defender el aborto; se supone que quienes postulan el progreso del hombre deberían por ello mismo declararse obstinados defensores de la vida. La protección de la vida constituye algo más que un derecho esencial e inviolable del hombre, puesto que sin reconocimiento de la vida el Derecho mismo carecería de sentido. La vida genera Derecho, es el manantial del que el Derecho mismo nace. Una sociedad que no respeta la vida es una sociedad sin Derecho. La protección de la vida nos impone la execración de la pena de muerte, despierta nuestra conciencia social, alimenta nuestros deseos de paz y concordia: la vida nos reclama, la vida nos interpela, la vida nos exige su constante e intransigente vindicación, frente a quienes pretenden convertirla en un bien supeditado a otros intereses. La misión de un auténtico defensor del progreso humano consiste en defender la vida frente a la muerte y en luchar para que la vida de los indefensos mejore, hasta alcanzar las cotas de dignidad que su condición humana exige. ¿Acaso existe vida más indefensa e inerme que la vida gestante? ¿Cómo se puede rechazar la pena de muerte y al mismo tiempo aceptar el aborto? ¿Cómo se puede sentir un impulso de piedad hacia quienes sufren hambre o persecución o cualquier tipo de abuso si no nos apiadamos antes de esas vidas a las que arrebatamos su destino?


Toda defensa del hombre que no se sostenga sobre la condena del aborto es una casa erigida sobre cimientos de arena. Tal vez nos sirva para mantener en pie el tinglado de la farsa y fingir que seguimos siendo humanos; pero, sin saberlo, ya nos hemos convertido en sustancia inerte que la corriente arrastra. Sólo en una sociedad de hombres inertes podría aceptarse un crimen de esta magnitud. Y aquí convendría especificar que tan culpables son quienes lo perpetran o defienden como quienes con su silencio o indiferencia lo amparan. El crimen del aborto arroja ante nuestros ojos la pesadilla de una sociedad caníbal, saturnal, que devora a sus propios hijos, entregada a una orgía de muerte. No puede haber orden social justo allá donde la vida no es protegida obstinadamente; no puede ni siquiera haber orden humano, porque sólo somos hombres cuando combatimos la muerte, cuando hacemos de la vida nuestro más denodado afán, nuestra vocación primera e incondicional.

Esta es la gran batalla de nuestro tiempo: una batalla que nuestro tiempo no desea librar por cobardía, por comodidad, por orfandad de convicciones morales; pero acaso por ello mismo la batalla más hermosa e irrenunciable. Una batalla a la que debemos entregarnos como quien nada a contracorriente, sabiendo que tal vez nos agotemos en un braceo extenuador, sabiendo que tal vez no alcancemos la orilla. Pero otros tomarán nuestro relevo. Y, mientras dure la batalla, al menos sabremos que estamos vivos, irradiando vida en un mundo acechado por la muerte.

«La sanidad pública descarga sobre la privada los abortos que no están claros»

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Entrevista a Josep Miró Ardèvol, responsable de e-cristians, en ABC, 9 de diciembre de 2007.

Sostiene que sólo persigue el cumplimiento de la ley

TEXTO MARÍA JOSÉ FRANCO. FOTO YOLANDA CARDO

BARCELONA. -¿El «caso Morín» es sólo la punta del iceberg de la realidad sobre el aborto o la excepción a un buen cumplimiento general de la ley?
-Morín es un bloque grande del iceberg, pero aparte de sus clínicas, hay otras que incumplen la ley. La mayoría de las interrupciones del embarazo en España son ilegales, se hacen bajo el supuesto de enfermedad psíquica de la madre de manera poco clara.
-¿En qué se basa para hacer esa afirmación?
-Sobre todo en dos cuestiones estadísticas: el número de abortos que los centros públicos derivan hacia los privados, y la cantidad de mujeres que se acogen al mencionado supuesto. Hay que añadir que las estadísticas no reflejan el número real de abortos en España, puesto que no se sabe cuántos se practican al margen de la ley.
-¿Por qué acuden las mujeres a los centros privados?
-En la sanidad pública sólo se hace el tres por ciento de los abortos, y casi todos por el supuesto de malformaciones en el feto. La leyenda urbana dice que se debe a la objeción de conciencia de los médicos. Radicalmente falso. No puede haber en los hospitales públicos tanta concentración de médicos con conciencia antiabortista.
-¿Cuál cree que es la razón, entonces?
-Hay algo común en todas las comunidades autónomas, y es que la sanidad pública sólo hace los abortos que claramente se ajustan a la ley. Así, se descargan de los problemas legales que pudieran surgir, y quedan para el sistema privado, que además recibe subvenciones, los casos dudosos. Hay un fraude de ley generalizado.
-Santiago Barambio, portavoz de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), que agrupa a 30 centros de España, ha amenazado con un plante porque, tras estallar el «caso Morín», se sienten acosados por los grupos católicos, incluido el que usted dirige, y denuncian también el silencio de los políticos. Afirma que siempre están bajo sospecha.
-¿Acoso? Si es acoso pedir que se cumpla la ley... Lo que perseguimos es que se restituya el imperio de la ley. Se precipita al decir eso, todavía no hay acoso. Si hacen un plante y dejan de hacer abortos un tiempo, nosotros lo celebraremos y sus cuentas corrientes sufrirán.
-E-Cristians ha pedido a la Consejería de Salud que haga más inspecciones a las clínicas de la ACAI, porque creen que «hay indicios racionales de posibles abortos ilegales». Que, por cierto, Geli ya ha respondido que no las hará.
-Los políticos los han encubierto hasta ahora, y cuando Geli dice que no quiere revisar los expedientes de esos centros, sigue encubriéndolos.
-Si creen que practican abortos ilegales, ¿por qué no lo denuncian como en el caso de Morín?
-No somos partidarios del activismo jurídico. Somos lentos. Han pasado dos años desde que empezamos hasta que hemos presentado la querella contra Morín y los que le acompañan, que además es extensiva a los responsables de Salud. Hay que fundamentar las cosas.
-«Hacemos el trabajo que nadie quiere hacer y, encima, nos tratan como a asesinos», se lamenta el portavoz de la ACAI.
-¿Y por qué lo hacen?
-Defienden el derecho al aborto.
-No, lo hacen para ganar dinero. No han montado una cooperativa o una ONG, sino empresas con ánimo de lucro. Mientras el aborto esté privatizado, existe riesgo de ilegalidad. Es un escándalo que una actividad como ésta forme parte de la economía de mercado y se ejerza mediante sociedades mercantiles. Tiene que sacarse de la lógica del mercado, volver a la sanidad pública y bajo un cumplimiento estricto de la ley. Un aborto es un hecho irreparable al que a veces la mujer se enfrenta con grandes dudas.
-Están aprovechando este caso para hacer una campaña contra el aborto, les acusan algunos.
-En todo caso, una reflexión, que en nuestro país todavía no se ha hecho. ¿Cómo se ha llegado al escándalo moral de Carlos Morín? Han sido necesarias muchas complicidades durante mucho tiempo, una inhibición escandalosa, que muchos hayan hecho la vista gorda.
-¿Quiénes?
-Políticos, autoridades sanitarias, gobiernos, colegio de médicos, medios de comunicación... Hay otra cosa curiosa, en Cataluña, Hacienda ha hecho un montón de peinados fiscales en diversos sectores, sobre todo en actividades que se cree que pueden mover dinero negro. Bueno, pues nunca se han hecho a las empresas de Morín, pese a sus desproporcionados signos externos de riqueza. Tiene coches de lujo, una casa carísima, empresas de construcción...
-Habla de gobiernos que han hecho la vista gorda.
-Morín no ha construido su imperio abortista con el tripartito ni con Rodríguez Zapatero, aunque haya gozado con ellos de un momento especialmente favorable. Ha funcionado en el período de Jordi Pujol y con gobiernos del PP en Madrid. Nadie movió un papel para modificar nada, para establecer reglamentaciones. Ha habido un pecado de omisión.
-Usted fue consejero con Pujol.
-Sí, de Agricultura entre 1984 y 1990. La ley del aborto es del 85 y en los primeros años era algo con escasa dimensión social. Quizá por eso no le presté tanta atención; me ha ocurrido igual con otros asuntos.
-¿Le parece necesario que los medios de comunicación, al hablar de las clínicas ahora investigadas, se extiendan en aspectos como las trituradoras de fetos, cómo se extraen éstos, etcétera?
-Es fundamental porque el aborto, a fuerza de hacer de él bandera ideológica, se ha convertido en una abstracción. Una mujer entra en una clínica y sale de ella, y entre tanto no pasa nada. La pregunta sería a la inversa: si no se cuenta lo que ocurre, ¿no estamos omitiendo detalles fundamentales sobre el feto y sobre la mujer?

Los instrumentos del "Doctor" Morín

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LA GACETA, 3 de diciembre de 2007

El triturador usado en las clínicas de Barcelona es el mismo que se utiliza para eliminar los desperdicios en mataderos y pescaderías

Santiago Mata

Madrid. El modelo STR-2000 es un triturador industrial de gran utilidad en los lugares en que es necesario eliminar grandes cantidades de desperdicios en la alimentación".

"En los mataderos, pescaderías, fábricas de conserva y mercados de todo tipo, se depositan grandes cantidades de residuos de materias orgánicas que producen malos olores y originan trabajo y preocupación de su transporte a los vertederos y medios de limpieza".

"Con la instalación del triturador STR-2000 en cualquiera de estos casos, se consigue eliminar todos los desperdicios en el momento en que se producen, sin necesidad de envasarlos y transportarlo, consiguiendo de este modo un ahorro considerable de la mano de obra".

"El aparato puede adaptarse sin ninguna dificultad a cualquier voltaje de energía eléctrica". Además cuenta con un elemento de seguridad "que se dispara automáticamente en cuanto se somete a un esfuerzo anormal producido por cualquier tipo de producto inadecuado".

Quizá la empresa Guipuzcuana no sabía para qué podían necesitar dos trituradores dos de las clínicas barcelonesas del doctor Carlos Morín especializadas en abortos ilegales. Según el testimonio de la testigo protegida en este caso, emitido por Intereconomía TV el pasado martes.

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Uno de ellos estaba en la planta baja de la clínica TCB, bajo un lavabo al que se accedía por una puerta detrás de la mesa de recepción. El otro estaba en un patio exterior al lado de la sala de espera de la clínica Ginemedex. Prueba de la profusión con que se usaban -según la testigo las clínicas recibían al menos 15 llamadas semanales para realizar abortos de más de 24 semanas de gestación- es la petición cursada a STR-2000 en agosto de 2005 para que enviaran a TCB dos nuevas juntas de triturador.

Quienes han investigado la "basura" de las clínicas abortistas (la madrileña Isadora fue investigada en el pasado mes de marzo por arrojar restos de fetos a la basura ordinaria) se sorprendían de la falta de restos orgánicos en las de Morín. Ahora ya saben el por qué: los fetos de gran tamaño salían al exterior por los desagües ordinarios, previamente triturados gracias a la eficacia de las máquinas de STR-2000.

Los desechos del aborto

Un reportaje de la TV danesa DR1 emitido a finales del mes de octubre de 2006 terminó con el negocio de los abortos ilegales durante un par de meses: Morín decidió suspenderlos y desmontar los dos trituradores. Pero el descenso de ingresos, y la mitigación de la polémica -no podía ser menos, pues llevaba "trabajando" en su especialidad en esas clínicas desde 2002 sin ser molestado (estuvo en la cárcel en 1989)-, le hizo reconsiderar la cuestión y volvió a los abortos de fetos de gran tamaño en enero de 2007.

El doctor Morín volvió a instalar un triturador en Ginemedex, pero en TCB hubo que recurrir a descuartizar manualmente los fetos y camuflarlos en los contenedores a los que se arrojan los restos de abortos legales. Como la Ley del Aborto no regula qué hacer con los restos, se recurre a incinerarlos como si fueran residuos orgánicos procedentes de la actividad de una clínica "normal".

Para algunos el drama del aborto quizá no sea más que una cuestión de residuos mal gestionados. Cuanto más pequeños, mejor, en este caso, y de ahí que prefieran que la ley les garantice inmunidad hasta cierto plazo de tiempo... que no exija usar triturador. Por lo que hace en eficacia para incinerar, la historia del siglo pasado proporciona experiencias más que suficientes.

«Ya que ha venido a la clínica, apriétala para que aborte»

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El caso de Morín, el "Doctor Aborto", ha destapado el apestoso crimen-negocio del aborto ilegal en España; destapado y, me temo, tapado, porque está por ver que se siga investigando y se detenga y condene a tantos otros como forman esta multinacional del crimen, porque Morín no es más que la punta del iceberg.

Con la etiqueta Morín, puedes encontrar artículos y otras informaciones sobre este truculento caso, paradigma de lo que está sucediendo, desgraciadamente, en muchas clínicas de muchas ciudades españolas.

ABC, 3 de diciembre de 2007
JANOT GUIL. BARCELONA
La operación judicial realizada contra cuatro clínicas privadas de Barcelona acusadas de realizar abortos ilegales ha devuelto al primer plano de la actualidad el sucio negocio que muchos centros hacen con esta práctica médica.
Desde el pasado viernes, el máximo responsable de tres de estos centros y «cabecilla» de este trama organizada dedicada al aborto ilegal, el cirujano Carlos Morín, su esposa y una trabajadora de sus clínicas se encuentran en prisión provisional por orden de la juez que investiga el caso, la titular del juzgado de Instrucción número 33 de la capital catalana. Las otras tres personas -médicos- que también fueron detenidas el pasado lunes en la misma operación están en libertad bajo fianza.

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Sin embargo, el ya bautizable como «caso Morín», del que van filtrándose detalles, a cual más escabroso, por entre las rendijas del secreto de sumario impuesto, no es un caso único, desgraciadamente.


Como han denunciado muchas entidades, la legislación sobre el aborto en España tiene muchas grietas, además de un coladero en forma de boquete como es el supuesto que permite abortar si existe riesgo para la salud psíquica de la madre. Al amparo de este supuesto, no hay límite de semanas para la interrupción legal del embarazo, lo que propicia que se interrumpan gestaciones de hasta ocho meses o más tiempo, una instauración «de facto» del aborto libre que se registra exclusivamente en los centros privados y no en hospitales públicos, como demuestran las estadísticas.

Para acogerse al supuesto de riesgo para la salud psíquica de la embarazada, el expediente de la paciente debe incluir un informe hecho por un psiquiatra que certifique la existencia del citado riesgo. El problema es que dichos exámenes se convierten en trámites poco rigurosos alentados por el afán mercantilista de los responsables de las clínicas privadas, que llegan a cobrar entre 3.000 y 6.000 euros por este tipo de abortos.

En el caso de las clínicas ahora investigadas en Barcelona, ha trascendido que algunas de las clientas han declarado ante la Guardia Civil que en sus expedientes médicos se incluía el preceptivo informe psiquiátrico, pese a que ningún especialista de esta materia las había visitado.

Cabe señalar que a muchos se les revuelve la ética por el mero hecho de que las clínicas tengan psiquiatras a sueldo para hacer informes de cuyos resultados dependen los ingresos del centro, pero la ley no prohíbe explícitamente esta opción, «ergo», la consiente, y aquí empieza a abonarse un terreno lleno de suspicacias, cuando no de ilegalidades.
Siete meses de pesadilla

Da fe de ello Jaime Cañellas, un psiquiatra que tras trabajar siete meses, entre 2004 y 2005, en una clínica abortista de Gerona -que tiene también sedes en Barcelona y Palma de Mallorca, pero que no está vinculada a Morín- se fue horrorizado de lo que vio. La clínica le fichó mediante un contrato mercantil, él acudía a trabajar un día a la semana, dos horas, y cobraba 17 euros por cada informe que realizaba. A los tres meses, presenció tantas irregularidades que ya empezó a pensar en tomar la salida.

Según explicó a ABC, él, como el resto de psiquiatras a sueldo del centro, recibían coacciones y presiones de los propietarios de la clínica para que avalaran con sus informes los abortos. Incluso le ponían sobre la mesa un texto de informe «estandarizado» -«La mujer presenta un cuadro...»-, en el que sólo quedaba por poner el nombre de la paciente y su firma como especialista. «Yo me quejé. Les comenté que eran informes poco específicos. Pero a ellos sólo les importaba maximizar los beneficios», explica. De buenas a primeras, comenzó a recibir broncas de sus jefes por su «exceso» de celo profesional, que a veces se traducían en informes manuscritos que él añadía al texto fórmula, y por enviar a mujeres a casa tras disuadirlas de abortar. «Me gané la fama de disidente y cada vez me dejaban visitar a menos mujeres», afirma Cañellas, quien ilustra su queja con un ejemplo descorazonador.

«Algo podrás encontrar»

«Un día -relata- me vino una mujer embarazada de siete meses diciendo que quería abortar porque su marido la presionaba a que lo hiciera. La había sentenciado con un ultimátum: "O abortas o te dejo". La mujer no sufría ningún trastorno grave, más allá de su lógica preocupación, y le dije que lo meditara. Incluso le comenté si no sería mejor que dejara a su marido...». Finalmente, la mujer se marchó a casa y a Cañellas le cayó otra bronca. Uno de los propietarios de la clínica le espetó: «Ya que ha venido, apriétala para que aborte». Y a renglón seguido otras lindezas como «pues algo tiene qué tener la mujer» o «algo podrás encontrar, está deprimida».

Cañellas se fue de la clínica en 2005 mordiéndose la lengua, pero finalmente se decidió a explicar públicamente su caso en junio de 2006. Fue entonces cuando el Partido Social Europeo presentó ante la Guardia Civil un escrito en el que denunciaba, entre otras cosas, que habían llegado a su poder certificados de psiquiatras que trabajaban para la clínica donde había estado Cañellas firmados en blanco y sin el nombre del paciente. Uno de estos certificados llevaba la firma, falsificada, de Cañellas. El caso sigue sin esclarecerse.

A raíz de esta revelación, este psiquiatra estalló y denunció su historia. Lo hizo en algunos medios de comunicación, que no en los juzgados, porque no se ve capaz de enfrentarse cual «quijote» contra las clínicas y «porque las irregularidades que vio son muy difíciles de demostrar».

La Generalitat no vio nada

A la postre, sus críticas sí llegaron a oídos de la Generalitat, pero la respuesta que allí encontró fue aún más desalentadora. El pasado febrero, le citaron a declarar ante unos inspectores del Departamento de Salud, que le sometieron a un interrogatorio «como si yo fuera el culpable.». Luego, meses después, la Generalitat le respondió que habían inspeccionado la clínica y no habían hallado ninguna irregularidad.

Desengañado y rendido, Cañellas sigue ahora trabajando en su consultorio privado; ya ni se plantea volver a estar en una clínica abortista. Al menos, avista un futuro más esperanzador después de que lo sucedido con Morín haya abierto los ojos a muchos.

¡Que los cierren!

jueves, 6 de diciembre de 2007 · 0 comentarios


Concentración por la vida (30.11.2007) para pedir más inspecciones sanitarias y judiciales en las clínicas abortivas y el fin de los abortos ilegales.

Sigue AQUÍ el caso Morín

La barbarie silenciosa

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La maldad del aborto es tal que hasta sus defensores protestan por la difusión de imágenes.

Ignacio Sánchez Cámara en La Gaceta de los Negocios, 05/12/07

Vamos sabiendo los detalles del horror. Se usaban trituradoras de matadero industrial y los fetos eran expulsados por los desagües. Pero, conviene no engañarse, su principal responsable, en cuyas clínicas se llegaron a practicar abortos a niños de siete meses, ha sido imputado por falsificación de informes psiquiátricos, pues en España es legal asesinar a un embrión en cualquier momento de la gestación, ya que el supuesto de la salud de la madre carece de plazo. Es casi seguro que estamos sólo ante un caso horrible entre centenares.

Nuestra legislación en materia de aborto es muy defectuosa (si no estoy equivocado, radicalmente opuesta al orden moral) y además es vulnerada sistemáticamente; abuso que ella misma facilita. En contra de lo que suele, interesadamente, pretenderse, no existe en España un derecho a abortar. Nuestra legislación penal tipifica el aborto como delito y sólo exceptúa la aplicación de la pena (es decir, despenaliza, pero no existe un derecho a hacer todo lo que no está tipificado en el Código Penal) en tres supuestos.

Lee el artículo completo


No creo que todas las anomalías congénitas del feto sean motivo para acabar con su vida, ni que sufrir una violación legitime para deshacerse de la criatura brutalmente concebida, pero puede estar justificado que el Derecho no establezca, en estos casos, la sanción penal. Es dudoso también que lo legitime el riesgo para la salud de la madre. Si el riesgo físico es grave, estaríamos ante un grave dilema de difícil evaluación. Pero, al incorporar el riesgo para la salud psíquica de la madre, la ley abre, de hecho, la puerta al aborto libre y sin plazos, sin más requisito que la existencia de un certificado psicológico.

Según informaciones fiables, el 97% de los abortos practicados en España se acoge a este supuesto. Tan flexible es el cajón de sastre (más bien, de desastre) legal que ya casi nadie se acuerda del supuesto socio-económico.

La maldad del aborto voluntario es tan patente que incluso sus defensores protestan por la publicación de imágenes e informaciones que se limitan a mostrar la realidad y recurren a la hipocresía y al eufemismo. Por lo demás, los males que se pretenden evitar, con un mal muchísimo más grave, son evitables: ayudas a las madres con problemas, adopciones, prevención de embarazos no deseados, entre otros medios. Además, pocas cosas hay tan lesivas para la salud psíquica de la mujer como la práctica del aborto voluntario.

Los promotores de esta forma de asesinato legal, travestido de derecho de la madre, ya han empezado a movilizarse para reclamar la reforma legislativa del aborto que establezca un sistema de plazos que acabe con la “inseguridad jurídica”; es decir, libertad para asesinar hasta un determinado momento de la gestión, matar pero con seguridad jurídica. Como no hay mal moral que no entrañe un asalto a la razón, el transcurso de un día convertiría el ejercicio de un derecho en un crimen. La unidad vital del cuerpo humano y, con ella, de la persona comienza con la concepción.

Todas las teorías que sitúan el comienzo en otro momento posterior, en el caso de que fueran correctas, no pueden impedir la conclusión de que, en cualquier caso, destruir el embrión es acabar con un proceso que, naturalmente, llevaría a la generación de una vida humana. Por ese camino se podría llegar a sostener que si, por ejemplo, la racionalidad o el uso del lenguaje son esenciales para que pueda hablarse de persona humana, cabría eliminar a todos los que carezcan del uso de razón o de la capacidad de hablar.

La admisión del aborto revela una de las mayores perversiones morales de nuestro tiempo. Nunca la legalización del crimen puede convertirse en una solución jurídica. El aborto que está provocado es una cotidiana barbarie silenciosa.

La brújula dorada

miércoles, 5 de diciembre de 2007 · 6 comentarios

(The Golden Compass)
[Director] Chris Weitz [Firmante] Alberto Fijo
Guión: Chris Weitz. Intérpretes: Dakota Blue Richards, Nicole Kidman, Daniel Craig, Eva Green, Sam Elliot. 100 min. Jóvenes. (V)

Adaptación al cine de Luces del norte, la primera de las tres novelas que componen la trilogía La materia oscura (His Dark Materials) escrita por el inglés Philip Pullman en los años noventa. La película, de cuidada estética retrofuturista y ambientada en la Inglaterra del siglo XIX, sigue las aventuras de Lyra Belacqua, una niña huérfana de 12 años que recibe como regalo una misteriosa brújula que le pondrá al tanto de secretos protegidos por una poderosa, temida y cruel organización, el Magisterium.

En la estela de El Señor de los Anillos y las Crónicas de Narnia, las novelas de Pullman son una especie de alternativa-antídoto de las aventuras de cosmovisión cristiana de Tolkien y Lewis. La película camufla la patente diatriba anticristiana de la obra literaria y concede el protagonismo a las secuencias de acción y aventura, aunque permanece el olor a libelo.

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Pullman urde una relato de aventuras en cuyo trasfondo hay un confesado deseo de ridiculizar el cristianismo y hacerlo antipático, presentando a la Iglesia (el Magisterium) como una vetusta y siniestra institución que cercena la libertad de las personas, a las que trata de someter a sus dictados usando el miedo y las técnicas inquisitoriales. De manera especial, el Magisterium se ocupa de los niños que dan señales de heterodoxia, internándolos en un centro-fortaleza de reeducación.

La película del neoyorquino de 38 años Chris Weitz (guionista de Antz y Un niño grande) minimiza el tono anticlerical, de forma que es difícil que un niño lo perciba, aunque para un adulto o un adolescente espabilado resulta bastante evidente. Conviene señalar que, aun así, la película es ominosa y violenta para el público infantil.

La cinta arranca bien, pero una vez presentados los personajes, la historia se atasca y se torna rimbobante, artificial y repetitiva. Los personajes no caen bien, parecen todos artificialmente airados, una especie de librepensadores mesiánicos con dolor de estómago. El retrato de la familia tampoco es para tirar cohetes, quizás porque Pullman la ha metido en el paquete de la “execrable tradición judeo-cristiana”.

Pullman es un hábil escritor y su imaginación es notable; ciertamente hay en la novela (y en la película) personajes y situaciones ingeniosos. Pero el conjunto se desluce por el énfasis adoctrinador con el que el vehemente Pullman pretende dar la vuelta a la enseñanza cristiana sobre la creación, el misterio del pecado y la redención. A la vista del contenido de la segunda y tercera novelas, parece difícil que Weitz o quien dirija las siguientes películas sean capaces de maquillar la agresividad de Pullman.

La materia oscura

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(His Dark Materials)
[Autor] Philip Pullman [Firmante] Luis Daniel González

[Descripción] Trilogía compuesta por las novelas: Luces del Norte (Northern Lights, 1995), La daga (The Subtle Knife, 1997) y El catalejo lacado (The Amber Spyglass, 2001). Barcelona: Ediciones B; 392, 283 y 444 págs. Traducción: Roser Berdaguer la primera; Dolors Gallart la segunda; Dolors Gallart y Camila Batlles la tercera.

Resulta imposible resumir unos argumentos tan articulados con tanta variedad de personajes y situaciones. Pero, básicamente, la protagonista de Luces del Norte, que arranca en el Oxford de un siglo XIX distinto, es Lyra, una niña de once años que vive en el Jordan College, un centro de “teología experimental”; el objeto clave que Lyra posee es el aletiómetro: un instrumento con el que será capaz de adivinar el futuro. El protagonista de La daga es Will, un chico de doce años de la Inglaterra de finales del siglo XX, cuyo padre ha desaparecido y cuya madre no está bien de salud, y que, al ser perseguido, entra en el mundo de Lyra a través de una ventana dimensional; el objeto mágico esta vez es la misteriosa daga que permite practicar aberturas entre mundos paralelos.

En El catalejo lacado hay un enfrentamiento final entre las fuerzas del bien y las del mal, que son las de la Autoridad y la Iglesia; un personaje central es Mary Malone, una ex monja católica, física de profesión, que fabrica un catalejo lacado con el que puede contemplar la Materia Oscura: unas partículas misteriosas que se acumulan allí donde hay seres humanos y que la Iglesia teme porque las considera una “evidencia física del Pecado Original”.

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Pullman escribe bien. Integra en su obra con naturalidad préstamos literarios de obras clásicas de fantasía juvenil, y tiene una poderosa imaginación y capacidad tanto para poner en pie un argumento complejo como para lograr pasajes llenos de tensión. Crea personajes atractivos y vigorosos, en especial la primera protagonista, Lyra, y son un acierto sensacional los “daimonions”, animales que forman una unidad con su pareja humana y que son estables en un adulto pero cambiantes durante la infancia y la adolescencia.

Por otro lado, algunas referencias literarias a propósito de lo que se narra pero que no son muy necesarias hacen presuntuosa la novela, que también se vuelve más espesa de la cuenta debido a que Pullman detalla otras cuestiones tales como el I Ching y el pensamiento chamánico. Además, como el relato tiene una notable complejidad argumental y temática, son muchas las subtramas y se hacen necesarias muchas explicaciones, con lo cual al autor le acaba pasando lo mismo, pero corregido y aumentado, que a su antimodelo C.S. Lewis en la Trilogía de Ramson.

Fobias del autor

Pullman se fabrica una cosmovisión más o menos gnóstica en la que “la Autoridad, Dios, el Señor, Yahvé, El, Adonai, el Rey, el Padre, el Todopoderoso –explica un ángel de lo más curioso– son unos nombres que él mismo se impuso. No fue el creador” sino un ángel más. Su objetivo es mostrar que la sabiduría se adquiere sólo después de haber perdido la inocencia y, para eso, presenta una tentación y una caída original singulares que se ven como el principio de la libertad humana.

En la novela el gran mal que la Autoridad y la Iglesia desea evitar es el pecado de atracción amorosa y sexual que supuestamente cometerá Lyra cuando crezca, y la feliz resolución que restaura el equilibrio cósmico amenazado es el enamoramiento final entre Will y Lyra, dos chicos de trece años. Para cualquiera con sentido común todo es desproporcionado: convertir un amor adolescente en la clave de arco sobre la que todo se sostiene es un fallo argumental impropio de un escritor como Pullman.

El autor tiene la voluntad de crear antipatía hacia lo relacionado con la religión. Es tendenciosa la forma en que presenta a los niños como los grandes perjudicados por la influencia de la Iglesia en la sociedad pues, aunque la Iglesia que combate a Lyra es una en la que triunfaron las tesis de Calvino en el pasado, lo cierto es que las Iglesias cristianas son el enemigo en todos los mundos paralelos. El maniqueísmo es patente también en la división entre un bando formado por “quienes desean que sepamos más y seamos más sabios y fuertes” y otro por “quienes pretenden que obedezcamos y seamos humildes y sumisos”.

Los aciertos narrativos acaban siendo sepultados por las fobias del autor. Su patente intención de volver del revés la historia del pecado original se le va de las manos, su deseo de hacer propaganda de una visión atea de la vida y de criticar a todas las Iglesias cristianas alcanza límites ridículos (que sorprenden mucho en un escritor tan dotado), y son casi abusivos los acentos didácticos explícitos de la tercera novela (en contraste sobre todo con la primera, claramente la mejor).

Hay también una intención evidente de negar que haya otra vida después de la presente y de subrayar la primacía de lo material. Una de las conclusiones finales es un Carpe diem! que propone vivir el presente con intensidad.

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