Todos fuimos embriones

jueves, 31 de marzo de 2005 · 0 comentarios

Todos fuimos embriones

Ayer se presentó a la prensa la tercera de las iniciativas programadas por la Conferencia Episcopal Española para difundir la verdad sobre la vida, amenazada más que nunca por la inquina del poder político. Esta tercera iniciativa lleva por lema Todos fuimos embriones. No es de extrañar que hoy la prensa sectaria (de la que también se hace eco ABC y Vocento) difunda una campaña de ataque personal contra el Obispo Reig principal promotor de esta y de las dos anteriores campañas provida y profamilia, acusándole falsamente de malversación de fondos. La verdad escuece al príncipe de la mentira y a sus cómplices.

«Experimentar con embriones hace del hombre un "material desechable"»

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Justo Aznar / Jefe Departamento de Biopatología del Hospital «La Fe» de Valencia. LA RAZÓN, 30 de marzo de 2005

La Ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha dado a conocer las líneas básicas del primer borrador de la nueva Ley de Reproducción Asistida que sustituirá a la actual norma. Justo Aznar analiza este texto que, de aprobarse, permitirá la experimentación con embriones y los «niños-medicamento».
Amparo Puig
Valencia- - ¿Qué destacaría de este borrador?
-En primer lugar se define al embrión preimplantado, al que denomina como «preembrión», como «un grupo de células», lo que es absolutamente inaceptable científicamente, si se considera la realidad biológica de ese embrión humano de pocos días, que tiene todas las características biológicas para poder definirlo como un ser de nuestra especie, es decir como un ser humano.
-¿Regula este proyecto de ley el número de óvulos que se pueden fecundar y por tanto podrá evitar el que se congelen embriones sobrantes de la fecundación in vitro?
-En ningún momento se hace referencia a ello, por lo que a partir de la promulgación de este texto, se podrán fecundar más de tres óvulos, lo que dará lugar a que se generen embriones sobrantes, que habrá que congelar.
-¿Se regula el uso de embriones humanos con fines experimentales?
-Se abre totalmente la puerta para ello, por lo que si este borrador es aprobado, el embrión humano pasará en nuestro país a ser material desechable, útil para investigación, algo absolutamente incompatible con la dignidad y respeto que merece.
-¿Cuál es su opinión sobre el uso del diagnóstico preimplantacional que este borrador promueve?
-Si el diagnóstico preimplantacional se utiliza para evitar el nacimiento de niños con enfermedades transmisibles de forma genética se requiere generar un elevado número de embriones, analizarlos y eliminar los que padezcan la enfermedad y los sobrantes, lo que se puede definir como una técnica eugenésica. También se puede aplicar para crear niños que puedan donar material celular para un hermano enfermo, para crear niños-medicamento. De esta forma se genera un número de embriones, por fecundación in vitro, se puede diagnosticar cual de ellos no padece la enfermedad de sus padres, y, de entre los sanos, cual es compatible con su hermano. Esto es algo total y absolutamente incompatible con la dignidad de un ser humano, que nunca puede ser generado para ningún fin que no sea su propio bien. Significa cosificar al embrión.

Más plazo para firmas de la ILP

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Benigno Blanco: "Debemos apurar el plazo para poder recoger las máximas firmas posibles"
Agencia Veritas 29/03/2005 13:56
El Foro Español de la Familia observa de manera positiva la ampliación del tiempo para recoger firmas concedida por la Mesa del Congreso.
El portavoz del Foro Español de la Familia Benigno Blanco, valoró positivamente, en declaraciones a Veritas, la concesión por parte de la Mesa del Congreso de tres meses de ampliación del plazo para la recogida de las firmas en apoyo a una proposición de ley contra la reforma del Código Civil emprendida por el Gobierno para la aprobación del matrimonio homosexual.
Esta ampliación, explica Benigno Blanco se trata de "una posibilidad prevista en la ley, que ya habíamos solicitado, sin existir ningún precedente en el que se denegase".
Aunque el Foro Español de la Familia no ha recibido todavía el texto oficial de la ampliación, el Congreso de los Diputados ya ha informado de esta concesión.
Esta ampliación otorga al Foro, tres meses más para la recogida de firmas que finalizaba el próximo 14 de abril. Si bien esta posibilidad puede pararse en cuanto se obtengan las 500.000 firmas, su portavoz ha destacado que "apuraran el plazo para poder recoger las máximas firmas posibles".
En estos momentos el número de firmas informa su portavoz, "se encuentra en torno a las 400.000 recibidas oficialmente", además expresa "tener constancia que en los últimos días se están recabando firmas con mayor asiduidad y esperamos la llegada de los pliegos recogidos", por lo que esperan superar con creces las 500.000 firmas necesarias.

EL FIN DEL DERECHO

martes, 29 de marzo de 2005 · 0 comentarios

Por Juan Manuel DE PRADA/ ABC 28 de Marzo

MUCHO antes de entrar en guerra, el Tercer Reich desarrolló un plan para el asesinato de enfermos incurables denominado «Aktion T4». Se calcula que, cuando finalmente fue cancelado, varias decenas de miles de alemanes aquejados de enfermedades terminales habían sido entregados a las cámaras de gas. El programa de eutanasia de Hitler, que suele calificarse erróneamente de «prueba piloto» para los campos de exterminio masivo, estaba en realidad dictado por una actitud de índole «compasiva»: los jerarcas nazis consideraban que una vida estragada por el sufrimiento no merecía la pena ser vivida. Los promotores de «Aktion T4» desarrollaron, sin embargo, su trabajo en secreto, sabedores de que el Derecho les impedía disponer discrecionalmente de las vidas ajenas; cuando dichas prácticas fueron divulgadas, tuvieron que ser interrumpidas, pues resultaron demasiado «desagradables» para la opinión pública. Visto a la luz de nuestra época, el programa de eutanasia del Tercer Reich quizá siga resultando «desagradable», no tanto por su maldad intrínseca como por sus cifras industriales y sus métodos expeditivos. Pero en lo que verdaderamente importa -la suplantación del Derecho por un conglomerado de consideraciones presuntamente «piadosas»-, nuestra época ha llegado más lejos que el Tercer Reich: lo que los jerarcas nazis realizaban en secreto, por cuidar las apariencias, nuestra época lo perpetra a plena luz del día, orgullosa de su «altruismo». El caso de Terri Schiavo nos muestra la perversión rampante del Derecho que postula nuestra época. En los últimos años, el Derecho ha dejado de fundarse sobre conceptos inmanentes para apoyarse sobre un batiburrillo de conveniencias sociales e ideológicas dictadas por el oportunismo. Así, por ejemplo, si se considera que destruir la naturaleza de una institución jurídica puede reportar determinados réditos electorales, se procede a su destrucción y santas pascuas. Este entendimiento relativista (y, en el fondo, descarnadamente totalitario) del Derecho no afecta tan sólo a sus instituciones, sino también a sus principios rectores: así, el derecho a la igualdad puede ser interpretado ad absurdum para forzar una nueva configuración del matrimonio, pero al mismo tiempo puede ser derogado mediante la introducción de una «discriminación positiva» de tal o cual sexo. Cuando el Derecho es sometido a la pura conveniencia, la aberración jurídica campa por sus fueros; por supuesto, para justificar tales aberraciones, los destructores del Derecho invocan la sacrosanta corrección política, o bien un sucedáneo hipócrita de compasión. De este modo, le tapan la boca a los disidentes, que si todavía se atreven a balbucir algún reparo son automáticamente expulsados a las tinieblas exteriores.Uno tenía entendido que el presunto «derecho a la eutanasia» se fundaba sobre la voluntad del enfermo. Pero caminamos hacia una «eutanasia por decreto», donde la voluntad del enfermo es suplantada por su representante legal o por un juez que se arroga un poder decisorio sobre la vida y la muerte. Naturalmente, una vez infringida la noción misma de Derecho, se puede afirmar sin empacho que ofrecer bebida y alimentos a un enfermo es «mantener artificialmente» su vida (lo que legitimaría matar por inanición a tetrapléjicos, pacientes de alzheimer o niños recién nacidos con malformaciones), o aceptar como prueba irrefutable el testimonio de un familiar que se erige (sin que ningún documento o testigo lo acrediten) en sedicente depositario de la voluntad de la víctima. Puestos a matar por decreto, la técnica nazi se me antoja menos demoradamente cruel que la privación de bebida y alimentos; pero a los hipócritas que postulan el fin del Derecho no les gustan, al parecer, los métodos expeditivos.

A tortas contra la familia

viernes, 18 de marzo de 2005 · 0 comentarios

HazteOir.org prepara querellas contra la policía antidisturbios por agresiones y exige la dimisión del Delegado del Gobierno en Madrid

Otra muestra de talante y diálogo del gobierno. Lanzo la siguiente pregunta: ¿hubiera hecho lo mismo el ministro de la cachiporra si hubiesen sido los colectivos homosexuales los que se manifestaban?
Este es un breve relato de lo que pasó:
El pasado miércoles 16 de marzo, varios centenares de personas se concentraron ante el Congreso para denunciar la falta de diálogo del Gobierno Zapatero con las familias. La respuesta de la Delegación del Gobierno a esa petición de diálogo fue respondida con un despliegue policial desmesurado -90 agentes antidisturbios y más de una decena de furgonetas- que disolvió la concentración pacífica a puñetazos, patadas, porrazos, empujones y gritos. Varias personas fueron lanzadas contra el suelo, entre ellas ancianos, madres y jóvenes. Una mujer tuvo que ser atendida por el SAMUR ante la agresión sufrida por uno de los miembros de los cuerpos de Seguridad, que la dejó abandonada en el suelo. Presentaba un cuadro cercano a la angina de pecho, con el pulso muy acelerado y las constantes disparadas. Chicas jóvenes recibieron golpes en el cuello y en otras partes del cuerpo y son varios los concentrados que presentan moratones producidos por la violencia policial. Los agresores se negaron a mostrar su número de placa a los concentrados. HazteOir.org pide la comparecencia del Ministro del Interior para justificar estas violentas actuaciones y la dimisión del Delegado del Gobierno: ¡súmate a nuestra petición firmando esta alerta! Animamos a todos aquellos que recibieron violencia por parte de la Policía a que pidan parte de lesiones en el hospital y se pongan en contacto con nosotros.

Antes de ser agredidos, los concentrados, a través de sus representantes, entregaron un “Manifiesto a favor del diálogo, la familia y la infancia” firmado por el Foro Español de la Familia, el Instituto de Política Familiar, la Federación Española de Familias Numerosas, la plataforma Noesigual.org y Hazteoir.org, al grupo parlamentario popular, al socialista, y tienen intención de hacerlo llegar al resto de grupos representados en la Cámara.
Decenas de personas se han puesto en contacto con HazteOir.org para denunciar las agresiones recibidas y preguntarse por qué fue disuelta con semejante contundencia una reunión ciudadana en la que no hubo ni insultos ni provocaciones. Dado el historial reciente de las actuaciones policiales ordenadas por Constantino Méndez Muñoz, Delegado del Gobierno en Madrid, HazteOir.org prepara una denuncia contra los responsables de los cuerpos de seguridad que ayer ejercieron una brutal violencia contra familias pacíficas y contra el Delegado del Gobierno.

La ILP en la recta final. Crónica de Granada

lunes, 14 de marzo de 2005 · 0 comentarios


Relato del "jefe" José Luis Amat
REGRESAMOS A PUERTA REAL: AL REMATE DEL TOMATE
Tras la anterior y exitosa jornada del 2 de Enero en plena Puerta Real, el domingo 12 de Marzo, estábamos ya con el quiosco otra vez y con la plantilla de quiosqueros en el mismo sitio.
Eso sí, en vez de llover como anunciaba un agorero que yo me sé, no hubo forma de quitarse las gafas de sol ni un momento y alguna que también yo me sé, va a empezar las vacaciones de Semana Santa con un moreno puertarrealero muy respetable.
¡Que no se te olvide llevarte los pliegos estas vacaciones!.
Más de lo mismo: Para uno que dice que no, cinco dicen que sí.
RESULTADOS: 23 pliegos de beyond completos.
Esta vez no quedaron muchos pliegos a medias.
Nada reseñable, salvo un “palizas” que nos estuvo dando la vara un buen rato, en un único momento en el que no había nadie firmando. Defendía que todos los informes existentes sobra la adopción no encuentran diferencias entre la existencia de un padre y una madre con la de dos homosexuales.
Los que llevamos ya unos cuantos tiros pegaos con mesas de firmas en infinidad de sitios de nuestra Graná, conocemos de primera mano los espeluznantes casos que nos cuentan psiquiatras, psicólogos, pedagogos y profesores. Hebindhentemente como eso no es ahora “políticamente correcto” no hay “perejiles” de que salga a la luz pública y permanece en el sueño –más bien pesadilla- de los justos. Estos profesionales son los que mejor venden nuestra iniciativa.
Un “fiera” de los agentes-legionarios-recogedores de firmas (no se le puede llamar de otra manera yquemeperdone), consiguió que un homosexual firmara la ILP. No es el primero, ni el segundo, ni el tercero, ni lo queterondarémorena que firma. La family es la family.
También uno de nuestros políticos no conocido precisamente por sus planteamientos “suaves”, nos atendió perfectamente y se llevó un folleto para estudiarlo detenidamente. Gracias. Se quedó pensativo cuando se enteró de que ya tenemos en Graná más de 40.000 firmas.
Por la tarde el sheriff Fernando Anguita nos invitó a montar el mercadillo ilepero en la puerta de la Iglesia de San Ildefonso –está junto a Puerta Elvira- y que como cosa curiosísima cuenta para el que no lo sepa con una capilla dedicada a ……….. Albergar el coche de caballos que sale en la procesión del Corpus meloexpliquen.
Cayeron sus buenas 30-40 firmas.

VOTACION EN CONTRA DE LA CLONACIÓN Y A FAVOR DE LA VIDA

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RESULTADOS DEL DEBATE DE LA ONU DE AYER SOBRE CLONACION. ESPAÑA VOTÓ EN CONTRA Y PERDIÓ, GRACIAS A DIOS.
Los resultados de la votación en:
http://www.un.org/News/Press/docs/2005/ga10333.doc.htm

¡Viva la vida!

martes, 8 de marzo de 2005 · 0 comentarios


Fantástico National Geographic: míralo por Internet. Las maravillas de las técnicas de imagen 4D nos permiten ver el interior del seno materno como nunca antes. Es impresionante, y NATIONAL GEOGRAPHIC lo sabe. Por eso no sólo tienen un programa especial para sus abonados, clientes, etc... sino que han puesto una versión abreviada de video para ver directamente en su web, impactante... y unas fotos de lo más asombroso.
El sentido de la maravilla, el misterio tremendo, sobrecogedor, de la vida, en un clic de ratón. Ahí dejo el link para que los lectores lo recomienden a amigos, conocidos y sobre todo a embarazadas y papás y mamás en espera.

http://www.nationalgeographic.com/channel/inthewomb
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Peter Benenson

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Rafael Ordóñez
La Opinión de Málaga, martes 8 de marzo de 2005
Dicen que no hay nadie imprescindible. Esto es una majadería de las muchas que vamos repitiendo los que no levantamos un palmo por encima de la vulgaridad. Es una frasecilla que nos ayuda a sobrellevar nuestra insoportable mediocridad. Ha muerto un hombre imprescindible, universal y que, casi sin saberlo, tenía Málaga incrustada en los repliegues de su baqueteado corazón. El caballero en cuestión es el señor Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional, premio Nobel de la Paz de 1977. Cuando tenía 40 años, esa edad en la que nos plantamos tan rica y fácilmente sin haber vendido todavía un peine, el señor Benenson pensó que tenía que dejar de ser un culí parlante de rebotica londinense y ponerse manos a la obra de ayudar al prójimo. Corría el año de 1960. Servidor de ustedes velaba armas en un colegio malagueño ante el día de su primera comunión. En Roma, centenares de clérigos católicos, entre ellos nuestro recién desaparecido don José María González Ruiz, acudían a la llamada del Papa Roncalli para darle a la Iglesia la mayor sacudida que ha recibido en su bimilenaria historia. En los Estados Unidos, JFK estaba en puertas de convertirse en el 35 presidente de la nación. Y en Londres, Peter Benenson leía un artículo en el que se comentaba una de las siniestras fantochadas de la dictadura salazarista. Un año completito. Salía Benenson de la preciosa iglesia londinense de St. Martín in the Fields cuando desplegó el periódico y leyó la historia de dos estudiantes portugueses que habían sido apresados por haber brindado por la libertad en un restaurante de Lisboa. Se dio media vuelta, volvió a entrar en la iglesia, se arrodilló, oró, sintió la Presencia y salió de allí con la determinación de fundar Amnistía Internacional. Un católico británico había puesto en marcha una organización que se implantaría en más de 150 países y que contaría con casi dos millones de afiliados en todo el mundo. Y lo que es más importante: antes de morir, Benenson había visto la liberación de miles de torturados, la excarcelación de decenas de miles de presos de conciencia y la conmutación de la pena de muerte a otros tantos seres humanos.
Mis casi veinte años de presencia en la organización que Benenson fundó me han llevado a muchos momentos difíciles, ruptura incluida. Pero siempre vuelvo para apoyar la idea que una mañana de 1960 tuvo Benenson en la iglesia de Trafalgar Square. Amnistía es imprescindible. Con aciertos y con errores; si no existiera Amnistía habría que inventarla. A nadie le escondo que mi grano de crítica viene del desigual hincapié que la organización ha hecho contra unas y contra otras dictaduras. Es cierto, certísimo, que en esto de la lucha antitiránica, Amnistía no ha dejado muñeco con cabeza. Pero a unos un poco más que a otros. Y aquí es donde, de soslayo, entra Málaga en toda esta historia.
Peter Benenson fue desde su juventud un convencido antifascista. Con dieciséis años estaba ayudando a los huérfanos de republicanos españoles buscándoles cobijo y escuela. Tiempo después, un libro lo cambiaría de arriba a abajo: el `Testamento Español´ de Arthur Koestler. Y a este sí lo conocemos por aquí. Corresponsal en la guerra de España, recaló por Málaga. Aquí vivió el abandono de la ciudad por las autoridades frentepopulistas, la huida de miles de malagueños hacia el Este y la entrada de las tropas nacionales. Detenido y encarcelado, lo contó después y Benenson lo leyó. Málaga en el corazón de Amnistía.

Un feminismo católico

jueves, 3 de marzo de 2005 · 0 comentarios

NUEVA YORK, sábado, 19 febrero 2005 (ZENIT.org).- Las Naciones Unidas celebrarán del 28 de febrero al 11 de marzo, en el décimo aniversario de la Conferencia de Pekín sobre la mujer, una sesión especial convocada por la Comisión para el Estatus de las Mujeres. Su nombre en clave es «Pekín+10».

Recientemente, la versión semanal inglesa de «L'Osservatore Romano» publicaba algunos artículos explicando la posición de la Iglesia sobre el tema de la mujer. En la edición del 5 de enero, Mary Ann Glendon, presidenta de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales y profesora de derecho de Harvard, consideraba el tema de la discriminación y las mujeres.

Observaba que el pasado 18 de diciembre se cumplía el 25 aniversario de la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés). Reflexionando sobre este evento, Glendon reconocía la contribución realizada por Naciones Unidas al proclamar la dignidad e igualdad de las mujeres, comenzando con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

No obstante, la aplicación del principio de igualdad en la sociedad y en el derecho ha presentado difíciles desafíos, añadía. Glendon observaba que Eleanor Roosevelt, que presidió la comisión que redactó la declaración de 1948, defendía la igualdad de oportunidades para las mujeres. «Pero sostenía con igual firmeza que había ciertas áreas, como el cuidado de los hijos y el servicio militar, donde se debían tener en cuenta las diferencias entre los sexos». Asimismo, Roosevelt indicaba, paralelamente a la doctrina católica, que el hogar familiar es donde «hombres y mujeres viven como hombres y mujeres y se complementan unos a otros».

Pero Glendon observaba que cuando se redactó el borrador de la CEDAW, dominaba otra visión de las mujeres. El documento estaba influenciado por la tirantez del feminismo que estaba marcado por actitudes negativas hacia los hombres, el matrimonio y la maternidad. Por eso, el CEDAW «contiene algunos caracteres problemáticos», observaba Glendon.

Prohibir el Día de la Madre
Entre los elementos negativos de la convención de 1979 hay fragmentos que se han interpretado de forma que se desalienta la especial protección para las madres. Además, favorece la promoción de la igualdad de forma que se crean graves tensiones con otros derechos básicos, como la libertad de expresión y de creencias.

El comité constituido para supervisar el cumplimiento del CEDAW ha seguido esta línea. Critica, por ejemplo, a los países que no proporcionan un acceso abierto al aborto y condena que se celebre el Día de la Madre.

Mientras tanto, la mayoría de las mujeres ha abandonado este «feminismo anticuado», sostenía Glendon. Aunque todavía defienden activamente la campaña por la igualdad, se sienten ajenas a las actitudes anti hombres y anti familia de la primera generación del feminismo.

La doctrina católica, por el contrario, tiene mucho que ofrecer a las mujeres en su búsqueda de un auténtico feminismo, sostenía Glendon. La encíclica de Juan Pablo II, «Laborem Exercens», afirma la importancia de la familia y la necesidad de que las mujeres puedan progresar en sus puestos de trabajo sin tener que sacrificar su papel de madres. En otros escritos, el Papa ha pedido un cambio en las actitudes de la sociedad, para que las mujeres puedan utilizar todos sus talentos, también en casa.

Esto no debería sorprender a nadie, añadía Glendon. Los Evangelios revelan cómo Jesús rompe radicalmente con las tradiciones de su tiempo confraternizando con las mujeres y confiándoles algunas de sus enseñanzas. Y el cristianismo, a través de su promoción de la monogamia y de la indisolubilidad del matrimonio, «ha hecho probablemente más que cualquier otra fuerza en la historia para liberar a las mujeres de las costumbres que negaban su dignidad».

Feminismo católico
El tema del papel de los hombres y las mujeres en la sociedad fue objeto de un artículo de Janne Haaland Matlary en la edición del día 12 de L'Osservatore Romano. La profesora del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Oslo tomó como trasfondo de sus reflexiones la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del pasado 31 de julio, sobre la «Colaboración de Hombres y Mujeres en la Iglesia y en el Mundo».

Aquella carta, observaba la profesora noruega, mantenía que la diferencia entre los sexos va más allá de lo biológico; la divergencia se extiende a los niveles psicológicos y ontológicos. De esta forma, la antropología católica evita el error del reduccionismo biológico, que reduce a las mujeres a un papel de criadoras de niños. También deja a un lado el error de adoptar una visión basada en factores sociales, que reduce las diferencias entre los sexos a una «construcción social».

Matlary resumía lo que ella considera como el marco de un «feminismo católico» contenido en el texto publicado por la congregación vaticana. La carta busca sobre todo enfocar la relación entre los sexos basándola en la imitación de Cristo a través del darse uno mismo y del servicio a los demás. El ideal de darse uno mismo tiene especial relevancia para las mujeres, que a través de la maternidad tienen y crían a los hijos.

Sobre el tema del trabajo frente a vida familiar, Matlary explicaba que la carta da una prioridad mayor a la familia. Por eso, no es suficiente con aprobar leyes que aseguren la igualdad para las mujeres en su puesto de trabajo. «Se ha permitido a las mujeres que imitaran a los hombres», observaba Matlary. «Pero las mujeres no han logrado políticas que tengan en cuenta realmente la maternidad y que reflejen el hecho de que las mujeres, si son fieles al ideal cristiano de servicio, trabajan y ejercitan su liderazgo de una forma muy diferente a los hombres».

Cambiar actitudes
La carta vaticana insiste en la importancia de cambiar actitudes para obtener una forma correcta de cooperación entre hombres y mujeres. Matlary afirmaba que las actuales actitudes se oponen con mucha frecuencia a la vida familia así como a las mujeres que quieren dedicarse a sus hogares. El feminismo se ha concentrado en una visión individualista de los derechos, reduciendo radicalmente la importancia de la familia como unidad, observaba.

En este individualismo basado en derechos, la familia, y el papel de la mujer en ella, no cuentan para nada, escribe Matlary. En su lugar, lo que se vuelve importante es que las mujeres tengan al menos el 50% de todos los puestos públicos de la sociedad. Desde esta perspectiva, la vida familiar obstaculiza a las mujeres que desarrollen sus talentos, y tener hijos es una carga.

Esta actitud ha comenzado a cambiar en algunos países - se da más énfasis a ayudar a las mujeres a lograr un equilibrio entre trabajo y familia, observa Matlary. Sin embargo, indicaba, normal y erróneamente, se da mayor prioridad a la igualdad de las mujeres en el puesto de trabajo, en vez de a la familia.

La perspectiva católica ofrece una visión alternativa. Considera el trabajo como un servicio a los demás, no como una forma de buscar el poder en el puesto de trabajo. En la vida familiar, defiende la complementariedad de hombres y mujeres, que significa dar el valor suficiente al papel de la madre para con los hijos cuando son pequeños. Y el estado, en vez de asegurar sólo derechos individuales, tiene la obligación de apoyar la familia y la maternidad, puesto que la familia es el bloque constructivo fundamental de la sociedad.

Un feminismo católico, continúa Matlary, debe tener como su principio básico la convicción de que la familia es lo primero en orden de importancia personal y social. Combinar esto con la visión del trabajo como un darse uno mismo y un servicio permitirá que se dé al papel de la mujer en la familia la importancia que merece. Y añadía que aceptar y vivir estos principios, y comprender que «esta es la clase de poder del que habló y enseñó Nuestro Señor», es el desafío al que se enfrentan los católicos.

LA NOCHE DEL «ATLETA DE DIOS»

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VITTORIO MESSORI
ABC 26 de febrero de 2005
Publicado en Corriere della Sera. Reproducido con autorización del autor
Me acompaña desde ayer un extraño pensamiento: ¿Qué haría si me fuese concedido compartir la pena -y, a la vez, gozar el privilegio- de los que velan las noches del Papa, en su habitación de enfermo en la última planta del hospital que quiso erigir el tempestuoso converso Agostino Gemelli? Una pequeña silla en un ángulo en penumbra y sin otro empeño que el de estarme quieto, meditando en silencio, dejando a otros, obviamente, los asuntos que no me incumben. Sufrir la pena, digo, de una situación semejante.

No existe, no puede haber sospecha de retórica en confirmar que, para el católico, este hombre es lo que su propio nombre indica: Papa, es decir, algo más que «padre»: un afectuoso y tierno «papá», «papaíto». ¿Cómo no sufrir, entonces, a la vista del cuerpo paterno doblegado por un mal que desde hace años, día tras día, avanza implacable, fijando la rigidez de los miembros y el rostro que hemos amado en el vigor de la madurez, cuando el mundo -sorprendido y fascinado- hablaba del «Atleta de Dios»?

La fuerza del anuncio evangélico se unía a la fuerza del anunciador, formando una unión que contribuyó, entre otras cosas, a agrietar y más tarde derrumbar la inmensa prisión de la que él mismo había conocido los barrotes; aquel régimen que proclamaba la inexistencia de Dios y que parecía de un acero imperforable. A la tan conocida y burlona pregunta de Stalin sobre el número y el armamento de las «divisiones del Papa», este sucesor de Pedro le dio la más definitiva de las respuestas. El misterio de un Papa. Pero, junto a la pena, sería consciente del privilegio: una ocasión única de reflexión, casi un curso -dramáticamente condensado- de ejercicios espirituales. En aquel ángulo apartado, percibiría, casi palpable, el sentido del misterio. Ese misterio que cada Papa representa. Como le recordé en la primera de las preguntas que él mismo quiso que le hiciera, frente a él -como, a través los siglos, frente a cada uno de los hombres vestidos de blanco que se proclama y que se considera «Vicario de Cristo en la Tierra»-, es necesario elegir. O la persona que representa semejante pretensión es realmente el enigmático testimonio viviente del Creador, o quizás es el mayor responsable de una ilusión que dos mil años de persistencia han vuelto todavía más grotesca y alienante.

¿Quién es, realmente, el hombre de respiración dificultosa que está en la cama del hospital? Conozco muy bien las razones del rechazo, de la incredulidad, del agnosticismo: esas razones (que no es lícito infravalorar porque parecen deseadas por Dios mismo, que ama revelarse en el claroscuro para salvar nuestra libertad de rechazarlo) fueron también las mías. Pero desde hace mucho tiempo, y no por mérito propio, una evidencia irrefutable ha reventado las costras de una duda que me parecía impenetrable. Por tanto, ya no vacilo: ese octogenario que sufre entre las sábanas se encuentra en un diálogo tan misterioso como directo con Dios. Ese hombre que respira fatigosamente cumple para sus fieles hoy con el deber que le fue confiado a Simón Pedro por el Mesías resucitado en las orillas del Lago Tiberíades: «Apacienta mis ovejas». Ese hombre es la garantía de una verdad que pretende echar en cara cosas paradójicas, absurdas, para quienes pretenden quedarse en el ámbito de la razón y la modernidad.

Auténticos escándalos, empezando por el de la Eucaristía, que mediante una serie de palabras antiguas asegura transformar el pan y el vino nada menos que en la carne y la sangre de un Crucificado en Jerusalén, hace ya veinte siglos.

Con poco que se piense, aparece el vértigo, el escalofrío, el sagrado estremecimiento que ya no advertimos, ocupándonos del Vaticano como Institución de poder, juzgando las recaídas políticas de sus elecciones, viendo al Papa como a uno más entre los grandes de la Tierra. Quizá porque nos obligaría a tomar posición, a elegir, hemos apartado el enigma provocador que encarna cada Papa. Y que también Juan Pablo II representa.

Sufriendo su sufrimiento advertiría, al mismo tiempo, la seducción y la desazón («terrible es este Misterio», grita la misma Escritura) de lo que rodea ese lecho en un hospital romano. Lo que los ojos del cuerpo no ven, pero que, incluso en la bruma que nos rodea, vislumbran los ojos de la fe: la gloria de Cristo mismo que continúa su pasión en el sufrimiento de ese anciano enfermo, al que un día acogerá con su «ven, siervo bueno y fiel».

Desde la penumbra de mi silla, me preguntaría cómo unas espaldas de mortal pueden sostener tan consciente responsabilidad, qué fuerza sostiene a quien es llamado a este ministerio -inquietante, más que deseable- sin parangón sobre la Tierra.

Siempre, en cada religión, los «hombres de Dios» no son más que mediadores, anunciadores, maestros, testimonios del Eterno. Sólo en el cristianismo es más, sólo en su versión católica, un hombre, el Papa, representa, de algún modo hace visible, al Hijo mismo de Dios que camina en la Historia.

Comprendería bien, en aquella habitación del Gemelli, por qué la Iglesia obliga a cada uno de sus sacerdotes y a cada uno de sus fieles a rezar cada día para que sepa llevar un peso humanamente intolerable. Ahora, quizá, ese peso es aliviado por Juan Pablo II: Decirlo puede parecer sorprendente, pero no lo es desde la perspectiva de la fe. Karol Wojtyla, tan viejo y enfermo, ha sido llamado a ser testigo del sufrimiento que lo hace común a su Jefe, Cristo. El Papa sobre su cruz nos remite a Jesús mismo, porque -como ya hace- acepta con coraje, humildad y resignación beber ese cáliz amargo que, en Getsemaní, aterró a Jesús mismo. El Pontífice que ha escrito más encíclicas y pronunciado más discursos es ahora casi incapaz de escribir y de hablar, pero pronuncia precisamente ahora su homilía más convincente: la que mana del dolor asumido cristianamente y, por tanto, transfigurado. Sobre todo esto, gratamente, reflexionaría si, en un caso impensable, velara junto a ese lecho romano.

El bien y el mal

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En ALFA y OMEGA Nº 439/24-II-2005
Por José Francisco Serrano (redactorjefe@planalfa.es)
(...) El País. Hermann Tertsch, libre entre los no tan libres, publicó, el pasado sábado, una columna en El País, con el título La religión en la era moderna, en la que afirma: «Nuestra confusión moral, que en algunos países europeos, y desde luego en ciertas partes de España, es ya patología social, parece llevarnos siempre a un fatalismo en el que ser el débil parece un mérito. Hacer malabarismos con convicciones y principios, para adecuarlos a la voluntad del violador, criminal o fanático, se supone un ejercicio de tolerancia y galantería política. Ya no son sólo políticos incapaces o directamente traidores a sus promesas de defender los principios y las leyes que los llevaron a sus cargos, sino amplios sectores sociales, los que han aceptado el lema de hablando se entiende la gente, que hace que las leyes y la capacidad de autodefensa de la sociedad democrática sea dinamitada a diario. Si se acepta supeditar las leyes al diálogo con el agresor que, desde la minoría más escuálida, hace valer sus razones de fuerza, casi resulta más digno enterrar las leyes previamente. En este panorama desolador, resulta especialmente doloroso que estemos asistiendo a lo que parece ya la última gran agonía del Papa Juan Pablo II. Quien levantó a Europa oriental contra la resignación de Yalta no podrá ayudar en el rearme moral ante las nuevas amenazas. Si hay algún fenómeno que ha alimentado el desarme de nuestras sociedades modernas ante sus enemigos es la incomprensión radical y, por tanto, el desprecio y hostilidad hacia el pensamiento religioso. Lo que no tiene nada que ver con creer o no. Es en el respeto al concepto individual de la trascendencia donde radica la más profunda tolerancia, la firmeza y la dignidad, bases de una sociedad no dedicada a la experimentación social, sino a fomentar la vocación del ser humano a ser feliz. Por eso, el primer deber del gobernante es hacer frente a los enemigos del individuo libre en la sociedad abierta, y dejar claro a las víctimas que tienen un valor incondicional». (...)

Redescubrir la dignidad del hombre

martes, 1 de marzo de 2005 · 0 comentarios


Pedro Rodríguez es sacerdote y profesor de Teología en la Universidad de Navarra.
El Mundo, 23 de enero de 2005
La cuestión del «artilugio», expresión de mi amigo Joaquín Navarro Valls en La Vanguardia del pasado viernes, tiene una insuperable capacidad de achatar el horizonte de algo que es en sí mismo grandioso y profundo: el amor entre el hombre y la mujer. Digo esto porque la calificación moral negativa del uso del preservativo es una sencilla afirmación de la dignidad de la persona humana y de sus actos; es una mera consecuencia de la doctrina de la Iglesia sobre el hombre. Esta doctrina es la que hay que conocer para entender la posición de la Iglesia sobre la relación hombre-mujer y la sexualidad humana, que tiene su pieza emblemática en el matrimonio, del que surge la continuidad de la humanidad en forma de familia.
Es una hermosa sabiduría la que propone el Evangelio: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. O sea que ya no son uno, sino una sola carne. Por eso, el matrimonio tiene de suyo un carácter «sagrado», y los actos del amor conyugal, por su propia naturaleza, se ordenan a la procreación de los hijos. esta es su profundidad y su belleza, y la responsabilidad de los esposos.
Pero la Iglesia no considera que su posición sea «confesional», sino patrimonio de la Humanidad. Lo dijo el Concilio Vaticano II con palabras que Juan Pablo II ha repetido: Jesucristo, al revelarnos el misterio de Dios, nos ha revelado también «el misterio del hombre»; es decir, nos ha facilitado entender muchas cosas que, por sí mismas, constituyen el perfil del hombre y de la mujer tal como han sido creados por Dios. Un gran «frente antropológico» basado en el redescubrimiento de la dignidad del hombre y de la mujer: eso es lo que la Iglesia católica está fomentando en el mundo entero al explicar el «misterio del hombre» revelado en Cristo. De ahí que proponga una vez y otra su mensaje, incansablemente, porque está convencida de que todo hombre, aunque no sea cristiano, lo puede «reconocen> dentro de sí mismo, desde su dignidad, como brotando de su propia conciencia.
El tenor de la pregunta de este debate parece envolverse en esta otra más amplia: ¿Se decidirá por fin la Iglesia a ser «políticamente correcta»? Y la Iglesia no lo puede ser. Siempre ha habido cristianos complacientes dispuestos a todo tipo de concesiones y cambalaches. No es de ahora. Siempre. Pero la Iglesia no tiene otra fuerza que su fidelidad al Evangelio en medio de su debilidad. Esto es lo que la convierte, en medio del conformismo consumista de la cultura contemporánea, en un permanente fermento revolucionario: es decir, de cambio. Su propuesta a nuestra sociedad es de cambio total: invertir la escala de valores dominante. Redescubrir dónde está la dignidad del hombre. Su mensaje es de paz y de fraternidad universal, pero sólo se puede realizar con el sacrificio de unos por otros.
Me acordaba al comenzar estas líneas de aquella cuestión que planteó Pedro, el Apóstol que había negado a Jesucristo, a los que le invitaban -desde «el Gobierno», diríamos hoy- a ser «políticamente correcto» (todo os irá muy bien: basta con que ya no habléis de Jesucristo). Les dijo: ¿Os parece justo obedeceros a vosotros antes que a Dios?... Y agregó: Nosotros no podemos dejar de hablar.
Detrás de esta expectación que se ha levantado ante el «cambio» de la Iglesia hay en algunos, ciertamente, el deseo de «verla hincar el pico», de humillarla, de desprestigiarla. Pero pienso sinceramente que esa expectación manifiesta, más bien, el desasosiego moral de tantas personas que querrían que la autoridad del Papa homologase su manera personal de proceder.
Pero la Iglesia no lo puede hacer. Y no sólo por su fidelidad a Dios, sino también por su fidelidad a los hombres y mujeres del mundo, incluso a los mismos que no la comprenden, porque no les puede dar moneda falsa. Sabe la Iglesia que la sociedad necesita esa referencia moral que ella mantiene contra viento y marea. Y no puede abdicar de su servicio.

Preservativo, sexualidad, y homosexualidad

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ENTREVISTA A S. E. MONS. JUAN ANTONIO REIG PLA
Obispo de Segorbe-Castellón, Presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, Vicepresidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y Decano del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, dependiente de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.

Semanario Alba, lunes 14 de febrero de 2005 17:29

--- El malentendido de las palabras del padre Juan Antonio Martínez Camino tras su reunión con la responsable del llamado Ministerio de Sanidad y, más recientemente, las palabras del Cardenal George Cottier sobre la licitud del preservativo en ciertas relaciones extraconyugales de extremo riesgo confunden a no pocos fieles. ¿Ha cambiado la postura de la Iglesia en este sentido? ¿Cuál es la interpretación correcta de estas polémicas?
No, la Iglesia no ha cambiado ni puede cambiar la doctrina sobre el uso del preservativo, doctrina que se fundamenta en la Palabra de Dios y en la verdad natural y revelada sobre la sexualidad, la persona y el matrimonio.
La verdad que la Iglesia enseña es que el ejercicio lícito de la sexualidad, que sólo puede darse en el contexto del matrimonio, tiene dos significados que no pueden ser separados deliberadamente: el significado unitivo y el significado procreativo.
El preservativo o cualquier otro tipo de anticonceptivo, constituyen un verdadero fraude antropológico, pues rompen con este principio: impiden la donación plena a la que están llamados los cónyuges, no sólo habitualmente, sino también, en todos y cada uno de sus actos sexuales. A este principio no hay excepción alguna y se trata de una doctrina definitiva.

--- Con todo, no hay que eludir las cuestiones más delicadas. Los lectores de Alba son personas inteligentes y merecen que se llegue hasta el fondo. Entonces, ¿qué pasa con las relaciones conyugales cuando existe riesgo de contagio del SIDA por estar uno de los esposos infectado por una transfusión sanguínea u otra circunstancia cualquiera?
Hace años participé en la elaboración de unas orientaciones, a la luz de la doctrina de la Iglesia Católica, respecto a este tema, entonces ya decíamos: las relaciones conyugales forman parte esencial del derecho que mutuamente y de modo exclusivo se otorgan los esposos al casarse. Los casados tienen el derecho y el deber de expresarse su amor también mediante la unión sexual: este trato corporal íntimo especifica el amor matrimonial frente a otras formas de amor, como la amistad. Pero cuando uno de los esposos está infectado por el virus del SIDA, las relaciones sexuales se convierten en gravemente peligrosas para el cónyuge sano, de forma que el cónyuge infectado que exige al sano la relación genital, lo está exponiendo a un grave riesgo de contraer una enfermedad que, hoy por hoy, no tiene curación.
Entran así en conflicto el derecho a la donación conyugal y la obligación de no hacer daño al otro en el ejercicio de los propios derechos. Este conflicto se resuelve afirmando que el cónyuge infectado de SIDA no tiene derecho a exigir al sano que asuma el riesgo de ser contagiado, pues nadie puede exigir sus derechos frente a otro, cuando esto implica riesgo grave para la vida o la salud del obligado. Nadie está obligado a arriesgar su vida por atender a sus obligaciones, a no ser que el negarse a asumir ese riesgo ponga en peligro bienes de similar relevancia cuya protección le esté encomendada; es el caso de los bomberos, los policías, los socorristas, etc. Obligar a alguien a correr riesgo de perder la salud o la vida fuera de estas circunstancias es un abuso del derecho, y no puede ser una obligación moral.
Ahora bien, aunque el cónyuge enfermo de SIDA no pueda exigir al sano la relación sexual, éste sí puede lícitamente concederla, aceptando por amor el riesgo para su propia vida, a fin de salvar el resto de los bienes del matrimonio: la fidelidad conyugal, la expresión del mutuo amor y la estabilidad matrimonial.

--- No podemos cerrar en falso este tema. Si lo indicado hasta ahora respecto al preservativo se ha dicho en el contexto de las relaciones conyugales libremente consentidas: ¿qué pasa cuando se trata de violaciones, adulterios, promiscuidad sexual, relaciones homosexuales y fornicación en general?, ¿no harían bien en usar preservativos para evitar riesgos adicionales de contagio del SIDA?
Me gusta llegar hasta el final aclarando las cosas. Toda relación sexual entre dos personas del mismo sexo o entre un hombre y una mujer no casados entre sí es contraria a la norma moral, custodiada por la virtud de la castidad. Esta calificación no se ve afectada por usar o no usar preservativo. Ahora bien, al pecado contra la castidad puede añadirse la connotación -nuevamente contraria a la moral- de provocar el riesgo de transmitir una enfermedad tan nociva como el SIDA. En estos casos (violaciones, adulterios, promiscuidad sexual, relaciones homosexuales y fornicación en general), el uso del preservativo no convierte estos actos siempre inmorales en buenos, pero, su uso podría disminuir algo la probabilidad de una ulterior consecuencia dañina y pecaminosa de un acto malo, a saber, el poner en serio peligro la salud o la vida del otro, debido, en concreto, al contagio del virus del SIDA u otra enfermedad de transmisión sexual.
Pero dicho esto, “la conclusión NO ES: la Iglesia dice, por fin, que se puede violar o adulterar o fornicar o practicar la sodomía con preservativo”, todo esto constituye materia muy grave de pecado. La conclusión es que hay que vivir en castidad, es decir: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad absoluta, respetando los aspectos unitivo y procreativo, una vez casados.

--- Recientemente, el Gobierno ha anunciado la entrada en vigor de una nueva ley contra la llamada “Violencia de Género”; hace algunos meses, la Conferencia Episcopal Española fue muy criticada por relacionar el aumento de la violencia doméstica con la revolución sexual. ¿Existe esta relación, y en qué sentido?
Como en todo, pero en estos temas con mayor urgencia, es necesario ser rigurosos con el lenguaje.
Hay que aclarar, en primer lugar, que la violencia doméstica, reducida por algunos a la llamada “violencia de género” hunde sus raíces en la condición humana después del Pecado Original, es decir, en el pecado de soberbia y en la inclinación al mal. Desde luego no hay nada nuevo bajo el sol, como dice la Escritura. Ahora bien, dicho esto, los Obispos de la Conferencia Episcopal Española lo que explicábamos no es que la existencia de la violencia doméstica sea consecuencia de la revolución sexual, como si antes de la década de los 60 del siglo XX no hubiera existido dicha violencia, sino lo que afirmamos es que “el alarmante aumento” de la violencia doméstica tiene relación con la llamada “revolución sexual”.
Pero ¿de qué estamos hablando cuando decimos “revolución sexual”? En primer lugar, revolución sexual no es lo mismo que liberación sexual. Dios nos quiere libres en todos los aspectos, también en lo que a la sexualidad se refiere: libres de taras, libres de esclavitudes, libres de parafílias, libres del pecado, libres, por tanto, para amar plenamente, cada cual según su estado: célibes o casados.
Entonces, ¿qué cosa es la “revolución sexual”? La revolución sexual es toda una ideología que concita los peores aspectos del pensamiento marxista y neoliberal radical respecto a la sexualidad, la persona y el matrimonio, que alcanza su máxima expresión pseudocientífica en el fraudulento “Informe Kinsey” de finales de los años 40, el cual tuvo sus derivaciones ideológicas en Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979), que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. También es claro el influjo del existencialismo ateo de Simone de Beauvoir (1908-1986) que anunció ya en 1949 su conocido aforismo: «¡No naces mujer, te hacen mujer!».
Pues bien, en el indicado Informe Kinsey se revindica de modo formal la ruptura del polinomio: “matrimonio-amor-sexualidad (varón y mujer)-procreación”.
Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin matrimonio: el llamado amor libre. Después, la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los hijos: la anticoncepción y el aborto. Luego la práctica de la sexualidad sin amor: hacer sexo, pornografía, etc. Más tarde la producción de hijos sin relación sexual: la llamada reproducción asistida (fecundación in vitro, etc.). Por último, con el anticipo que significó la cultura unisex, y la incorporación del pensamiento feminista radical, se separó la sexualidad, de la persona: ya no hay varón y mujer; el sexo es un dato anatómico sin relevancia antropológica; el cuerpo ya no habla de la persona, de la complementariedad sexual que expresa la vocación a la donación, de la vocación al amor; cada cual puede elegir configurarse sexualmente como desee: hombre heterosexual, hombre homosexual, mujer heterosexual, mujer homosexual, transexual. Había nacido la “Ideología de Género”, cimentada como hemos visto, en la ruptura del bien que significa los conceptos de persona y matrimonio, y, por tanto, en la progresiva debilidad del vínculo conyugal que llevó al aumento de las rupturas matrimoniales y la desintegración física, psíquica y moral de las personas. En este contexto de banalización, hedonismo y relativismo moral es comprensible el “aumento” de la violencia doméstica. De hecho en los países de nuestro entorno cultural donde hay más separaciones y divorcios, es donde más casos de violencia doméstica se dan, en términos proporcionales a la población, mucho más que en España o Polonia, por ejemplo. En efecto, junto a otras causas, los dos factores de mayor riesgo de violencia doméstica son la debilidad del vínculo y el momento de la ruptura entre la pareja o los cónyuges. Ambos factores han aumentado con la llamada “revolución sexual”.

--- El Partido Socialista de Cataluña (PSC) prepara un documento en el que acusa a los representantes de la Iglesia Católica de “insultar, atacar gravemente e incitar a la discriminación y a la violencia contra el colectivo homosexual” al rechazar el matrimonio homosexual y reiterar el carácter inmoral de las relaciones entre personas del mismo sexo. ¿Es esto así? ¿En qué basa la Iglesia su oposición al matrimonio civil entre personas del mismo sexo?
Como digo la precisión terminológica es importantísima. Aunque signifique un preámbulo algo extenso para responder a la primera pregunta se hace necesario distinguir a la perfección entre SIETE conceptos distintos, a saber:
1) Las personas con inclinación homosexual. 2) La inclinación homosexual propiamente dicha. 3) Las prácticas homosexuales. 4) El lobby gay. 5) El homosexualismo político. 6) La cultura gay. 7) la llamada “teología gay”.
1) Las personas con inclinación homosexual “deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta” (Cat. Igl. Cat. n. 2358), es decir, hay que respetarlas, ayudarlas y apreciarlas como a hijos de Dios que son. Su inclinación homosexual no les resta ni un ápice de su inalienable dignidad de personas.
2) Otra cosa bien distinta es la inclinación homosexual que algunas personas sienten. La Iglesia afirma, a la luz de las evidencias antropológicas (sin excluir, incluso, las anatómicas) que esta inclinación es “objetivamente desordenada” (Cat. Igl. Cat. nº 2358). Con todo, hay que aclarar que la sola inclinación homosexual, aunque objetivamente desordenada, no constituye materia de pecado. Hay que prestar ayuda psicológica y espiritual a las personas con esta inclinación que lo soliciten. Multitud de psicólogos y psiquiatras afirman, por experiencia propia, que la inclinación homosexual se puede curar.
3) Otra cuestión también distinta, pues ya se trata de materia grave de pecado, son los actos homosexuales. La Iglesia enseña a la luz de la Palabra de Dios que se trata de “depravaciones graves”; “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. (...) No pueden recibir aprobación en ningún caso” (Cat. Igl. Cat. n. 2357).
4) Algunos homosexuales, una minoría, sin duda, se organizan en distintas asociaciones que coordinadas entre ellas constituyen verdaderos grupos de presión social, mediática y política, es el llamado lobby gay. La presión del lobby homosexual, su poder fáctico, se extiende por doquier. En España estamos sufriendo, cada vez más, las consecuencias de esta perversa ideología. Se refleja en el talante de nuestros gobernantes y en las reformas legislativas que pretenden aprobar en contra del matrimonio, la familia, la educación, el aborto, etc.
5) El homosexualismo político, junto con la pertinente estrategia mediática, constituye hoy en día una de las herramientas fundamentales de presión del lobby gay. Se trata de toda una estrategia política para convencer a los partidos políticos de todo signo de la rentabilidad electoral y, por tanto, política de hacer guiños y concesiones legislativas al lobby homosexual. Desde la caída del Muro de Berlín, con todo lo que el desmoronamiento de la URSS significó, resulta curiosa la deriva que los llamados grupos de izquierdas han realizado, “del rojo (marxismo) al verde (ecologismo) -en un primer periodo-, y ahora del verde al rosa (homosexualismo)”; con todo, es también cierto que los partidos de centro-derecha no se han visto libres de este mismo giro “cromático”. El homosexualismo político pretende cambiar la sociedad, nuestra cultura, más aún, nuestra civilización, a través de cambios legislativos que redefinan las evidencias antropológicas. Todos estamos de acuerdo que debe ser ilegal faltar a la dignidad de las personas independientemente de sus inclinaciones; sin embargo, el lobby gay a través del homosexualismo político, va mucho más allá: desean que se hagan los cambios legislativos necesarios para poner fuera de la ley, encarcelar en su caso y privar de todos los derechos civiles, a quienes afirmamos que los actos homosexuales constituyen una “grave depravación” (Cat. Igl. Cat. n. 2357). Juegan, además, a confundir con las palabras. El diccionario define la “Homofobia” como “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”, ¡ojo! hacia las personas, nada dice el diccionario en esta definición de la inclinación homosexual ni de los actos homosexuales; sin embargo, este lobby acusa de homofobia a quienes, respetando a las personas, no compartimos sus opiniones respecto a la inclinación y los actos homosexuales. Sin duda toda una estrategia mediática. Manipula el lenguaje, confunde y calumnia que algo queda.
6) La así llamada cultura gay es el fin último al que desea llevarnos el lobby gay. Una civilización gay donde sea “natural” y universalmente aceptada y practicada la homosexualidad o, al menos, la bisexualidad. Claro está, si la homosexualidad es tan natural y aceptada como la heterosexualidad, la lógica política es implacable: hay que propiciar legislativamente que se explique a los niños en los colegios que la homosexualidad es “natural” y por lo tanto, cuando en ciencias naturales se explique a los niños y niñas los detalles anatómicos y fisiológicos de la sexualidad heterosexual humana: el aparato genital masculino y femenino, la cópula, la fecundación, el parto, etc. habrá que explicar, también, la anatomía, la fisiología y los procedimientos mecánicos necesarios de las prácticas homosexuales (la sodomía, etc., etc.). Por último, como las relaciones homosexuales son radicalmente estériles habrá que propiciar legalmente la adopción de niños por homosexuales y generalizar las técnicas de producción artificial de seres humanos financiadas, naturalmente, por el Estado.
7) El lobby gay infiltrado en todas las confesiones cristianas, y también en la Iglesia Católica, ha elaborado sistemáticamente todo un cuerpo doctrinal absolutamente herético llamado teología gay. Esta teología, rayando lo blasfemo, no sólo quiere justificar las relaciones homosexuales, sino que afirma de ellas que responden a la verdad, el bien y la belleza de la persona, constituyendo, según ellos un auténtico don de Dios. El objetivo de este desarrollo doctrinal es triple: intentar seducir a algunos, dividir a los católicos y desprestigiar a los pastores difundiendo estas ideas en los medios de comunicación.
Así pues, y volviendo al principio, la Iglesia ama y respeta a todas las personas también las que sienten inclinación homosexual. La Iglesia y sus representantes “ni insultan, ni atacan, ni incitan a la discriminación y a la violencia contra el colectivo homosexual”, pero, con todo, la Iglesia no puede aceptar como buenos la inclinación homosexual propiamente dicha, los actos homosexuales, el lobby gay, la cultura gay, el homosexualismo político y la teología gay. Por cierto, lo mismo sucede respecto a quienes tienen otras inclinaciones sexuales parafílicas (sadomasoquistas, fetichistas, etc.): la Iglesia ama y respeta a estas personas, pero no puede aceptar como buenas estas inclinaciones parafílicas ni las prácticas sexuales correspondientes.
Respecto a la pregunta de en qué basa la Iglesia su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, debo decir que los argumentos son de diverso orden. Desde el punto de vista del Derecho, el Consejo de Estado y el Consejo General del Poder Judicial, han emitido sendos informes, de una contundencia rotunda, oponiéndose radicalmente a que se apruebe legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo. Muchos de los argumentos de los que allí se exponen pueden ser asumidos perfectamente por la Iglesia. Desde el punto de vista del lenguaje la Real Academia de la Lengua Española también se ha pronunciado en el sentido de que la palabra matrimonio que significa la “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales” no puede ser usada para definir otras eventuales uniones, pues ello, desde luego, corrompería el sentido del término y llevaría a confusión. También este argumento puede ser asumido sin ningún problema por la Iglesia.
Pero, además, la Iglesia, a la luz de la verdad natural y revelada sobre la persona enseña que sólo la diversidad sexual que se da entre un varón y una mujer permite la natural complementariedad sexual y el posible don de una vida nueva. Asumiendo el riesgo de resultar demasiado explícito, hay que afirmar que ningún de estos dos aspectos indicados se dan en las uniones del mismo sexo: son uniones intrínsecamente estériles, y el aparente aspecto unitivo de su sexualidad se realiza a costa de forzar estructuras anatómicas y simular actividades fisiológicas naturales, sin excluir, por cierto, la utilización de los más diversos productos químicos y artilugios mecánicos. Todo esto hace imposible, ontológicamente, tratar como igual lo que no lo es: Una cosa es el matrimonio y otra las uniones de personas del mismo sexo.

Juan Pablo II escribe sobre el bien y el mal

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EL MUNDO, miércoles 23 de febrero
REFLEXIONES DE UN PAPA. La editorial La Esfera de los Libros (Editorial literaria del Grupo Unedisa, del diario El Mundo ) publica hoy la última obra de Juan Pablo II, 'Memoria e Identidad. Conversaciones al filo de dos milenios'. Este texto, que se edita de forma simultánea en Italia, Alemania, Brasil y España, recoge en forma de conversación las reflexiones del Santo Padre sobre las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Ofrecemos un amplio extracto del libro, que surgió de una larga charla entre el Pontífice y dos profesores de Filosofía polacos.

Juan Pablo II no descansa. Su espíritu viajero, su alma viva, su mente inquieta salvan los obstáculos de su precaria salud y, una vez más, el Papa polaco sorprende al mundo con una nueva obra.
Memoria e Identidad. Conversaciones al filo de dos milenios se divide en dos partes, una de orientación teológico-filosófica y otra de carácter histórico, político y sociológico. El Pontífice conversa sobre conceptos como democracia, libertad o patria mientras reflexiona sobre el pensamiento cristiano, el papel de la Iglesia, la responsabilidad política, el bien y el mal.
En algunos puntos, el Papa compara las leyes abortistas con el Holocausto judío y alerta ante el peligro de que «la función insustituible de la nación degenere en el nacionalismo». En otros capítulos, Juan Pablo II se refiere al comunismo como «un mal en cierto sentido necesario para el mundo y para el hombre».
El epílogo, por fin, es una vibrante entrevista entre los filósofos polacos, el Santo Padre y su secretario personal, monseñor Stanisl-aw Dziwisz, en la que describen al alimón, con detalle y por primera vez el atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981.
LA COEXISTENCIA DEL BIEN Y EL MAL.
«El mal es siempre la ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es una carencia. Pero nunca es ausencia absoluta del bien. Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. (...) La Historia de la Humanidad es una trama de la coexistencia entre el bien y el mal. Esto significa que si el mal existe al lado del bien, el bien, no obstante, persiste al lado del mal y, por decirlo así, crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto, ésta no quedó destruida, no se volvió totalmente mala a pesar del pecado original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de la Historia». (...)
«Pero si el hombre por sí solo, sin Dios, puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sea aniquilado. Determinaciones de este tipo se tomaron, por ejemplo, en el Tercer Reich por personas que, habiendo llegado al poder por medios democráticos, se sirvieron de él para poner en práctica los perversos programas de la ideología nacionalsocialista, que se inspiraba en presupuestos racistas.Medidas análogas tomó también el Partido Comunista en la Unión Soviética y en los países sometidos a la ideología marxista.En este contexto se perpetró el exterminio de los judíos y también de otros grupos como los gitanos, los campesinos en Ucrania y el clero ortodoxo y católico en Rusia, en Bielorrusia y más allá de los Urales. Generalmente se trataba del exterminio físico, pero a veces también de una destrucción moral: se
impedía más o menos drásticamente a la persona el ejercicio de sus derechos.
A este propósito, no se puede omitir la referencia a una cuestión más actual que nunca, y dolorosa. Después de la caída de los sistemas construidos sobre las ideologías del mal, cesaron de hecho en esos países las formas de exterminio apenas citadas. No obstante, se mantiene aún la destrucción legal de vidas humanas concebidas, antes de su nacimiento. Y en este caso se trata de un exterminio decidido incluso por parlamentos elegidos democráticamente, en los cuales se invoca el progreso civil de la sociedad y de la Humanidad entera.
Tampoco faltan otras formas graves de infringir la ley de Dios.Pienso, por ejemplo, en las fuertes presiones del Parlamento Europeo para que se reconozcan las uniones homosexuales como si fueran otra forma de familia, que tendría también derecho a la adopción. Se puede, más aún, se debe, plantear la cuestión sobre la presencia en este caso de otra ideología del mal, tal vez más insidiosa y celada, que intenta instrumentalizar incluso los derechos del hombre contra el hombre y contra la familia».
EL LIMITE IMPUESTO AL MAL EN EUROPA
«He tenido la oportunidad de experimentar personalmente las ideologías del mal. Es algo que nunca se borra de la memoria. Primero fue el nazismo. Lo que se podía ver en aquellos años era ya terrible.Pero muchos aspectos del nazismo no se veían en aquel período. No todos se daban cuenta de la verdadera magnitud del mal que se cernía sobre Europa, ni siquiera muchos de entre nosotros que estaban en el centro mismo de aquel torbellino. Vivíamos sumidos en una gran erupción del mal, y sólo gradualmente comenzamos a darnos cuenta de sus dimensiones reales. (...)
Más tarde, una vez terminada la guerra, pensé para mí: Dios concedió al hitlerismo 12 años de existencia y, cumplido este plazo, el sistema sucumbió. Por lo visto, éste fue el límite que la Divina Providencia impuso a semejante locura. A decir verdad, no fue solamente una locura: fue una 'bestialidad', como escribió Konstanty Michalski. El hecho es que la Divina Providencia concedió sólo aquellos 12 años al desenfreno de aquel furor bestial. Si el comunismo ha sobrevivido más tiempo y tiene alguna perspectiva de un desarrollo mayor, pensaba para mis adentros, debe ser por
algún motivo». (...) Pero después de la victoria sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, los comunistas se sintieron envalentonados y se aprestaron con todo descaro a conquistar el mundo o, al menos, Europa. (...) Me quedó entonces muy claro que su dominio duraría mucho más tiempo que el del nazismo. ¿Cuánto? Era difícil de prever. Lo que se podía pensar es que también este mal era en cierto sentido necesario para el mundo y para el hombre. En efecto, en determinadas circunstancias de la existencia humana parece que el mal sea en cierta medida útil, en cuanto propicia ocasiones para el bien.(...) En definitiva, tras la experiencia punzante del mal, se
llega a practicar un bien más grande».
Las enseñanzas de la historia reciente «Después de la caída de los sistemas totalitarios, las sociedades se sintieron libres, pero casi simultáneamente surgió un problema de fondo: el del uso de la libertad. (...) El peligro de la situación actual consiste en que, en el uso de la libertad, se pretende prescindir de la dimensión ética, de la consideración del bien y el mal moral. (...) Pero no se puede ignorar, al mismo tiempo, el insistente resurgir del rechazo a Cristo. Se ven de continuo los signos de una civilización distinta de aquella cuya piedra angular es Cristo, una civilización que, aunque no sea atea por sistema, es ciertamente positivista y agnóstica, puesto que se inspira en el principio de que se debe pensar y actuar como si Dios no existiera. Este planteamiento se aprecia fácilmente en la llamada mentalidad científica, o más bien cientificista, pero también en la literatura contemporánea y, sobre todo, en los medios de comunicación de masas. Y vivir como si Dios no existiera significa colocarse fuera de las coordenadas del
bien y del mal, es decir, fuera del contexto de los valores, de los cuales Él mismo, Dios, es la fuente. Se pretende que sea el hombre mismo quien decida sobre lo que es bueno o malo.
Si por un lado Occidente sigue dando testimonio de la acción del fermento evangélico, por otro, no son menos turbulentas las corrientes contrarias a la evangelización. Estas socavan los fundamentos mismos de la moral humana, implicando a la familia y propagando la permisividad moral: los divorcios, el amor libre, el aborto, la anticoncepción, los atentados a la vida en su fase inicial y terminal, así como su manipulación. (...) ¿Qué podemos aprender, por tanto, de estos años dominados por las ideologías del mal y de la lucha contra ellas? Pienso que, ante todo, debemos aprender a ir a la raíz. Solamente así el mal causado por el fascismo y el comunismo puede, en cierto sentido, enriquecernos, puede conducirnos al bien, y esto es indudablemente el programa cristiano. (...) El temple de la población se
ha manifestado después en la lucha contra el comunismo, al que Polonia ha sabido resistir hasta la victoria en el año 1989. Ahora se trata de no desperdiciar estos sacrificios».
CONCEPTO DE PATRIA
«La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. (...) El siglo XX, ¿no manifiesta acaso una tendencia generalizada al incremento de estructuras supranacionales e incluso al cosmopolitismo? Esta tendencia, ¿no comporta también que las naciones pequeñas deberían dejarse absorber por estructuras políticas más grandes para poder sobrevivir? Se trata de cuestiones legítimas. Sin embargo, parece que, como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles. (...) Naturalmente, se debe evitar absolutamente un peligro: que la función insustituible de la nación degenere en el nacionalismo.En este aspecto, el siglo XX nos ha proporcionado experiencias sumamente instructivas, haciéndonos ver también sus dramáticas consecuencias. ¿Cómo se puede evitar este riesgo? Pienso que un modo apropiado es el patriotismo. En efecto, el nacionalismo se caracteriza porque reconoce y pretende únicamente el bien de su propia nación, sin contar con los derechos de las demás.Por el contrario,
el patriotismo, en cuanto amor por la patria, reconoce a todas las otras naciones los mismos derechos que reclama para la propia».
PENSANDO «EUROPA»
«¿Por qué, hablando de Europa, comenzamos con la evangelización? Simplemente porque, tal vez, la evangelización estaba creando a Europa, dio inicio a la civilización y a la cultura de sus pueblos. La propagación de la fe en el continente ha propiciado la creación de las diversas naciones europeas, sembrando en ellas los gérmenes de culturas con rasgos diferentes, pero unidas entre sí por un patrimonio común de valores arraigados en el Evangelio.
De esta manera, se desarrolló el pluralismo de las culturas nacionales sobre una plataforma de valores compartidos en todo el continente.Así ocurrió en el primer milenio y, en cierta medida (...), también en el segundo milenio. (...) Hoy existen partidos que, si bien son de talante democrático, demuestran una creciente propensión a interpretar el principio de la separación entre la Iglesia y el Estado según el criterio que era propio de los gobiernos comunistas. Naturalmente, ahora las sociedades disponen de medios adecuados de autodefensa. Pero hace falta ponerlos en práctica.
Precisamente en este punto, preocupa una cierta pasividad que se nota en la postura de los ciudadanos creyentes. Se tiene la impresión de que en otras épocas había una sensibilidad más viva respecto a sus propios derechos en el campo religioso y, por tanto, era más ágil su reacción para defenderlos con los medios democráticos disponibles. Hoy todo esto parece en cierto modo atenuado, e incluso paralizado, tal vez por una insuficiente preparación de las elites políticas.
En el siglo XX hubo muchas tentativas para que el mundo dejara de creer y rechazara a Cristo. A finales de siglo, y también del milenio, estas actividades destructivas se han debilitado, pero dejando tras de sí una gran devastación. Han provocado un deterioro de las conciencias, con consecuencias ruinosas en el campo de la moral, tanto por lo que se refiere a la persona y a la familia como a la ética social. (...) Europa, al filo de dos milenios, podría definirse, lamentablemente, como un continente asolado.
LA DEMOCRACIA CONTEMPORANEA
«En los años 30, un parlamento legalmente elegido permitió el acceso de Hitler al poder en Alemania, y el mismo Reichstag, al darle plenos poderes, le abrió el paso al proyecto de invadir Europa, a la organización de los campos de concentración y a la puesta en marcha de la llamada solución final de la cuestión judía, como llamaban al exterminio de millones de hijos e hijas de Israel.
Basta recordar estos hechos de tiempos recientes para darse cuenta con claridad de cómo la ley establecida por el hombre tiene sus propios límites que no puede violar. Son los límites marcados por la ley natural, mediante la cual Dios mismo protege los bienes fundamentales del hombre. (...) Esta es la perspectiva, como ya he dicho, desde la cual se pueden cuestionar, al comienzo de un nuevo siglo y milenio, algunas decisiones legislativas tomadas en los parlamentos de los actuales regímenes
democráticos.
Lo primero que salta a la vista son las leyes abortistas. Cuando un parlamento legaliza la interrupción del embarazo, aceptando la supresión de un niño en el seno de la madre, comete una grave injuria para con un ser humano inocente y, además, sin capacidad alguna de autodefensa.
Los parlamentos que aprueban y promulgan semejantes leyes han de ser conscientes de que se extralimitan en sus competencias y se ponen en patente contradicción con la ley de Dios y con la ley natural».

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