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Decíamos antes de ayer

Rafael Ordóñez
SUR 5.I.2005
No hay más que leer el último periódico del año y compararlo con el de hoy. Todo sigue igual, ni fin de año ni nochevieja ni san Silvestre ni nada de nada. Todo continua irreductiblemente igual. No hay manera. Los temas de actualidad siguen siendo los mismos. La partida sigue con las posiciones enrocadas. Naturalmente que no he podido leer la edición de hoy de periódico alguno. Pero creo no arriesgar mucho si les aventuro parte de los temas con los que se pueden cruzar las retinas en el día de hoy. Es posible, en primer lugar, que no falte un artículo o carta del laicista de guardia llamando a la cruzada del silencio contra los obispos y, de paso, contra el resto de las huestes cristianas. Todos estos ciudadanos deben, según la carcunda retroprogresista, permanecer enclaustrados en las iglesias y no salir de allí. La libertad de expresión no va con ellos. Los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos no están escritos, según la censura progre, para los ciudadanos que profesan una religión. El problema es que la indigencia intelectual en la que habitualmente se mueve el gremio postmoderno le ha impedido la lectura de dichos artículos. Vamos a recordarlos resumidos. Dice el 18: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia". Afirma el 19: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de difundirlas, por cualquier medio". Se lo he dado a leer a mi sobrino Tomás, víctima propiciatoria del exterminio cultural `logsiano´, y lo ha entendido a la primera. Pues, a pesar de su deslumbrante claridad, ya verán como siguen coceando en el mismo aguijón.
Otro asunto sobre el que parece que no ha pasado el fin de año es el del acto bárbaro, donde los haya, de desmembrar, partir y trocear el archivo de Salamanca para mayor gloria y satisfacción de un grupito de sujetos enloquecidos en su sectarismo y en su insolidaridad. Si se ha abierto la veda de la sinrazón, ya estamos tardando mucho en pedir que vengan a Málaga todos los cuadros de Picasso que en el mundo son. Malagueño fue el que los pintó y en Málaga deben de estar. Éste es el argumento bochornoso e impresentable que está haciendo furor en las estepas patrias; y con éxito, visto lo visto. O te sumas a la sinrazón o te quedas a dos velas. Escojamos. A partir de ahora, los investigadores lo llevan claro. Las tesis doctorales tardarán veinte años en publicarse y costarán dos millones de euros en gastos de dietas y kilometraje. Cada papel estará en una ciudad distinta al abrigo de una taifa diferente. Avanzamos.
El tercer asunto sobre el que no habrá pasado ni uvas ni campanas es el de la aprobación en el parlamento vascongado de un plan de secesión con los sanguinarios votos de un partido ilegal. Las generaciones venideras se preguntarán cómo pudimos enloquecer tanto en tan poco tiempo. El estado democrático es una piltrafa en aquella región y los tribunales de justicia son allí pura pantomima y motivo de mofa y befa. Por aquí abajo sí, por aquí te pueden caer cuatro años por darle un tirón del bolso a una señora, cierto y veraz, mientras que en aquellas latitudes hacerle la pedorreta al Tribunal Supremo sale gratis. Así está el patio. Se acabaron las campanitas y las peladillas. Volvemos a pisar.

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