¿QUÉ HACEMOS CON PAPÁ?

domingo, 28 de agosto de 2005 · 5 comentarios

REVISTA FRONDA, VERANO A.D. 2005

¿QUÉ HACEMOS CON PAPÁ?
O el drama de la eutanasia

De Tomás Trigo

Drama breve en un acto (para dar que pensar)

Antonio es un anciano de 80 años. Yace moribundo en un hospital de un país en el que está legalizada la eutanasia. Los analgésicos han conseguido reducirle los dolores de su enfermedad. Los médicos prevén que puede morir dentro de una semana... o tal vez de tres meses. Su mujer, Ana, y sus cuatro hijos, Eduardo, Isabel, Begoña y Daniel, acaban de visitarlo.

Sala de estar de la casa de Antonio y Ana. Puerta entreabierta en el foro. En un extremo, una mesa de despacho con un teléfono. Es de noche. En escena, los cuatro hijos.

Eduardo: Bueno, creo que ha llegado el momento de plantearnos seria¬mente qué hacemos con papá...
Isabel: Tienes razón. A mí me da muchísima pena verlo así. Apenas puede hablar. Y los dolores, a veces, son bastante fuertes... Es una situación absurda.
Eduardo: Es casi un vegetal.
Isabel: Si todavía fuese un vegetal... Pero siente el dolor. Debe ser duro estar en su lugar. Y creo que nuestro deber como hijos es ahorrarle ese sufrimiento...
Begoña: Supongo que no estaréis pensando...
Eduardo: ...en la eutanasia. Sí, ¿por qué no? A mí me parece la mejor solución.
Begoña: ¡Ni hablar!
Daniel: (Dirigiéndose a Begoña en tono burlón) "¡Ni hablar! ¡Ni hablar!" ¿Qué pasa? ¿No nos está permitido hablar del tema? A mí me parece lógico que discutamos el asunto. Al fin y al cabo, estamos pensando en el bien del viejo.
Isabel: Por supuesto. Se trata de su bien. Estar como está él es una lástima. A mí me da mucha pena, no soporto verlo así... Creo que le haríamos un gran bien ayudándole a morir dignamente. Claro que, por otra parte, es una decisión difícil...
Begoña: Ayudarle a morir dignamente... Hablemos claro: se trata de si debemos matar a nuestro padre. Eso sí, por compasión... Un tierno sentimiento justifica un crimen.
Isabel: (Escandalizada) ¡Pero, ¿qué dices?!
Eduardo: No seas bruta, Begoña. No consiento que digas eso. Nadie está pensando en matar. ¿O es que somos una panda de asesinos? Somos personas normales. Todos tenemos nuestra carrera universitaria y un trabajo digno en la sociedad. A veces hablas sin pensar y no te das cuenta de que puedes herir a los demás. Estamos hablando de ayudar a morir a nuestro padre y de evitar que sufra innecesariamente.

Begoña: Eso es lo curioso. ¿Cómo es que unas personas tan cultas, con estudios universitarios, pueden ser tan ciegas para no ver que eso es una barbaridad? Nosotros no somos dueños de su vida para decidir, como si fuésemos Dios, si se la quitamos o se la dejamos.
Daniel: ¡Mira ésta! Pues claro que no somos dueños de su vida, tía. El dueño es él. Se trataría de preguntarle a él qué le parece. Si él quiere, no veo ningún problema para hacerlo.
Eduardo: Por supuesto. Tendríamos que hablar con él y preguntarle.
Begoña: ¡Vaya panorama a la hora de la muerte!: ¡Tus hijos preguntándote si te parece bien que te quitemos la vida, papá, porque, ¿sabes?, papá, en el fondo nos molestas! Es para morirse del susto y de pena...
Isabel: (Irritada) No, papá no nos molesta. No se trata de eso. Se trata de que no sufra. Se trata de eliminar sus molestias. Si tú estuvieras en su lugar, no sé que harías. Es muy fácil hablar cuando uno está perfectamente sano, pero cuando estás sufriendo y no sabes cuánto tiempo te queda porque puedes pasar así días y días... Dime, ¿de qué le sirve a papá estar así? No tiene ningún sentido sufrir para nada.
Eduardo: (Conciliador) Lo que pasa es que Begoña-lo sabemos todos muy bien, y lo comprendemos-, tiene ciertos prejuicios religiosos. No, no te molestes, Begoña. Yo también los tuve y sé lo que es eso. Pero, en fin, ahora me he liberado de esas cosas y veo la vida de modo más objetivo. Tú has seguido con tus prácticas religiosas y con las ideas que te inculcaron en el colegio de monjas. Y por eso te parece que la eutanasia es un pecado mortal contra el quinto mandamiento, etc., etc. Amén.
Daniel: Pero no tiene ningún derecho a imponernos sus creencias a los demás.
Begoña: Tus creencias... Habláis de mis creencias como si fueran prejuicios o supersticiones. Yo no rechazo la eutanasia basada en creencias ni en prejuicios, ni mucho menos en supersticiones. Es una cuestión elemental de justicia y de humanidad. No tenemos ningún derecho a suprimir la vida de nuestro padre. Tampoco se trata de alargarle la vida poniendo todo tipo de medios. Lo que tenemos que hacer es poner los medios médicos normales, tratar de reducirle sus sufrimientos, y acompañarle todo lo que podamos para que vea el cariño que le tenemos.

Isabel: (Dirigiéndose a Begoña) Aunque le den calmantes para el dolor, siempre sufrirá al verse así, inútil, sin poder hacer nada. Y a mí me parece que eso es injusto. Dejar que siga sufriendo inútilmente es injusto.
Eduardo: Además, Begoña, lo justo y lo injusto lo dicen los códigos de derecho. Y como sabes, desde hace dos años, es perfectamente justo en este país recurrir a la eutanasia en ciertas situaciones...
Begoña: Puede ser legal, pero no es justo.
Daniel: Ya empezamos con distinciones escolásticas...
Eduardo: Begoña, se trata de una ley democrática. Ha sido votada por mayoría en el Parlamento.
Begoña: No deja de ser una injusticia aunque todo el mundo vote a favor. La justicia en este asunto no depende del número de votos.
Daniel: (Se levanta y habla gesticulando y haciendo aspavientos) La justicia es lo que piensas tú, ¿no? Los demás estamos equivocados, somos unos pecadores desgraciados, estamos hundidos en las tinieblas del error. Pero ahora vienes tú y nos enseñas a todos la verdad que permanecía oculta a nuestros ojos... Vives en las nubes, hermana. Y además eres bastante fanática. Te encierras en tus ideas y no hay quién te saque de ahí. Y lo peor es que quieres que todos pasemos por el mismo aro. Bien, pues piensa lo que quieras, pero los demás también tenemos derecho a pensar como nos dé la gana.
Isabel: Eres poco humilde, Begoña. Los demás siempre estamos equivocados. Eres tú la que siempre tiene razón. Deberías desconfiar un poco más de tus propias convicciones...
Eduardo: Mira, Begoña, piensa un poco. ¿No te parece que es una injusticia dejar asía nuestro padre, con esos dolores, sólo porque no estás dispuesta a ceder en tus ideas, o por no querer que la conciencia te remuerda?
Isabel: Eso sí que me parece egoísmo...
Begoña: Me parece muy interesante vuestro planteamiento. Yo defiendo la vida de mi padre porque soy mala, orgullosa, dictatorial, fanática, religiosa y egoísta. Vosotros, en cambio, queréis matarlo porque sois buenos, humildes, cariñosos y, además, democráticos.
Daniel: (Dándola por imposible) Bueno, yo creo que está claro. Somos tres contra uno. Propongo que uno de nosotros-tal vez tú, Eduardo, que eres el mayor- le pregunte a papá si quiere que le ayudemos a morir de un modo digno y no como un perro.
Isabel: Bueno, falta mamá. Habría que contar con ella.
Daniel: Mamá ya sabemos lo que va a decir. Dirá que no, como Begoña. Son de la misma cuerda. Pero aun así, somos mayoría.
Eduardo: Sí, será mejor no decirle nada. No es necesario que se entere. Ya sabéis que es una mujer muy chapada a la antigua y es capaz de poner el grito en el cielo.
Begoña: Mamá debe enterarse de vuestro propósito. Se trata de su marido.
Daniel: ¡Ya estamos! ¡Eres insoportable! ¿Por qué no nos dejas en paz? Estás empeñada en salirte con la tuya. (Amenazante) Bien, pues si te sales con la tuya, te advierto que serás tú la que va a estar día y noche con él hasta que se muera. Porque yo no pienso fastidiarme el verano quedándome aquí, ¿me oyes?
Begoña: ¡Ah! Se trata del verano...
Daniel: Sí, se trata del verano. Yo soy sincero y digo lo que siento. No pienso fastidiarme el verano por culpa del viejo.
Begoña: Bien, pues por eso no te preocupes. Yo puedo encargarme de cuidarlo.
Isabel: Claro, ¡la santa de la casa! Nosotros somos los hijos egoístas que queremos ver muerto a nuestro padre cuanto antes para poder disfrutar de la playa. ¡A veces resultas odiosa! Yo también estoy dispuesta a turnarme para atenderlo. Si Daniel se quiere ir, que se vaya. Lo que quiero decir es que nuestra intención no es quitarnos un peso de encima. Nuestra intención es evitar que nuestro pobre padre sufra más.
Begoña: Tu intención es muy buena, Isabel, pero eso no justifica darle muerte.
Isabel: Si la intención es buena, ¿qué importa la manera de conseguirlo?
Begoña: importa mucho. Nunca se puede hacer un mal para conseguir un bien.
Eduardo: La manera de conseguirlo es perfectamente legal.
Begoña: Hace cinco años no lo era.
Eduardo: Claro, pero los tiempos cambian, y la moral también cambia. No puedes quedarte anquilosada en las ideas de hace años. Tienes que estar con los tiempos.
Begoña: Matar a una persona inocente será siempre inmoral, ahora y dentro de mil años.

(Suena el teléfono. Eduardo se levanta y toma el auricular)

Eduardo: Sí, sí, es aquí. (Aparte, a sus hermanos: Es una enfermera del hospital). Sí, dígame. Soy el hijo mayor de Antonio. Sí, ¿un sobre, ha dicho? Bien, gracias, muchas gracias. (Cuelga) Dice que papá le ha dicho que nos llamara. Hay un sobre en el cajón de su mesa y quiere que lo abramos.
Isabel: ¿Un sobre? ¡Qué cosa más rara!

(Eduardo se dirige a la mesa de despacho que está en un extremo de la sala de estar. Abre el cajón y saca un sobre)

Eduardo: Está a mi nombre.
Daniel: Pues ábrelo.
Eduardo: (Abre el sobre y extrae un papel. Lo lee en silencio). Creo que todo el problema está resuelto. Es una petición formal dirigida a mamá y a nosotros para que le apliquemos la eutanasia.
Daniel: Bueno, se acabó el rollo.
Begoña: No se acabó el rollo. Ese papel no nos da derecho a matarle.
Isabel: Hija, por favor. Sigues hablando como si estuviésemos tramando un asesinato. En todo caso sería un suicidio justificado, dada la situación en la que se encuentra. Es él el que quiere morir. Se trata de su última voluntad.
Begoña: Pues no podemos cumplir su voluntad. Yo hablaré con él y trataré de explicarle el sentido que tienen sus sufrimientos, y estoy segura de que aceptará su situación y morirá en paz cuando Dios quiera.
Eduardo: Begoña, él está en su derecho. Es su vida, no la tuya. Es dueño de hacer con su vida lo que le parezca. Este papel lo escribió libremente y estando en plenitud de facultades. Es su voluntad claramente expresada. ¿Quiénes somos nosotros para oponernos a su voluntad?
Begoña: Si uno de vosotros intentara suicidarse, los demás se lo impediríamos, aunque fuese utilizando la fuerza...
Daniel: (Ironizando) ¡La heroína católica, Begoña de Arco, salva a su hermano de un intento de suicidio! Su hermano Daniel, un joven angustiado por la vida, se lanzó al río. Ella, en un alarde de audacia y valor, se lanzó detrás. Él quería ahogarse. Pero ella se lo impidió, para lo cual, entre los aplausos de los asistentes, le arreó un fuerte puñetazo que le hizo perder el sentido...
Eduardo: ¡Basta, Daniel! Esto no es una broma.

(Entra Ana, la esposa de Antonio y madre de los cuatro, que ha escuchado su conversación detrás de la puerta. Trae una carta en la mano).

Ana: (Sonriendo cándidamente, como si no hubiese escuchado la conversación de sus hijos) ¡Ah, perdonad que os interrumpa...! Es que ahora que estáis aquí los cuatro creo que puede ser el momento para leeros esto.
Eduardo: ¿De qué se trata, mamá?
Ana: No sé si os acordáis de vuestro tío Carlos, el que está en los Estados Unidos...
Eduardo: Sí, claro, ¿cómo no nos vamos a acordar?
Ana: El pobre está muy mal. Los médicos le dan tres meses de vida. Tiene un cáncer incurable. Me lo cuenta todo en esta carta, que recibí hace una semana. Entre otras cosas me dice que deja toda su herencia a vuestro padre. Debe ser una gran fortuna... Como sabéis, el pobre no ha tenido hijos, y su mujer murió hace años. Es una gran suerte para vosotros, hijos míos, porque de vuestro padre pasará a vosotros, claro. Lo único que me advierte es (¡qué tontería!) que vuestro padre heredará si le sobrevive. ¿Comprendéis, hijos? (Como si lo estuviese explicando a unos niños pequeños) Si le sobrevive. Es decir, si cuando muera vuestro tío Carlos, vuestro padre todavía está vivo, hereda. En caso contrario, deja toda su herencia para causas benéficas. Esperemos que vuestro tío muera antes que vuestro padre, porque si no me parece que os quedaréis sin nada...
Daniel: Eso sí que es una buena noticia...
Ana: Sí, pero a mí me surge una pequeña duda, queridos. Más bien diría que estoy en un dilema agobiante. Por una parte deseo que vuestro padre tarde en morir, para que vosotros heredéis esa fortuna. Pero, por otra, me da mucha pena su situación tan lastimosa, sus sufrimientos... Y no sé si sería preferible pedir a los médicos que acaben con ellos... Es decir, se trataría de proporcionarle una muerte digna, una muerte feliz... En fin, que estoy en un mar de dudas y no sé qué hacer. Por eso, querría que me dieseis vuestra opinión. ¿Tú qué opinas, Isabel, hija?
Isabel: (Perpleja y nerviosa) No sé, la verdad. Es una situación tan rara... que no sé qué decir.
Ana: ¿No te da pena tu padre?
Isabel: Sí, mucha pena.
Ana: Entonces tú opinas que es mejor...
Isabel: Bueno, no sé...
Ana: Tú también estás tan perpleja como yo, por lo que veo. ¿Y tú, Eduardo, qué piensas tú?
Eduardo: (Igualmente perplejo) No sé, mamá... Esto me coge por sorpresa...
Ana: Sí, realmente esto de las leyes es una cosa muy complicada. Si matamos legalmente a vuestro padre, no podréis heredar legalmente. Es una pena... Y tú, Daniel, ¿tú qué piensas? O tal vez será mejor que no me lo digas, porque eres tan sincero que me vas a decir con toda claridad lo que sientes, no lo que debo hacer. En fin, veo que no me aclaráis mis dudas. De todas formas, si se os ocurre una solución, me llamáis, ¿eh, queridos? Buenas noches y hasta mañana.

(Hace mutis por el foro, sin dejar su cándida sonrisa, mientras cae -demasiado lentamente para algunos- el telón).

Marcha en defensa de la familia en Bélgica

viernes, 26 de agosto de 2005 · 0 comentarios


Convocan una marcha en defensa de la familia en Bélgica. Si quieres y sabes algo de francés, puedes ir directamente a actionfamille

Cómo cambiar el mundo

lunes, 22 de agosto de 2005 · 2 comentarios

No he podido estar en Colonia con El Papa Benedicto XVI, lo que me ha permitido leer con calma lo que ha dicho (algo que no siempre llegan a hacer los jóvenes que sí van a estas cosas...). Me ha impresionado el discurso de la Vigilia en el Marienfeld del sábado 20, también por la relación con el fin de esta bitácora. Cuelgo el discurso completo, pero antes ofrezco una selección:
(...)
Aunque otros se quedaran en casa y les consideraban utópicos y soñadores, en realidad eran seres con los pies en tierra, y sabían que para cambiar el mundo hace falta disponer de poder. Por eso, no podían buscar al niño de la promesa si no en el palacio del Rey. No obstante, ahora se postran ante una criatura de gente pobre, y pronto se enterarán de que Herodes -el Rey al que habían acudido- le acechaba con su poder, de modo que a la familia no le quedaba otra opción que la fuga y el exilio. El nuevo Rey era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de cómo acostumbramos a imaginarlo. Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos.

Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y, con ello cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto: el poder de Dios es diferente al poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerle también a Él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo. Al poder estridente y pomposo de este mundo, Él contrapone el poder inerme del amor, que en la Cruz - y después siempre en la historia - sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el Reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios.
(...)
Los personajes que venían de Oriente, con el gesto de adoración, querían reconocer a este niño como su Rey y poner a su servicio el propio poder y las propias posibilidades, siguiendo un camino justo. Sirviéndole y siguiéndole, querían servir junto a Él la causa de la justicia y del bien en el mundo. En esto, tenían razón. Pero ahora aprenden que esto no se puede hacer simplemente a través de órdenes impartidas desde lo alto de un trono. Aprenden que deben entregarse a sí mismos: un don menor que éste es poco para este Rey. Aprenden que su vida debe acomodarse a este modo divino de ejercer el poder, a este modo de ser de Dios mismo. Han de convertirse en hombres de la verdad, del derecho, de la bondad, del perdón, de la misericordia. Ya no se preguntarán: ¿Para qué me sirve esto? Se preguntarán más bien: ¿Cómo puedo servir a que Dios esté presente en el mundo?
(...)
Los santos, hemos dicho, son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún: sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo.
(...)
No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico.

COLONIA 2005// DOCUMENTOS: Discurso del Papa durante la Vigilia en el Marienfeld 20/08/2005 22:57

Colonia (Alemania)
(VERITAS) Queridos jóvenes:

En nuestra peregrinación con los misteriosos Magos de Oriente hemos llegado al momento que san Mateo describe así en su Evangelio: «Entraron en la casa (sobre la que se había parado la estrella), vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron». El camino exterior de aquellos hombres terminó. Llegaron a la meta. Pero en este punto comienza un nuevo camino para ellos, una peregrinación interior que cambia toda su vida. Porque seguramente se habían imaginado a este Rey recién nacido de modo diferente. Se habían detenido precisamente en Jerusalén para obtener del Rey local información sobre el Rey prometido que había nacido. Sabían que el mundo estaba desordenado y por eso estaban inquietos. Estaban convencidos de que Dios existía, y que era un Dios justo y bondadoso. Tal vez habían oído hablar también de las grandes profecías en las que los profetas de Israel habían anunciado un Rey que estaría en íntima armonía con Dios y que, en su nombre y de parte suya, restable cería el orden en el mundo. Se habían puesto en camino para encontrar a este Rey; en lo más hondo de su ser buscaban el derecho, la justicia que debía venir de Dios, y querían servir a ese Rey, postrarse a sus pies, y así servir también ellos a la renovación del mundo. Eran de esas personas que «tienen hambre y sed de justicia». Un hambre y sed que les llevó a emprender el camino; se hicieron peregrinos para alcanzar la justicia que esperaban de Dios y para ponerse a su servicio.

Aunque otros se quedaran en casa y les consideraban utópicos y soñadores, en realidad eran seres con los pies en tierra, y sabían que para cambiar el mundo hace falta disponer de poder. Por eso, no podían buscar al niño de la promesa si no en el palacio del Rey. No obstante, ahora se postran ante una criatura de gente pobre, y pronto se enterarán de que Herodes - el Rey al que habían acudido - le acechaba con su poder, de modo que a la familia no le quedaba otra opción que la fuga y el exilio. El nuevo Rey era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de cómo acostumbramos a imaginarlo. Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos.

Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y, con ello cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto: el poder de Dios es diferente al poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerle también a Él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo. Al poder estridente y pomposo de este mundo, Él contrapone el poder inerme del amor, que en la Cruz - y después siempre en la historia - sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el Reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios.

Habían venido para ponerse al servicio de este Rey, para modelar su majestad sobre la suya. Éste era el sentido de su gesto de acatamiento, de su adoración. Una adoración que comprendía también sus presentes - oro, incienso y mirra -, dones que se hacían a un Rey considerado divino. La adoración tiene un contenido y comporta también una donación. Los personajes que venían de Oriente, con el gesto de adoración, querían reconocer a este niño como su Rey y poner a su servicio el propio poder y las propias posibilidades, siguiendo un camino justo. Sirviéndole y siguiéndole, querían servir junto a Él la causa de la justicia y del bien en el mundo. En esto, tenían razón. Pero ahora aprenden que esto no se puede hacer simplemente a través de órdenes impartidas desde lo alto de un trono. Aprenden que deben entregarse a sí mismos: un don menor que éste es poco para este Rey. Aprenden que su vida debe acomodarse a este modo divino de ejercer el poder, a este modo de ser de Dios mismo. Han de convertirse en hombres de la verdad, del derecho, de la bondad, del perdón, de la misericordia. Ya no se preguntarán: ¿Para qué me sirve esto? Se preguntarán más bien: ¿Cómo puedo servir a que Dios esté presente en el mundo? Tienen que aprender a perderse a sí mismos y, precisamente así, a encontrarse a sí mismos. Saliendo de Jerusalén, han de permanecer tras las huellas del verdadero Rey, en el seguimiento de Jesús.

Queridos amigos, podemos preguntarnos lo que todo esto significa para nosotros. Pues lo que acabamos de decir sobre la naturaleza diversa de Dios, que ha de orientar nuestras vidas, suena bien, pero queda algo vago y difuminado. Por eso Dios nos ha dado ejemplos. Los Magos que vienen de oriente son sólo los primeros de una larga lista de hombres y mujeres que en su vida han buscado constantemente con los ojos la estrella de Dios, que han buscado al Dios que está cerca de nosotros, seres humanos, y que nos indica el camino. Es la muchedumbre de los santos - conocidos o desconocidos - mediante los cuales el Señor nos ha abierto a lo largo de la historia el Evangelio, hojeando sus páginas; y lo está haciendo todavía. En sus vidas se revela la riqueza del Evangelio como en un gran libro ilustrado. Son la estela luminosa que Dios ha dejando en el transcurso de la historia, y sigue dejando aún. Mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, ha beatificado y canonizado a un gran núm ero de personas, tanto de tiempos recientes como lejanos. En estas figuras ha querido demostrarnos cómo se consigue ser cristianos; cómo se logra llevar una vida del modo justo: a vivir a la manera de Dios. Los beatos y los santos han sido personas que no han buscado obstinadamente la propia felicidad, sino que han querido simplemente entregarse, porque han sido alcanzados por la luz de Cristo. De este modo, ellos nos indican la vía para ser felices y nos muestran cómo se consigue ser personas verdaderamente humanas. En las vicisitudes de la historia, han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han remontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo lo suficiente para dar la posibilidad de aceptar - tal vez en el dolor - la palabra de Dios al terminar del obra del creación: «Y era muy bueno». Basta pensar en figuras como san Benito, san Francisco de Asís, santa Teresa de Ávila, san Ig nacio de Loyola, san Carlos Borromeo, a los fundadores de las órdenes religiosas del siglo XVIII, que han animado y orientado el movimiento social, o a los santos de nuestro tiempo: Maximiliano Kolbe, Edith Stein, Madre Teresa, Padre Pío. Contemplando estas figuras comprendemos lo que significa «adorar» y lo que quiere decir vivir a medida del niño de Belén, a medida de Jesucristo y de Dios mismo.

(español) Los santos, hemos dicho, son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún: sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo pasado hemos vivido revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, un punto de vista humano y parcial se tomó como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que le priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo ti empo, es el amor eterno. Y, ¿qué puede salvarnos, si no es el amor?

Queridos amigos, permitidme que añada sólo dos breves ideas. Muchos hablan de Dios; en el nombre de Dios se predica también el odio y se practica la violencia. Por tanto, es importante descubrir el verdadero rostro de Dios. Los Magos de Oriente lo encontraron cuando se postraron ante el niño de Belén.«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre», dijo Jesús a Felipe (Jn 14,9). En Jesucristo, que por nosotros permitió que su corazón fuera traspasado, en Él se ha manifestado el verdadero rostro de Dios. Lo seguiremos junto con la muchedumbre de los que nos han precedido. Entonces iremos por el camino justo (fin del discurso en español).

Esto significa que no nos construimos un Dios privado, un Jesús privado, sino que creemos y nos postramos ante el Jesús que nos muestran las Sagradas Escrituras, y que en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia se manifiesta viviente, siempre con nosotros y al mismo tiempo siempre ante de nosotros. Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo ha dicho: es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña. El Papa Juan Pablo II, que nos ha mostrado el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos santos que ha proclamado, también ha pedido perdón por el mal causado en el transcurso de la historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia. De este modo, también a nosotros nos ha hecho ver nuestra verdadera imagen, y nos ha exhortado a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la muchedumbre de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente. En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia . Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores. La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual Él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones. Por eso nos alegramos de pertenecer a esta gran familia; de tener hermanos y amigos en todo el mundo. Justo aquí, en Colonia, experimentamos lo hermoso que es pertenecer a una familia tan grande como el mundo, que comprende el cielo y la tierra, el pasado, el presente y el futuro de todas las partes de la tierra. En esta gran comitiva de peregrinos, caminamos junto con Cristo, caminamos con la estrella que ilumina la historia.

«Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron». Queridos amigos, ésta no es una historia lejana, de hace mucho tiempo. Es una presencia. Aquí, en la Hostia consagrada, Él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios. Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo. Él está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a esa peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación del espíritu, y pidámosle a Él que nos guíe. Amén.

La aventura más moderna

sábado, 20 de agosto de 2005 · 6 comentarios

Ya sé, ya sé, ¿otra de DE PRADA? ¿Qué queréis, si dice justamente lo que pienso, y lo dice maravillosamente? Que conste que no le conozco...

JUAN MANUEL DE PRADA
ABC, 20 de agosto de 2005

AFIRMABA Chesterton, refutando a quienes sostienen que la religión católica abruma y aflige a los hombres, que los únicos países de Europa en los que todavía se canta y se baila son aquellos donde aún es fuerte la influencia de la Iglesia de Roma. «La doctrina y la disciplina católicas son muros, si se quiere -escribía en Ortodoxia-; pero son muros de un teatro de regocijos». Y, a continuación, esbozaba una alegoría de plena vigencia: «Imaginémonos que un corro de niños juega sobre la florida cumbre de una isla eminente: mientras haya un muro que cerque la cumbre, pueden entregarse a sus locos juegos y poblar el sitio de rumores. Supongamos ahora que el muro se derrumba, dejando a la vista los precipicios: los niños no caen necesariamente; pero cuando, poco después, venimos a buscarlos, los hallamos amontonados en el vértice de la isla cónica, mudos de horror. Ya no se les oye cantar». Esa imagen de unos niños asomados a un abismo de angustias que nos proponía Chesterton representa como ninguna al hombre contemporáneo, más concretamente al hombre occidental. Ha derribado los muros que cimentaban su existencia, creyendo que así accedería a una forma de vida más libre; pero, en su lugar, se ha topado con ese indescifrable malestar que nos corroe cuando nos hallamos a la intemperie, sin vínculos ni asideros que nos ayuden a combatir ese hastío metafísico que empieza a ser el principal signo de identidad de los países prósperos, ensimismados en su bienestar.

Hay quienes sostienen que el cristianismo encarna una mentalidad premoderna, atrasada, que nos devuelve a las eras de oscuridad. Si la gente, en lugar de leer las majaderías que escriben los «modernos», se dedicara a leer un poco a los maestros, descubriría que el cristianismo fue la luz que impidió que Europa se extinguiese, como antes se extinguieron Asiria o Babilonia. En una época de decadencia y acabamiento como la nuestra, el pensamiento cristiano vuelve a erigirse en muro de salvación que nos abriga de la intemperie. Frente al inventario caótico de dulces incertidumbres con que nos anestesia el relativismo, frente a esa convicción cada día más extendida según la cual el hombre se convierte en un ser desvinculado (de Dios, de la moral, de la Historia), el cristianismo nos enseña que no estamos necesariamente condenados a vivir en un mundo fragmentario, ininteligible, sin vínculos con el pasado. El humanismo cristiano muestra una forma diversa y más exigente de ser moderno, una nueva «vinculación» con la realidad -revitalizada por el encuentro con Cristo- que restituye al hombre su genealogía espiritual.

Intentar comprender la realidad sin contar con la trascendencia, como pretende el relativismo, es un despropósito. La historia humana, a la postre, se resume en la búsqueda afanosa de Dios; todo lo demás es cronología y tedio. Una época como la nuestra, que se pavonea de haber desterrado la trascendencia, es como una casa sin ventilación: quizá vista desde fuera, su fachada resulte muy lustrosa e incitante; pero en su interior se retuercen las serpientes de la asfixia. Los muros del cristianismo quizá parezcan ásperos, inexpugnables en su grosor milenario; pero son muros, como nos enseñaba Chesterton, de un teatro de regocijos. La aventura de la ortodoxia cristiana es una magnífica alternativa al hastío metafísico que el relativismo nos vende como marchamo de modernidad (cuando en realidad es síntoma de rigor mortis); y se trata, además, de la única aventura moderna que aún podemos vivir en una Europa marchita, vetusta, podrida, decrépita, fiambre.

Esos chicos que se han reunido en Colonia, en torno a un hombre vestido de blanco, encarnan la esperanza de una resurrección.

Ya es hora

· 2 comentarios

Ya es hora Más gente dispuesta a cambiar el mundo, de acuerdo con la dignidad humana, con ideas claras y dispuesta a trabajar: bienvenidos.
Os recomiendo la visita.

Más sobre adopciones (I)

jueves, 18 de agosto de 2005 · 0 comentarios

El llamado matrimonio homosexual ya está trayendo problemas de constitucionalidad, algo tan de cajón que incluso sucede en nuestra adormecida y entontecida sociedad. Pero no debemos olvidar tampoco la otra cosa aprobada por nuestro Parlamento: la adopción por parte de estos matrimonios.
A continuación ofrezco dos artículos de sesudos profesores universitarios que intentan, con toda su ciencia, explicar lo que, para los que aún no tenemos embotados los sentidos común y de intuición, es evidente.


Adoptados obligadamente
Andrés Ollero -ABC 12.VIII.2005


... La frontera entre tolerancia y reconocimiento de derechos ha desaparecido. Algunos parecen empeñados en que la tolerancia muera de éxito: pretenden que el no va más de la tolerancia consista en reconocer a todo el mundo cuantos derechos pueda inventar...

ADOPTAR: «Recibir, haciéndolos propios, pareceres, métodos, doctrinas, ideologías, modas, etc., que han sido creados por otras personas o comunidades»; «Adquirir, recibir una configuración determinada». El siempre sugerente Diccionario de la Real Academia ofrece, en las acepciones segunda y cuarta del término «adoptar», de tan notoria actualidad, motivos de reflexión.

El debate debía haber girado en torno a un aspecto decisivo prácticamente olvidado, otro relativamente secundario que monopolizó el escenario y un tercero que acabó convirtiéndose con muy poca coherencia en clave política de la polémica. Los políticos se ven obligados a decidir y es difícil hacerlo congruentemente si, como es frecuente, no se ha reflexionado primero. Procedamos a la autopsia de los tres elementos apuntados: tener o no derecho a -contraer matrimonio- y poder adoptar. Cuando desaparecen los guiones y los tres problemas se presentan como si fueran sólo uno, nos vemos condenados a confundirlo todo.

Se esfumó, de salida, el «tener derecho a» y todo se centró en el «contraer matrimonio». Se denunciaba la obvia desigualdad entre quienes desean contraer matrimonio y quienes prefieren que a otro tipo de relación sexual se la considere, denomine y trate como tal. La palabra «discriminación» salió de inmediato a relucir, como si toda desigualdad abocara a ella... El Tribunal Constitucional ha dejado muy claro lo contrario: el ordenamiento jurídico está lleno de tratos desiguales, obligados acompañantes de la libertad; de ellos sólo se considerarán discriminatorios los que se muestren faltos de «fundamento objetivo y razonable». Por ejemplo, el propio Tribunal ha entendido que negar pensión de viudedad al superviviente de una pareja de hecho y reconocerla al de un matrimonio no implica discriminación alguna. Curiosamente lo que no era discriminatorio para una pareja de hecho heterosexual se da por supuesto que sí lo es si la pareja de hecho es homosexual; incoherencia ayuna de todo fundamento objetivo y razonable... En todo caso, como todo el mundo se mostraba dispuesto a reconocer el «tener derecho a» lo que hiciera falta, a condición de que se dejara al matrimonio en paz, todo parecía acabar consistiendo en una bizantina contienda terminológica. El resultado final será, sin embargo que, si el propio Tribunal no lo remedia, el matrimonio civil acabará quedando hecho unos zorros.

Podrá pensarse que el «tener», o no, «derecho a» era al fin y al cabo una irrelevante consecuencia de lo anterior: si no se excluye un presunto matrimonio homosexual, habrá derecho a contraerlo. La cuestión no es tan simple. El propio Tribunal recordó a los terroristas del GRAPO en huelga de hambre que el ordenamiento jurídico, aunque no excluyera la posibilidad de que ellos renunciaran a comer hasta morir, no les reconocía el derecho a la muerte que ellos pretendían esgrimir. Una cosa es que una conducta no esté prohibida y suponga por tanto un actuar lícito («agere licere»); otra, muy distinta, considerarla tan digna de reconocimiento como para convertirla en justo título capaz de fundamentar un derecho.

Se ha convertido en lugar común afirmar que con la despenalización del aborto lo que hasta entonces era un delito se había transformado en un derecho. Entre nosotros, formalmente, no ha ocurrido así. Nuestro ordenamiento no ha reconocido derecho alguno a abortar, sino que se ha limitado a privar de sanción penal a algunos supuestos de una conducta siempre antijurídica. Puede argüirse que en la práctica da igual; no lo es en modo alguno, como veremos más abajo.

En el fondo, al olvidarse en el debate el «tener derecho a», cuando se nos pretendía señalar alguna peculiaridad de la luna, nos hemos limitado a analizar detenidamente la huella digital del dedo indicador. Casarse se van a casar unos cuantos o cuantas, que pronto disfrutarán de su derecho al divorcio-exprés. Para empezar, ya se va a modificar de nuevo el Código: el «lobby gay», con las prisas, no nos ha preparado aún suficientemente para asimilar matrimonios homosexuales con jovencitos de catorce años: clara discriminación ésta de imaginar que casarse por lo homosexual exige más madurez que seguir el ahora llamado modelo convencional, sin duda menos imaginativo.

La frontera entre tolerancia y reconocimiento de derechos ha desaparecido. Algunos parecen empeñados en que la tolerancia muera de éxito: pretenden que el no va más de la tolerancia consista en reconocer a todo el mundo cuantos derechos pueda inventar. Uno de los líderes del minoritario «lobby» me definió en el Congreso de los Diputados su «tener derecho a» de esta guisa: tener un deseo y lograr un consenso social al respecto. En realidad, se diga con el talante que se diga, no ha habido tal consenso, ya que éste implica un análisis racional. Por no haber, no ha habido ni siquiera tolerancia sino una mera indiferencia generalizada: allá se las apañen, por mí como si se van de excursión...

El problema radica en que sólo cabe tolerar aquello que se considera rechazable; sólo puede hacerlo quien se considera afectado por ello (lo que marca la frontera entre tolerancia e indiferencia); y respetando siempre el límite de lo intolerable. Hace tiempo que -a diferencia de lo que sorprendentemente ocurre aún en más de un Estado democrático- las conductas homosexuales dejaron ser consideradas entre nosotros tan intolerables como para ser tratadas como delictivas. Pero de ahí a convertirlas en justo título capaz de fundar un derecho media un abismo. Sus consecuencias comienzan ya a vislumbrarse.

Le toca por último el turno a la «adopción». No ha faltado quien transija con el matrimonio homosexual pero poniendo el grito en el cielo ante la posibilidad de que tales parejas adopten; curiosa actitud. Si la conducta homosexual no es algo rechazable aunque tolerado, sino algo tan bueno como para fundar un derecho, no es fácil imaginar qué daño puede derivarse para un niño de contemplar en banco de pista tan edificante ejemplo. Por una vez, coincido con el «lobby».

En todo caso, se nos dirá, a nadie «se le va a obligar» a casarse por lo homosexual, como al parecer pretenden sugerir los que sólo aspirarían a «imponer sus convicciones» a los demás; lo homosexual, por lo visto, no es problema de convicciones... En realidad queda fuera de discusión que todos los niños de España --y no sólo los capaces de encariñar a una pareja homosexual- van a verse con motivo de esta reforma legal abocados obligadamente a experimentar la «adopción». Recibirán, «haciéndolos propios, pareceres, métodos, doctrinas, ideologías, modas, etc., que han sido creados por otras personas o comunidades». Promover un derecho (a diferencia de hacer apología del delito o de algo meramente tolerado) será virtud y no vicio escolar. El sector educativo del «lobby» ya reparte por los centros su catecismo en Castilla La Mancha exhibiendo como aval el logotipo de la Junta. Los que dijeron aquello de «allá ellos, ahí me las den todas» se se van a enterar, un poco tarde, de que reconocer un derecho es algo bastante más relevante que disponerse de modo oportunista a mostrarse buena gente.

Más sobre adopciones (II)

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Este algo largo trozo de artículo (4 páginas) es un ímprobo esfuerzo para explicar de forma clara y rigurosa porqué las parejas homosexuales no deberían poder adoptar, sin que suponga una discriminación, sino todo lo contrario.


Carlos Martínez de Aguirre Aldaz
Catedrático de Derecho Civil
Universidad de Zaragoza

(...)
5.– Pasemos ya a la segunda de las cuestiones anunciadas: la imposibilidad (en nuestro Derecho, como en la mayor parte de los de nuestro entorno) de que dos homosexuales adopten niños conjuntamente. Pero antes de entrar en el tema, me parece necesario sentar algunas bases teóricas importantes sobre cuál es el sentido fundamental de la adopción, tal y como la concibe nuestra sociedad, y la diseña nuestro Derecho.

La adopción consiste, fundamentalmente, en crear entre dos personas una relación jurídica de filiación, es decir, una relación semejante, desde el punto de vista jurídico y social, a los que hay entre una persona y sus hijos biológicos. De ahí que sea habitual, desde los tiempos del Derecho romano, decir que la adopción imita a la naturaleza. Esta frase tan gráfica pone de relieve no solo el alcance de la adopción, sino también, en cierta medida, sus propias limitaciones: lo que la naturaleza permite, pero también lo que la naturaleza impide, constituye el marco propio de la adopción.

Estas últimas consideraciones tienen consecuencias importantes para un correcto entendimiento de qué es y cómo funciona la adopción... Para esto es preciso subrayar, en primer lugar, que los vínculos entre padres e hijos biológicos son, simultáneamente, vínculos naturales y jurídicos: jurídicamente es padre quien lo es biológicamente. El Derecho no crea esos lazos, sino que se limita a reconocerlos: quién es padre y quién es hijo es algo que le viene al Derecho dado por la naturaleza, y el Derecho se limita a reconocerlo: no elige padres para hijos, ni hijos para padres.

En la adopción, sin embargo, las cosas son distintas: los vínculos entre adoptante y adoptado son creación exclusiva del Derecho. Podríamos decir, gráficamente, que la relación de filiación es natural, y la de adopción “artificial”, aunque ambas puedan llegar a tener un contenido prácticamente idéntico, como ocurre en nuestro Derecho. Ahora bien, si en el caso de la adopción es la sociedad, y no la naturaleza, la que crea la relación jurídica, eso quiere decir que esa misma sociedad puede, y debe, controlar las relaciones de filiación creadas por ella, para garantizar que las finalidades de la adopción se cumplen: la sociedad puede elegir los padres que quiere para los menores que están en situación de ser adoptados.

Una segunda idea importante. Como hemos visto, la filiación biológica constituye el modelo a cuya imagen se crean los vínculos “artificiales” de filiación adoptiva: eso quiere decir que para crear una relación semejante jurídicamente a la natural, la relación creada debe ser asemejable a la natural. En consecuencia, lo razonable es entender que solo cabe establecer un vínculo de filiación adoptiva allí donde podría haber un vínculo biológico de filiación; el vínculo adoptivo solo puede crearse entre personas entre las que podría haber un vínculo biológico.

Esto quiere decir, entonces, que el vínculo de filiación adoptiva debe construirse a imagen del vínculo de filiación biológica: un padre, una madre, y un hijo. No, por ejemplo, dos padres y una madre, porque eso no existe en la filiación biológica. Tampoco dos madres, porque biológicamente solo hay una, ni dos padres, porque biológicamente solo hay uno: nadie tiene, biológicamente, dos padres o dos madres. Precisamente, lo que pretende la adopción conjunta por homosexuales es crear unos vínculos artificiales de filiación entre dos padres y un hijo, o dos madres y un hijo: pero tales vínculos no existen en la filiación biológica. A la misma conclusión se llega desde otro punto de vista: no es posible crear en este caso un vínculo semejante al que existiría entre dos homosexuales y su descendencia biológica, porque dos homosexuales no pueden tener descendencia biológica.

6.– Todavía otro dato previo, que nos permitirá después obtener conclusiones interesantes. Piedra angular del actual régimen de la adopción es el artículo 176.1 del Código civil: la adopción se constituye por resolución judicial, que tendrá siempre en cuenta el interés del adoptando y la idoneidad de los adoptantes para el ejercicio de la patria potestad. En esta breve fórmula se condensa, de manera muy significativa la delimitación fundamental de las respectivas posiciones del adoptante y del adoptado: lo que el Derecho tiene en cuenta de los adoptandos es su interés, y lo que tiene en cuenta de los adoptantes es su idoneidad para ser padres: esta simple constatación resulta, pues, enormemente significativa de cuál es el sentido de la adopción, y cuál es la posición que corresponde en ella a los adoptantes.

Destaca, en primer lugar, la importancia que tiene el interés del adoptando, que es la clave de bóveda de todo el sistema. La adopción sólo puede ser acordada en interés del adoptando: frente a este interés, en caso de conflicto, deben ceder las aspiraciones del adoptante o adoptantes, por muy legítimas que sean.

Pero, además, es que los adoptantes han de ser declarados idóneos para la adopción. Este requisito de la idoneidad tiene por finalidad garantizar que la adopción es beneficiosa para el menor, y que la familia en la que va a ser recibido reúne las condiciones necesarias para proporcionarle el entorno que necesita. La exigencia del requisito de la idoneidad enlaza, como ya se ha indicado, con la advertencia hecha más arriba acerca del carácter “artificial”, como pura creación del Derecho, de los lazos de filiación que ligan al adoptante y al adoptado: los crea el Derecho, y por tanto el Derecho puede, y debe, controlar qué vínculos se crean, y entre quienes se crean; ello, exclusivamente a fin de garantizar, en la medida de lo posible, que el menor precisado de una familia va a encontrarla efectivamente, y va a ser una familia apta para hacer frente a las necesidades de ese menor. Ese es el sentido de la declaración de idoenidad.

Según lo que se ha expuesto, no es correcto, hablar de la existencia de un verdadero derecho a adoptar; el derecho es, todo lo más, a formular la solicitud de adopción, y a que el procedimiento de adopción se desarrolle con exclusión de la arbitrariedad y de cualquier discriminación injusta. A partir de ahí entran en juego el interés superior del menor, y la finalidad protectora de la adopción, que son los principios que determinarán, al final, si la adopción solicitada llega o no a buen fin. Y esto, por esa razón fundamental en que tanto vengo insistiendo: porque la adopción no está concebida por nuestro Derecho como un instrumento de satisfacción de los deseos o aspiraciones de los adoptantes, sino como una institución de protección de menores.

6.– Sobre estas largas bases, podemos afrontar mejor la cuestión de la adopción conjunta por homosexuales. En relación con esto, conviene recordar que la filiación adoptiva tiene como modelo (pero también como límite) la biológica. En efecto, lo que pretende la adopción conjunta por homosexuales es crear unos vínculos artificiales de filiación entre dos padres y un hijo, o dos madres y un hijo: pero tales vínculos no existen en la filiación biológica. A la misma conclusión se llega desde otro punto de vista: no es posible crear en este caso un vínculo semejante al que existiría entre dos homosexuales y su descendencia biológica, porque dos homosexuales no pueden tener descendencia biológica.

Por otro lado, tampoco en este caso parece correcto hablar de discriminación, desde dos puntos de vista:

i) Porque no hay discriminación por el simple hecho de ser homosexuales. Tampoco dos hermanos (varones o mujeres), o dos amigos convivientes no homosexuales pueden adoptar conjuntamente. Habría discriminación si se admitiera con carácter general que dos personas del mismo sexo pudieran adoptar conjuntamente, salvo en el caso de que fueran homosexuales. Pero las cosas no son así. El problema, pues, no es de la orientación sexual, sino de la propia estructura de la relación que se quiere crear, que no consiente ser creada respecto a personas del mismo sexo. La reforma proyectada invertiría la situación: el caso de los homosexuales casados sería el único en que dos personas del mismo sexo podrían adoptar conjuntamente. Pero entonces sí se podría hablar de discriminación, contra cualesquiera otras dos personas del mismo sexo que pretendieran adoptar conjuntamente.

ii) En realidad, no es del todo correcto afirmar que en nuestro Derecho está prohibida la adopción conjunta por una pareja homosexual. En realidad, lo que hace nuestro Derecho es prohibir cualquier adopción conjunta por más de una persona (esta es la regla general) con dos únicas excepciones: el matrimonio y las uniones estables heterosexuales. Una pareja homosexual es tratada del mismo modo, por ejemplo, que dos hermanos del mismo o de distinto sexo que quieran adoptar conjuntamente un niño, o que dos amigos, del mismo o distinto sexo que quieran igualmente adoptar un niño. Y conviene señalar que esta opción no supone, de suyo, juicio peyorativo sobre la fraternidad, o la amistad, como tampoco, en si misma, respecto a la homosexualidad. No es un problema, en sí, de “homofobia”, como no lo es de “fraternofobia”. No hay, pues, tratamiento discriminatorio.

Conviene recordar, en relación con esto, que la adopción está pensada en beneficio del adoptado. Lo que se toma en consideración de los adoptantes no son tanto sus deseos, como su idoneidad para ejercer la patria potestad. Plantear la cuestión como un problema de discriminación supone, inconscientemente, hacer pasar por delante del interés del menor las aspiraciones y deseos de quienes quieren adoptar. Una cuestión que tiene un componente importante de idoneidad para adoptar se transforma en un problema de discriminación por razón de la orientación sexual, como si se negara a una pareja homosexual, por el hecho de serlo, el derecho a adoptar que se reconoce genéricamente a las parejas heterosexuales, sean o no matrimoniales. Lo primero que hay que recordar, nuevamente, es que no existe un verdadero derecho a adoptar, tampoco en favor de las parejas heterosexuales: nuevamente, no cabe hablar de discriminación. En realidad, lo que ha hecho el legislador es declarar legalmente la inidoneidad de las parejas homosexuales (o de las de hermanos, o de las de amigos...) para adoptar, teniendo en cuenta el interés del menor, que es el interés que se trata de proteger mediante la adopción. Ver las cosas desde la perspectiva contraria equivaldría a anteponer el deseo de ser padres que puede tener una pareja homosexual, al interés del adoptando. La pregunta para formular, por tanto, no debe ser la de por qué se niega a una pareja homosexual el derecho a tener hijos comunes (lo cual, por cierto, se lo niega en primer lugar la naturaleza, a todas las parejas homosexuales), sino la de si es lo mejor para un niño ser adoptado por una pareja homosexual, o aún si es bueno ser adoptado por una pareja homosexual.

7.– Todavía hay una segunda cuestión, especialmente relevante. Me refiero a la inidoneidad de las uniones homosexuales para proporcionar al niño adoptado un ambiente de humanización y socialización adecuado. Primero, porque son parejas enormemente inestables, según hemos visto: su duración es brevísima, y las relaciones homosexuales están caracterizadas, en términos generales, por la promiscuidad y la inestabilidad: pero precisamente los niños dados en adopción necesitan un entorno especialmente estable, que compense las carencias que habitualmente han experimentado durante los primeros meses o años de su existencia.

Desde otro punto de vista, es muy significativa la opinión manifestada por varios especialistas (Segovia de Arana, Grisolía, López-Ibor, Mora y Portera), en torno a la posibilidad de dar niños en adopción a parejas homosexuales; entre otros argumentos en contra, dicen: "un niño “paternizado” por una pareja homosexual, entrará necesariamente en conflicto en sus relaciones con otros niños. Se conformará psicológicamente un niño en lucha constante con su entorno y con los demás. Creará frustración y agresividad". Del mismo modo, la Asociación Española de Pediatría señala que "un núcleo familiar con dos padres o dos madres, o con un padre o madre de sexo distinto al correspondiente a su rol, es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño" Estas consideraciones explican que, incluso en ordenamientos que otorgan un cierto (y amplio) reconocimiento jurídico a estas uniones, excluyan expresamente la posibilidad de que reciban niños en adopción; y, con criterio más amplio, explican también la preferencia que razonablemente debe ser dada a las uniones heterosexuales (y más concretamente, por las razones que ya han quedado expuestas, al matrimonio) a la hora de la adopción, en cuanto responden mejor al superior interés del adoptando. Por otro lado, los estudios realizados hasta la fecha, en los que se afirma la idoneidad de las parejas homosexuales para procurar una adecuada socialización y educación de los niños, adolecen de defectos metodológicos graves, que invalidan sus conclusiones.

En conclusión, la exclusión de la adopción conjunta por homosexuales debe ser mantenida. Ello, no por una valoración negativa de las relaciones homosexuales (del mismo modo que la conveniencia de mantener la prohibición de que dos hermanos, o dos amigos, puedan adoptar no entraña valoración negativa de la fraternidad o de la amistad), sino sobre todo por ser contraria a la propia estructura y naturaleza de los vínculos que crea la adopción, y por otro lado, por ser también contraria al interés del adoptando, que es el que preside la adopción.

La Iglesia del 'no'

martes, 16 de agosto de 2005 · 4 comentarios

Más claro, agua
Ideal de Jaén-07-08-2005
ANTONIO GARRIDO DE LA TORRE
DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS TEOLÓGICOS DE JAÉN

ESTE curso pasado ha sido de una especial intensidad en la vida de la Iglesia en España. Las relaciones de la Iglesia con el gobierno, siendo diplomáticos, podríamos decir que han sido manifiestamente mejorables. Y tanto. En nuestro país no se conocía una manifestación como la celebrada por la familia en la que estuvieran presentes una veintena de obispos. Y no sólo por el tema de la familia. Parece ser que el baile no ha hecho más que comenzar. Con motivo de la aprobación de la ley orgánica de la educación la conferencia episcopal ya ha dicho claramente que es una ley en la que «no ha habido diálogo ni negociación alguna». Los motivos del rechazo de este texto son expuestos directamente por la conferencia episcopal. Esta ley «recorta el derecho fundamental de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas, morales y pedagógicas; limita gravemente la libertad de la escuela católica y de las demás instituciones educativas de iniciativa social en el ejercicio de sus derechos a la educación y pone seriamente en peligro la enseñanza de la religión en la escuela». Por todas estas razones, las asociaciones católicas de padres de alumnos y de defensa de la familia han anunciado un «otoño caliente» ya que este texto legislativo es considerado inaceptable.

La Iglesia en España ha tenido que lanzar unas campañas que ponen de manifiesto la opinión cristiana sobre temas de actualidad y relevancia social. La Iglesia lo ha llamado iniciativas para la difusión de la visión católica de asuntos de interés público. En estos temas que afectan a la investigación con las células madre, al concepto de familia o al tema de la eutanasia, la Iglesia se ha sentido urgida a explicar cual es su visión desde la moral cristiana. Y este servicio es especialmente necesario sobre todo en estos tiempos en los que el relativismo y el subjetivismo hacen su agosto, nunca mejor dicho. Que el gobierno legítimo de un país legisle es algo normal y necesario. Que la Iglesia exponga claramente su criterio sobre esta legislación, en especial cuando afecta a temas tan importantes sobre la defensa de la vida o la familia, no sólo no se ve normal sino que a menudo es considerado una intromisión inaceptable en ámbitos que no le afectan.

Una buena parte de la clase política comparte una teoría sobre la religión...que intenta por todos los modos posibles trasladar a la ciudadanía. Según esta teoría, que hunde sus raíces en el laicismo liberal más rancio y afortunadamente superado en la mayoría de Europa, el hecho religioso debería ser eliminado radicalmente como una especie de rémora esclavizante del ser humano. Pero ya que los diversos intentos de esta eliminación han sido inútiles hay que prodigarse en recluir cualquier iniciativa de orden religioso en la más opaca intimidad de la persona. Hay que procurar por todos los medios que el hecho religioso sea algo que quede exclusivamente en la esfera de lo privado y, en consecuencia, anular cualquier manifestación religiosa de carácter público. Y si no se puede anular, hacer todo lo posible por maquillar o diluir ese componente religioso de lo social.

Pero lo preocupante no sólo es esto. Es, además, la imagen que desde la mayoría de medios de comunicación se transmite de la Iglesia. Es la Iglesia del «no», la Iglesia cavernícola, reacia al progreso, ensimismada en su intolerancia y replegada en sus supuestos privilegios. Se trata de difundir una imagen antipática y negativa de la Iglesia, que parezca que a todo lo positivo para el hombre dice «no». Como consecuencia de la mentalidad descrita anteriormente, esa es la imagen que intencionadamente se pretende dar de la institución eclesial. Parece como si estuviera en contra a todo lo que supone la felicidad de ser humano. O dicho más explícitamente por uno de nuestros ultraprogresistas políticos: «la mitra y el púlpito son elementos contrarios a la naturaleza y, quienes en ellos se expresan, son seres emocionalmente desorganizados, un peligro para la salud mental y el normal desarrollo de las sociedades avanzadas».

Pues eso. Se pretende ahondar en unas más que superadas posturas anticlericales intentando por todos los medios transmitir la idea de que Iglesia y progreso son conceptos antagónicos. Y de esta forma parece que la Iglesia dice no a la erradicación de enfermedades porque desautoriza la investigación con células madre. Pero ni se habla de otras vías de investigación que son igualmente posibles y moralmente lícitas. Parece que la Iglesia quiere insultar y condenar a los homosexuales cuando lo que hace es defender el concepto fundamental de familia. Parece que la Iglesia dice no al derecho a decidir de una madre. Pero lo que hace es defender el derecho a la vida de los no nacidos y evitar el asesinato de una persona que supone el aborto. Parece que la Iglesia se aferra al sufrimiento de los enfermos cuando lo que hace es defender la integridad de la vida del ser humano evitando la eutanasia. Y parece que la Iglesia se encastilla en sus privilegios en el orden educativo cuando lo que hace es defender los derechos de los padres a elegir el tipo de educación que prefieren para sus hijos. Un derecho que está reconocido constitucionalmente.

Por eso no estaría de más que nos dejáramos de tópicos y tergiversaciones sobre la información de la Iglesia y que por encima de la Iglesia del «no» que nos pretenden vender, viéramos a una Iglesia del «sí» a la vida, del «sí» a la felicidad del ser humano según el proyecto del Evangelio de Cristo. Una Iglesia viva y dinámica, transmisora de valores fundamentales, que se preocupa de la justicia y la igualdad como lo ha venido haciendo desde sus inicios. Y una Iglesia que es la mayor institución de asistencia social que hay en España. Esa es, afortunadamente, la Iglesia que formamos los seguidores de Jesucristo. Y que, dicho sea de paso, es a la que pertenece la mayoría de españoles.

Alegorías del horror

jueves, 11 de agosto de 2005 · 11 comentarios

Juan Manuel de Prada
ABC, 8 de agosto de 2005

DOS noticias macabras han asaltado los titulares de prensa en fechas recientes. En un pueblo de Alemania era detenida una mujer que había asesinado hasta a nueve de sus hijos en el momento del alumbramiento y enterrado sus cadáveres en macetas. Casi sin solución de continuidad, nos enteramos de que un hospital de París escondía en sus sótanos hasta trescientos cincuenta cadáveres de fetos y niños recién nacidos, algunos conservados en frascos de formol desde hacía dos décadas. Ambas noticias han provocado un fugaz escándalo: la primera ha sido despachada con un repeluzno de repugnancia, quizá una reminiscencia de aquel horror primigenio que provoca el recuerdo de Saturno; la segunda ha originado en Francia un venial revuelo administrativo, pues al parecer la legislación sanitaria obliga a los hospitales a incinerar los cadáveres, si no son reclamados en un plazo de diez días desde su defunción. Naturalmente, la hipocresía contemporánea no ha querido afrontar el trasfondo de horror que se agazapa detrás de estas dos noticias, alegorías de un horror mucho más vasto y acuciante que nuestra sociedad prefiere ignorar.

Ambos sucesos, más allá de sus particularidades anecdóticas (el trastorno de una madre desnaturalizada, la infracción de una normativa sanitaria), comparten un mismo meollo de espanto: Occidente esconde, detrás de su fachada humanitaria, una trastienda de crímenes de proporciones industriales que mantenemos cerrada, para que sus emanaciones pútridas no golpeen nuestras conciencias anestesiadas; crímenes amparados en coartadas clínicas o aberraciones legales, perpetrados contra los seres más indefensos, sustentados sobre la quiebra moral de las llamadas «sociedades del bienestar». En un artículo anterior me refería, citando a Solzhenitsyn, a ese «arrebato de automutilación», a esa falta de fe en el futuro que gangrena a las sociedades occidentales, ensimismadas en su opulencia. Cuando se deja de creer en el futuro, se deja de creer en la transmisión de la vida; cuando se destierra de nuestro horizonte moral el primer mandato divino -«Creced y multiplicaos»-, es natural que aceptemos, siquiera por connivencia o estolidez, el aborto. Todavía nos horripila que una madre desnaturalizada estrangule a sus hijos cuando acaba de alumbrarlos, todavía nos indigna que guarden a los fetos en frascos de formol; pero no nos equivoquemos: estas reacciones no son sino aspavientos de farsantes a quienes no injuria tanto la comisión del crimen como que el crimen no pase desapercibido. Si esa infanticida alemana, en lugar de desembarazarse de su prole mediante métodos tan tremebundos, hubiese abortado en un quirófano; si esos médicos franceses coleccionistas de fetos hubiesen cumplido con las ordenanzas sanitarias... ni siquiera nos habríamos inmutado.

La «solución final» decretada por el régimen nacionalsocialista (conviene que empecemos a designar sin abreviaturas la quimera de Hitler, para que seamos más conscientes de su inspiración ideológica) fue digerible mientras pasó inadvertida. El comunismo fue jaleado por sus «comprometidos» corifeos mientras se pudo ocultar el gulag. Nuestra época, en su frenesí automutilador, ha ideado otra forma de holocausto igual de siniestra, pero mucho más tranquila y desapercibida, puesto que se asegura el silencio de las víctimas. Algún día nuestros herederos se asomarán con horror a las fosas donde claman esas víctimas sin voz; algún día descubrirán en su entera y pavorosa magnitud el exterminio de vidas gestantes que hoy se perpetra impunemente. Y entonces se preguntarán: «¿Qué clase de monstruos fueron nuestros padres?». Con desaliento y resignada ira, intuyo que no alcanzaré a ver ese día; pero me consuela saber que otros -mis herederos- harán en mi nombre justicia

Joven frívolo, preocupado por el físico

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Estudio sobre publicidad televisiva. Algunos apuntes: joven frívolo, preocupado por el físico.
Aceprensa, servicio 87/05, miércoles 13 de julio de 2005

En el retrato robot de los jóvenes que ofrecen los anuncios emitidos por televisión dominan los siguientes rasgos: preocupado por la apariencia física, hedonista, gran consumidor de ocio. Otros ideales, como la familia o el trabajo, aparecen mucho menos. Así lo revela el estudio "Imagen de la juventud en la publicidad televisiva", publicado por el Consejo Audiovisual de Navarra (www.consejoaudiovisualdenavarra.es). Lo han realizado tres profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra: Xavier Bringué, Alejandro Navas y José Javier Sánchez Aranda.

Los autores examinaron los anuncios emitidos por siete cadenas españolas, cinco de ellas nacionales. Tuvieron en cuenta las horas en que los jóvenes ven más la televisión: de lunes a viernes en las horas de máxima audiencia, y los fines de semana de 16 a 18 horas. En estas franjas horarias, los protagonistas de los "spots" suelen ser jóvenes en un porcentaje significativo (67,9%), y entre los productos anunciados predominan algunos muy cercanos al público juvenil: perfumería, telefonía, alimentación o automóviles.

Según muestra el estudio, la publicidad dirigida a esta audiencia insiste en la atracción física y en la belleza como cualidades específicas de la juventud. En la imagen corporal predomina ligeramente la femenina (72% de los anuncios) sobre la masculina (66%), así como la constitución física media (70,7%), aunque es notable la proporción de anuncios que muestran jóvenes delgados (39,2%). Entre las situaciones en que aparecen los jóvenes, la más repetida es la vinculada al ocio y los espectáculos (36% de los anuncios), seguida del contexto lúdico (30,5%), la vida social (28,3%) y el consumo (19,3%). Son mucho menos frecuentes otros roles: familiar y doméstico (13%), trabajador (9%), relacionado con lo educativo y cultural (6,6%), solidario (3,5%).

Entre los objetivos que se asignan a los jóvenes en los mensajes publicitarios figuran en primer lugar la belleza y el cuidado del cuerpo (34,6%), y el placer (30,1%). También destaca el éxito (18,5%), y no tanto el desarrollo personal (9,4%) y la satisfacción sexual (8%). Entre los valores altruistas tiene una presencia significativa la amistad (21%), pero no la familia (8,3%).

Estereotipos sexuales

El estudio analiza también los mismos datos según el sexo, y concluye que la publicidad televisiva emplea estereotipos muy marcados. El atractivo físico se destaca mucho más en ellas (80,5%) que en ellos (52,8%). Si aparecen personajes delgados, son en su mayoría femeninos (80,8% de los "spots" que están en ese caso), muy por delante de los masculinos (58,1%). De los anuncios que muestran algún joven desnudo (5% del total), el 89% presentan mujeres y el 35%, hombres. Un predominio femenino similar se observa en los anuncios en que sale alguien en ropa interior (89,7% mujeres, 55,2% hombres) o traje de baño (88,5% frente a 69,2%).

En cuanto a las situaciones, no hay grandes diferencias, con una excepción: entre los anuncios donde los jóvenes aparecen trabajando, el 87,3% muestran chicos, y solo el 57%, chicas. Por lo que respecta a las acciones realizadas por los personajes, ellas protagonizan el 84,8% de la publicidad relacionada con la salud o el cuidado del cuerpo; ellos predominan en la que tiene que ver con la vida social y el entretenimiento. Todos esos datos imponen una reflexión, sostiene el estudio, pues los modelos propuestos por la publicidad desempeñan un papel no despreciable en la formación de la personalidad de los jóvenes. Aunque el 24% de ellos piensan que los mensajes publicitarios pueden resultar engañosos, la mayoría (72,6%) reconocen que les influyen. Así, los estereotipos publicitarios pueden ser una fuente de insatisfacción y provocar frustraciones en quienes no se ajustan a ellos. Por eso, los autores del estudio concluyen pidiendo a anunciantes y agencias de publicidad un cambio de planteamiento, para que, conscientes de su influencia, no ofrezcan retratos distorsionados de los jóvenes, sino que procuren el fomento de los valores que hoy día no es posible encontrar en los anuncios.

¿Libertad?: depende para qué

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Artículo de María Calvo Charro, profesora de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III (Madrid). arguments

El pasado 18 de junio miles de españoles salimos a la calle en defensa de la familia. Pero una manifestación que partía inicialmente de la oposición al denominado “matrimonio” entre homosexuales se convirtió en el escenario para otras muchas reivindicaciones, entre ellas, el derecho de los padres a elegir libremente la enseñanza que desean para sus hijos. Y es que resulta absolutamente paradójico que un Gobierno que permite, en virtud del respeto a la libertad personal, ejercer la opción de casarse indistintamente con un hombre o con una mujer (según cual sea la tendencia sexual del individuo en cuestión), no permita, limitando hasta el extremo esa misma libertad personal, la libre elección del tipo de educación que los padres desean para sus hijos.

Un gobierno que asegura que los niños adoptados por homosexuales no sufrirán ningún perjuicio sin embargo considera con demagogia paternalista que “lo mejor” para los niños es que sea la Administración la que decida el modelo educativo o el centro escolar al que han de acudir.

La educación se está convirtiendo en un monopolio en manos del Estado que decide qué es bueno y qué es malo para nuestros hijos, sin atender al criterio de los padres.

Nuestros gobernantes, los mismos que tanto insistieron en dar el sí a la mal llamada “Constitución Europea” al parecer ignoran que el art.14 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000) consagra “la libertad de creación de centros docentes dentro del respeto a los principios democráticos, así como el derecho de los padres a garantizar la educación y enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”.

Pero más grave resulta el desprecio demostrado por el art.27 de nuestra Constitución, que reconoce el derecho a la educación junto a la libertad de enseñanza, sin primar un tipo de escuela sobre otra, según la interpretación dada por nuestra jurisprudencia.

Este artículo refleja el acuerdo de posturas profundamente antagónicas que se sacrificaron en parte para obtener un resultado conveniente para toda la sociedad española. Este encuentro de ideologías divergentes quedó fielmente reflejado en las palabras que pronunció el portavoz del grupo UCD, Jiménez Blanco, en la última sesión dedicada al tema por el Pleno del Senado: “Entre ayer y hoy, queridos amigos de la Cámara, estamos enterrando, casi sin darnos cuenta tres problemas del constitucionalismo español”.

Se refería, como señala Garrido Falla, a los clásicos antagonismos: clericalismo-anticlericalismo; monarquía-república y enseñanza laica-enseñanza religiosa. Por ello, provoca enorme tristeza observar cómo actualmente este artículo resulta ignorado, manipulado o malinterpretado desde las más altas instancias del Gobierno del Estado y por el de algunas Comunidades Autónomas. Estamos ante un absoluto totalitarismo educativo. Sufrimos la imposición de un monopolio estatal en materia educativa que soportamos estoicamente y que, sin embargo, cualquiera juzgaría intolerable si afectara a la prensa o a la información.

Esta situación tiene además el peligro inherente de que desde la Administración se impongan, en aras del interés general, los valores de unos pocos a la población en general. Podríamos hablar incluso de la necesidad de “desnacionalizar” la escuela. No es inoportuno en este sentido traer a colación el recordatorio que el profesor Alzaga hizo en el Congreso de las palabras de Miterrand: “hoy para cambiar la sociedad no es necesario tomar el Cuartel de Invierno, basta con tomar la escuela”. ¿Es esta la pretensión de nuestros gobernantes?, ¿cambiar la sociedad por medio del monopolio de la educación?

Pretenden la uniformización escolar en aras de la igualdad pero conculcan para ello la libertad. En España en nombre de una neutralidad laica no se deja espacio a la libertad. Como afirmó Bobbio al analizar las relaciones existentes entre igualdad y libertad: “La historia reciente nos ha ofrecido el dramático testimonio de un sistema social donde la persecución de la igualdad no sólo formal, sino bajo muchos aspectos también sustancial, se ha conseguido (además sólo en parte y de una manera muy inferior a las promesas) en detrimento de la libertad en todos sus significados”.(1)

Las palabras de este pensador italiano tienen su fiel reflejo en el ámbito educativo español donde en aras de un “igualitarismo masificador” (2) se restringe la libertad de enseñanza hasta el punto de no permitir la libre elección de centro. La libertad y la igualdad del individuo ¿acaso son incompatibles entre sí?, ¿es que la única alternativa que presenta nuestro tiempo es la que enfrenta la “democracia de la libertad” con la “democracia de la igualdad”? (3) .

La sociedad actual se mueve hacia la pluralidad y la diversidad, pretender una uniformización social desde las más básicas etapas escolares sólo puede ser entendido por ideologías privadoras de libertad, es decir, totalitarias.

Es curioso que las posturas más críticas frente al principio de libertad de enseñanza, en cuanto a pluralidad de escuelas y modelos educativos, las mantengan sobretodo quienes, en términos generales se manifiestan como defensores de la libertad y los derechos inalienables de la persona.

Ese afán del Gobierno por poner fin a los colegios religiosos, concertados o privados, y en especial a los diferenciados, nos trae a la memoria el “Programa Común de Gobierno” de la izquierda francesa (1973), que propugnaba como objetivo prioritario la lucha contra la segregación social.

Para ello concebía la enseñanza como un “servicio público, única y laica”; para conseguir lo cual se pretendía la “nacionalización” de todos los establecimientos privados que percibieran fondos públicos.

En cuanto a los colegios privados que no recibían subvenciones se intentaría progresivamente su integración en el sistema “oficial”. Pero en todo caso todos los padres podrían procurar a sus hijos “fuera de los locales escolares y sin el concurso de fondos públicos” la educación filosófica o religiosa que eligieran. Esperemos que no sea éste el modelo a seguir en nuestro país.

La libertad es más plena y genuina cuando la inteligencia alcanza un conocimiento más profundo, auténtico y menos reduccionista de la realidad. Siempre constituirá un enriquecimiento para la oferta educativa poder contar con el mayor número de opciones posibles, pero todas ellas deberán estar basadas en la formación de la persona.

Cada familia debería poder ver satisfechas sus preferencias con independencia de su nivel económico. Una sociedad plural y democrática exige asimismo una pluralidad de opciones educativas. Los padres saben mejor que nadie qué tipo de educación quieren para sus hijos. La Administración no solo no puede decidir por ellos (lo que es propio de los modelos de educación stalinista) sino que, por el contrario, tiene la obligación de favorecer el ejercicio de este derecho por parte de los padres, abriendo el abanico de opciones educativas al máximo posible.

El derecho a la educación está previsto en nuestra Constitución en el bloque blindado de los más importantes derechos fundamentales. Lo que nos lleva a tener un pensamiento escalofriante: si hoy no se respeta el derecho a la libertad de enseñanza, mañana podrá ser otro derecho fundamental el que resulte conculcado, como el derecho a la vida, a la integridad física o a la libertad de expresión.

Como afirma Garrido Falla, la democracia consiste fundamentalmente en un sistema en el que las reglas del juego impiden a quien está en el poder llevar sus convicciones hasta sus últimas consecuencias (imponiéndolas a los demás). Desde la oposición, todo el mundo reclama democracia y libertad; pero la única patente que garantiza tener estas cualidades, se acredita desde el poder, es decir, demostrando que se respetan las reglas del juego a pesar de tener la posibilidad de burlarlas... precisamente por disponer del poder (4).

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1 Norberto Bobbio; Derecha e izquierda. Razones y significados de una distancia política; Madrid; Taurus; 1995 2 Vid. al respecto, Inger Enkvist; El discurso europeo actual sobre educación; Ediciones Universales Internacionales; 2004. 3 F.Garrido Falla; Comentarios a la Constitución Española; ed: Cívitas; 1985; pág.544. 4 F.Garrido Falla; Comentarios a la Constitución Española; ed: Cívitas; 1985; pág.544..

La lucha de Terri

sábado, 6 de agosto de 2005 · 0 comentarios

¿Os acordáis de Terri Schindler-Schiavo, a quien judicialmente se negó toda asistencia médica y de alimentación durante los 13 días que duró su agonía? Murió de inanición el 18 de Marzo de 2005.

Su familia ha puesto en marcha una fundación para luchar por las vidas de los ciudadanos más vulnerables del país. Creada en 2002 para luchar por la vida de Terri Schindler-Schiavo, el interés central de nuestra fundación ahora y en el futuro es ayudar a otras personas a evitar futuras tragedias como la que refleja la que Terri tuvo que soportar.

Pienso que encontraréis interesante este enlace, si tenéis un poco de manejo con el inglés: The Terri Schindler-Schiavo Foundation

Bono (U2): Gracia frente a karma

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Bono, de U2, apuesta por la gracia de Cristo frente a la ley del karma
en forumlibertas, 1 deagosto de 2005

Entrevistado por un periodista de hip rock, no creyente, Bono hace toda una declaración de fe argumentada y bien estructurada.

Bono, el cantante y compositor del veterano grupo pop irlandés, U2, es conocido por su compromiso con las causas humanitarias, la lucha contra la pobreza y haberse reconocido católico en diversas ocasiones. En las letras de algunas canciones del grupo se pueden rastrear sutiles influencias religiosas que añaden profundidad a estos maestros del pop. Lleva 23 años felizmente casado (lo que ya es una rareza en el mundo de los artistas famosos), pero su estética rebelde y un vocabulario a veces grosero le alejan de cualquier imagen beata.

Lo que nunca había sucedido es que Bono hiciese toda una predicación del sentido del cristianismo durante una entrevista. Esto sucede en un nuevo libro de entrevistas, Bono in Conversation, cuyo autor, el entrevistador Michka Assayas, queda subyugado por la exposición que Bono hace del cristianismo. Se hace eco la revista (WORLD MAGAZINE).

La Gracia contra el Karma

Todo empieza cuando Assayas pregunta a Bono si no le parece que cuando alguien se hace religioso suceden cosas "aterradoras" [apalling]. Pero Bono tiene otro enfoque.

-Es un concepto impactante la idea de que el Dios que creó el Universo podría estar buscando compañía, una verdadera relación con personas, pero lo que de verdad me mantiene arrodillado es la diferencia entre la Gracia y el Karma".

-¿Y eso que es?

-En el centro de todas las religiones está la idea de Karma. Ya sabes, lo que tú haces te vuelve a ti; un ojo por un ojo, un diente por un diente, o en física -en las leyes físicas- cada acción encuentra otra igual o bien otra opuesta. Y entonces llega esta idea llamada Gracia que acaba con todo esto... El amor interrumpe, si quieres, las consecuencias de tus acciones, lo que en mi caso realmente son buenas noticias porque yo he hecho muchas estupideces.

-¿Cómo cuáles?

-Eso es entre yo y Dios. Pero yo tendría problemas serios si el Karma finalmente fuese mi juez. No es que excuse mis errores, pero yo me acojo a la Gracia. Me acojo a que Jesús tomó mis pecados sobre la Cruz, porque yo sé quien soy y espero no tener que depender de mi propia religiosidad.

-El Hijo de Dios que se lleva los pecados del mundo... Desearía poder creer en eso -comenta Assayas.

-El sentido de la muerte de Cristo es que Cristo tomó los pecados del mundo, de forma que lo que soltamos no vuelva a nosotros rebotado, y que nuestra naturaleza pecadora no coseche la muerte obvia. No son nuestras buenas obras lo que nos abre las puertas del Cielo.

-Esa es una gran idea, no se puede negar. Una esperanza tan grande es maravillosa, aunque esté cercana a la demencia, en mi opinión -sugiere Assayas-. Cristo tiene su lugar entre los grandes pensadores del mundo. Pero... Hijo de Dios... ¿no es eso increíble?

-Mira, la respuesta secular a la historia del Cristo siempre dice algo así... "Era un gran profeta, obviamente un tío muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio". Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: no, yo no digo "soy un maestro", no me llaméis maestro. No estoy diciendo "soy un profeta". Estoy diciendo: "soy el Mesías". Estoy diciendo: "Yo soy Dios Encarnado". Así que lo que te queda es que o Cristo era quien decía que era -el Mesías- o era un completo chiflado. La idea de que todo el curso de la civilización de medio planeta ha cambiado, que se ha vuelto del revés, debido a un chiflado... para mí, eso sí que es increíble.

Un testimonio "de manual"

En WORLD MAGAZINE señalan que el periodista de hip rock había empezado su pregunta en un tono jocoso, pero a medida que avanza la charla se advierte como queda maravillado por la exposición de Bono, como si nunca nadie le hubiese explicado la idea de Gracia, salvación, la divinidad de Cristo... cosa que, efectivamente, es probable que sea cierta.

Un análisis de la exposición de Bono muestra que cumple muchas de las condiciones de un testimonio eficaz: habla en primera persona, de lo que a él le afecta e impacta; se centra en el anuncio de Jesús Salvador (lo que en evangelización se llama Kerygma); contrapone con gran claridad de ideas la gracia y el karma; su teología evita directamente la herejía pelagiana (la idea -popular incluso en católicos poco formados- de que nos salvamos por nuestras obras buenas, cuando las obras sólo son una colaboración a la Gracia de Cristo, que es quien salva gratuitamente en la doctrina católica) y cuando le preguntan por la divinidad de Jesús acude a un argumento popularizado por C. S. Lewis y más tarde por Peter Kreeft: Jesús no decía ser un maestro, decía ser Dios; o es verdad que lo era, o era sólo un chalado. ¿Qué es más creíble?

Una cosa queda clara: Bono no es un cristiano intimista, no responde "es algo que siento y no se puede explicar"; el cantante pop más famoso de la historia de Irlanda y uno de los más veteranos en activo tiene una formación sólida, experimentada en su vida personal y no le importa compartirla cuando le preguntan... o, de otra forma, en su música.

U2 se llevó este año cuatro Grammies, tres de ellos por su canción Vertigo, (Mejor Canción de Rock, Mejor Album de Rock y el mejor vídeo). Es una canción con palabras en español y alusiones religiosas: “una chica con clavos púrpura / tiene a Jesús alrededor del cuello”; “todo esto puede ser tuyo, sólo dame lo que quiero”.

Rap por la vida: Can I live?

jueves, 4 de agosto de 2005 · 2 comentarios

WASHINGTON D.C., 22 Jun. 05 (ACI).-El joven rapero y actor Nick Cannon lanzó al mercado musical su última canción "Can I live?" (¿Puedo vivir?) en la que narra cómo su madre desistió de practicarse un aborto y permitió que naciera el 17 de octubre de 1979.
La canción fue lanzada con un conmovedor vídeo, en el que un hombre lleva a una joven asustada a una clínica abortista y encuentra en la puerta una protesta de activistas pro-vida. La adolescente, que representa a la madre de Cannon, atraviesa el grupo entre pancartas en las que se puede leer "La vida es un derecho".

Nick cuenta la historia de su vida, la "historia de amor", como él mismo afirma en el canto, que le permitió existir desde que su madre optó por la vida. "Me ves mientras sueñas, entonces no puedes matar tus sueños. 300 dólares es el precio de vivir. ¿Qué? Mami, no me gusta esta clínica. Con suerte, tomarás la decisión correcta, espero que no decidas por el cuchillo", dice la letra.

Nick entiende la situación por la que atraviesa su madre; la vergüenza y el temor por tener a un nuevo ser siendo tan joven. "Sólo tengo dos meses. Me tratas de esconder en tus ropas que ya han crecido tres tallas. (.) Tus amigos te mirarán raro, pero mírate mami, sólo amor y respeto. Gracias por tenerme. Me dejaste vivir".

La actriz Tatyana Ali, conocida por su papel de Ashley en la serie The Fresh Prince (El Príncipe del Rap) y que también nació en 1979, es quien encarna a la adolescente madre de Nick en el vídeo.

Cannon termina la canción comentando que lo único que está haciendo es contar su historia. La verdadera madre de Nick aparece al final del vídeo, abrazándolo mientras él sigue entonando "amo a mi madre por darme la vida. Necesitamos apreciar la vida. Una mujer fuerte tuvo que sacrificarse. Gracias por escuchar. Gracias por escuchar. Gracias mamá por escuchar".

Para ver el vídeo (en inglés) puedes acceder al sitio web: http://www.nickcannonmusic.com/index_main.html

EEUU: el útero, más peligroso que las trincheras

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Por Julia Urgel
Época
Martes, 26 de julio 2005

Estados Unidos fue uno de los primeros países en legalizar el aborto, a comienzos de los años setenta. Y el balance al cabo de tres décadas es muy elocuente: más de 45 millones de fetos destruidos.
Un balance muy superior al de estadounidenses muertos en todas las guerras en las que ha intervenido la Unión (1.196.000), según el Elliot Institute News. Mientras, en nuestros días, la juez del Tribunal Supremo que votó para aprobar la ley del aborto, Sandra Day O'Conner, se retira.

La sustituye John G. Roberts, designado por el presidente Bush. De brillante trayectoria, Roberts es un defensor de la vida y su papel puede ser clave en esa decisiva batalla. El hecho de que los partidarios del aborto se muestren decepcionados ante esta elección resulta revelador.

Lo cierto es que los estragos producidos por la legislación abortista son un hecho en la sociedad norteamericana, superando a los producidos en todas las guerras de su historia.

La más cruenta fue la de Secesión (1861-1865), en la que perdieron la vida 558.052 personas (359.528 en el bando del Norte y 198.524 en el confederado); seguida de la Segunda Guerra Mundial, con 407.316 víctimas, a bastante distancia de la Primera -116.708 muertos-, debido a que en esta última los estadounidenses sólo participaron en el último año y medio de la contienda (1917 y 1918).

La de Vietnam (1962-1973), fue la guerra más impopular de la historia americana, debido a su larga duración (11 años), a que EE UU no consiguió ganar y al fuerte clima de contestación juvenil que provocó.
Se cobró más de 58.000 vidas. Una cifra superior a la de Corea (1950-1953), con 33.651 muertos. Pero aun con todo, se queda muy por debajo de la cifra de bajas causada por la legislación abortista en el seno materno.

Lo que no pudieron los obuses, ametralladoras y bombas en casi 200 años de historia, desde la Guerra de la Independencia (1776-1782), lo ha conseguido el aborto legal en menos de tres décadas.
Mentira y manipulación

Todo comenzó en los primeros años setenta. El clamor a favor del amor libre, el sexo libre y la libertad individual se oía como un estruendo. Una joven del estado de Texas, llamada Norma McCorvey, denuncia que ha sido violada por un grupo de jóvenes. Se queda embarazada. Contrata a dos abogadas, Sarah Weddington y Linda Coffee, recién graduadas por la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas. Ambas salían de las aulas con ánimos de cambiar el mundo, con aspiraciones profesionales y secretas ambiciones...

Tantas como para querer atacar la ley que prohibía el aborto. ¿Qué necesitaban? Una clienta. Convencen a Norma (a la que llaman Roe) para que luche por abortar en vez de entregar a su bebé en adopción, que era lo que se venía haciendo antaño.

El caso fue llevado a juicio varias veces hasta llegar al Tribunal Supremo, donde se emite el fallo que legaliza el aborto en los 50 estados del país norteamericano. Mientras se litigaba el caso, la bebé que Norma McCorvey esperaba nació y fue entregada en adopción.

En 1987, la misma Norma admitió que no había sido violada y que el padre de su hija era una persona conocida. El relato sobre los pandilleros resultó ser una mentira. Igual que otros casos que han hecho que el aborto florezca en este país, como el Doe vs. Bolton.

La discusión sobre el aborto sigue causando polémica en Estados Unidos y promete ser uno de los temas calientes de los próximos años. Se considera que el próximo presidente tendrá la oportunidad de nombrar varios miembros de la Corte Suprema que puedan cambiar el rumbo de la ideología de este país.

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